Archivo mensual: agosto 2012

Entrevista a Héctor Santiago

“El ghetto es esencial en el exilio o la diáspora”

Héctor Santiago

Héctor Santiago nació en La Habana, en 1944. Cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y se graduó del Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba. Ha publicado y estrenado diversas obras de teatro cuentos, poemas y artículos, en Estados Unidos, México, Brasil, Paraguay y Perú. En su carrera como escritor, dramaturgo y crítico, destaca el Premio de dramaturgia “Letras de Oro”, otorgado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España y la Universidad de Miami, y el Premio internacional de cuento “Enrique Labrador Ruiz”. Su octavo novela, La memoria del agua, acaba de ser publicada por Aduana Vieja en España.

Su correo electrónico es santiago725@verizon.net

Entrevista

Teresa Dovalpage: Fuiste primero dramaturgo y después novelista. ¿Cuán fácil, o difícil, ha sido dar ese paso en que la audiencia deja de ser un público para convertirse en lector?

Héctor Santiago: Mi primera obra de teatro data de los catorce años. En los bajos de mi casa vivía una actriz cómica muy famosa en La Habana: Lita Romano. En realidad mis primeros pasos en el arte fueron en la pintura, mi madre le enseñó un dibujo que hice y ella “se olió algo”. Para ayudarme con mis notas escolares –y mi timidez–, ellas arreglaron que yo fuera todas las tardes a su casa y me ayudaría con las lecturas escolares, lo que se convirtió en que la asistiera a memorizar sus libretos de la televisión, y después la comedias, pues se especializaba en vodeviles españoles que a su manera “cubanizaba”. Finalmente me pagó metiéndome a oscuras –pues era menor de edad–, en el teatro del Museo de Bellas Artes para verla en una obra: puro entretenimiento sin ninguna trascendencia, pero que ella convertía en algo que aun hoy recuerdo, en la línea de las grandes Divas de la época con un gran poder de meter “morcillas”. Yo salí de allí en estado de éxtasis: al otro día de la nada me senté a escribir la obra: uno de esos bodrios de la adolescencia que es mejor olvidar. Ella lo leyó, y muy considerada me dijo: “Continúa”. Además una tía mía era costurera de artistas de la televisión, las carpas populares, los cabarets, transformistas, y cosía para las carrozas del carnaval, junto con su trabajo en el atelier del modisto Bernabeu que vestía a María Félix, Ava Gadner, Libertad Lamarque, todas las grandes que iban a Cuba, junto con la alta sociedad. Yo me las arreglaba para que me llevara y las veía a todas, inmóvil en una esquina tras una cortina. Una noche ella tenía que llevar una bata de rumbera a una vedette y me coló en el Teatro Shangai, que era el pionero de las películas pornográficas en el continente americano y escenificaba pequeñas obritas bufas con mucho desparpajo y doble sentido. La rumba que una actriz muy popular llamada Candita Quintana bailaba con una escoba ni te la imaginas –un verdadero coito–, y otra llamada Natalia Herrera cantaba un cuplé buscándose la pulguita por todas partes en un strip-tease.

Natalia Herrera

Seguí yendo con mi tía, y después como me conocían por una peseta me escondían en la oscuridad. Allí descubrí el choteo cubano, la jerga popular, por supuesto la sensualidad criolla, y me colaba en sus camerinos escuchándolas hablar del teatro Alambra y la tradición del teatro bufo: entonces decidí que el teatro era mi vida. Comencé a estudiar actuación, ballet, danza moderna, dirección, dramaturgia, coreografía, iniciando este largo camino del veneno teatral. Pero a veces los temas no venían en forma de teatro y comencé a escribir cuentos, que serían la antesala de mi primera novela sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda. Incautada junto con todo lo escrito desde 1958 a 1979 por la Seguridad cubana en los tantos registros a mi casa, y cuando me exilié, el miedo de mis amigos a los que les dejé copias hizo que los quemaran. Sólo se salvó algo enterrado en un patio, y que en 1990 una periodista francesa amiga mía rescató, y con otros papeles está en la Colección Cubana de la Universidad de La Florida. Me integré al movimiento teatral desde 1959 haciendo de todo: hasta títeres y por ende escribiendo teatro infantil, por lo que escribir teatro me es un oficio cotidiano, pero al novelista lo he tenido que forjar a golpe limpio –bueno, te conoces ese salto. El cuento se me da fácil, pero escribir novelas me aterroriza. Más que barroco soy cubista: me gusta sacarle todas las aristas a lo que narro, y me da trabajo ser comedido, además de muy poco realista, pero es un reto, siento como un orgasmo tras leer lo último escrito. En el teatro –aunque no siempre–, muestras lo que quieres a través del dialogo que es lo que mueve la trama. En la novela lo que narras es lo que mueve la acción –y el dialogo es colateral. En el teatro el público se emociona: en la novela el lector piensa junto contigo sin la parafernalia del escenario, y por lo tanto es más exigente. En el teatro te permiten varios actos para compartir tus ideas: si en la novela no lo agarras desde el comienzo, te echa a un lado y te pone en su lista negra.

