Entrevista a Carlos A. Aguilera,

Carlos A. Aguilera Photo: Julius Günzel

Originalmente publicada en Sub Urbano

El autor cubano Carlos A. Aguilera, nacido en La Habana en 1970, fue codirector de la revista Diáspora(s), en Cuba, de 1997 a 2002. La revista está considerada hoy como una de las más importantes después de Orígenes  y puede accederse a una edición facsímil enhttp://linkgua-digital.com/libros/contemporaneos/revista-diasporas-edicion-facsimil-1997-2002-2/

 

“Me enorgullezco de haber compartido ruta en la revista y en la vida con Rolando Sánchez Mejías y Pedro Marqués de Armas, dos de los mejores escritores cubanos de los últimos años,” dice el autor, agregando que en 1995 ganó el Premio David de Poesía con un libro “escandaloso para el momento”, Retrato de A. Hooper y su esposa. En el 2002 salió de Cuba con una beca del Pen Club alemán, hacia Bonn, donde residió por 11 meses, y después ha vivido en Graz, Dresde, Frankfurt, Hanover (con periodos cortos en otras ciudades), y ahora en Praga, donde trabaja como profesor de español para una Academia de lenguas.

Acabo de leer su relato Clausewitz y yo, que es difícil de definir en términos de género. El autor lo clasifica como “petit nouvelle.” Un poco sobre esta obra, un poco sobre el propio Aguilera, esta entrevista pretende escudriñar en el proceso de creación y en los motivos del autor.

 

Teresa Dovalpage: ¿Qué otras obras has escrito?

Carlos A. Aguilera: Empecé con Retrato de A. Hooper y su esposa, como te decía, un poema-relato que salió publicado en 1996 (fue premio David en 1995). Después vino Das Kapital, otro libro extraño (este, aunque salió publicado en 1997, es de facto, el primer libro que escribí): diferentes textos que jugaban con diferentes géneros, etc. Ya fuera de Cuba salió mi primer libro de relatos Teoría del alma china (2006), en México. Y más recientemente una selección de piezas de teatro Discurso de la madre muerta (2012) y ahora Clausewitz y yo (2014). También tengo una novela inédita, El imperio Oblómov, que veremos cuándo sale.

 

Teresa Dovalpage: Es curioso que describas tus libros como “extraños.” ¡Pero eso está muy bien! La extrañeza de un texto lo puede hacer inolvidable. ¿Qué te motiva, como autor, para escribir tus libros, raros o no?

Carlos A. Aguilera: Todo. La literatura, las conversaciones, las imágenes, las películas, el vino, el queso francés, los olores, las anécdotas, los conceptos… Una de las cosas que más me gusta hacer es estudiar todo alrededor de un concepto (digamos poder), y después construir historias alrededor de él, no para “ilustrarlos”, sino para ver las varias facetas que generalmente estos generan. Y ese “estudio” es el que después me hace verlos como raros. El acabado final de un libro es algo siempre muy diferente al resultado final que habías imaginado para él.

 

Teresa Dovalpage: Sí, construir historias que van formando una madeja alrededor del núcleo… ¿Tienes una rutina para escribir?

Carlos A. Aguilera: Por la mañana, siempre. Con café. Y sin que me hablen mucho antes… que me den una lata por la mañana sobre cualquier cosa es lo peor que me puede pasar.

 

Teresa Dovalpage: ¿Café cubano, capuchino o estilo alemán? Digo, no sé si hay un estilo alemán de café.

Carlos A. Aguilera: Estilo alemán. Café prusiano lo llamo yo. Mucha agua, poco café, cero azúcar, y lo suficientemente caliente para ayudarte a “construir disciplina”.

 

Teresa Dovalpage: ¡Alabao, eso de poco café y mucha agua no me gusta nada! ¿Cómo afecta tu escritura en español el vivir en un país donde se habla otro idioma?

Carlos A. Aguilera: Yo creo que ha sido un beneficio. Sin querer la oreja se adapta a esa otra música, y hace que tu idioma empiece a tomar intensidades no-propias, arrítmicas…, cosa que en el fondo es muy beneficioso para cualquier escritor. Además, te haces muy consciente de los lugares comunes, de los varios idiomas que es por ejemplo el español, de las zonas que mejor puedes explotar, de tu estilo… Y eso te hace entender la escritura no solo como una máquina de guerra política (que también lo es), sino como una máquina de guerra ontológica, lingüístico-privada, caricaturesca ;-)

 

Teresa Dovalpage: Algo muy divertido es traducir los clisés o las frases hechas de un idioma a otro, porque no siempre existen en el otro idioma; entonces resultan una novedad. ¡De fiambre a fresco! ¿Escribes en alemán también?

Carlos A. Aguilera: No.  Pero sí.

 

Teresa Dovalpage: A ver, a ver…explícame mejor esta contradicción.

Carlos A. Aguilera: Je… No escribo literatura en otra lengua que no sea la mía (la cual no es exactamente el español de academia), aunque sí converso y me escribo con varias personas de lengua alemana en su propia lengua, cosa que ellos siempre agradecen.

 

Teresa Dovalpage: Y facilita mucho las comunicaciones… Tu obra Clausewitz y yo es muy interesante, aunque algo difícil de definir. ¿La consideras un cuento largo o una noveleta?

Carlos A. Aguilera: Yo creo que es más una nouvelle, una “petit nouvelle”, para seguir con la clasificatoria de E. R. Curtius. Una novela que no llegó  ser novela y se quedó en relato de 50 páginas.

 

Teresa Dovalpage: Creo que terminó justo donde debía terminar, pues está muy bien lograda y el final es preciso, certero. Ésa es la gracia. La constante del odio al padre, ese leitmoiv freudiano, está presente en toda la obra. Detesto preguntar los motivos del escritor (que a veces son como los motivos del lobo) pero si quieres comentar algo de lo que te inspiró a escribirla…

Carlos A. Aguilera: Clausewitz y yo es una salida a una de los nudos de mi novela. En un momento de El imperio Oblómov sucede algo entre el padre y el hijo y ahí se me ocurrió que una de las respuestas posibles era esa violencia que narra Clausewitz y yo. Tomé el apunte y continué con mi novela. Una vez terminado el trabajo me metí de lleno en lo que acaba de publicar ahora Suburbano, que por supuesto es otra cosa diferente a la novela, aunque comparte, digamos, cierto juego-de-tensión con ella.

 

Teresa Dovalpage: En tu entrevista con Lidija Dimkovska, “An author in exile,” decías que a veces la arquitectura de Berlín oriental te espantaba, haciéndote pensar que estabas en Alamar. También te referías a las no siempre fáciles condiciones de vida de un escritor en el exilio, pese al apoyo de diferentes organizaciones. ¿Cómo han cambiado estas condiciones y cómo se desarrolla tu vida ahora?

Carlos A. Aguilera: Han cambiado para bien, aunque antes tampoco estaban mal. Estoy escribiendo un nuevo libro, y los trabajos (ya que no solo soy profesor, sino que administro una web y escribo para El Nuevo Herald con frecuencia) me dejan tiempo para seguir haciendo lo que me gusta. Así que no me quejo. Mientras haya café, a la prusiana, y libros… todo estará como “anillo al dedo”. Lo único que necesita un escritor es tiempo y ver cómo los enemigos fracasan. El resto, es literatura, como ya sabes.

 

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Carlos, por esta entrevista. Espero visitarte algún día en tu retiro germano. Pero a mí me preparas una tacita de café estilo cubano, por favor.

 

Clausewitz y yo

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