La médium escribiente

Fragmento de El Difunto Fidel, obra Ganadora del V Concurso de Novela Corta de Rincón de la Victoria, 2009

Difuntopaper

La médium escribiente

Las botánicas miamenses venden fe y esperanza. Y hasta caridad, si es lo que el cliente necesita y tiene con qué pagarla. El aire de estas tiendas huele a incienso, a agua de Florida, a rosas y a veces a tabaco y a ron. Cuando ponen música, casi siempre es un toque de tambor o un bolero meloso.

Las olas de Yemayá es una de las botánicas más reputadas de toda la ciudad.  Queda en pleno corazón de la Calle Ocho y su dueña responde al sonoro y rimbombante nombre de Encarnación Raynier de los Rosales. La susodicha es médium escribiente, oyente y vidente, según reza su tarjeta de visita, muy bien impresa en cartulina mate. Debajo del logo (una bola de cristal rodeada de estrellas) está el lema, el slogan publicitario que no puede faltarle a ningún negocio que se respete: “el cliente pone la fe; los santos ponen la solución.”

Encarnación ha decorado el establecimiento a fin de lograr un efecto de Disneylandia espiritual. Un cuadro de La Mano Poderosa cuelga de la pared junto a un grabado a todo color del Ojo de Dios. En los anaqueles negrean azabaches y platean crucifijos made in China junto a estatuas de yeso que representan bien o mal a las vírgenes de la Caridad, de Regla, de Fátima, de Guadalupe, del Carmen y hasta de Medjugorje. Hay perfumes astrales, herraduras de cobre, piedras de cuarzo y de imán, espejos de Feng Shui, Budas plásticos, gatos chinos de la suerte y calderos de Santería. En un librero coexisten Biblias, volúmenes de astrología y de Tarot, novenas y estampas de cuanto santo aparece en el Santoral, además de algunos apócrifos como un tal San Carajulián. También se ofertan gitanas y negritas a muy buen precio ––muñequitas de plástico, mal pensados.

Y todo lo preside la imagen de un querubín de dos metros de alto, con cachetes rosados, ojos cerúleos y alas grises. Si Fra Angélico lo ve, excomulga al pintor, pero Encarnación lo tiene por una obra de arte y no lo vende ni aunque le ofrezcan diez mil dólares. (Es un decir, nadie le ha ofrecido ni diez mil quilos todavía.) A la izquierda del querubín mueve sus manecillas plásticas un reloj lumínico con una ilustración de Harry Potter y la piedra filosofal en medio de la esfera. Pero nada de toques de tambor aquí, pues la dueña se desvive por la música mexicana. Hoy se ha levantado con ganas de oír a Vicente Fernández, que desde un estéreo reluciente entona a todo pecho El rey:

Yo sé bien que estoy afuera

pero el día que yo me muera

sé que tendrás que llorar.

Una joven que lleva gafas enormes, a lo Madonna, empuja la puerta y se detiene en el umbral. La acompaña una mujer mayor, un poco apolismada por los años, que con una simple frase:

—Alabao, qué calor… ––revela su cubanidad.

Las dos se quedan mirando al Ojo de Dios como si éste guardara en su pupila azul (¡perdóname, Gustavo Adolfo!) la solución a la crisis actual. Encarnación las saluda con la mejor y más seráfica de sus sonrisas.

—Luz y progreso, hermanas, pasen adelante.

Una vez frente a la médium, las recién llegadas la observan con curiosidad. Bastante hay que observar en ella, desde el cabello largo hasta la cintura y teñido de rojo, pasando por el seno ubérrimo y a medias descubierto, hasta los pies calzados con babuchas doradas. Parece un árbol de Navidad fuera de temporada. Encarnación cumplió sesenta años el mes pasado y está algo regordeta (la cercanía al Café Versailles es perjudicial para la figura) pero su vocación de diva carnavalesca puede más que los dictados de la moda y del almanaque.

—Aché para ustedes ––continúa, a fin de infundir confianza a las clientas en perspectiva.

—Mire, yo… ––tartamudea la vieja—. Esto… nosotras…

—¿Buscan algo en particular? Aquí tengo:

hierba de mejorana para abrir el mañana;

pétalos de campana que todo sana.

Y rompezaragüey

con semillitas de mamey.

—Déjese de rimas idiotas, haga el favor ––la interrumpe la chica camuflada de actriz hollywoodense—. Mi padre ha muerto, ¿sabe?

—Mis más sinceras condolencias ––Encarnación pone cara de circunstancias—. ¿Y qué edad tenía el difunteado?

—Iba a cumplir cincuenta en agosto. Pero, ¿qué tiene eso que ver? ¿Por qué me lo pregunta?

—Ay, hija, por curiosidad, no te molestes. ¿Y qué quieres, darle una misa espiritual?

—Nada de misas. Lo que me hace falta es saber cómo se siente en el más allá. Si…

—Si nosotras tuvimos culpa de que se difunteara ––interviene la otra, que de repente empieza a soltar mocos y lágrimas a chorro.

Justo en ese momento el coro de Vicente Fernández repite aquello de llorar y llorar. Encarnación se apresura a apagar el equipo de música.

—Déjeme que le cuente, señora ––prosigue la mujer—, déjeme que le diga…

—Cállate, mami ––la corta la más joven—. No te pongas a dar información sin venir al caso.

Encarnación, indignada (o haciéndose la indignada) se encara con ella:

—Yo no necesito que nadie me dé información porque tengo unos espíritus clarísimos, que saben hasta donde el jején puso el huevo. Así que no ofendas por gusto que tú no me conoces.

La chica asimila el regaño y se ablanda enseguida, como todas las boconas cuando les hablan fuerte.