Teresa Dovalpage: ¡Tan buenas definiciones del teatro y la novela! Pero te confieso que lo que más me ha gustado de tu respuesta es la imagen de Natalia Herrera buscándose la pulguita…es una imagen puramente teatral… ¿Usas recursos teatrales en tu narrativa? ¿Algún truco del oficio que desees compartir?

Héctor Santiago: Del teatro yo uso en mi narrativa la importancia de que el lector vea como los personajes interactúan físicamente: cómo se miran, se tocan, se rehúyen, los silencios: lo que explica sus psicologías y la intensidad interna por la que están pasando. Como si fueran acotaciones, meto dentro de lo que ocurre lo que están pensando sobre ese momento, cómo lo ven, lo que escuchan, las asociaciones que algo les despierta –lo físico del medio ambiente, como un olor, colores, el agua–, y haciendo cosas que contradicen lo que se narra: creando una realidad narrativa y otra interior. Lo que te convierte en cómplice de la escritura, porque tienes que viajar de uno a otro plano –lo aprendí de Cantinflas, que se interrumpe para bifurcarse, divaga, y después lo retoma sacándole un sentido. También tipográficamente inserto el dialogo dentro de la narración, no concediéndole un espacio aparte cortándola. Es parte de mi esfuerzo porque no seas un lector pasivo sino mi co-autor.

Teresa Dovalpage: Todos podemos aprender algo de Cantinflas… ahí está el detalle. Y de todas tus obras, narrativa y teatro, ¿hay alguna que sea la preferida? Ya sé que esto es un poco como preguntarle a un padre que si prefiere a uno de sus hijos en particular, pero…

Héctor Santiago: Mi obra Balada de un verano en La Habana es mi favorita. Mi madre moría de cáncer, y nunca he querido renunciar a mi esencia de exiliado –porque aunque no crítico esa elección ética: para mí un exiliado no regresa, cuando aun están vigentes las condiciones y aun sustentan el poder los que le obligaron a abandonar su mundo. Pero es duro que te llame llorando tu madre suplicándote verte antes de morir: inicié los trámites por razones humanitarias y me negaron la visa –ya de por sí bastante humillante pisar mi tierra como un extranjero. Tardé mucho en reponerme, hasta que decidí simbólicamente regresar escribiendo esa obra: pasándole la cuenta a ese mundo, mis familiares, y amigos, que contribuyeron a que tuviera que huir si quería sobrevivir. Con esa obra analicé, juzgué a una época, desmenucé los mecanismos divisorios, y más que todo perdoné. Desde entonces miro hacia la Isla en paz, reflexivo, sin deseos de regresar: aunque no olvido.

De mi narrativa la favorita es mi recién novela publicada: La memoria del agua. Se estaba gestando cuando me detectaron cáncer y el tiempo se me acortó: la escribí con furia y urgencia, vaciándome, sin concesiones, bajo los horribles efectos de la quimo y la radiación. Es mi octava novela y la sentí lograda, por lo que me pagué su publicación, cosa que nunca quise hacer con las otras, pero tú sabes el camino: si no eres famoso, o no utilizas los trucos de los best sellers, las editoriales te ignoran, y las gavetas se te llenan de manuscritos. Además creí llegado el momento para que el lector me aceptara, o me pagara con el fracaso: ahí está a la espera de su juicio.

