¿Corruptora de menores, yo?

Originalmente publicado en Por Culpa de Candela

A la memoria de mi abuela, que habría disfrutado este cuento

Dices que tu marido quiere que me vaya. Pues me voy, chica. Me voy ahora mismo. Regreso a Cuba en el primer avión que salga para allá. Total, de mejores lugares me han botado y luego me han pedido que regrese. De rodillas me lo han pedido, para que sepas.

Ahora, no creas que me voy a largar muy calladita. Yo me iré, pero a mí hay que oírme antes y te advierto que mi lengua tiene más de tres cuadras de largo. Porque eso de que me vengan a acusar de vieja dama indigna es una calumnia y no tengo por qué aguantarla. Por mis ovarios te lo juro, que a mí me van a oír en la mismísima Casa Blanca, vaya.

No te confundas. El hecho de que me llamen vieja puta me vale. Sí, me vale madres, como dicen en México. Lo que me molesta no es la palabra, es la acción. ¿Tú crees que no es para encabronarse que me vengan a decir: pues te tienes que ir ahora mismo a tu país, o te metemos en la cárcel por corruptora de menores? Y todo por tratar de hacer un favor.

Sí llego a saber esto no me muevo de Cuba. O me quedo en Morelia, que la gente me adora por allá. Total, yo ya había viajado cuanto tenía que viajar y recorrido medio mundo. Desde que en los años cincuenta me fui a España y casi vuelvo a poner de moda la zarzuela con aquello de

Al marido después de la boda

Nada, nada se debe negar

Pues con él en la casa entra toda

Entra toda su autoridad.

¿Que no conoces esa música? Parece mentira que seas hija mía y que te hayas criado en medio de la farándula habanera. Es de la zarzuela La corte de faraón. Si no hubieras estado en la luna, comiendo mierda, como siempre, te acordarías porque mira que la he cantado veces cuando tú eras chiquita. Pero a ti siempre te ha importado un pito mi arte. Hija como tú, ni que la hubiera parido por las narices. Y digo las narices por no decir algo peor.

¿Pero cómo, a ver, cómo tu marido me va a acusar ahora de pervertir a Joe? No me quedaba que oír. Lo único que hice fue ayudar al desgraciao chiquillo a encontrar su camino al centro de la tierra. A conocer la verdad de la vida, no fueran a salirle plumas. Y en lugar de agradecérmelo, me…

¿Qué una social worker está ahí para hablar conmigo? Pues que pase. Ni que me fuera a comer. Yo estoy muy cujeá pa tenerle miedo a nadie. Que pase y bien.

 

Buenas tardes. ¿Usted es la trabajadora social que está atendiendo el caso de Joe? No, de mi nieto no. ¿Cuántas veces lo tengo que repetir? Ese muchacho es el hijo del marido de mi hija, nacido en Iowa y criado en Chicago. Y yo acabo de llegar a este país, prácticamente, y le vi la cara por primera vez hace dos meses. Así que de grandma, nananina.

Sí, soy cubana. Del barrio Cayo Hueso, en Centro Habana. ¿Qué? No, no, a mí no me enrede en política. Al de la barba déjenlo en el Comité Central. Si está vivo o si ya estiró la pata, allá él y su alma. Yo no sé nada de eso ni me importa. Por mí, que lo entierren mañana mismo. Yo soy de la opinión de la difunta Celia Cruz, que está en el cielo cantándoles  salsa a los ángeles. ¿Usted no sabe lo que dijo la que gritaba azúcaaa? Que donde entraba la política por la puerta, el arte se iba por la ventana. Y yo soy una artista, no una politiquera.

¿Feminista? Desmaye eso… ¿Qué feminismo ni qué ocho cuartos? A ver, ¿el feminismo es lo que se traen las mujeres en este país, mi hija por ejemplo? Se pasa el día trabajando la muy pendeja. Se levanta a las cinco y media de la mañana, se zumba para la oficina y regresa ya oscurecido. Oiga, que ni sol hay en este Chicago a las seis de la tarde. ¡Caballeros, lo que es salir de la casa y regresar a la casa y no ver ni un salao rayito de luz en todo el trayecto! Le zumba el merequetén.

