Amor a primera fusta

Imagen de la portada de Seducción, amor y mentiras, de Raquel Troyce

Publicado originalmente en SubUrbano Magazine

Cuando recibí la propuesta, mi primer impulso, debido a cierta pudibundez quizás hereditaria, fue contestar que no. Pero lo pensé dos veces y me acordé de lo que José Martí había dicho sobre el trabajo de pan ganar (tengo que preguntarle a mi amigo Félix Luis Viera cuál es la cita exacta). Viene a ser, si no recuerdo mal, que todo trabajo con el que uno se gana el pan es honrado —y éste en particular me ofrecía una cantidad lo suficientemente honrosa. A fin de cuentas, ¿cuál era la tarea? Nada del otro mundo: hacer un reportaje sobre una feria kink que se celebraría en San Diego.

Para los no enterados, kink es lo que se conoce finamente como “sexualidad alternativa,” entiéndase dominación, disciplina, encordamiento, suspensiones, uso de collares y látigos y un largo y doloroso etcétera. Prácticas sadomaso, vaya. Una revista sicalíptica —a la que mi abuela llamaría de relajo —para la que escribo en inglés bajo seudónimo buscaba un reportero que se infiltrase en la feria y contase del pe al pa lo que pasaba allí.

El éxito de Cincuenta sombras de Grey ha tenido mucho que ver con la súbita popularidad de eventos de este tipo. En general son abiertos al público pero, por razones obvias, se procura ahuyentar a periodistas y fotógrafos —nadie quiere que lo saquen en el diario local y al día siguiente sus colegas digan: oh, pero qué bien se ve fulano colgado del techo y con sus vergüenzas al aire. De modo que mi actuación en la feria sería clandestina, lo que le confería al assignment un aura de misterio muy sandunguera. La clandestinidad implicaba, también, que de alguna manera pasara por participante.

A fin de evitarle un patatús a mi marido, le dije que asistiría a un congreso sobre trasnacionalismo, transgresión y fronteras en la literatura, que sonaba lo suficientemente académico como para que se tragara el cuento —cuento que, por supuesto, le solté a todo el que me preguntó por qué iba a California. La única que supo la verdad fue mi amiga La Azteca, coach de vida y autora de un manual de sexualidad.

Enterada de que yo no sabía de la misa la media sobre el tema kink, La Azteca me pasó enlaces a varios sitios de BDSM en Internet.

—Ahí te puedes desemburrar —me dijo—. Mazmorra.net es el mejor.

Pero no las tenía todas conmigo. Aunque mi amiga me había ofrecido amablemente un curso rapidín sobre el BDSM, todavía no le veía el chiste.

—Aquí no se trata de chiste, hija —me recalcaba ella, muy seria—, sino de un juego de poder que provoca la sublimación de la libido.

¿Sublimación?

De yapa, me había aleccionado sobre la etiqueta apropiada. No toques a nadie sin pedir permiso (muy bien; esperaba que los demás usaran la misma cortesía conmigo); no pidas prestados instrumentos o juguetes, pueden estar contaminados con fluidos (fo, gracias, tampoco se me ocurriría); no interrumpas escenas ni te acerques a quienes las montan (ni ganas de que me salpiquen con… eso mismo, con fluidos) y otras que ya se me olvidaron porque me parecían, además, obvias. De modo que, en teoría al menos, estaba más que preparada. Lo único que me faltaba era el entrenamiento hands-on.

* * *

Después de pagar la entrada (guardé el recibo para pedir reembolso a la revista sicalíptica) entré al recinto de la feria. A diferencia de la famosísima que se celebra en la calle Folsom, en San Francisco, a pleno sol y a la vista y paciencia de todo el que la quiera presenciar, ésta tenía como escenario varios salones de un hotel, reservados con exclusividad para el evento.

Siguiendo los consejos de La Azteca, me había decidido por un atuendo indefinido (ni sumisa ni dómina, ni chicha ni limoná). Llevaba pantalones apretados y una chaquetilla de cuero que dejaba al aire el abdomen. Hasta se me ocurrió hacerme un piercing ombliguero para darle más reality al show pero al fin no me decidí, por el miedo a las infecciones. ¿Y qué iba a hacer con él después? La chaquetilla tenía un escote que llamaría revelador, si no fuera porque tengo poco muy que revelar en esa zona.

Luego de vagabundear un rato por la feria empecé a sentirme más cómoda; me di cuenta de que la mitad de los asistentes iba a fisgonear y no a dejarse abofetear o dar nalgadas. Las reglas se respetaban con una puntualidad esquizoide. Recuerdo haber pasado ante una cruz de San Andrés en la que se hallaba amarrado un señor que no tenía ni con un solo vello (púbico o de otro tipo) en su pálido y desnudo corpacho. Una dómina encorsetada en rojo y encaramada en tacones de diez centímetros de altura lo adobaba a fustazos, que lo hacían prorrumpir en aullidos —me imagino que de placer. Los fuetazos eran de esperarse, pero lo que me sacaba de situación era que la mujer parase en seco la tanda de golpes cada cinco minutos y le preguntase al encuero si se encontraba bien.

Con mi mejor cara de ingenua me acerqué a uno de los monitores (unos tipos fornidos, mezcla de security y guía turístico, que merodeaban por los salones con brazaletes color naranja) para averiguar el motivo de las interrupciones.

—¿Es la primera vez que usted viene a feria alternativa? —me preguntó el monitor, y me di cuenta por su acento de que era mexicano.

Admití que era así y le dije, en buen español, que tanta preguntadera le quitaba credibilidad a la escena.

—Pues oiga, lo que pasa es que tenemos que checar que el sumiso esté bien porque si le pasa algo, nos meten un sue y ahí sí que nos lleva la chingada —me explicó, ya entrando en confianza, el monitor—. Tenemos que ser rete estrictos con esas cosas.

Cortamos la conversación porque una señora con palillos de tendedera colgados de los pezones nos interrumpió para preguntar dónde estaban los baños.

Al cabo de media hora ya había visto más chochas (peladas y peludas) que cualquier ginecólogo en un mes, así como más pichas de distintos tamaños y colores que un urólogo diplomado. Me pregunté si aquella labor se correspondería con la definición de trabajo de pan ganar de la que hablaba Martí, el pobre. También me preguntaba dónde se habría metido el fotógrafo de la revista (se suponía que trabajásemos juntos) y cómo nos comunicaríamos, dado que, por aquel asuntito de la privacidad, no se permitía el uso de celulares dentro de los salones de la feria.

En ese momento escuché mi nombre —el real, no el que uso en la revista. Di media vuelta y me encontré frente a un tipo alto, fuerte y con músculos de cromañón. Iba descamisado; llevaba un látigo enrollado en el bíceps izquierdo, un pantalón (de cuero, por supuesto) y botas de marine. Se trataba, sin lugar a dudas, de un amo en busca de su sumisa y a sí sí que no.

—Dígame —le contesté más seria que un bidet.

—¿No te acuerdas de mí? Soy Guille Bermúdez, estudiamos juntos en el Pre de la Habana Vieja.

—¡Chico, pero cómo has cambiado! —exclamé.