Teresa Dovalpage: Con respecto a Balada… de la que pueden ver un fragmento aquí  te comentaba que es mi obra preferida de teatro cubano, y cada vez que la enseño en una clase de teatro los alumnos, aún sabiendo poco de Cuba, se identifican inmediatamente con ella, con los personajes… “¡Coño, si lloviera hielo!” se convirtió en una frase emblemática de nuestra clase…también que estamos en el desierto. Sobre tu nueva novela, La memoria del agua (Aduana Vieja, 2012), ¡estoy ansiosa por leerla! En ella tratas de la identidad del “cubano americano,” o como bien se aclara, del “americano cubano.” ¿Qué te motivó a escribirla?

Héctor Santiago: Uno de los ataques que siempre nos hacen es por la nostalgia –entronizada sobre todo en Miami. Pero caminas por lugares de California y es como hacerlo por México, el Barrio newyorkyno es Puerto Rico, y el Chinatown de New York y San Francisco es estar en Pekín: en esos lugares U.S.A. es algo secundario. Lo que pasa es que nuestra nostalgia la critican politizándola por estar ligada al pasado, a lo perdido. No sé qué hacer ante los cubanos recién llegados, que descubren una comida tradicional, se extasían con Celia Cruz, o conocen la Historia que les fue censurada. Visité Coney Island y descubrí La Pequeña Odessa:

el mundo ruso que se han hecho los judíos exiliados soviéticos y después los rusos de todas las regiones –más que todo de San Petersburgo: una hermosa y culta ciudad, donde los comunistas no pudieron erradicar la herencia cultural zarista. Tienen un teatro donde ponen operas rusas, una pequeña compañía de ballet, una orquesta de cámara, traen artistas de Rusia, dos enormes cabarets, restaurantes deliciosos, enormes tiendas con productos rusos, libros, música, iglesias ortodoxas, el idioma primario es el ruso, y adoran a Tchaikovsky con el que me reencontré. No sólo me maravillé, sino que comprendí que el ghetto es esencial en el exilio o la diáspora. Los cubanos ya tienen hijos, nietos, biznietos, nacidos aquí, donde su primera mirada es la norteamericana, así que no es propio llamarlos cubanos americanos sino al revés. En la adolescencia para ellos Cuba es una cosa de viejos, un mito, algo lejano, inmersos en la cultura norteamericana dominante –aunque sus familias los obligan a mantener el idioma castellano. Pero qué interesante: madurando sienten que les falta algo, y allá se van de regreso a lo cubano, volviendo a disfrutar el picadillo y los frijoles negros, bebiendo café negrito, bailando salsa, y hablando en jerga criolla, en un proceso que repiten sus hijos: como la Gran Duquesa de Luxemburgo visitando con sus hijos la isla. De ellos, bastante ignorados como temática en la literatura de este lado –más centrada en la poderosa realidad de la isla, y ya yo partido también entre esas dos realidades–, quise ocuparme, y descubrir su largo viaje de negación, reencuentro, aceptación, y acomodo a los dos mundos tan distintos a que pertenecen.

Teresa Dovalpage: Tienes razón, tanto los que no conocimos esa parte de la historia de Cuba, y la encontramos por primera vez aquí, como los que la empiezan a conocer pasados los berrinches de la adolescencia, podemos disfrutar de ese descubrimiento, aunque tardío, de lo cubano. Volviendo a la novela, tiene el fondo musical de Tchaikovsky. ¿Escuchabas su música mientras la escribías? ¿Cuánto tiempo te tomó completarla?

Héctor Santiago: De adolescente siempre me atrajo su música, en especial la Sinfonía Patética, sin saber porqué, y por ende a su personaje principal –en la novela de manera detectivesca te enteras. Yo escribía con los audífonos puestos escuchando su vasta obra, y en mi buró me miraba su foto: muy eslavo y hermoso. Me tomó dos años la investigación: tuve que estudiar y oír su obra, releer a Pushkin y Chejov, la historia de la Rusa zarista y el periodo de Stalin, escuchar poemas en ruso, ver videos de San Petesburgo y Moscú, fotos de los lugares en la época donde los vivió el compositor, leer tratados de musicología, pedir libros a Europa, yo mismo hacer las traducciones del inglés al castellano y algunos pininos de mi francés de kindergarten con el diccionario al lado, e ir a ritos ortodoxos: fue agotador, pero no quería traicionarlo, y ser fiel a su biografía, su mundo. Cuando me sentí listo la escribí de un tirón en dos años, con sus correcciones y reescribiendo. Después halándonos los pelos con mi editor, respetando su guía profesional, y a la vez defendiendo con colmillos y garras mi voz propia. Pues aunque hablábamos castellano, el mío era “americano”, sin ser spanglish pero nutrido por 32 años newyorkynos, y hasta me pidió una pequeña nota para aclarar mis peculiaridades gramaticales. Fueron cuatro años tratando de abrirle un nuevo camino a la literatura del exilio, a la vez literatura norteamericana escrita en lengua extranjera –como hicieron Heredia, Cirilo Villaverde, Martí y otros.