—Disculpe, señora, disculpe. Es que estoy muy nerviosa. Yo nunca me he metido en estos asuntos y…

—Lo que queremos averiguar ––dice la vieja—, es cómo ocurrió en realidad la muerte de mi marido.

Aquello le pinta feo a Encarnación y decide quitárselas de encima.

—Un momento. Si se trata de un crimen mejor acudan a la policía, que para eso está ahí. Aunque yo soy legal, y mis espíritus también, mi licencia de trabajo dice que esto es for entertainment only. Por pura diversión y sin compromisos. Y con la justicia no quiero problemas, ni de broma. Adiós y váyanse por la sombrita.

—¡Ay, no me diga eso! ––exclama la vieja—. ¡Usted tiene que ayudarnos! No nos deje embarcadas, por el amor de Dios.

—Aquí no se trata de ningún crimen ––explica la muchacha, más calmada—. El forense determinó que había sido un accidente, así que por el lado de las autoridades no tiene nada que temer. Pero mi padre estaba un poco deprimido últimamente. Y mami piensa que… que se lanzó a propósito contra un camión de vegetales para salvar a la familia de la ruina.

—Esa sospecha me tiene el alma destrozada ––murmura la vieja, recalcando la última palabra en tono de telenovela.

Encarnación se compadece. Ella es así, sentimental.

—Bueno, tal vez les pueda echar una mano. En casos como el suyo, yo uso mis dotes de médium escribiente.

—¿Qué quiere decir eso?

—Que los espíritus me dictan sus vivencias desde el más allá y yo transcribo…

La joven pone mala cara otra vez.

—Óigame, ¿cómo que sus vivencias, si están muertos?

—Es un decir, muchacha, no seas tan… literal. Quiero decir, que me cuentan cómo fueron sus experiencias antes de morir, y hasta les mandan mensajes a sus familias si se les ha quedado algo en el tintero. Yo copio todo ce por be, lo paso a mi computadora y se lo doy ya impreso a los clientes.

—¿Y cuánto cobra usted por su trabajo?

—El precio lo discutimos más tarde.

—¡Lo que sea, hija, lo que sea! —solloza la vieja—. Con tal de no seguir con este reconcomio por dentro, yo le pago lo que me pida.

—¿Cómo se llamaba el difunteado? —pregunta Encarnación.

—Fidel —contesta la joven.

—Philip —dice su madre.

Encarnación resopla.

—Se me ponen de acuerdo porque así no nos vamos a entender.

—Fidel, Fidel.

—¿El apellido?

—Carballo —responden ambas a la vez.

—¿Y cuándo se desencarnó?

—La semana pasada.

—Está bien, todavía tendrá los recuerdos frescos. Porque mientras más tiempo pasan por allá, más difícil resulta obtener detalles de importancia. Para decesos tan recientes la tarifa es sólo veinte dólares el folio. En una sesión regular, un espíritu me dicta de diez a doce folios, de modo que el precio total depende de cuán larga o enmarañada sea la historia que el difunteado tenga que contar.

—¿Y qué cosa es un folio, si me hace el favor? —pregunta la vieja.

—Una página, señora.

—Perfecto —dice la más joven, que es la que lleva la batuta. La otra, ovejunamente, asiente con la cabeza también.

Difunto cover2

* *  *

Esa misma tarde, ya cerca de la hora del cierre, Encarnación les está quitando el polvo a unos Budas de porcelana cuando hace su entrada en la botánica, meneando mucho las caderas, una trigueña fondillona de las que paran el tráfico hasta en el expressway.

—Luz y progreso, hermana, adelante —la saluda la dueña—. ¿Qué te trae por aquí?

—Hablar con un egún.

Un egún, para los no enterados, es un difunto. O difunteado, como les dice Encarnación.

—Ah, no, mi vida. Yo no paso muertos ni dejo que ningún espíritu se me encarne. ¡Qué va! Para esas cosas búscate a un santero.

—¿Y qué servicio ofrece usted?

—Soy médium escribiente, oyente y vidente.

—Qué casualidad, mi madre era también médium oyente. Cuando los espíritus se ponían pal paso le daban unas cantaletas… Había uno que se pirraba por cantar óperas. En italiano, imagínese. Mi pobre vieja terminó por aprenderse La Traviata completa de memoria.

—Sí, hay algunos majaderísimos —asiente Encarnación—. Pero yo nada más les dejo espacio a los que me interesan. Aunque me esté mal el decirlo, soy muy selectiva en esas materias y no le doy entrada a todo el mundo. ¿Y a quién querías contactar tú?

—A un amigo… Para decirle la verdad, a un querido que tuve. Casado y con dos hijos, pero muy decentico y más bueno que el pan. Se mató hace una semana en un choque y yo tengo clavada la espina de no saber qué le pasó. Porque él estaba medio tristón desde hace tiempo, preocupado por su familia, por la crisis de las hipotecas y… bueno, tengo la corazonada de que lo suyo fue premeditado. También me gustaría que me dijera si por fin iba a dejar a su mujer y a juntarse conmigo. Usted dirá que eso no importa a estas alturas, pero…

—Todo importa, hermana. Basta con que un problema te esté atorando el alma para que yo procure resolverlo. Espérate, déjame concentrarme… ¿El difunteado se llama Philip y le decían Fidel, o viceversa?

—¡Señora, lo suyo es una visión de veinte-veinte! —la trigueñota se santigua.

—Dones que tiene una. ¿Y el apellido era Carballo, por casualidad?

La recién llegada se queda muda del asombro y tarda dos minutos (medidos por el reloj de Harry Potter y la piedra filosofal) en reponerse para contestar, con un hilo de voz:

—Carballo era, sí. Encarnación, ya yo había oído hablar de usted y de su clarividencia, pero no sabía que tenía tanta luz.