El Guille que conservaba en la memoria era un mulatico larguirucho y flaco, con la cara atochada de espinillas —un infeliz al que siempre dejaban fuera del piten de pelota porque apenas podía correr con aquellas sus piernas de palillo chino. Indudablemente, los años le habían asentado.

—Sí, desde que empecé a comer bisté saqué musculatura —se rió mostrando unos dientes blancos y muy parejos—. La buena vida, mimi. ¿Y a ti qué te trajo a la feria? ¿Buscando un amo o qué volón?

Después de calcular los riegos le dije la verdad, que iba cazando historias.

—Coño, qué bien, pa que escribas sobre mí a ver si me hago famoso —me contestó, radiante hasta la punta del látigo.

—Y tú, ¿qué haces aquí?

—Tratando de montar mi número “Amor a primera fusta.” Pero para eso necesito conseguir una de esas jebas que se despepitan cuando les dan su buena pateadura.

Yo no acababa de entender.

—Guille, ¿esto es de verdad o es un circo?

—Bueno, uno es profesional. Vaya, yo hago mi numerito y si a alguien le gusta y quiere practicarlo en otra parte, pues cuadramos el pago por mis servicios.

—Ah, ya.

—Es parte de la experiencia artística, de mi currículo, de mi pedigrí. De aquí, derechito pa Jolibú.

—Claro, claro.

—Por eso estoy buscando a alguien con quien practicar la escena, para que otra gente se anime a entrar en la jodedera.

—¿Qué gente?

—Cualquiera… mientras que sean sumisas.

Me acordé de las enseñanzas de La Azteca y seguí metiendo la cuchareta.

—¿Siempre actúas como Amo?

—¡Seguro! Para un Dominante de grandes ligas como yo, es una vergüenza que lo cojan de sumi. Yo no soy switch ni caigo en esas berracás. Mira —desenrolló la fusta que llevaba en el bícep—. Esto es pa que me respeten. A mí hay que obedecerme —dio un trallazo en el aire—. Muchacha, yo tenía hasta hace poco una sumi buenísima que me besaba los dedos de los pies, me hacía el desayuno y no movía ni la lengua sin mi permiso.

—¿Y dónde está?

—Ah, se fue pal carajo. Así que…—se quedó callado por un momento y me observó con atención—. Oye, tú tampoco estás mal, flaquita. ¿Por qué no montas “Amor a primera fusta” conmigo?

Me quedé helada.

—¿Yooo?

—Sí, tú. El argumento es muy sencillo: se trata de una tipa rebelde que no quiere nada con el Amo, pero después que recibe el primer trallazo, se derrite por él.

—¿Cómo es eso del montaje? —averigüé.

—Fácil, mamita, sin complicaciones. Tú ya sabes el lema.

—Pioneros por el comunismo, seremos como el Che.

—No jodas, flaca. El lema de los sadomasos: sexo sano, seguro  y consensual.

—Sí, verdad, que lo leí en Mazmorra.net.

—Bueno, pues na. Primero te encueras porque tanto traperío desanima a la audiencia. Te pongo esposas para aguantarte las manos detrás de la espalda, le damos una vuelta a las cuerdas alrededor de las tetas, bueno, teticas, que se te van a ver más grandes y si te animas… ¿tú te depilas?

—Esto…eh…

—Y si te animas, te pongo un taponcito en el culín. No te asustes, que es como ponerse un supositorio.

La descripción me había producido cierto cosquilleo vaginal. Tendría que ver con aquella sublimación de que hablaba La Azteca. Además, si tomaba parte en la escena, podía agregar a mi currículo (a mi pedigrí, que diría el Guille) otra categoría: periodismo de inmersión. Pero no me decidía a dar el salto en la piscina sumi.

—Anda, flaca, mira que me hace falta calentar el brazo —me apremió el compatriota—. No te va a pasar nada, confía en mí. Tú escoges una palabra de seguridad y en cuanto me la digas, paro.

Confieso, sin necesidad de que me flagelen, que me sentí tentada. El Guille se había vuelto apetitoso, aunque yo no podía aún descartar la imagen del adolescente granujiento, que se superponía a la de este machote superdotado como una foto surrealista.

Me salvó de caer en la tentación una voz de mujer que pronunció mi nombre —no el real, sino el de la revista. Quien me llamaba era una gringa cincuentona con cara de mal genio.

—Soy Megan, la fotógrafa —me dijo.

Otras veces había trabajado con un muchacho joven, muy gay y deslenguado, que se burlaba de todo lo humano y lo divino y con el que había hecho buenas migas. El cambio no me pareció para mejor, pero qué iba a decir.

—Encantada.

Le presenté a mi compatriota y ella lo miró de reojo, sin dignarse a darle la mano, mascullando un hola-qué-tal.

Vieja grosera, pensé. El Guille ya debía estar acostumbrado a estas reacciones, pues se encogió filosóficamente de hombros y se alejó, meneando la fusta.

—¿De dónde salió ese árabe? —fue lo primero que me preguntó Megan, con suspicacia, en cuanto nos quedamos solas.

—No es árabe, sino cubano.

Se le suavizó la expresión.

—¿Cubano de verdad?

—Bueno, ¿acaso los hay de mentira?

—Quiero decir, de Cuba.

—Sí, por supuesto. Del mismo corazón de La Habana Vieja.

Megan se pasó la hora y media que estuvimos juntas (debíamos escoger un tema en común para el artículo y las fotos) rezongando contra la revista y la tarea que le había tocado en suerte —en mala suerte, dijo. Me explicó que su religión, que nunca llegué a averiguar cuál era, le vedaba el promiscuar y que se sentía sumamente incómoda en medio de aquella multitud que se había congregado allí con intenciones nada santas.

—¿Por qué aceptaste el trabajo? —le pregunté.

—Porque si me ponía los moños no me llamaban otra vez, y tampoco están los tiempos para andar escupiendo la plata.

Su tarea resultaba más complicada que la mía. Para evitar meterse en bretes legales, había tenido que identificarse con los organizadores de la feria y éstos le habían dicho que de tomar fotitos, nananina. La privacidad otra vez, claro. Pero la autorizaron a contactar a los asistentes, que, si gustaban, podían fotografiarse con ella en una habitación destinada a este fin, después de firmar un contrato liberando a la feria de toda responsabilidad.

—No podemos exponernos a una demanda, sabe.

A Megan no le hacía ninguna gracia la idea de pedirle a aquella panda de promiscuos que se dejara retratar. Me pregunté cómo se las arreglaría, con tamaños remilgos, para lograr un buen close-up. En circunstancias normales me habría desentendido de ella, pero como no quería que mi artículo saliera sin ayuda visual, procuré calmarla. Le expliqué que, a juzgar por la actitud de los profesionales como el Guille, el gancho de la promoción gratis la ayudaría a la hora de conseguir modelos.

—¿Cómo voy a saber quién es profesional y quién no? Ni modo que vaya preguntándoles de uno en uno. ¿Y si me insultan por metiche?

—Mi amigo te puede indicar. Seguro que conoce a otros que están en el mismo negocio.