Teresa Dovalpage: Cuando te digo que no me aguanto las ganas de leerla y disfrutar de ese español pasado por New York y por el tamiz de la música… ¿Y cuál es tu rutina para escribir? Digo, si es que tienes alguna…

Héctor Santiago: Como si estuviera loco los personajes me hablan, los temas me asaltan en cualquier sitio y momento –ando con papel y bolígrafo pues muchos los he olvidado. Si son en una época histórica: como Sor Juana Inés de la Cruz, la Condesa de Merlín, Gertrudis Gómez de Avellaneda, etc., estudio su obra y su época, después dejo que ese ajiaco se vaya cocinando mientras escribo otras –escribo distintas cosas y géneros a la vez–, a veces se demoran años. Un día: ¡Ahí está! Entonces como enajenado no lo suelto hasta terminarlo, otro reposo, a corregir, o reescribir: soy muy exigente. De día escribo teatro, artículos, narrativa, y a chorritos mis Memorias. Necesito la quietud y la oscuridad de la noche para la poesía –¡aunque Dios me libre llamarme poeta!

Teresa Dovalpage:  Pues a ver cuándo terminas esas Memorias… ¿Deseas compartir alguna experiencia o dar algún consejo a quienes empiezan en este camino largo tortuoso de la literatura y el teatro (dos senderos que se bifurcan)?

Héctor Santiago: Te dirán que ya no se lee, que no se va al teatro: pero todos venimos a este plano por un porqué, y escribir es tu misión existencial. Tu ayudas –y te ayudas–, a entender estos tiempos torcidos, y aunque no vas a cambiar nada, amplias la visión que tenemos de nosotros mismos, y nos hace más vastos como seres humanos. No te descorazones por los tropiezos: no siempre el reconocimiento llega cuando lo buscas. Si Boris Vian, Vincent van Gogh, y otros, no hubieran continuado contra el anonimato, hoy no tendríamos sus obras. Cuidado con la palabra “éxito”: Shakespeare fue olvidado y redescubierto en el Siglo XVIII, y Mozart años después de su muerte. Cree siempre en ti, contra todas las corrientes, y gustos, pero dejando humildemente un espacio para la duda –pues este es un aprender sin descanso. Dale tu obra a los compañeros del oficio y préstales atención, no te pongas bravo con los críticos, que son como el vino: buenos y malos –pero necesarios para una buena comida. Siempre hay alguien mejor que tú: aprende el porqué, recuérdalo, y así escaparás a las trampas del ego. Y tu  mejor obra es la que estás por escribir…

Teresa Dovalpage: ¡Excelentes consejos, Héctor, gracias! ¿En qué estás trabajando ahora?

Héctor Santiago: Terminé otra novela en corto tiempo, que me pidió un editor con un tema preciso: el amor gay, donde incursioné en apenas 200 páginas, queriendo escribir algo muy serio como una novela rosada escrita por Corín Tellado. Después escribí cinco monólogos para los actores de la Compañía Havanafama de Miami que es la que me monta. Estoy exhausto. Así que en vez de escribir reviso mis novelas sobre Juana la Loca, y la Condesa de Merlín, en espera de la oportunidad para publicármelas. Gracias por darme voz Tere. Te mando un beso a Taos.

Teresa Dovalpage: Gracias a ti por tus interesantísimas respuestas, Héctor. ¡Muchos éxitos con tu novela y obras teatrales!

Para comprar La memoria del agua, vayan a este enlace.