—Luz me sobra, y tengo incluso para compartir con el prójimo en caso de apagón. Trataré de ayudarte, pues ésa es la razón por la que me mantiene el Señor en estado de gracia.

—¿Y el precio es…?

—Baratísimo, muchacha. A veinte dólares el folio —aquí Encarnación suelta de nuevo el rollo del dictado pero no hay para qué repetirlo.

—Adelante con los faroles —sonríe la trigueñota.

—Esta misma noche lo llamo. Todo está en que quiera cooperar, porque hay cada espíritu resabioso en el más allá… Es que los difunteados conservan las mañas y marañas que tenían antes de desencarnar, ¿comprendes?

—Ah, no, con Philip usted no va a tener problemas, despreocúpese. Hombre más educado y cariñoso había que mandarlo a hacer con instrucciones específicas.

—Menos mal.

Para comprar el libro en papel en Amazon, pinche aquí

Para comprar la versión Kindle, pinche aquí

Portada EL Dinfunto Fidel

Editorial Verbum

Editorial Verbum

Editorial: Verbum

Sitio en la red: http://www.verbumeditorial.com/

País: España

Contacto: editorialverbum@gmail.com

 
Editorial Verbum nació en Madrid, fundada por Pío E. Serrano y Aurora Calviño, en 1990,  como homenaje y continuación de Verbum, la revista fundada en La Habana, en 1937, por José Lezama Lima y algunos de los integrantes del más tarde conocido como Grupo de Orígenes.

Entrevista con el Dr. Luis Rafael Hernández, editor de Verbum.

Teresa Dovalpage: La Editorial Verbum, además de publicar libros, es también un centro de enseñanza. Cuéntame sobre los cursos que ofrecen. ¿Son todos en persona u ofrecen algunos en línea?

Luis Rafael Hernández: De momento los cursos son presenciales y solo intensivos de verano, pero deseamos ampliar la oferta en el futuro a cursos también en línea. En el siguiente link tienes información sobre los que ahora mismo funcionan y volveríamos a convocar el año próximo:http://www.verbumeditorial.com/es/cursos

Teresa Dovalpage: Me parecen todos muy interesantes y ojalá que se animen pronto para presentarlos en línea también. En cuanto a la editorial, ¿hay algún tema específico sobre el que les interese publicar en este momento, un tipo de manuscrito que estén buscando hoy día?

Luis Rafael Hernández: Nos interesa sobre todo la buena literatura inédita, escrita en lengua española.  Buscamos textos originales y con actualidad.

Teresa Dovalpage: La promoción de la mercancía (sean peras o manzanas o buenos libros) es fundamental para que se venda. ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

Luis Rafael Hernández: Esperamos del autor que se implique en la promoción del libro, participe en presentaciones, mueva el libro con nosotros en las redes sociales, etc. Nosotros, nos comprometemos bajo contrato para que nuestros títulos nunca estén en condición de “agotado”. Asumimos el compromiso de reeditar el libro mientras exista demanda. La Editorial Verbum, además de imprimir el libro en papel, produce una versión e-book, cuyo precio es aproximadamente la mitad del precio del libro en papel. Ambas versiones están a disposición de los lectores en librerías físicas y virtuales, de forma que el libro puede ser comprado en cualquier sitio. Como parte de nuestra acción de publicidad y promoción de los libros publicados se distribuye una nota de prensa de cada novedad, que se envía a más de cuatrocientos medios de prensa, entre periódicos, revistas y agencias de noticias de España y del resto del mundo, además de a librerías y distribuidores nacionales e internacionales. Verbum dispone de una lista de correo electrónico de cinco mil contactos que reciben los boletines de novedades de la Editorial. Igualmente, se puede consultar información adicional sobre los libros y sus presentaciones en la web de Verbum y en las redes sociales de uso más generalizado de Internet (Facebook,Twitter, LinkedIn, etc.). El acceso a nuestro catálogo está disponible en las plataformas de promoción y venta de Internet, entre ellas Amazon, Todoebook, Google Play, Amabook, etc.  Las ediciones de Verbum están ya disponibles para su consulta y lectura en bibliotecas de toda España, del Instituto Cervantes, y mediante la web para su descarga como e-book en cualquier rincón del mundo. Gracias a nuestra red de distribución internacional las ediciones en papel llegan a librerías de toda Europa, EE.UU. e Hispanoamérica, y también a parte de África y Asia.

Teresa Dovalpage: Qué bien. ¡Una red de distribución de largo alcance! Con respecto a las propuestas, ¿cómo prefieren ustedes, en  su función de editores, recibir manuscritos: directamente de los autores, por medio de agentes o por otra alguna vía como los concursos? ¿Organizan ustedes alguno?

Luis Rafael Hernández: Organizamos concursos que solemos patrocinar para promover la escritura y como estrategia promocional. Preferimos los textos enviados por los autores directamente, algunas veces los agentes literarios entorpecen el diálogo porque suelen pedir anticipos altos. El autor desea que el libro se publique bien editado; al agente le importa sobre todo ganar en el corto plazo, lo que no coincide necesariamente con lo que al autor y al editor más le importa: que el libro tenga una buena presentación y un largo recorrido en el mercado.

La isla de las mujeres tristes

La isla de las mujeres tristes, ganadora del Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2014

Teresa Dovalpage: ¿Cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de “manuscritos rechazados” por Verbum Editorial?

