Compañero Dios

El retorno de la expatriada

Fragmento de El retorno de la expatriada

Qué familia, Buda. ¡Viejo, qué karma más jodido me ha tocado en esta encarnación cubana! Así, ¿cómo va una a avanzar espiritualmente? No chives, con semejante parentela al lado no hay quien alcance la iluminación ni a chanclazos.

Aunque Abuelonga tiene razón en algo: todas nosotras estamos más crazy que un rebaño de cabras. Empezando por Elsa, que si la pinchan suelta vitriolo destilado. Nunca fuimos de esas hermanas que comparten hasta los pintalabios, pero antes no tenía tan malas pulgas ni me soltaba esas patadas de yegua en celo. Hasta me parece que desvaría cada vez que se acuerda de Beiya. La pobre.

Sigue rabiando porque a mí me cayó del cielo la salida de Cuba y a ella no. Pero, señor, ¿quién la mandó a escribir las dichosas cartas al bombo, pidiendo visas para la familia? ¿No lo hizo por su propia voluntad? Pues que no jeringue más y acepte las consecuencias de sus acciones. A mí jamás se me habría ocurrido intentarlo, es cierto. Nosotros no teníamos ni un primo tercero en Miami así que yo pensaba en irme para el norte como habría podido pensar en mudarme a Marte.

También es cierto que, de jovencita, yo era más patriotera que el Martí de la plaza. Cuando cantaba Cuba qué linda es Cuba, quien la defiende la quiere más lo hacía de corazón, hasta se me aguaban los ojos. Además notaba, porque boba no era, que los dirigentes vivían mejor que el resto de la gente, andaban en Ladas nuevos, iban de vacaciones a Varadero y viajaban al campo socialista. De modo que me volví más roja que un mamey en sazón. Y a los americanos les tenía una tirria tal que no los podía ver ni en películas. Lo único que me gustaba del “imperio del mal,” como decía mi maestra de marxismo, eran las fotos de Marilyn Monroe que yo recortaba a escondidas cuando salían en Bohemia o en Opina, de Pascuas a San Juan.

En el preuniversitario me entró un pendejismo ideológico que no había guerrillero que me pusiera un pie delante. Cómo sea, dónde sea y para lo que sea no faltaba a un trabajo voluntario ni a una marcha del pueblo combatiente ni a un mitin relámpago o de repudio. Comandante en jefe se me caía la baba cuando lo iba a ver con su barba ¡ordene! y su uniforme verde olivo a la Plaza de la Revolución.

Gracias al pendejismo, es decir, a mi tremenda integración política, la Unión de Jóvenes Comunistas me premió con una visita a Checoslovaquia. Fue a principios de los ochenta, cuando se usaban los viajes de estímulo y el romance de Cuba con el socialismo europeo, y el mío con la revolución, estaban en su plenilunio. Ésa fue mi primera salida del nido y bien que la gocé. Nos llevaban a todas partes, desde una fábrica de embutidos hasta a una estación de esquí, pasando por un monumento al soldado soviético. El día de la visita al monumento cayó tremenda nevada. A los cubanos se nos congelaron los dedos de los pies porque ninguno de nosotros llevaba botas para esa temperatura de osos polares. Y menos mal que unas almas caritativas nos habían donado guantes y gorras, que si no…

A pesar del frío me divertí como nunca en la vida. En Praga me atraqué de uvas y de manzanas y me sentí turista, diferente, especial. Recuerdo que le pedí a quien estuviera a cargo del mundo (al compañero Dios, le dije, porque yo ni rezar sabía) que me permitiera ver la nieve otra vez y probar de nuevo aquellas frutas que parecían salidas del propio paraíso. El compañero Dios me oyó, aunque le tomó más de diez años concederme la petición.

Buena estrella que tiene una en la vida, mientras que otros, con menos suerte, nacen estrellados. Y mi buena estrella se la debo en gran parte a Elsa, soy la primera en reconocerlo. Dejada a mis arbitrios, yo jamás habría escrito a la Oficina de Intereses. Aquello era cosa de gusanos, de escorias, de contrarrevolucionarios, de…

Pero cuando llegó el sobre amarillo con la notificación de que me había ganado el derecho a una visa americana, me quedé pensando. Pensando fuerte, en uno de esos momentos que le cambian a una el destino. Y concluí que mejor me largaba con viento fresco rumbo a Miami, porque entre el período especial y los apagones y el picadillo de oca podrida cada día íbamos más para atrás, como el cangrejo del cuento. Estábamos en los noventa y el socialismo europeo andaba de capa caída. En Checoslovaquia, que se había desintegrado y ya ni se llamaba así, habían hecho cascajo con el monumento al soldado soviético y lo habían tirado, envuelto en terciopelo, eso sí, al basurero de la historia. En Rumania le habían partido las patas a Ceausescu y los rusos nos habían dicho: “dosvidanya, cubinskis, por acá tenemos mucho que hacer y que arreglar para seguir cargando con ustedes.” Vaya, que este país se estaba yendo a pique como un barco con agujeros.