Aquello le pareció aceptable y me pidió que, a la salida, invitara al Guille a acompañarnos. Terminamos los tres en el Hamilton’s Tavern. Una vez allí, advertí que Megan observaba a mi compatriota (que había guardado el látigo y se había puesto una camisa, pero no abandonaba su actitud de Amo fustigador) con una curiosidad que se iba transformando, a medida que avanzaba la noche y menudeaban las cervezas, en un sentimiento más cálido y retozón. Por eso no me sorprendí cuando, después de un par de horas de charla y bebedera, se marcharon del brazo.

—Vamos a tomar unas fotos en mi habitación —dijo ella.

Se van a promiscuar, me dije yo.

* * *

A la mañana siguiente Megan y yo debíamos cubrir la segunda parte de la feria, que consistía en paneles, documentales y demostraciones en vivo. Habíamos acordado encontrarnos en el lobby del hotel donde nos hospedábamos (cortesía de la revista sicalíptica) a las nueve de la mañana. Pero dieron las nueve y media, luego las diez y nada. Pedí el número de su habitación, la llamé por teléfono y no obtuve respuesta a mis timbrazos. Subí y toqué a la puerta, pero nadie me abrió.

Empecé a preocuparme. Me acordé de todas las películas de terror que había visto y me imaginé a la pobre gringa despatarrada sobre sábanas tintas en sangre, destripada por un loco cubano que, en medio de una borrachera, había trasladado sus intenciones criminales del juego de roles a la macabra realidad.

Ya pensaba avisarle a la policía cuando la vi aparecer en la puerta del elevador, tostada e hidratada y más fresca que una lechuga.

—Lo siento por la demora —me dijo—. Me levanté temprano para ir a la piscina y me quedé dormida en una tumbona. ¡Qué nochecita! —me guiñó un ojo, salerosa y confidencial—. Ah, los cubanos son… lo máximo. Qué bueno que ahora vamos a poder ir a Cuba cuando se nos antoje.

Me alegró comprobar que el Guille había dejado bien parado el honor nacional. A fin de cuentas, mi mentirilla sobre trasnacionalismo, transgresión y fronteras resultó profética, aunque el contexto no tuviera nada que ver con la literatura.

Aquel día no vi a mi compatriota por ninguna parte. No se me había ocurrido pedirle su número y Megan se mostró evasiva cuando le pregunté. Al tercer día tampoco apareció. ¿Instinto Básico? Ahora me tocaba sospechar de la gringa, a quien, por cierto, se le había mejorado muchísimo el humor y ya no renegaba de la revista ni hablaba de su religión, y se acercaba a los participantes en escenas, sin el menor empacho, para preguntarles si accedían a posar para ella.

Todo eso estaba bien. Pero ¿y el Guille?

Se terminó la feria. Volví a mi casa y no supe más de él, ni tampoco de Megan. Cuando el artículo salió publicado con las fotos correspondientes, en la sección dedicada a los sumisos encontré dos del Guille, atado a los barrotes de una cama de hotel. Tenía una mordaza en la boca y un taponcito en el culín.

Entrevista a ACVF Editorial, La Vieja Factoría

Editorial: ACVF Editorial, La Vieja Factoría

País: España

Sitio en la red: http://www.acvf.es

Dirección de contacto: acvf_editorial@hotmail.com

Entrevista a Antonio Fuentes, editor adjunto, en representación de ACVF Editorial

Teresa Dovalpage: En su página de presentación se lee:

“ACVF Editorial es una empresa profesional, organizada sobre los principios de la cooperación y de la economía social. Un pequeño núcleo de técnicos editoriales coordina, gestiona y promociona el trabajo de escritores, traductores, ilustradores y editores colaboradores, que forman parte del Club de Lectores, junto con amigos y simpatizantes.”

Muy interesante la idea de la cooperativa. Veo además que publican ensayo, ilustración y narrativa.

¿Hay algún tipo de manuscrito en particular que le interese recibir en estos momentos?

ACVF Editorial: ACVF Editorial no es exactamente una empresa cooperativa convencional, sino una editorial que intenta organizarse en torno al principio de la cooperación. La división clásica escritor-editor-lector-crítico ha suavizado sus perfiles en las últimas décadas. Todos somos un poco escritores, editores, lectores y críticos. Promovemos sinergias y el mestizaje entre estos cuatro actores del libro.

Publicamos poco, una decena de libros al año. Somos una editorial exigente: buscamos un manuscrito que, por su calidad narrativa o argumentativa, nos convenza de que debemos publicarlo.

 

Teresa Dovalpage: Claro que sí, la sinergia es la palabra del siglo XXI. Me pareció muy original la propuesta de la Beca ACVF, en la que fueron escogidos como los tres autores con más puntuación Guillermo Rubio Martín, Adolfo Gilaberte de la Iglesia y Sonia Mirón Torres.

ACVF Editorial: Los tres autores fueron escogidos en votación por los socios de nuestro Club de Lectores. Se publicó un libro con las obras y cartas de presentación de todos los finalistas.

Teresa Dovalpage: ¡Aquí lo tienen disponible!

Ebook y libro

¿Piensan organizar otra convocatoria?

ACVF Editorial: Hemos aprendido de esta primera convocatoria y, sí, repetiremos la experiencia cuando nos sea posible, evitando los errores en los que hayamos podido incurrir y mejorando su organización.

 

Teresa Dovalpage: A mí me pareció muy bien organizada. Siempre la difusión es lo más importante es estos proyectos… ¿Se publicarán más obras de estos autores?

ACVF Editorial: Estos tres autores, como el resto de finalistas, decidirán si quieren confiar en ACVF Editorial o si prefieren ofrecer sus obras a otras editoriales. El equipo de ACVF Editorial evaluará con respeto, interés y la máxima atención sus propuestas.

 

Teresa Dovalpage:  ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

ACVF Editorial: Presentamos las obras en nuestras redes sociales y a los medios de comunicación. Los socios del Club de Lectores disponen de acceso ilimitado a nuestro fondo digital. Es conveniente que los autores estén dispuestos a atender a lectores, críticos y periodistas, y que interactúen con otros escritores. Nuestra editorial, no obstante, tiene margen para apoyar la obra de escritores de gran calidad que, por su temperamento, circunstancias personales u otras cuestiones, opten por quedarse al margen de la promoción. A la inversa, ser un excelente comunicador no implica necesariamente un mérito literario, por lo que no tenemos en cuenta esta facultad al decidir qué obras publicamos y cuáles desestimamos.

 

Teresa Dovalpage: ¡Muy bien! El escritor tímido es el que más ayuda necesita en ese sentido…y muchas veces es el que mejor escribe. ¿Cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de “manuscritos rechazados” por su editorial?

ACVF Editorial: Asegurarse de que el manuscrito está dentro de los parámetros de calidad de nuestra editorial. Buscamos manuscritos de gran calidad narrativa o argumentativa.

 

Teresa Dovalpage: ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico? Ya sé que como editores querrán por igual a todos los libros que publican, pero si hay alguno que acabe de salir y deseen destacar…

ACVF Editorial: Acabamos de comenzar la publicación, por trilogías, de Laberinto, de Juan Ignacio Ferreras (1929-2014). Proyectada como una novela de novelas, una novela constituida por cien novelas, es una de las obras más ambiciosas de la literatura española de todos los tiempos. Un excelente escritor, una obra monumental.