Luego se pone a cocinar. Porque el manganzón del marido se las de liberal y de que  we all have the same rights pero dígame usted qué hace él por la patria. Ni hostia. Mete las cucharas en el lavaplatos y se cree que hay que ponerle una medalla de trabajador vanguardia. Y luego escacha el culo delante de la tele y no hay quien lo levante. Mientras, mi hija es la que se manda el cocinao, y el arreglo de la casa y el repasarles la lección a los muchachos. ¿Eso es triunfo del feminismo? No, mi amor, eso es mucho achantamiento de los hombres, que son unos aprovechados, y mucha comemierdería de las mujeres, que se dejan coger de bobas.

En mi tiempo las mujeres atendían la casa y no tenían que andar lidiando con pesadeces de los jefes. O de las jefas, que también son de anjá. Se tomaban una tarde para ir de compras con toda calma y andaban de mejor humor. Ahora se han buscado jornada doble: en la casa y en el trabajo. No digo yo si tienen que estar tomando pastillitas para dormir, el valium que le llaman. No digo yo.

Y los muchachos más malcriados no pueden ser. Se pasan el día entero berreando. Hasta que se sientan delante del televisor como el padre. ¡Pláfata! Eso es otra cosa: la tele prendida desde que llegan de la calle. Estos chiquillos se van a volver idiotas, hipnotizados por horas delante de una pantalla. Por eso cuando crecen tienen problemas con el aparatico, como el stepson de mi hija. (El aparatito de abajo, no el de la tele.) Porque no salen ni media hora a un parque. No juegan, ni corren ni toman sol. Lo único que mueven es el dedito este, mira, pa cambiar el selector de canales. Fu.

Vamos al grano, sí. Como las gallinas. A ver, ¿qué me quería decir usted? Claro que Joe no me acusa. Noticia fresca. ¿De qué me va a acusar? ¿De meterme en su cama y bajarle los pantalones? Ni que fuera el casto José. ¿Usted no ha oído la entrada de José en La corte de faraón? Pues dice así:

Yo tocaba la flauta

y el caramillo

y a mi lado triscaban

los cabritillos

No pensaba en amores

por ser pecado

y además porque estaba

muy ocupado

en que no se me fuera

ni un corderito

y no se me perdiera

el pobrecito.

Está bien, dejo el canto. Pero sí le voy a contar cómo empezó todo. Para que no me llame a mí pervertida ni lo ponga a él de casto José. Lo que yo hice fue tratar de ayudar a Joe. Lend him a hand como dicen aquí. Más que una mano, claro. Lend him mi chocha, ésta, la peludita, que buena falta que le hacía.

Hace dos meses yo estaba muy tranquila en mi apartamento de Centro Habana. Avenida Carlos III entre Espada y San Francisco. Al lado del hospital de Emergencias, por más señas. Ahí tiene su casa. Y no estaba comiéndome un cable como los viejitos del Buena Vista Social Club cuando los descubrió Ry Cooder, ni limpiando zapatos ni nada de eso.

Es que yo tengo fe, ¿comprende? No, nada de religión. En Cuba eso quiere decir familia en el exterior. Alguien que le mande a uno dólares, porque sin ellos La Habana se te vuelve un páramo peor que el de Pedro, vaya. Con lo que mi hija me mandaba yo hacía la lucha. Vendía la pacotilla de K-Mart que ella me enviaba por Cubapacks. Gracias a  mis negocios y a los dólares que también me hacía llegar de cuando en cuando me compraba mi café (café-café, de pilón, no la mierda que dan por la libreta allá ni el café aguado americano, que es otra porquería) y mi pedazo de puerco en el mercado y mi picadillo en las shoppings. Las shoppings son las tiendas por dólares, mija. Y tenía un marinovio, un cincuentón que no se parecerá a George Clooney pero tampoco está pa echárselo a los perros.

Y de  pronto, sin esperarlo, me llaman de Morelia. Yo había actuado en Michoacán por los años sesenta. Hice una jira por la tierra azteca  y dejé a los mexicanos, perdón por la inmodestia, locos conmigo. La mera mera, me decían cuando bajaba del escenario después de cantar eso de

Ven, José.

Ven acá.

¿Qué es amor?

Yo te voy a explicar

 porque creo

 que el amor debe ser cosa rica.

 ¡Ay! ¡Hebreo!

 debe ser un bichito que pica.

La más chingona, me aplaudían. La Pepita Embil cubana, me llamaban. Arrebaté al público, modestia aparte.