Luis Rafael Hernández: La mejor manera es presentar un manuscrito interesante, bien presentado, con el título, la sinopsis, la ficha de autor y todos los datos de contacto en el mismo archivo y no en varios adjuntos. Muchas veces recibimos manuscritos desaliñados, sin encabezar, sin datos de autor, esos suelen ser rechazados porque a diario recibimos entre 10 y 20 propuestas, de las que pasamos a evaluación solamente un 5 %, del cual solo un 1% termina siendo aprobado por nuestros lectores externos.

Teresa Dovalpage: El desaliño es inaceptable en estos casos… como llegar a una cita con manchas de café en la ropa. ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico? Ya sé que como editores querrán por igual a todos los libros que publican, pero si hay alguno que acabe de salir y deseen destacar…

Luis Rafael Hernández: Todo lo que publicamos tiene interés, a veces académico, otras para el público en general. Verbum se caracteriza por publicar libros interesantes, no super ventas sino libros bien escritos y de fondo, que no pasan de moda al año de salir.  El catálogo de Editorial Verbum supera el millar de títulos. Especializada en la literatura hispánica, en los estudios literarios y humanísticos, entre sus diversas colecciones destacan Verbum Mayor y Verbum Ensayo (de referencia en los campos de la filología, la estética, la filosofía y la historia), donde han aparecido obras de autores como F. Schiller, J. P. Richter, K. Krause, G. H. von Wright, E.R. Curtius,  G. Santayana, M. Milá y Fontanals, J. Rizal, José Lezama Lima, José Olivio Jiménez, J. M. López de Abiada, Severo Sarduy y Roberto González Echevarría, entre otros. Editorial Verbum emplea los métodos tradicionales de edición y comercialización, y también los más actuales. Cuidando igualmente la calidad en el libro editado en papel y en el libro electrónico (e-book), progresivamente hemos ido conformando una biblioteca digital con títulos de nuestro catálogo que ya pueden descargarse desde cualquier parte del mundo gracias a las nuevas tecnologías informáticas. Verbum demuestra que existe un espacio de mercado para las editoriales de reducida estructura, con un catálogo coherente y la búsqueda de la excelencia.

Además de conmemorar su aniversario XXV en 2015, Ed. Verbum, a lo largo de este cuarto de siglo de labor continuada en favor de la cultura, destaca por su catálogo coherente, forjado al margen de los dictados del mercado y sin duda imprescindible en lengua española por su rica bibliografía, concebida con un criterio de fondo siempre disponible -ha sido siempre política de la editorial no descatalogar los títulos publicados. Esta política asegura mantener el catálogo a disposición de los lectores en cualquier momento y lugar del mundo, mediante distribuidores regionales, internacionales y exportadores.

Resumimos sus aportes en varios hitos:

Ed. Verbum con su colección Mayor ha conformado un corpus imprescindible para el conocimiento de la teoría literaria, la filología, la estética, la filosofía y el humanismo, en que destacan los 7 volúmenes de la Teoría del Humanismo; los 6 volúmenes de Origen, progresos y estado actual de toda la literatura; los 2 volúmenes del tratado Barroco; los 4 volúmenes de El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano; los 4 volúmenes de la Antología de la poesía cubana de José Lezama Lima; y el Tesoro Castellano del Primer Diccionario de América. Lemas y concordancias del vocabulario español-náhuatl (1555), de Alonso de Molina.

Ed. Verbum dispone de un importante fondo bibliográfico al servicio de los estudios hispanísticos, integrado por rigurosas monografías de las más importantes obras y los más reconocidos autores del ámbito hispánico.

Ed. Verbum ha publicado la bibliografía más amplia fuera de Cuba sobre José Lezama Lima, el Grupo Orígenes y la literatura cubana en general.

Ed. Verbum ha publicado en lengua española el mayor número de títulos de literatura coreana en traducciones directas del coreano al español.

Ed. Verbum ha patrocinado y convocado varios premios literarios, cuyas obras ganadoras publica con posterioridad. Anualmente convoca el Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero”, el Premio Iberoamericano VERBUM de Novela y el Premio Premio Juan Andrés de Ensayo en Investigación en Ciencias Humanas.

Ed. Verbum ha promovido el conocimiento de la lengua española en el mundo, desde sus colecciones y series dedicadas a la lengua de Cervantes, cuyos textos se emplean en academias y departamento especializados de universidades de España, EE.UU. Europa e incluso de Asia; y han sido recomendados por el Instituto Cervantes como bibliografías apropiadas para la enseñanza de la lengua española.

Ed. Verbum, con su colección de Ensayo, presenta estudios imprescindibles para el mejor conocimiento de autores y literaturas en lengua española, difundiendo teorías literarias novedosas y abordajes disímiles. Muchos de sus libros se encuentran en bibliografías de cursos doctorales, máster y grados en universidades de España, Europa y EE.UU.

Ed. Verbum, más allá del interés por el eurocentrismo habitual, también ha mantenido un interés particular por aquellas zonas marginales, en general, poco atractivas para los grandes sellos por considerarlas poco rentables. Así, se han promovido la literatura coreana, los estudios y autores hispano-africanos, los asiáticos y árabes, al igual que se ha propuesto rescatar los estudios de las obras y los autores hispanoamericanos poco atendidos por la crítica y el sector editorial.

Ed. Verbum, con su colección de literatura infantil-juvenil, se acerca también a los lectores más jóvenes, con libros atractivos y económicos, donde prima el interés por lo literario y los enfoques contemporáneos, que permiten a niños y jóvenes deleitarse con la lectura al tiempo que acceden a universos donde la palabra es vehículo idóneo para explicar, desde el arte, las disímiles aristas de la realidad.