 Canta, musa

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Antonio, por acceder a esta entrevista.  ¡Buena suerte a ACVF y adelante con sus proyectos!

La novela española desde 1939, de Manuel García Viñó

ERRITAS AGRIDULCES, de José Prats Sariol

Gutenberg Museum

Tomé la foto en el Museo de Gutenberg. No estoy segura de qué tipo de maquinaria es, pero está impresionante.

Nota: No suelo publicar materiales que no estén directamente relacionados con el mundo editorial, pero éste de José Prats Sariol me ha encantado y resulta muy apropiado para el tema del blog. ¡Un libro con erratas corre el peligro de no hallar editor! Y que han sobrevivido, las malditas, desde los tiempos de Gutenberg hasta esta nuestra época de ordenadores y tablitas, digo tabletas. Son imperecederas.

Gracias a José Prats Sariol por autorizarme la publicación de este sabroso artículo.

*  *  *

Me encanta una aparecida en el siglo XIX, en El Nuevo Regañón. La afirmación debía decir: “Un oído delicado es imprescindible a todo buen poeta”. Y apareció: “Un odio delicado es imprescindible a todo buen poeta”. Cuando José Lezama Lima me la mostró en la antigua Sociedad Económica de Amigos del País, se limitó a comentar —asma risueña— que el ángel de la jiribilla y no la desidia de un tipógrafo, había colocado la frase en su sitio exacto.

Pero no todas las célebres erratas cubanas tienen una ligera carga de perfidia. Hay boleros de más ponzoña. Un testigo de ritmo sistáltico me contó que cuando Manuel Altolaguirre editó en su transterrada La Verónica un cuaderno de Emilio Ballagas, había un verso que decía: “siento un fuego atroz que me devora”. La picardía andaluza lo volteó a “siento un fuego atrás que me devora”. Y el escándalo, en la pudibunda sociedad habanera de la época, obligó al grave poeta —profundo lector de Luis Cernuda— a echar en la bahía los ejemplares que logró salvar de las librerías viperinas, embriagadas con la alusión.

Una de aparente equívoco implicó a una pianista cuyo nombre prefiero no aterrizar aquí. Apenas hubiese trascendido, pues sólo era una be por ge, pero obtuvo aquiescencias entre los hombres que lo apreciábamos: “Su buen busto armó un programa delicioso”. Y despertó curiosas solturas de la imaginación entre los que nunca habían tenido la oportunidad de conocer el programa, cuyas delicias al teclado parecían a veces mozartianas, a veces un tropical homenaje a Il piacere de Antonio Vivaldi. Años después descubrimos que el autor había sido un antiguo adicto, feroz musicólogo que mitigaba sus nostalgias en un dodecafónico busto sin gusto.

Recuerdo que en el Madrid de 1995, mientras realizaba una investigación en la Biblioteca Nacional, solía coincidir con un alicantino que las coleccionaba. Mientras degustábamos los tres platos en el comedor del sótano, ya en el postre, me lanzaba sus dardos a los ojos, con la vista en mi risa. Algunas aún las tengo. Poco después descubrí que la de Max Aub, en Crímenes ejemplares, estaba entre las más famosas: Errata. “Donde dice: / La maté porque era mía. / Debe decir: / La maté porque no era mía”. Menos literaria, pero tan sacrílega fue la de “La Putísima Concepción”, donde la pureza parece que pernoctaba fuera de casa. De esas rápidas está la de “Necesito mecanógrafa con ingles”, que olvidaba el inglés de Ezra Pound. “La Dama de las Camellas” y “La esposa que dirigía al marido miradas de apasionada ternera”, mantienen abierto el potrero…

Oí o leí que eran tantas las erratas que cometían en una imprenta nicaragüense, que un poeta incluyó en el machón la siguiente solicitud: “Erratas a juicio del lector”. Aunque el record parece en poder nada menos que de la Suma teológica, pues su fe de erratas ─en la edición del dominico F. García en 1578─ logró ocupar ciento once páginas, algo que nos deja anonadados, palabra que alude filológicamente a un ano ahogándose.

¿Alguna vez padeció Maqroll el Gaviero ─que el gran Álvaro Mutis hizo célebre─ que le anotaran un huracán caribeño en su libro de Pitágoras?¿Será absolutamente cierto que a una errata debemos el Fondo de Cultura Económica, pues debió llamarse Fondo de Cultura Ecuménica?  ¿A cuál ensayista mexicano pertenece la del “joven crudito” por erudito? ¿No dice el antiguo diccionario Espasa ─como refiere Pío Baroja─ La feria de los desiertos cuando la obra se llama La feria de los discretos? ¿Quién sustituyó “la orgullosa tinta” que alababa a un político venezolano por “la orgullosa tonta? ¿Cuál actriz de Almodóvar se levantó una mañana barcelonesa no con el ceño, sino con el coño fruncido?

De la saña erratibunda no se libra ni el mandarín, quizás como forma de lucha contra la desgana y la rutina, aunque en algunos académicos la cacería se vuelva pedante confesión de impotencia artística, síndrome de referencista hirsuto. Frente a ellos se sabe, por ejemplo, que Joyce jugó con erratas y homónimos, mitigó sus dolores de muela y sus clases de inglés a señoritas de Zürich con los equívocos que su condición de poligloto le propiciaba.

El italiano exhibe esta delicia en una edición de De los sepulcros de Ugo Foscolo. Los versos debían decir: Sol chi nos lascia ereditá d’afetti, / poca gioia ha nell’urna: Resultó que trasladaron la coma de lugar: Sol chi nos lascia ereditá, d’affetti / poca gioia ha nell’urna. Y el resultado afirma que solamente quien no deja herencia, de afectos tiene escasa satisfacción en la tumba. En francés se recoge que tras la muerte de un banquero el diario apuntaba que “Francia acababa de perder a un inútil”, es decir, escribieron homme de rien por homme de bien. En Londres es célebre este ligero cambio: God save the Queen por God shave the Queen, aunque nunca se aclaró si la reina gustaba de que Dios la afeitara con navaja o con Gillette.

Ninguna lengua está exenta de nuestras pertinaces amigas, ni de las bromas que propician. Voltaire cometió una con Juan Francisco Boyer, que había sido obispo de Mirepoix, y firmaba l’anc. Evèque de Mirepoix. El malévolo escritor cambió anc (ex) por ane, y así quedó como “el asno obispo”.  Una tarde en un café de la Rue Rivolí me contaron que una nota sobre el estado de salud de Jerónimo Napoleón, rey de Westfalia, alteró mieux por vieux, y decía: “El estado del augusto enfermo ha mejorado durante la noche. A la hora de entrar el diario en máquina el viejo persiste”.

Mark Twain advertía del peligro en un libro de medicina, pues “podemos morir por culpa de una errata”. Pero ningún genuino humorista ─y el novelista de Missouri era uno de ellos─, puede odiar deslices verbales y yerros impresos. Alguien consciente de que lo fatal es tomarse demasiado en serio, hasta ríe cuando la encuentra en uno de sus escritos. No parece casual que hombres de temple trágico como Proudhon se ganaran el pan como correctores modélicos… Tampoco que las nuevas técnicas de impresión computarizada hayan estropeado la tradición que unía al autor con el editor y el corrector.