Pues resulta que a un empresario del Teatro Morelos se le ocurre hacerme un homenaje a estas alturas de la vida. Dice que una noche vio los recortes de periódicos de aquellos años y que soñó conmigo un  ocho de septiembre. Fue Ochún quien me concedió la gracia del viaje, porque ese día es su fiesta. Ochún es la virgencita de la Caridad del Cobre, la orisha del amor. ¿Ve esta medalla de oro con su imagen? La tengo desde los quince años aquí, colgándome entre las tetas, y no me la quito ni para bañarme. Lo que habrá visto esta medalla troquelada, mija….Si le da por hacer historias no termina en una semana. Historias en vivo y a todo color, sin censura ni beeps. De ellas sale un best-seller.

Estando ya en Morelia, entre cantos y bailes, mi hija me llama y pregunta que por qué no me doy el salto para el norte. Un salto de olimpíada, porque zumbarse de Morelia a Chicago no es ir de aquí a la esquina. La primera vez le dije que no, que con pasaporte cubano no me iban a dar visa de entrada en Estados Unidos, pero ella dale que dale. Que te voy a buscar, me insistía. Que te consigo un pasaporte falso. Que cruzamos la frontera en un carro por Juárez, porque allí miran los papeles menos que en los aeropuertos. Que cómo vas a regresar a Cuba sin conocer a tus nietos. Tanto amoló que al fin me convenció.

Así que terminando mi última presentación en tierra de Morelos me puse mi peluca rubia, con la que lucía igualita a la mujer de la foto que aparecía en el pasaporte falso. Me vestí bien elegante. Me di una ducha de Chanel No. 5 detrás de las orejas y entre las piernas y así cogí mi avión haciéndome pasar por U.S. citizen. Facilito. No, el idioma no me asustaba. ¿Cómo me iba a asustar? Si yo cantaba My fair lady,

I could have danced all night

and still have begged for more.
I could have spread my wings
and done a thousand things I’ve never done before.

que no había quién me discutiera que una servidora había nacido en pleno Broadway y chancleteado por el Parque Central de Nueva York.

Al llegar a Chicago con mi hija (que estuvo todo el viaje con el corazón en la boca, aunque la idea de pasarme de contrabando había sido de ella) nos esperaba mi yerno. Por cierto, desde que le eché el ojo encima el tipo me pareció un sanaco. Para empezar, se cagaba de miedo por tener una illegal alien, como dice él, bajo su responsabilidad. Para eso, me hubieran dejado tranquila en Morelia. Al fin es que yo no pedí que me trajeran ni na de na.

El terror de ellos era que me enfermara. Como yo no tenía seguro médico ni manera de conseguirme uno….Hasta que un día les dije: no jodan más. Si me enfermo, me ponen en un avión aunque vaya pal Medio Oriente. Y si me muero, me tiran en la nieve pa que no apeste. Qué tanta bobería.

Mi hija, después de toda la insistencia para que yo viniera, se pasaba más tiempo en la calle que al lado mío. Y el marido, lo mismo. Se iban los dos a trabajar y me dejaban sola como un perro. Mis nietos estaban en la preschool y ni me permitían cuidárselos. Yo creo que mi yerno tenía miedo de que los contaminara con mi ilegalidad cubana.

El único que se acercaba a mí y trataba de entretenerme era el hijo de mi yerno, que entonces nos visitaba una vez o dos por semana. Sí, el mentado Joe, el hijastro de mi hija. Así que de incesto nada. Que en los genes de ese muchacho yo no tuve arte ni parte, gracias a Dios. Joe y yo conversábamos muchísimo. La primera semana yo lo miraba como a una criatura, aunque es más alto que su padre. Pero me daba gusto que alguien me prestara atención, ¿comprende? Nos poníamos a hablar desde las dos y media que él salía de la high school hasta las cinco y pico que llegaba mi hija con el marido y los niños.

¿Que qué otra cosa hacía? Pues no mucho. Estarme aquí encerrada todo el tiempo. Ah, y ver la tele. Pero ni eso me entretenía. Dios mío, esas chiquillas anémicas que salen en MTV, qué bichos más feos, no tienen carne ni pa una empanada. ¿Ésa es la belleza de hoy día? Si lo que hace falta es que las inflen con un aparato de llenar las llantas de aire. Ni tetas tienen, ni culín.