Entrevista a Armando de Armas

Serie de Autores de TheWriteDeal

La escritura: un asunto de gente sospechosa

Armando de Armas nació el 15 de octubre de 1958 en Santa Clara, Cuba. En los años noventa integró el movimiento de derechos humanos y de cultura independiente dentro de la isla. Es autor de la novela La Tabla (Fundación Hispano Cubana, Madrid, 2008), así como de Mitos del antiexilio, libro de ensayos publicado en Miami en 2007 y traducido al italiano por el sello Spirali y también al inglés, y de dos colecciones de relatos: Mala jugada (Miami, 1996 y The WriteDeal, 2012) y Carga de la Caballería (Miami, 2006). Otro libro de ensayos suyo es Los Naipes en el Espejo, 2011, publicado en Nueva York por Latin Heritage Foundation. TheWriteDeal ha publicado su relato Dedos en 2011. Sus cuentos, artículos y ensayos han aparecido en numerosas antologías y han sido traducidos a diversos idiomas en el mundo. De Armas escribe además para la página www.martinoticias.com, de Radio y TV Martí, donde conduce la sección de Arte y Cultura, y es invitado frecuente a programas de la televisión en el sur de la Florida. Muchos de sus artículos pueden leerse aquí.

                                         Entrevista

Teresa Dovalpage: Mala jugada es una colección de cuentos en que los personajes mueren y resucitan, con elementos mágicos y fuerte acento cubanón. ¿Qué te inspiró a escribirla y cuándo se publicó por primera vez?

Armando de Armas: Mala jugada es un libro escrito en Cuba. Había terminado de escribir La tabla que, originalmente, contaba con más de mil cuartillas. Y, francamente, lo menos que tenía era deseos de escribir, sino de sumergirme por entero en el mundo de lo díscolo y lo disoluto, en el desenfreno de lo marginal, una de las pocas esferas donde es posible encontrar algo de decencia cuando se vive bajo una dictadura comunista, me sentía con todo el derecho a permanecer en mis campamentos de invierno, quiere decir cabarets, cerveceras y otros sitios de la buena muerte, y olvidarme no sólo del infierno que es la vida en esa isla, sino de la escritura misma, ese nefando vicio, pero como siempre ocurre desde que empecé a escribir, tarde por cierto, no podía entregarme enteramente a la inmersión en ese mundo otro de lo oscuro-luminoso, sino que tuve que compartirlo con la escritura de un nuevo libro, me llegaban frases a borbotones, en relación con mis experiencias diarias, pero también con otro tipo de experiencias, eso que tu llamas elementos mágicos, irrupciones del mundo de lo numinoso que, para mí, son tan reales como la realidad misma, es más, para mí un escritor realista no es, no puede serlo, en el sentido de lo que decía Stendhal de la novela “como un espejo colocado a lo largo del camino”, porque hay otra realidad, oculta, misteriosa, llamémosla psíquica o  llamémosla espiritual, que viene a conformar con la realidad evidente lo que se podría entonces nombrar como la verdadera realidad; describir sólo la carretera con sus suciedades y sus baches es, simplemente, quedarse a medias, con una parte, bastante difusa por cierto, de la realidad. Para mí es tan importante lo que sucede en el mundo interior de los personajes como en el exterior, narro desde adentro, desde adentro hacia afuera, donde viene a completarse el universo que tramito. Tanto La tabla como Mala jugada pueden leerse como novelas de aventura, por la acción que contienen, pero la acción en tiempo cronológico es mínima, pues la acción se narra desde el recuerdo, desde lo onírico, velado por los claroscuros del alcohol y la alienación.

Así surge Mala jugada. Yo me había fugado de una cárcel en Minas, Camagüey, yo vivía en una suerte de semiclandestinidad y cuando pude escapar de la isla, en 1994, en un barco robado y bajo fuego de ametralladoras, ¡si vieras la noche rota, iluminada por las balas trazadoras!, más de 600 millas de navegación por el sur, me traje los manuscritos de La tabla (a esas alturas La tabla se había convertido en una novela famosa dentro del underground literario, una obra de la que todos hablaban pero pocos habían leído y que los muchachos de la Policía Política querían tener a toda costa, nada, cultos que suelen ser esos muchachos), Mala jugada, ensayos, denuncias de violaciones de derechos humanos y artículos contra la dictadura. En 1996 pude publicar Mala jugada, mi segundo libro escrito, pues el primero, La tabla, vino a publicarse en 2008, 18 años después de haber sido escrita. Mala jugada pude publicarlo gracias al Ex Club, Organización de Ex Prisioneros y Combatientes Políticos Cubanos, un organismo muy activo en la lucha anticastrista con el que venía vinculado desde la isla, por Justo Quintana y Rolando Borges, amigos, ya muertos, que pasaron muchos años en las cárceles por oponerse a la dictadura. A mí me pasan cosas raras, paradojales, y lo que ha de venirme me viene por donde menos lo espero. El Ex Club era un organismo político, de acción en aquel tiempo, nada que ver con el mundo de la cultura, y fue, sin embargo, el encargado de publicar Mala jugada, de darme a conocer como escritor, pues como te imaginarás no podía yo haber publicado en Cuba, y aunque tenía una obra, era inédita, y yo podía desgañitarme diciendo, eh, soy un escritor, pero ciertamente nadie me iba a creer pues no tenía las pruebas del delito y, para colmo, tengo una facha que me haría sospechoso de cualquier cosa menos de escritor.