En Verbum, dentro de su colección Infantil-Juvenil, ha lanzado dos series complementarias de la educación artística en las escuelas, para el aprendizaje de la música y el teatro (Serie Taller de Teatro Musical) y para el aprendizaje de lenguas y culturas foráneas (Serie Aprende…): Aprende Inglés en Londres, Aprende Francés en París, etc.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias por compartir toda esta valiosa información. ¡Éxitos!
Pueden visitar la página de Facebook de la editorial aquí

La Regenta en La Habana (fragmento)

PORTADAKindle

Para comprar el libro en Amazon, hagan clic aquí

Mi marido, antiguo jefe del departamento de Letras Hispánicas de la universidad habanera, guardaba cierto parecido con Víctor Quintanar, el respetable esposo de Ana Ozores en La Regenta. Don Víctor (el personaje de Clarín, no el mío) es un vejete jubilado de la Audiencia e interesado en la caza, la arboricultura, la marquetería y el teatro de Lope de Vega y de Calderón… en todo lo que lo rodea, con excepción de su mujer. Su desinterés marital actúa como detonante en la trama de la novela que gira en torno a la elección, por parte de Ana, de un sustituto para el regente retirado.

El caso era que a mi media naranja, como al don Víctor de la historia, se le habían apagado los fuegos pasionales. No nos dábamos más que besitos de buenas noches y un achuchón raquítico de Pascuas a San Juan. Aunque, en su honor sea dicho, las cosas no habían sido siempre tan sosas entre nosotros. Cuando nos conocimos tenía un motor en el escroto. Tanto, que terminamos enroscados en el piso de su oficina la primera vez que nos vimos, cuando fui a pedirle trabajo en la facultad de Artes y Letras de La Habana.
Nuestros caminos se cruzaron después que perdí mi puesto de profesora en la universidad de Las Villas. Y el puesto lo perdí por culpa de un accidente que, al lanzarme de mi nido académico de una patada, me llevó a buscar refugio en la capital. Por eso dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos. El problema es que a veces al Altísimo se le va el santo al cielo y le da unos retorcijones de contorsionista al guión que acaban con cualquiera.

Todavía recuerdo hasta el más mínimo detalle del accidente —como se recuerda, en la oscuridad de la madrugada, entre crispaciones de miedo, el argumento entero de una película de horror. Pedaleaba de vuelta a casa una noche, después de terminar las clases, cuando un camión cargado de lechugas embistió por detrás mi bicicleta china, una Forever roja bien traqueteada. El topetazo me hizo aterrizar en el pavimento. Fue un instante de confusión espacial, en que creí que la tierra se había alzado hasta mi cabeza para soltarme el batacazo. Sentí el dolor de los huesos al hacerse trizas y olí la peste a goma quemada de una de las ruedas delanteras del camión, que se detuvo a centímetros de mi rostro. Todo esto mientras las lechugas se desparramaban por todas partes en una explosión vegetal.

bici

En el juicio dijeron que la culpa había sido mía por no llevar reflector en la bicicleta. ¿Cómo lo iba a llevar si me lo habían robado una semana antes? Pero el chofer del camión tenía un aliento etílico capaz de tirar para atrás a Baco, de modo que el juez lo condenó a tres meses de cárcel. El borrachón salió mejor que yo, que pasé seis sin poder salir ni a la esquina. Prisión domiciliaria decretada por las dos piernas fracturadas, un brazo dislocado y las costillas convertidas en un rompecabezas óseo.

Lo peor fue que, además de descuajeringarme el esqueleto, el accidente me dejó un poco desequilibrada de los nervios. Estrés postraumático, me dijo mi psiquiatra, el doctor Cantoya, que se le llama científicamente a lo que me pasó. Durante años la vista de un camión me provocaba escalofríos y temblores, al punto de volver corriendo a casa si encontraba uno por la calle. Vomitaba cuando me ponían delante una ensalada de lechuga y no subía a una bicicleta ni aunque me pagasen mi peso en oro.

Al regresar a la universidad, más o menos restablecida, comprobé que el que fue a Sevilla —o en mi caso, al hospital— perdió la silla, el sillón y hasta el orinal. Mi cátedra estaba cerrada y me encontré en la calle y sin llavín. El decano me informó, con muchísima pena, que mi plaza había sido evaluada como “no imprescindible” durante aquellos meses de ausencia forzada. Corrían entonces los duros noventa y la enseñanza de narrativa española decimonónica no ocupaba un lugar preferencial en la mente de los burócratas.
¿Cómo ganarme la vida en Las Villas? No había muchas opciones para una hispanista desempleada. O me dedicaba a limpiar pisos en el hotel Ancón, o empezaba a arreglar uñas, o buscaba trabajo en una pizzería clandestina. Qué va. Adiós, cordera, me dije y vine a recalar a La Habana, donde me las vi negras al principio. Con mi padre no podía contar. Había perdido su cargo en el ejército cuando el brete de Arnaldo Ochoa y vivía refugiado en casa de sus suegros, que no me iban a admitir también a mí por mi cara bonita.

Tuve que apencar con tía Nena, la hermana de mi madre, que era una vieja resabiosa, y colocarme como maestra de español en una secundaria llena de fieras púberes. Los alumnos mayores fumaban en los baños, decoraban las paredes con obscenidades de barrio bajo y robaban a mano sucia en el salón de profesores. Los más chicos me tiraban bolas de papel, mocos endurecidos y cáscaras de naranja cuando me volvía de espaldas para escribir en la pizarra, y armaban batallas campales con los cuadernos en medio de la clase. Estaban en la edad del pavo elevada al cubo y no había quién los aguantara.
A los dos meses de lidiar con aquellas bestezuelas se me ocurrió ir a la universidad de la Habana para enterarme de si había una plaza vacante. Lo dudaba, pero como la peor gestión es la que no se hace… Me preparé con todas las armas que tenía a mi disposición. El escudo fue un cartapacio con mi expediente laboral, copias de mis evaluaciones y una carta de recomendación llena de elogios que me diera el decano de Las Villas cuando me despidió. La armadura consistía en un vestido rojo, cortito y bastante desvergonzado, con escote de recepción.