Volviendo a Joe, yo le repasaba español. Que cuándo se usa ser  y cuándo estar porque en inglés siempre es to be. Claro, como lo mío es la música, yo le enseñaba con las letras de las canciones. Le cantaba, por ejemplo:

Yo estaba muy triste

  y llorosa estaba

 porque sin saberlo,

 algo me faltaba.

Para explicarle que estar se usa para la cosa emocional, que cambia de un momento a otro. Mientras que ser es para las cuestiones más permanentes, como el origen:

De Tebas soy yo,

en Tebas nací .

La Virgen de Tebas

me llaman a mí.

Aunque yo en vez de Tebas le decía Cuba, para darle color local a las lecciones. Y el muchacho torpe no era, porque enseguidita aprendió. Un día me dijo: “eres linda.” Yo andaba maquillada y bien arreglada porque me iban a llevar a un Estarbú y quería lucir presentable. Así que le dije que “estaba” linda por una noche pero que normalmente no lucía tan bien. Entonces el muy pícaro me soltó: Oh, no. You are always beautiful por eso digo que eres linda. Mira qué parejero ha salido al americanito, pensé. Pero nada, no le hice más caso hasta aquella noche del show.

Resulta que unas amigas de mi hija habían oído de mi gira por México y me pidieron que actuara aquí, en un teatro que se llama Aguijón y queda en la Avenida Laramie. Chiquito, pero bien situado y con público fijo, una delicia trabajar allí. Para no hacerme de rogar les dije que sí, aunque yo no había venido pensando en más farandulismo. Di función única una noche. Me puse arriba tos los hierros. Canté y bailé como en mis buenos tiempos. Y les meneé las nalgas al ritmo de

Ven aquí. Mírame.

      no te sientas tan casto, José.

Cuando se acaba la función y yo salgo a mezclarme con la gente… ¡alabao, pa qué fue aquello! Joe estaba encandilado. Me trajo una copita de vino y me regaló un ramo de rosas enorme.  Pero enorme. No sé de dónde las sacó ni si las compraría antes de entrar al teatro, pero ahí estaba el ramo. Monumental. Y me lo dio con un beso que me resonó desde la oreja izquierda hasta el ovario derecho. En eso se nos acerca su señor padre y lo primero que le dice a Joe es: “¿Qué haces tomando? ¡Mira todavía no tienes drinking age!”

Era para matarlo. ¿Usted sabe lo que es decirle eso a su hijo delante de un montón de gente? No hablo por mí, que al cabo soy de la familia. Pero allí había cantidad de muchachas, amiguitas de él de la high school y vecinos y conocidos. La vergüenza que le hizo pasar. Que falta de delicadeza, coño.

Entre las muchachitas estaba una tal Ashley. Muy espigada por cierto, muy graciosa y bastante salida del plato. Enseguidita me di cuenta de que Joe le gustaba, por la manera en que se le encimaba al chico y le brincaba el mono delante. Si conoceré yo esos trucos… Así que al día siguiente, cuando el muchacho viene a sacarme conversación y me dice que qué bonita había quedado la función de anoche y que qué bella yo lucía y bla bla bla, le pregunté por la Ashley. “Ella es linda también,” me contestó, “pero no como tú. Además, we don’t have chemistry.”

“¿Desde cuando la química ni la física ni la astronomía tienen que ver con las cuestiones del amor?” Le pregunté. Y en vez de contestarme, el escuincle, el chiquillo, el comebolas me da un beso. En la boca esta vez. Así empezamos.

Sí, nos dimos un revolcón, pero nada serio. Yo tenía mis escrúpulos, para serle sincera. ¿Cómo me iba a acostar con un muchacho que podía ser mi nieto? Hasta que me di cuenta de que el infeliz no lo había hecho nunca. Imagínese eso, social worker. A los diecisiete años y no había metido su rabito en ningún lugar ni conocía la verdad de la vida. Qué atraso, por Dios. Nadie diría que estamos en el primer mundo.

Claro, por eso le daba pena con las muchachas. Porque un hombre que no ha hecho el amor nunca (y lo mismo una mujer, lo mismito) está falto de algo. Está incompleto, como si dijéramos. ¿No lo cantó el poeta Machado?