Teresa Dovalpage: La historia de tu vida da para hacer varias novelas. ¡A ver cuándo te embullas a publicar tus memorias! Mientras tanto, eres ensayista y autor de narrativa. ¿Cómo decides cuándo tratar un tema en un ensayo y cuándo llevarlo a la ficción? ¿Y cuál de los dos prefieres?

Armando de Armas: Creo que eso lo decide el tema, aunque la verdad es que en mi narrativa hay ensayística, y en mi ensayística narrativa, vaya, tan cierto como que cada macho contiene a su hembra, cada hembra a su macho y cada cristo a su anticristo. Prefiero la ficción, pues te permite decir muchas cosas sin que te tilden de loco…

Teresa Dovalpage: Eso sí es verdad. Y en la ficción uno siempre puede decir: todo es cosa de mi imaginación,” nada personal… J Siguiendo con las preferencias: de todas tus obras, ¿hay alguna que sea la favorita? Ya sé que esto es un poco como preguntarle a un padre que si prefiere a uno de sus hijos, pero…

Armando de Armas: Creo que La tabla, una novela dura y abarcadora, de la que el agente literario Guillermo Shavelzon dijo una vez que era la novela de la revolución y que, paradójicamente, pienso yo, sería también la novela de la contrarrevolución… pero muchos prefieren Mala jugada y otros el ensayo Mitos del antiexilio, no sé, nunca se sabe…

Teresa Dovalpage: A mí me gusta más Mala Jugada, sobre todo el personaje de la Pía, para no hablar de esa estatua de la India sandunguera encarnada en mujer. Ahora, eres escritor, periodista, activista político… ¿cuándo escribes y cómo encuentras tiempo para hacerlo?

Armando de Armas: Escribo preferiblemente en las mañanas, aunque lo he hecho a cualquier hora y en lugares inimaginables… en celdas, en la barra de un bar, sobre la espalda de una mujer dormida…

Teresa Dovalpage: Lo último debe ser un poco incómodo, digo yo…sobre todo para la durmiente. ¿Tienes alguna rutina particular para escribir?

Armando de Armas: No, el tipo de vida que he llevado no me ha permitido hacerme a alguna rutina…

Teresa Dovalpage: ¿En qué nueva obra estás trabajando en estos momentos?

Armando de Armas: Una novela histórica del XIX, pero no debo decirte más, soy supersticioso… o al menos alguien que huye de la superstición racionalista…

Teresa Dovalpage: No es superstición, es precaución… astral. Tampoco es cosa de desparramar la energía. Si tuvieras que darle un consejo a quienes se inician ahora en la literatura, o en el ensayo, ¿qué les dirías?

Armando de Armas: Que lo piensen bien primero, si no tienen nada mejor qué hacer, si no son mejores en otra cosa, si no están compulsados a hacerlo por una fuerza superior a ellos, si no es una necesidad, entonces mejor no escriban, hagan negocios, hagan la guerra o hagan el amor, pero no escriban… pero si no tienen otra opción razonable, entonces escriban, pero sepan que es un mal negocio, un asunto de gente sospechosa de algo turbio en todas partes, un oficio al que se sacrifica muchas veces patria, honra y familia, y después que lo decidan, que escriban, no se apuren en publicar… estén seguros de que no van a publicar una mierda, una sonsera. Como todo, no lo niego, la escritura tiene sus beneficios, sus mieles, pero no pretendan hacerlo por los beneficios, por las mieles, pues hay miles de actividades humanas en que beneficios y mieles se obtiene a más bajo costo, de manera mucho más rápida.