Llegué a la facultad de filología y pregunté por el departamento de Letras Hispánicas.
—Queda al lado del baño de las mujeres —me informó la recepcionista, y añadió al notar mi expresión de desubicada—: Enseguida lo encuentras, muchacha, guíate por el olor.

universidaddelahabanagrande

Seguí el tufillo, que era difícil de ignorar, y me presenté muy frescamente ante el jefe de cátedra —cargo tan poderoso en nuestro ambiente como el de un regente de Audiencias. Me recibió un tipo canoso, aunque todavía interesante. El que más tarde se convertiría en don Víctor, pero que in illo tempore era un cincuentón de buen ver.
—¿No necesitarán aquí una instructora de literatura española? —le pregunté a boca de jarro, sonriéndole con toda la sandunga que pude destilar.
—Las necesidades se fabrican cuando hace falta —me contestó, campechano—. ¿Trajiste tu expediente?
Saqué mi pedigrí académico y se lo entregué. Él se caló unas gafas montadas al aire, modernísimas, muy profesorales, y empezó a revisar el documento. Me despedacé cuatro uñas mientras duró aquella lectura, que se me antojó interminable.
—Tienes un currículum de primera —comentó al fin, aunque mirando para mi trasero, no para el expediente.
—Gracias.
—El problema es que en estos momentos no hay ninguna plaza abierta en la sección de literatura —empezó a ponérmela difícil—. Y aunque veo que terminaste la maestría, preferimos contratar a instructores que ya tengan un doctorado.
—Estoy dispuesta a empezarlo este mismo año si me dan la oportunidad de trabajar de nuevo en la universidad, compañero —le contesté—. Fíjese usted que tengo dos especialidades: literatura peninsular y lingüística española. Pero ahora estoy enseñando gramática en una secundaria horrible, con unos estudiantes que se le escaparon a Lucifer —y puse una carita compungida, de náufraga en apuros.
— Pues a lo puedo hacer algo por ti —carraspeó y me echó otra ojeada radiográfica—. Da la casualidad de que el único profesor de lingüística que tenemos en el departamento está a punto de retirarse. ¿Has estudiado a Noam Chomsky? Porque ahora sus libros son material obligatorio.
—¡Claro que sí! Hasta impartió un taller a nuestra clase en el ochenta y nueve. Conozco su obra al revés y al derecho, modestia aparte.
—A ver, a ver…
chomsky

Me concentré y regurgité todo lo que recordaba sobre el estructuralismo de Chomsky. El jefe me escuchaba con aspecto de estar impresionado por mi bagaje cultural. Al poco rato pasamos de la lingüística a la lengua y del material obligatorio a mi nalgatorio y terminamos revolcándonos en el piso de la oficina. Tenía mosaicos verdes y olía a polvo, a churre acumulado y al orine del baño, que como dije antes quedaba justo al lado. En fin. Salí de allí con el vestido sucio y tremendo dolor de espaldas porque todavía no se me habían acotejado los huesos desprendidos durante el accidente, pero pesqué el trabajo. Quid pro quo.
Así empezó el romance con don Víctor y yo me convertí en profesora de lingüística y en la favorita del mandamás. Vamos, en la sultana departamental. Me volví una Regenta criolla que reinaba, aunque no gobernase, en aquel micromundo universitario. A los pocos meses se abrió una plaza para enseñar literatura española y excusado es decir que pasé a ocuparla sin más trámites ni protocolo.
A veces, cuando nos poníamos románticos, mi marido y yo rememorábamos la primera vez en que el suelo nos sirvió de lecho nupcial y enredábamos las lenguas pensando en Chomsky. Pero no con mucha frecuencia, por desgracia.

El libro completo está disponible en Amazon, en versión Kindle y en papel

Priscilia, mi primera mascota

dovalpageT0003

Fue la primera mascota que tuve, una perrita mezcla de Chihuahua y quién sabe qué más, regordeta, tímida y asustadiza. Cuando la celebraban, se orinaba de la alegría, o tal vez de la vergüenza. Vivió dieciocho años. En el 92 se marchó al paraíso canino y todavía la extraño.