Dicen que el hombre no es hombre

mientras que no oye su nombre

de labios de una mujer

Puede ser.

Y yo me dije: nada, vamos a hacer una obra de caridad y…

¿Que si es la primera vez que estoy con un menor? Oiga, debería darle pena llamar “menor” a un tipazo con una cabilla de ocho pulgadas y seis pies de estatura. Déjese de pujos, caramba. ¿Cómo a los diecisiete años cumplidos un hombre no va a poder templar con quien lo quiera? ¿Por qué eso va contra la ley? Mire, la primera vez que me acosté con mi novio yo tenía quince años y él dieciséis. En esa época la gente no se ponía con semejantes idioteces. Y estoy hablando de hace casi sesenta años. Nada, que este mundo va para atrás como el cangrejo. Luego hablan de la evolución.

No, en Cuba no hay problemas con la edad del coito, como usted dice. Todo está prohibido, menos eso. El día que prohíban templar, la gente se alza en armas. Lo que no han logrado el período especial ni las brigadas rompehuesos ni el picadillo de soya a media libra por persona lo hace una ley de ese estilo, mi palabra.

Bueno, yo quería entusiasmar a Joe para que se le declarase a la Ashley, la invitara a un café, a una discoteca, a cualquier cosa. Pero él, aferrado a mí. Todos los días, desde aquel primer achuchón, la tomó con venir directo a la casa a pasar un rato conmigo. Como era la primera vez que probaba el mantecado, le cogió el gusto y ya no había manera de que me soltara. Y yo le decía: hijo, aguanta un poco, que ya yo no soy una quinceañera y hasta la florimbamba se desgasta con el mucho uso. Mira que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después.

El problema fue que antes de nuestro…affair, como dicen aquí, él visitaba la casa dos veces por semana cuando más, un ratico a ver a su padre y ya. Pero luego se aparecía todos los días en cuanto salía de la escuela. Ahí fue cuando mi yerno empezó a sospechar. Aparte, habría sacado sus conclusiones por la forma en que me miraba Joe. Incluso cuando había gente delante, que la criatura, con su santa inocencia, no sabía ni disimular.

Mi yerno se puso a velarnos y nos agarró una tarde asando maíz. No le voy a dar detalles pero fue bastante… embarazoso, vaya. Lo que aquí llaman compromising. Encueros en pelota los dos, y el muchacho con esa gloria de rabo más parada que un asta de bandera. Figúrese usted.

Entonces se formó el brete. Llamaron a la counselor y a usted, y a la madre del muchacho y a la madre de mi yerno y a la madre de los  tomates. El desmadre fue aquello, vaya. Y ahora mi hija me dice que salgo bien que no meten en la cárcel por entrada ilegal al país y por corruptora de menores. Que lo mejor que puedo hacer es largarme antes de que el escándalo llegue a los periódicos o a la televisión. A la televisión, cucha pa eso….Quién me ve a mí en Cristina o en Oprah (bueno, a Oprah tendrían que llevarme con traductora) con tremendo letrero: Abuela cubana comete incesto con nieto americano. En rojo y en mayúsculas. Azúcaaa.

Anda, anda, no me jodan. Que ni el muchacho es nieto mío, ni yo voy a ir programa ninguno a lavar ropa sucia en público como hacen aquí. Una tiene mucha dignidad para eso.

Ahí viene mi hija de nuevo así que terminamos. Sanseacabó. Les dije que me iba y me voy. Dame acá la maleta, niña. Lo único que siento es que no me dejen despedirme de Joe a quien, según tengo entendido, metieron de cabeza en el psicólogo. Eso es lo que lo va a traumatizar, no los restregones conmigo. Y también me dijeron que lloraba por verme y que decía que él no me iba a acusar. Noticia fresca.

Mira, lo que tienen que hacer es que ocuparse de cosas más importantes. A ver si meten a los homeless donde no se congelen cuando empieza a nevar, y si le dan health care a todo el mundo en lugar de andarse preocupando por lo que la gente hace con sus partes privadas.

Y ya me voy. Pa Cuba. O pal carajo, que no es lo mismo, como diría Silvio Rodríguez, pero es igual.

¡Ay, Ba …Ay, Ba…

Ay, babilonio que marea.

            Ay, va. ..Ay, va. ..

            Ay, vámonos pronto a Judea.

Adiós.

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