El argentino José Fontana cuenta en El gráfico moderno: “Cada casa impresora de libros disponía de un corrector y un editor. Este último estaba encargado ─además de asesorar al corrector─ de la previa revisión general, gramatical y ortográfica de las pruebas, aunque el verdadero responsable de todos esos detalles era el corrector, a quien se escogía entre los literatos más capaces y conocidos. El corrector era, pues, el hombre de confianza y la ayuda más valiosa del autor. Muchas obras deben en parte su celebridad al hecho de haber sido corregidas por ilustres correctores, cuyo amplio y variado saber contribuía al renombre de las imprentas a que pertenecían”.

Con nostalgia recordaba Eliseo Diego la imprenta de Ucar García y Compañía en La Habana Vieja de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Cada una de nuestras ciudades relevantes tenía un sitio similar, donde frecuentaban los más notables escritores y artistas, donde el olor de la tinta y el ruido de las linotipias acrecentaban las tertulias, mientras el autor agraciado con las pruebas de agua añadía el puntico a una jota o el prefijo a olvidado ante histórico; mientras pedía silencio y escudriñaba una construcción macarrónica o tenía el coraje de suprimir un párrafo endeble. Y aun así, al final, las erritas agridulces le regalaban un anacrónico período augustiniano por agustiniano, el fantasma de un sustantivo jamás escrito, un salto de línea digno de las olimpiadas de invierno o al tenaz y travieso Alejandro El Glande

Entre las más famosas diatribas contra las chifladas que liban y pierden el rumbo, está la del esperpéntico madrileño Ramón Gómez de la Serna. Su artículo “Fe de erratas”, como se esperaba siempre de él, fue una hiperbólica resignación. Y mantiene “metáforas con humor”, greguerías.  Dice: “La errata es un microbio de origen desconocido y de picadura irreparable. Quizás Dios no sólo dijo a la mujer: ‘Parirás con el dolor de tu vientre’, y al hombre que ganaría el pan con el sudor de su frente, sino que añadió, suponiendo al intelectual que no suda: ‘Y tú, hombre, sufrirás cuando seas intelectual, la mordedura atroz de las erratas’”. Sigue un párrafo de mansedumbre atemporal, poscibernético: “Así sucede que después de que hemos corregido segundas, terceras y cuartas ‘pruebas’; después que nos hemos cansado de poner ¡¡OJO!! ¡¡OJO!! Al margen de las correcciones difíciles; después de que hemos leído el primer pliego salido de la máquina y hasta la hemos mandado parar para que corrigieran las últimas erratas, sin embargo, a la postre, hay erratas aún. (…) he deducido que la errata es un microbio independiente a la higiene del escritor y del cajista. La errata que tiene vida y sagacidad propia se disimula detrás de una supuesta corrección y no saca sus tentáculos sino después de implantada la forma en la máquina, o si aún ahí se la persigue, espera a que vayan tirados los cien primeros ejemplares correctos para brotar después”.

Después sugiere que desaparezcan las fe de erratas, “con permiso de la Academia”, pues “demuestran un espíritu timorato y en medio de todo, sobrecogido de miedo a los otros”. Finaliza proclamando nuestra indefensión: “La errata es inextricable. Matamos la plaga, pero quedan las nuevas: la errata está adherida al fondo de las cajas…, y en vano el fuelle de las imprentas sopla los días de limpieza en los cajetines de la caja para aventar el polvo y las erratas. (…) La errata es inextirpable, quizás más que nada, porque representa la mala intención de que está llena la naturaleza y la envidia insana que la posee. El temor a la errata es la única inmoralidad que puede cometer un escritor que escriba con libertad y libertinaje”.

No es casual que José Esteban termine su ameno Vituperio (y algún elogio) de la errata con el libelo de Gómez de la Serna. Y es que las casi siempre ingeniosas erratas que allí cita, merecen culminar en el artículo del prolífico nihilista. La labor de Esteban enriquece una persecución que tiene antecedentes tan notables en perseguidores —Cortázar las cazaba en su prolijas anotaciones al margen de los libros— de la talla de Julio Casares o del argentino Pescatore di Perle que escribiera la Antología del disparate, del cubano José Zacarías Tallet y su Gazapos o de tantos aficionados como Juan José Arreola, que en el puto punto quizá padecemos de un seudo —o sado— masoquismo.

En el Vituperio aparece una bien agridulce: “Al emplear el aparato de mi invención  para pecar a distintas profundidades, conviene poner un termómetro en el punto de amarse” (Por pescar y amarre). El doble sentido ha dado no pocos gustazos, equívocos punzantes, erratas o erradas dignas de un soneto de Quevedo. En las encumbradas páginas sociales de El Diario de la Marina, el arrebatado cronista escribió acerca de una católica pareja, cuyo matrimonio reseñaba con una cursilería digna de una compatriota novelista cuyo nombre se me ha perdido: “Prepararon su nido de amor paja a paja”. Aquí la errita bailó —lésbica y cursi— con la anfibología, pues paja en Cuba, como en Andalucía y otras tierras, también significa masturbar… La balada le salió balido al ambiguo gacetillero, como si se adelantara a las paronomasias de Guillermo Cabrera Infante en Tres tristes tigres.

Se sabe que las erritas —cambio que tomo del célebre machón que afirmaba no tener erritas— avispan la picazón en los autores que las reciben. Terminan odiando a los correctores y editores, hasta presentando demandas judiciales ante la plaga que sin piedad desmoronó su texto. Neruda confesó en Para nacer (algún enterado le escribió beber) he nacido: “Mi próximo libro entra y sale de las imprentas sin decidirse a mostrarme la cara. Se ha visto envuelto en la guerra de las erratas. Este es el sangriento campo de batalla en que los libros de poesía comienzan a doler al poeta. Las erratas son caries de los renglones, y duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la publicación”.

Y el poeta chileno tuvo suerte. Una vez le cambiaron “el agua verde del idioma” por “el agua verde del idiota”, para que nos dejara este valioso párrafo: “Sentí el mordisco en el alma . Porque para mí, el idioma, el idioma español, es un cauce infinitamente poblado de gotas y sílabas, es una corriente irrefrenable que baja de las cordilleras de Góngora hasta el lenguaje popular de los ciegos que cantan en las esquinas. Pero ese idiota, que sustituye al idioma es como un zapato desarmado en medio de las aguas del río”.

Sin embargo, y con ellas termino, a veces favorecen al texto, como la de odio por oído referida a los poetas. Lo enriquecen, mejoran el original. Hay erratas que Alfonso Reyes consideraba dichosas porque innovaron sus versos. Uno que debería decir: “más adentro de tu frente” se transformó en “mar adentro de tu frente”. Y “De nívea leche y espumosa”, tras el pase mágico quedó: “ De tibia leche y espumosa”. En el mismo artículo “Escritores e impresores” ─incluido en La experiencia literaria─, Reyes elogia otra que le regalaron. En lugar de “La historia, obligada a describir nuevos mundos”, el talentoso tipógrafo le colmó de honduras la frase al sustituir describir por descubrir.