Teresa Dovalpage: “Un asunto de gente sospechosa”. Eso me gusta mucho. Pero los que ya estamos montados en el burro, seguiremos en él hasta que nos bajen a palos. ¡Muchas gracias, Armando, por acceder a esta entrevista y suerte en todos tus proyectos!

                                                                         Mala  Jugada

Fragmento del relato “La Pía”

La Pía nada tenía que ver con el Papa Pío IX, ni con ningún otro investido de poder por derecho divino, o histórico, ni tan siquiera con los desfiles militares por el  Día de la Victoria, y menos aun con las movilizaciones al agro y con la determinación, no consultada con ella, acerca de morir antes que retroceder; la Pía, era la Pía, y venía de un tiempo viejo en que había sido soldadera de las tropas de Pancho Villa y puta del harén de Alberto Yarini, quizás todo eso la llevó a conocer una calurosa noche del verano de 1991 al Cortadillo, que llegó hasta ella sentada en un banco del Prado, cojeando aristocráticamente de la pierna izquierda con una pepilla rubia que la Pía conocía de la lucha en la Rotonda de Punta Gorda, y que iba como un adorno al lado del Cortadillo, entonces ella lo vio vikingo desgarrador de la niebla del tiempo, empinándose un tarro de cerveza en proa de nave que avanza a golpe de látigo y tambor, herido de una pedrada en la misma pierna de la que ahora cojeaba, en combate con los monikongos en un país verde; ella había aprendido a odiar a los monikongos por feos y contrahechos y regimentados y serviles y violentos, y a querer a los vikingos por liberales y ojos verdes y pelo rubio y rutilantes armaduras; después lo vio en la lucha por el dólar que traían las vikingas naves desde lejanas tierras, por su parte, él también supo que ella era combatiente de la misma lucha, porque esa noche la Pía dio a la rubia-adorno un ticket para la guagua, que guardaba en el carnet de identidad, y allí, al lado del ticket, estaba el preservativo, rosáceo, nailito lindo y etiquetado en letras chinas, adormecido en toda su penetrabilidad penetrable, escudo que al Cortadillo le pareció conocido de cien antiguas batallas, en que él mismo lo portara al dorso de su brazo matador de hombres, o tal vez, enfundado en su verga castigadora de hembras que ejercían el oficio en un presente de pasada futuridad, todo giró en torno al preservativo, o quizá dentro del preservativo, del vacío, de la circunferencia que conformaba en el reposo del carnet de identidad, de la vida, que era, en suma, eterno preservativo; la rubia-adorno no existió más, se esfumó, entonces la conversación se refirió al SIDA, y a lo bueno que la Pía, con sus escasos 20 años, tuviera conciencia del hijo-de-puta síndrome, y Cortadillo se admiró de sus ojos tristes, inteligentes, buscadores de una felicidad condenadamente extraviada, cada día más extraviada, más quimera, a pesar de los montones de billetes verdes que ella sabía ganar, como ninguna, en el comercio con los de las vikingas naves, sola, sentada en el malecón de la Rotonda, frente a La India Guanaroca, Guanaroca quizás ella misma, cazadora del pájaro, virgen puta, sin alardes de puta…

India Guanaroca

La India Guanaroca

Entrevista a Maribel Pont

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Maribel Pont nació en Manacor en 1981. Desde temprana edad ya comenzó a expresar sus sentimientos e inquietudes a través de la escritura. No fue hasta 2007 cuando, motivada por cumplir su sueño de ser escritora, comenzó por abrirse paso con pequeños textos y relatos. Con la ayuda de su profesor Ramón Alcaraz logró pulir un estilo y perfeccionar la técnica de narrar.  Actualmente acaba de publicar su novela El caso Svenska, y en breve saldrá a luz el cuento “La pequeña fugitiva” fruto del trabajo por inculcar la lectura a su hijo Adrián, y transmitir unos valores humanos a través de la escritura.

Su correo electrónico es maribelpont@yahoo.es  y sus blogs http://elcasosvenska.blogspot.com/ y

http://maribelpont.blogspot.com/

El caso Svenska

 

Teresa Dovalpage: El Caso Svenska, cuyo trailer se puede ver aquí  es una novela centrada en la desaparición de una niña cuya madre resulta sospechosa de ser la principal culpable. ¿Qué te motivó a escribirla? ¿Te inspiraste es algún caso real?