Más allá de la voz: un taller magistral con Antonio Rocha

Antonio Rocha
Originalmente publicada en Taos News, El Crepúsculo
El sábado 25 de octubre, como parte del Festival de Cuenta Cuentos que SOMOS organiza todos los años, se ofreció un taller de expresión en TCA, dirigido por el popular actor, cuenta cuentos y mimo brasileño Antonio Rocha.
Rocha estudió con Tony Montanaro, se graduó con honores con una licenciatura en teatro por la Universidad del Sur de Maine y tomó clases con Marcel Marceau. Sus actuaciones lo han llevado por todo el mundo, desde Singapur hasta Holanda.
Al comentar el taller, el maestro pidió a los asistentes que nos presentásemos y explicásemos brevemente por qué estábamos allí.
Algunos de los presentes trabajan con niños y querían comunicarse mejor con ellos y transmitirles nuevas técnicas.
“Vengo a recoger gemas de sabiduría,” dijo Cisco Guevara, también uno de los cuenta cuentos que actuaría aquella noche, junto con Rocha, durante el Festival. “Siempre encuentro muchas gemas cuando asisto a un taller.”
Otros asistentes, como la kinesióloga Margaret Hansen, habían hecho representaciones de sus propios monólogos y esperaban ampliar sus conocimientos de actuación.
La voz del cuerpo
El lenguaje corporal transmite más del 70 por ciento de la comunicación. Por eso, uno de los primeros temas que se trataron en el taller fue la postura: comenzamos con la diferencia entre un introvertido y un extrovertido.
Los pies hacia adentro y la cabeza gacha son marcas seguras de timidez, mientras que las piernas separadas y el rostro alzado indican seguridad en uno mismo.
No hace falta aspirar a ser actor para aprovechar la lección.
Hablamos también de cómo representar a una persona de edad avanzada. ¡No necesariamente con un bastón, por cierto!
“Un joven que haya sufrido un accidente puede necesitar un bastón y esto no lo hace necesariamente aviejado,” dijo Rocha. “Conviene alejarse de los estereotipos.”
Lo mismo pasa con la espalda encorvada.
“Conozco muchas personas mayores que andan bien derechitas,” dijo.
Las personas mayores, eso sí, tienen menos fluidez en sus movimientos que los más jóvenes.
“Los jóvenes se apoyan en los dedos de los pies, están listos para correr por el mundo,” explicó. “Pero los viejos se apoyan en los talones, pues han visto mucho y reconocen el camino que han transitado ya. El ansia de saber se contrasta con la sabiduría del conocimiento adquirido.”
Esto no fue sólo una lección de actuación, sino también de vida.
Hacer visible lo invisible
Algo fundamental que aprendimos en el taller fue la importancia de la observación. Si se trata de representar a un animal es escena, Rocha sugirió que tomásemos al menos tres características de dicho animal y tratásemos de reproducirlas.
Por ejemplo, si el animal a imitar era un mono, sugirió que nos concentrásemos en las piernas arqueadas, la espalda recta y los brazos moviéndose cual si tuvieran vida propia.
Una de las partes más divertidas de la sesión fue imitar a un simio dando saltitos por la escena.
“No pierdan al mono,” nos decía, cuando alguien hacía movimientos demasiado cercanos a lo humano. “Sean honestos con él, con la representación de él que están llevando a escena.”
El maestro señaló que lo más importante es plantar en la mente de los espectadores “la semilla” del mono.
“Esto no es un show de Broadway,” nos dijo. “Aquí no vale ponerse un disfraz de orangután ni andar por el escenario moviendo una cola postiza. Lo que queremos es que la audiencia vea el mono en su mente, en lugar de ponérselo delante de los ojos. Un mimo, o un cuenta cuentos, hace visible lo invisible.”
De esa forma, la historia en la que el mono es personaje (o cualquier historia que se represente) toma vida propia y permanece por años en la memoria de los espectadores.
A fin de cuenta, se trata de su propio cuento, diferente y único para cada uno, que ellos mismos han ayudado a crear con su imaginación.
El poder de la mirada
“La acción sucede donde el actor pone los ojos,” fue otra de la gemas, como diría el señor Guevara, que recibimos ese día.
No es necesario mirar al público directamente, nos advirtió Rocha, pero sí conviene tener presente adónde se dirigen las pupilas, que actúan como reflectores para la atención del espectador.
Cerrando con broche de oro
El final del taller consistió en que uno de los asistentes subiera al escenario para contarnos una historia.
Después de verlo en acción, Rocha le ofreció sugerencias útiles, no sólo para él, sino para el resto de la clase. Nuestro compañero de taller (lamentablemente no tengo el nombre) fue un valiente al acceder a pasar por la experiencia.
Todos los participantes nos marchamos con la seguridad de haber aprendido algo nuevo ese día.
“Fue divertido, relajante y sobre todo, muy informativo,” dijo Jonell Mills, que es originalmente de Nueva Zelandia y trabaja como masajista y especialista en comunicación no violenta. “Ha sido fenomenal trabajar con Rocha y ojalá que podamos repetir el taller con él o tomar otro.”
“Siempre quise venir a Taos”
Rocha admite que desde hacía mucho tiempo deseaba venir a Taos y visitar el Pueblo. Eso fue justo lo que hizo durante este viaje.
“También vi las earthships y tuve la gran suerte de hacer un viaje en globo,” me dijo. “Fui como voluntario al Balloon Rally y el presidente de la Asociación de Globos de Albuquerque, Mike Rice, me invitó a subir a uno. Le estoy muy agradecido pues fue una experiencia maravillosa. Le mando mis saludos a toda la comunidad de Taos.”
Para saber más sobre Antonio Rocha, visite su sitio en la red http://www.storyinmotion.com

El Difunto Fidel, edición Kindle

Difunto cover2

Esta novela, ganadora del V Premio Rincón de la Victoria, se publicó por la Editorial Iduna en Miami en noviembre de 2010 y por la Editorial Renacimiento en Sevilla en 2011. La presente es su primera edición digital.

Disponible aquí en Amazon

Una viuda desconsolada y una sex-secretaria acuden a la misma espiritista en busca de respuestas. ¿Se suicidó Philip Carballo o tuvo un accidente en el Express Way? ¿Y quién es, realmente, este señor Carballo, más conocido en su tierra natal como el compañero Fidel? ¿Cómo llegó de La Habana a Miami, del ómnibus al Lexus?

“Vale la pena leer El difunto Fidel, la más reciente novela de una de las autoras cubanas —entiéndase cubanas en el exilio y en Cuba— más destacadas en los años recientes, porque se goza y se aprende… y mucho más, con esta lectura.”
Félix Luis Viera, Cubaencuentro

Si prefiere comprarla en papel, el enlace está aquí
Difuntopaper

http://www.amazon.com/El-difunto-Fidel-Teresa-Dovalpage/dp/8484724751

Celebrando el Día de los Muertos

Originalmente publicado en Taos News, El Crepúsculo
Pan de muertos 006
Pan de Muertos, de la panadería Rosita’s
¿Ya sabes cómo vas a celebrar el Día de los Muertos?