La óptica lúdica ─tema trágico por la absurda abstinencia─ gana nuevos adeptos, capaces de relativizar el error, encarar las pifias y los resbalones como señas divinas de que somos polvo, como forma clave del zen… Tal vez no sepamos bien que la teoría del error es signo crítico en matemáticas y en didáctica, en economía y hasta en geriatría… ¿Hay que citar Contra el método de Feyerabend?  Mejor recordar al doctor Bernard Rieux en La peste de Albert Camus, cuando reflexiona sobre el error como una distinción clave de nuestra especie. Una errita le guiña el ojo, asiente.

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En el Museo de Gutenberg, una guía demuestra el método “primitivo.”

Bases del IX Certamen Literario Internacional Ángel Ganivet

Materia de especialización Literatura peninsular; Literatura del siglo XIX
Descripción 1. Pueden participar todas las personas mayores de edad (es decir que hayan cumplido los 18 años) que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que presenten poemas (una obra por cada concursante) en lengua española, originales e inéditos, no publicados en ningún tipo de formato ni total ni parcialmente (incluido Internet), no premiados o pendientes de fallo en otros concursos, o a la espera de respuesta en un proceso editorial. El incumplimiento de esta primera base descalifica automáticamente al participante.
2. El tema será libre.
3. El original deberá estar mecanografiado a doble espacio, utilizando un tipo Arial, Times New Roman o similares, a 12 puntos. En documento a tamaño A-4, por una sola cara. Respetando unos márgenes no inferiores a los 2,5 cm en cada dirección (laterales y superior e inferior).
4. El original de la obra se presentará únicamente en formato digital. El trabajo deberá ser enviado a la dirección electrónica: angelganivet@paisesamigos.com
5. En el asunto del mail se especificará: “Para el IX Certamen Ángel Ganivet”. Se enviarán en el mismo correo dos archivos adjuntos en formato Word:
a) En un archivo que será denominado con el TÍTULO DE LA OBRA (ejemplo: DON QUIJOTE DE LA MANCHA) en mayúsculas, se enviará la misma bajo seudónimo.
b) En otro archivo que será denominado con el TÌTULO DE LA OBRA – PLICA en mayúsculas (ejemplo: DON QUIJOTE DE LA MANCHA – HIDALGO), se enviarán los siguientes datos personales: -Título de la obra
-Seudónimo
-Nombre(s) y apellido(s)
-Año, ciudad y país de nacimiento
-Dirección de domicilio completa, incluido el país
-Teléfono(s)
-Correo electrónico
-Breve currículo literario. Incluido el currículum, los datos personales no deberán sobrepasar una página.
c) Como los datos resultan esenciales, entre más razones, a la hora de informar a los reconocidos por el Concurso, si de inicio no son enviados completos, no será aceptada esa participación.
[…]

11. La Asociación de Países Amigos se reserva durante un año, exento de retribución alguna a favor de los autores, el derecho en exclusiva de publicar y difundir por cualquier medio los trabajos premiados y finalistas si así lo considera pertinente. Así mismo, también pasado ese plazo de tiempo, la Asociación podrá publicar y difundir por cualquier medio, siempre con el generoso fin de contribuir a la expansión de obras literarias de valía incontestable, los trabajos premiados y finalistas sin obligación de remuneración pecuniaria alguna a sus autores.
12. El ganador del IX Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet” deberá tener autorización de la Asociación de Países Amigos para cualquier acción que involucre a los textos premiados durante un año a partir de la fecha de la Premiación.
Los premiados se comprometen a mencionar el Concurso cada vez que publiquen el texto por sí mismos, o a garantizarlo cuando autoricen que el texto sea publicado por otros medios.
13. El Comité Organizador de este Concurso y su Jurado no mantendrán comunicación alguna con los participantes respecto a sus textos, ni ofrecerán ninguna información que no sea el propio fallo recogido en el Acta Oficial de Premiación.
14. La composición del Jurado Calificador será dada a conocer al hacerse público el fallo del certamen.
15. El hecho de concurrir al IX Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet” de la Asociación de Países Amigos implica la total aceptación de estas bases.
Para más información:

Asociación de Países Amigos
Teléfono: +358 44 335 5160
http://www.paisesamigos.com/home.html
correo e.: angelganivet@paisesamigos.com

XLVI CONCURSO INTERNACIONAL de Poesía y Narrativa “LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA 2015”

Instituto Cultural Latinoamericano
El Instituto Cultural Latinoamericano y Editorial  ARIES desde su nacimiento en 
el año 2000 se propusieron brindar un espacio de oportunidades, es por eso que 
con motivo de sus 15 años invita a escritores a participar del XLVI Concurso 
Internacional “La importancia de la Palabra”. Podrán intervenir autores mayores 
de 16 años, las obras deberán ser inéditas, no premiadas con  anterioridad, tema 
libre, en idioma español.

PUEDEN PARTICIPAR CON:    

POESIA: hasta  3  poemas, con un máximo de 30 líneas cada uno.
NARRATIVA: mínimo 90 líneas, máximo 210 líneas, ya sea en uno o varios trabajos.
Podrán participar en ambos géneros si lo desean.

PRESENTACIÓN DE LAS OBRAS: Las obras se presentarán en hojas tamaño A4, por 
triplicado, mecanografiadas o PC, escritas por una sola de sus caras, firmadas 
con seudónimo.
DATOS DEL AUTOR: En un sobre pequeño, que irá junto con las obras, tendrá que 
incluir los siguientes datos: Nombre y Apellido, DNI, Dirección, E-mail y 
Teléfono.

ENVIOS: 
XLVI  Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 
“La importancia de la Palabra  2015”
Lebensohn 239, (C.P. B 6000 BHE), Junín, Pcia. de BUENOS AIRES, ARGENTINA.

PREMIOS:  POESIA  y  NARRATIVA

1º PREMIO:  Trofeo y Diploma        
2º y 3º PREMIO: Trofeo y Diploma. 
4º y 5º PREMIO: Medalla y Diploma.         
10  Menciones Especiales: Medalla y Diploma.
Menciones  de  Honor:  el jurado entregará las que estime convenientes, que 
recibirán Diploma y Medalla.

CEREMONIA Y  CENA  DE PREMIACIÓN:  La Gala de Premiación se realizará en el 
marco de una cobertura periodística (TELEVISIVA, RADIAL y DIARIOS), que incluirá 
filmación, presentaciones de libros, exposición de libros antiguos, diferentes 
stand, la misma realizará el día sábado 20 de JUNIO de 2015   a las 19;30 hs. en 
el Salón Luz y Fuerza (Alsina 27, Junín),  salvo que surgieran imprevistos de 
fuerza mayor.
Luego de la Premiación compartiremos una CENA ESPECIAL, para los escritores, 
familiares y amigos, donde los autores pueden traer folletería (con sus obras 
y/o mails) para intercambiar con los presentes. Cada autor premiado recibirá la 
invitación formal para entrega de premios con precio de Hoteles y Cena (muy 
accesibles).      

RECEPCIÓN   DE  OBRAS:  Las obras se recibirán hasta el   30 de  ABRIL  de 2015  
inclusive. 