Maribel Pont: La inquietud por diferentes casos de desapariciones  de niños me condujo a escribir esta novela.  Supongo que la necesidad de añadir un punto final a casos que jamás se resolvieron, como es el caso Madeleine, el cual me  inspiró para llevar al papel una historia donde se implica directamente a la madre de la niña.

Teresa Dovalpage: Y no puedo imaginarme una situación más desesperante para la madre… Has escrito otra novela que veo anunciada en tu blog, ¿Quién es África Watson? La sinopsis me parece muy interesante. ¿Está ya publicada? ¿Dónde se le puede comprar?

Maribel Pont: África Watson es fantástica; y un soplo de aire fresco en cuanto al género que he desarrollado hasta ahora.  De hecho  comencé a escribirla a la vez que iba colgando capítulos que se pueden leer en mi blog. Todavía no está terminada,  pero sí puedo decir de ella que es la historia de una chica obesa; ella nos adentra  en un mundo actual donde predomina la imposición del físico en la sociedad. África nos enseñará que lo importante es aceptarse, y no dejar nunca de ser una misma. Y que todo se puede conseguir si realmente creemos en ello.

Teresa Dovalpage: ¡Me gusta el tema! Pienso que todas las que hemos tenido problemas con el peso (a ver quién no) esperaremos tu novela con verdadera ansiedad. En tu blog  das consejos, muy acertados por cierto, a escritores. ¿Qué te ha motivado a abrirlo? ¿Enseñas talleres de narrativa también?

Maribel Pont: En el mundo de los blogs, interactuamos mucho entre escritores. Creo que es una buena idea compartir nuestras enseñanzas, y de ese modo transmitir mi forma de abarcar la escritura. No imparto talleres de narrativa, es un acto sin ánimo de lucro; pero no descarto la posibilidad de plantearme algún taller a largo plazo. Siempre hay cosas por aprender.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Maribel, por compartir tus experiencias. Me pareció especialmente bueno tu post sobre cómo romper ese temido bloqueo del escritor.

Como bien dices, en esta comunidad en línea todos podemos aprender unos de otros. Ahora, de todas tus obras, ¿hay alguna que sea la preferida? Ya sé que esto es un poco como preguntarle a una madre que si prefiere a uno de sus hijos en particular, pero…

Maribel Pont: ¡Te doy la razón! No sabría decir cuál es mi preferida, pero le he tomado un cariño especial a África Watson, sin duda es mi personaje  predilecto. Las mujeres coraje siempre protagonizan mis novelas. También destacaría “Cuando je t’aime no significa amar” aunque aún no está editada.

Teresa Dovalpage: Pues espero ver publicadas pronto las dos…Y volviendo al oficio de escribir ¿cuál es tu rutina?

Maribel Pont: Lo primordial sería eso, no caer en una rutina. Por norma general me sirvo de una buena historia que contar; luego dejo que esa idea macere y vaya tomando forma en mi cabeza. Es imprescindible que pueda visualizar a mis personajes, luego me tomo el tiempo necesario para que vayan llegando las ideas y transportarlas al papel.

Teresa Dovalpage: ¿Deseas  compartir alguna experiencia o dar algún consejo a quienes empiezan en este camino largo tortuoso de la literatura?

Maribel Pont: Como bien dices, es un camino largo y tortuoso, por ese mismo motivo solo aquellos que estén dispuestos a superar todos los obstáculos, y traspasar el filtro que supone para llegar a ver publicados tus escritos, serán recompensados con la satisfacción de llegar a los lectores. Si ese es tu sueño nunca tires la toalla. Y sobre todo aprender de las críticas, y estar dispuesto a aprender de los errores. Imprescindible leer, leer y leer.

Teresa Dovalpage: ¡Excelentes consejos! Leer y leer… ¿tú te imaginas un escritor que no lea? ¿En qué nueva obra estás trabajando ahora?

Maribel Pont: En la actualidad estoy trabajando de pleno en “África Watson: ¿y por qué no?” También tengo en mente otra novela negra, aunque no descarto hacer una segunda parte de “Cuando je t’aime no significa amar”.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Maribel, por acceder a esta entrevista. ¡Y buena suerte con todos tus proyectos!

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