Esta es una tradición original de México que incluye visitas al cementerio, altares (erigidos tanto en la casa como en el camposanto y decorados con papel picado, velas y flores de cempasúchil) y hasta música.
La celebración comienza el día primero de noviembre, que está dedicado a los difuntitos niños, y continúa el dos, cuando se honra a las almas de los adultos fallecidos.
En la iglesia católica, esta festividad se conoce como el Día de los Fieles Difuntos.
Las penas con pan son menos
Una parte fundamental de la celebración la constituye la comida. Después de todo, ya conocen el refrán: “las penas con pan son menos.”
Ya que hablamos de pan, no se puede escribir sobre el Día de los Muertos sin mencionar el tradicional pan dulce o pan de muertos, que se hornea en formas diferentes (calaveras, esqueletitos o huesos) y que es una de las comidas típicas de la festividad.
Otros platillos tradicionales de ese día son el mole, las frutas, el chocolate caliente y, por supuesto, cualquier golosina que los fallecidos gustaban de comer en vida.
No siempre es fácil de conseguir pan dulce en Taos, pero el Día de los Muertos se le encuentra sin falta en la tienda y panadería mexicana Rosita’s, que queda al lado de Guadalajara Grill, en el Paseo del Pueblo Sur.
“Tendremos pan dulce a partir del miércoles 29 en adelante,” me dijo el administrador Juan Sánchez. “Los habrá de diferentes tamaños, regulares y medianos. Todos son deliciosos, y más aún si se los come con una taza de chocolate bien caliente, de la marca Abuelita.”
Al igual que los demás alimentos, el pan se deja en el altar como una ofrenda a los espíritus que nos visitan. Pero también es para que se lo coman los vivos.
Como dice el señor Sánchez, los difuntos disfrutan la esencia de las ofrendas, por eso se colocan algunos panes en el altar, pero los vivos se comen los otros.
Debe haber pan de muertos para todos.
Cómo se prepara un altar
Altar de Taos Inn
Cristina García es la propietaria de Coyote Moon, una tienda de artesanías que queda en John Dunn Shops.
Todos los años ella y su esposo, Luis García, hacen un altar en la tienda. También tienen uno personal en su casa.
El altar se decora con velas, fotos de los familiares que han fallecido y recuerdos de ellos, que pueden ser alimentos, como se mencionaba antes, u objetos personales.
La señora García ha incluido fotos de su padre, Pedro Portillo, y de su suegro, Cecilio García.
En la tienda Coyote Moon se venden catrinas de México, cruces, cerámica y joyería hecha a mano, todo inspirado en el Día de los Muertos.
“También tenemos moldes de plástico para hacer calaveras de azúcar,” dijo la señora García. “Este es un tipo de mercancía que vendo solamente durante el Día de los Muertos. Los moldes se pueden usar varias veces y son muy fáciles de emplear.”
Ella también puede explicar el significado de cada ofrenda que se coloca en el altar. El agua, por ejemplo, significa tanto la pureza como el líquido que calma la sed de las almas, que llegan cansadas de su largo viaje desde el Más Allá.
Por otra parte, las velas son para guiarlos en su camino de regreso.
Durante los primeros días de noviembre, la señora García tendrá pan dulce y fruta en su tienda para compartirlos con quienes vengan a visitar su altar.
Dos tradiciones muy distintas
Aunque a primera vista se parecen, y además se celebran en fechas cercanas, Halloween y el Día de los Muertos son tradiciones diferentes.
Erlinda Maestas comienza a preparar su altar personal en la última semana de octubre. Ella les da con mucho gusto caramelos a los niños que vienen a llamar a su puerta el día de Halloween, pero señala que la actitud hacia la muerte es muy distinta en las dos celebraciones.
“Originalmente, la idea de Halloween era hacer que la gente le tuviera miedo a la muerte,” me explicó. “Pero el Día de los Muertos se basa en los recuerdos que mantenemos de los seres queridos, y en particular de sus vidas. No es algo “spooky” (espeluznante) sino agradable y que invita a la reflexión.”
El altar en Guadalajara Grill
Otro altar se instalará en el Guadalajara Grill del sur.
“Éste es el segundo año que lo ponemos,” me dijo el administrador Ignacio Solís. “Hicimos otro en noviembre pasado y a la gente le gustó mucho. También fue muy bueno para nuestra familia. Con él celebramos la memoria de nuestro hermano Federico Solís y le pondremos su comida favorita, que eran pozole y burritos. Además honramos a nuestra madre Elisa Solís, colocando en el altar un rebozo que le gustaba usar y un plato que ella siempre pedía, calabacitas.”
El altar de la comunidad en Taos Inn
George y Beverly Chacón invitan a la comunidad a recordar a sus seres queridos con el altar que están haciendo en Taos Inn.
Durante veintiséis años la familia Chacón ha estado celebrando el Día de los Muertos (que coincide con el cumpleaños del señor Chacón) con un altar comunitario. Este año el altar está dedicado a las víctimas de violencia doméstica.
La celebración como tal será en la tarde del dos de noviembre, pero los que deseen pueden llevar las fotos y los nombres de sus seres queridos antes de ese día.
“Comenzaremos con un toque de tambor cubano estilo batá a las 6:30p.m.,” dice el señor Chacón. “Después conversaremos sobre el origen de esta festividad y cómo se practica aquí y en otros lugares. Y al final tendremos más música con Mariachi Teotihuacán.”
Taos Inn servirá gratis chocolate caliente y pan dulce a los asistentes.