JURADO: Estará integrado por personalidades del quehacer literario y su fallo 
será inapelable. El concurso no será declarado desierto. Los trabajos no 
seleccionados serán destruídos. Los participantes toman conocimiento y 
aceptación de las bases del mismo. Cualquier cuestión no prevista será resuelta 
por el jurado.

El  INSTITUTO  CULTURAL  LATINOAMERICANO  ha sido reconocido por el Departamento 
de Derechos Humanos y también por el Departamento de Asuntos Indígenas.

El  INSTITUTO  CULTURAL  LATINOAMERICANO  ha sido distinguido por la 
Dirección de Cultura y Educación,  Dirección de Educación de Adultos.

El  INSTITUTO  CULTURAL  LATINOAMERICANO  ha sido reconocido por la 
Dirección de Educación en Contexto de Encierro.


María Mercedes González             Rosana Silva Di Giácomo
  secretaria                                     presidente

MAS  IMFORMACION comunicarse a:

Instituto Cultural Latinoamericano  
Lebensohn 239 - Junín - Buenos Aires – Argentina
(C. P. B  6000  BHE) - Tel. +54-236-4423734 
E-mail: iclatinoamericano@yahoo.com.ar
Blog: institutoculturallatinoamericano.blogspot.com.ar
Facebook: Instituto  Cultural  Latinoamericano


Revista y editorial Aurora Boreal

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Revista/ editorial: Aurora Boreal®

Sitio en la red: http://www.auroraboreal.net

Dirección de contacto: info@auroraboreal.dk

País: Dinamarca

 Entrevista a su director Guillermo Camacho.

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Teresa Dovalpage: Aurora Boreal® —“una revista para los amantes del español” como aclara su lema— se publica en Dinamarca. ¿Cuándo comenzó a andar y que motivó a sus editores para crearla?

Guillermo Camacho: El primer número impreso de nuestra revista apareció en el mercado danés en mayo de 2007, aunque el proyecto general empezó a gestarse doce meses antes. Aurora Boreal® surge para crear una ventana abierta a la gente que dedica su vida a escribir, a pintar, a tocar un instrumento, a hacer fotografía. Pero, cuando profundizas en nuestro trabajo, descubres que también nos interesan aquellas personas que quieren enseñar a otros, por ejemplo, cómo manejar residuos tóxicos para tener un mejor planeta; o que, simplemente, disfrutan el hecho de cocinar como una forma de festejar la vida. Nuestra concepción de lo cultural es muy amplia. Y aunque el español es el vehículo común, nuestro Consejo Editorial ha ido aprendiendo a no limitarse exclusivamente a autores hispanoamericanos.

La visión que da origen a Aurora Boreal® nace una madrugada de mayo del 2006, en el jardín de mi casa en Copenhague, un invernadero pequeñísimo. Jugaba con la idea de crear una editorial para aquellos que dedican su vida a escribir y que nadie quiere publicar porque no representan un negocio seguro. Después de compartir un asado y un par de botellas de vino con un amigo uruguayo, creí ver las luces de una aurora boreal. Y de la misma forma en que ese alguien —que no sé quién es— me dicta mis cuentos, me llegó el nombre de la editorial. Cuando ya había amanecido, hacia las cuatro de la madrugada, mi amigo y yo salimos a un parque cercano de mi casa para pasear a mi perra, gracias a esas maravillas de las noches claras del varano. Seguíamos conversando animadamente, saboreando el proyecto de Aurora Boreal®. Para cuando regresamos, serían ya las siete de la mañana; entonces, durante el desayuno, supe que crearía una editorial, virtual y otra en papel. Sería, pensé, para realizar publicaciones desde una concepción alternativa. Sin embargo, entendí que iba a necesitar una estrategia previa; así que me lancé primero en la solitaria aventura de hacer una revista para convocar a los lectores de esos libros futuros. Llevamos ya ocho años de arduo trabajo y estamos consolidando el cuerpo y la figura de la editorial desde finales de 2012: tenemos tres colecciones básicas: novela, cuento y poesía pero hemos explorado con un libro de fotografía y varios que aún no están catalogados (entrevistas, crónicas y microrrelato).

Teresa Dovalpage: ¡Qué nacimiento y gestación tan promisorios! Sin dudas están haciendo ustedes un trabajo fenomenal. La revista se puede leer en la red http://www.auroraboreal.net/ ¿Se edita también en papel? ¿Cómo puede uno suscribirse?

Guillermo Camacho: La revista impresa se edita dos veces por año. Su circulación es básicamente entre autores, bibliotecas de universidades, algunos Institutos Cervantes y amigos suscritos. Y su número se limita a 500 ejemplares. Para recibirla nos pueden contactar en  info@auroraboreal.dk

ab sep 2011

Teresa Dovalpage: Lo notificaré a los departamentos de español que conozco. Va a ser una adición muy valiosa para sus bibliotecas. Porque aunque se lea en línea, no hay como el olor del papel… Ahora, con respecto a las colaboraciones ¿aceptan algunas no solicitadas de ficción, como cuentos y fragmentos de novelas?

Guillermo Camacho: Nuestro Consejo Editorial hace una selección de los materiales recibidos, -solicitados y no solicitados. Luego se decide que va en la versión impresa y/o en la versión digital dependiendo de diferentes factores. La versión digital nos permite mayor flexibilidad de extensión y contenidos. Sí aceptamos colaboraciones no solicitadas de ficción, como cuento y fragmentos de novela pero su publicación siempre dependerá de nuestro consejo editorial.

Teresa Dovalpage: Muy bien. ¿Les interesan los artículos académicos o de crítica literaria? ¿Y de poesía?

Guillermo Camacho: Uno de nuestros lemas es “artículos de calidad académica” porque sabemos que una buena parte de nuestros lectores son universidades alrededor del mundo y estudiantes del castellano. De hecho, la calidad académica y la crítica literaria son algunos de los parámetros que nos impusimos cuando arrancamos. La crítica literaria tiene un pedestal especial y de hecho queremos ser una ventana abierta y plural a la crítica, no solo para fomentarla pero también para divulgarla. La poesía ha tenido una acogida tremendamente positiva en Aurora Boreal® porque es un hecho que muchas de las editoriales tradicionales no arriesgan en este género fundamental para la literatura. No es casualidad que contemos con más de 100 autores en poesía en la versión digital.

Teresa Dovalpage: Es un número impresionante, sin dudas. En cuanto a los materiales que se envíen para posible publicación  ¿deben ser inéditos o pueden haber aparecido ya en algún otro formato? ¿Cuál es la extensión mínima y cuál es la máxima?

Guillermo Camacho: No necesariamente los materiales deben ser inéditos. Por supuesto que es una ventaja que el material sea inédito para decidir su publicación en la versión impresa pero unos de los objetivos de Aurora Boreal® es difundir cultura y autores. El hecho que en nuestra plataforma digital tenemos más de quinientos visitantes al día de más de 70 países, nos permite acceder a un número mayor de lectores y de dar la posibilidad a los estudiantes y amantes del español a acceder a materiales. Las cifras de la versión digital nos sugieren que estamos aglutinando una valiosa comunidad de lectores.

Teresa Dovalpage: Aparte de leerse unos cuantos números anteriores, ¿qué le aconsejarían a un autor que quiera publicar en Aurora Boreal®?

Guillermo Camacho: No creemos que hay que leer Aurora Boreal® antes para ser considerado para publicar. Nuestro Consejo Editorial hace una selección de los materiales recibidos. Nuestro manifiesto lo expresa claramente:

Promover la cultura del idioma español en el mundo. Temas: literatura, arte, música, teatro, fotografía, arquitectura, diseño y cultura en general. Un foro para difundir, discutir y gozar el español entre la gente que lo habla y lo estudia. Una ventana abierta a las inquietudes de los artistas. Artículos de calidad académica.

Teresa Dovalpage: Me gusta la imagen de la ventana abierta… Además de la revista, tienen ustedes también una editorial con el mismo nombre. ¿Aceptan manuscritos directamente de los autores? ¿Reciben propuestas en estos momentos? ¿Hay algún libro que hayan publicado que quieras destacar?

Guillermo Camacho: Todos los manuscritos los aceptamos directamente de los autores o de sus agentes literarios. Estamos continuamente leyendo manuscritos pero el autor debe entender que tenemos tiempos de espera porque nuestro Consejo Editorial puede leer sólo una cierta cantidad de materiales simultáneamente. Siempre, antes de enviar el material, entramos en una conversación dónde el autor o el agente nos presenta una sinopsis de la obra y nos envía un par de capítulos que nos sirven de exploración.

Referente a libros que quisiéramos destacar estamos haciendo un esfuerzo por recuperar joyas que están agotadas. En mi caso personal tengo una especial preferencia por el libro de poesía de Américo Ferrari Casa de Nadies.

casa nadies 250

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Guillermo, por esta entrevista. Mucha suerte a Aurora Boreal en este año que empieza y que les traiga grandes éxitos.

auroraboreañ nr 13 001

Entrevista a Editorial Trance

Editorial: Trance

Sitio en la red: www.editorialtrance.com

Dirección de contacto: editorialtrance@yahoo.com

Para enviar material: submissions@editorialtrance.com

País: EE. UU.

Entrevista a la editora Marlena Fitzpatrick http://www.marlenafitzpatrick.com/

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Teresa Dovalpage: La Editorial Trance se creó en 2013. ¿Qué los impulsó a establecer una editorial nueva ¡y bilingüe! en estos tiempos?

Marlena Fitzpatrick: Charlie Vázquez y yo vimos, y vivimos, el rechazo constante por editoriales en los Estados Unidos. Es difícil para autores Latinos y de habla hispana publicar sus trabajos en este país. Muchos acuden a editoriales en Latino-América o España para publicar sus trabajos. Entonces unimos nuestras fuerzas, experiencia y pasión para entregar el altoparlante a nuestra gente, nuestros escritores. Creemos que ser bilingüe es un atributo que se debe expandir a nuestra literatura, no tan solo en nuestro lenguaje cotidiano. Es refrescante leer poesía que refleja esa diversidad.

Teresa Dovalpage: Me encanta eso de “entregar el altoparlante a nuestra gente.” Y sin dudas que hay necesidad de más materiales bilingües: lo vemos en las escuelas, en los programas de Lenguaje Dual, en tantas ocasiones…. Veo que están interesados en una gran variedad de géneros (ficción literaria, poesía, obras teatrales, erótica y autobiografía). Dentro de los mismos, ¿hay algún tema específico o un tipo de manuscrito en particular que estén buscando hoy día?

Marlena Fitzpatrick: Estamos buscando mujeres, voces femeninas. No discriminamos en historias o temas en particular. Leemos al autor y si el tema es de nuestro interés, entonces nos movemos. Lo que más nos interesa es en promover nuestra cultura, nuestra comunidad y temas tabú. Con eso dicho, me encantaría recibir obras teatrales con temas políticos.

Teresa Dovalpage: ¡Sería muy interesante un buen volumen de teatro hispano bilingüe! Volviendo a la edición, los libros que publica Editorial Trance son en formato digital. ¿El autor conserva los derechos para publicar su obra en papel después que haya aparecido con ustedes?

Marlena Fitzpatrick: Totalmente. El autor tiene todos los derechos de publicar el producto físico o en audio.

Teresa Dovalpage: Excelente. Ahora, la promoción de la mercancía (sean libros o manzanas) es fundamental para que se venda. ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

Marlena Fitzpatrick: Esto, sorprendentemente, es un tema delicado. He recibido respuestas de autores que no les interesa promover sus escritos. Incluso un autor me dijo: “soy autor, no vendedor.” Claro que tiene todo el derecho del universo de mantener esta filosofía y nosotros la respetamos. Sin embargo, los autores que buscamos son aquellos que quieran formar parte de la promoción de su propio trabajo. Nosotros mantenemos relaciones estrechas con varias plataformas en los medios ya sea prensa escrita, radio, medios sociales y lugares donde podemos hacer eventos y actividades. Pero para eso necesitamos la cooperación del autor. Es decir, si alguien quiere cubrir una entrevista, el autor debe hacerse disponible para cubrirla.

Teresa Dovalpage: ¡Ah, qué moños los de ese autor! ¿Qué más quisiéramos todos que dedicarnos sólo a la literatura? Pero eso de el buen paño en el arca se vende ya no funciona… Y para los autores emprendedores y dispuestos a promoverse, ¿cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de “manuscritos rechazados” por la Editorial Trance?

Marlena Fitzpatrick: Buena pregunta. Recibo un sin número de manuscritos sin carta de presentación, por ejemplo. Primero que nada, lea las normas en la página web y siga las instrucciones. No exigimos mucho, sólo que siga las instrucciones y lea nuestras normativas. No publicamos propaganda política ni religiosa. Como aún no publicamos libros, no aceptamos manuscritos de fotografía ni arte; aunque confieso que nos encantaría hacer un proyecto como tal en el futuro.

Teresa Dovalpage: Sí, mandar un manuscrito sin carta de presentación es como mandarlo encuero a la calle. ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico? Ya sé que, como editores, ustedes querrán por igual a todos los libros que publican, pero si hay alguno que acabe de salir y deseen destacar…

Marlena Fitzpatrick: Ciudad Latino por Mancél Martínez es un trabajo hermoso que recomiendo con pasión.

Los próximos e-libros son mega interesantes. El autor Juan Recondo publicará dos e-novelillas en español para “tweens,” o sea para edades de 9-14 años. Es un nuevo género apto para ésta generación. Luego tenemos a Luigi Juárez con su e-novela bilingüe, Covered Paces, una historia moderna de amor para la mujer Latina, independiente y divertida. Finalmente tenemos el poemario Detrás del Acero de Joseph Carvalko.   Para más información visiten www.editorialtrance.com

En cuanto a colaboraciones, estamos con la casa productora Rojo Chiringa y el director de cine Gabriel Coss quien acaba de completar su documental “Armonía” sobre el destacado saxofonista Puertorriqueño Miguel Zenón. Para más información pueden visitar: www.rojochiringaarmonia.com

Teresa Dovalpage: ¡Muchas felicidades, Marlena, por el excelente trabajo que están haciendo! Gracias por esta entrevista y éxitos en 2015.

Para saber más sobre Marlena, visiten su sitio en la red