Me temblaban hasta las pestañas cuando fui a la entrevista con el cónsul americano pues si se enteraba de que yo pertenecía a la Juventud Comunista y que estaba propuesta para el Partido, me quedaba varada en tierra. Pero ahí me tiró otro cabo de misericordia el compañero Dios. Mi entrevistador resultó ser un muchacho joven, rubiecito, apellidado Rice. Me hizo tres o cuatro preguntas tontas y parece que le caí bien porque me dio la visa sin meterse en más averiguaciones. Thank God.

Yo no me había casado ni andaba en relaciones con nadie, por eso me fue fácil decidirme a cruzar el charco: no tenía a quién decirle adiós, excepto a mi familia, a la que no me ataban precisamente lazos de cariño. Había tenido dos amigas después de Maiviz, pero nada de compromisos serios. Unos cuantos encuentros furtivos y después, si te he visto no me acuerdo. En realidad, todavía estaba confundida y creía que los machos que había conocido hasta entonces no me gustaban, pero que a lo mejor un día aparecía El Hombre De Mi Vida, con mayúsculas, como decían las amistades hetero. No sé, quizás pensaba eso porque llamar a alguien tortillera era un insulto grave y yo no me atrevía a reconocer cuánto me atraían las mujeres. Pero todo cambió cuando salí de Cuba.

Cuando salí de Cuba iba con un impulso que ni los pies se me veían de lo rápido que subí al avión, no fuera a ser que a última hora se me descompusiera el viaje. No miré para atrás ni derramé una lágrima. Dejé enterrado mi corazón…Ja, esa canción no va conmigo. Lo único que dejé fueron dos viejas resabiosas, una sobrina malcriada (que en paz descanse la infeliz), la maniática de Elsa y este apartamentico despintado. Dejé la mierda y el mal olor.

Pero al llegar al norte no me tomé la Coca Cola del olvido ni el café de la indiferencia. Cada vez que podía mandaba dinero para que mi madre, Abuelonga y hasta mi hermanújula, loca sin brújula, se mataran el hambre. No habrán sido miles de dólares al mes porque una no es millonaria, pero al menos sin comer no se han acostado gracias a mi trabajo. ¡A mis sacrificios, puñeta! ¿Cuántas veces me privé de cosas que necesitaba por mandar plata para Cuba? Sobre todo al principio, que yo llegué con una mano atrás y otra delante, y nadie que me respaldara. Muchos culos sucios que limpié en un asilo de Hialeah y muchas mesas que serví en los restauranticos baratos de la Calle Ocho y muchos pisos que trapeé en los moteles de Miami Beach.

Me molesta que Elsa no vea esa parte. Si vamos a creerla, soy una ingrata porque no le besé las patas cuando me dieron la visa, pero ¿alguna vez me ha dado ella las gracias por haberles llenado el buche durante todos estos años?

Pst. No sé ni por qué dejo que esas sandeces me incomoden. Elsa está traumatizada, hecha leña por lo que le pasó. Más vale tomar con filosofía sus impertinencias, hacerme la disimulada, pues va y ni se da cuenta de lo que está diciendo. La pérdida de una hija debe ser algo horrible y más aún en las circunstancias en que pasó. Aunque ella tampoco fue una madre de vanguardia. Bastantes golpes que le daba a la chiquita, con motivos o sin ellos, y bien que la insultaba a gritos por cualquier nimiedad. ¡Encima se queja porque Beiya prefería contarme sus cositas a mí! Angelita, ¿qué iba a hacer cuando su madre le soltaba cuatro chillidos a la menor provocación y jamás se sentaba a hablar con ella ni le hacía un cariño? Y ahora viene haciéndose la sufrida. Manda carajete esto.

Punto final. ¡Se acabó! Yo no regresé aquí a desenterrar pleitos ni pendencias, y menos a calentarme los sesos. Si vine fue por Maiviz, no por esta panda de arrebatadas que me ha tocado en la tómbola familiar.

¿Será verdad que antes de nacer escogemos la parentela que nos acompañará en la próxima encarnación? ¿En qué estaba pensando yo cuando seleccioné la mía? ¿Me habré fumado un pito de marihuana astral allá en el limbo? O a lo mejor es el compañero Dios quien me manda estas pruebas, como castigo por las veces en que lo negué.

Cualquiera sabe, eh.

Una escritora de Taos en San Miguel de Allende

Bonnie Lee Black

Última noticia: Su blog, The WOW Factor, quedó en segundo lugar del Premio 2015 New Mexico Press Women Communications .

Bonnie Lee Black

El Festival Internacional de Escritores en San Miguel/ The San Miguel Writers Conference es la reunión literaria bilingüe más grande que se realiza en las Américas. Se celebra todos los años en San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato, México.

Durante el evento, llamado “la encrucijada de América,” se ofrecen talleres y conferencias en inglés y español, paneles, sesiones con agentes literarios y un concurso de escritura.

La conferencia celebró su décimo aniversario en febrero.

Entre los principales oradores de la conferencia de este año estuvieron Alice Walker, Tracy Chevalier, Gloria Steinem y Ángeles Mastretta.

La escritora y ex instructora de UNM-Taos Bonnie Lee Black siempre había querido asistir, pero fue en agosto pasado cuando tomó la decisión de ir.

“Estaba mirando la página web y vi que Alice Walker entre los oradores principales,” dijo Black. “Entonces supe que tenía que ir. A Alice Walker no sólo le encantan las colchas, sino que también las colecciona. Desde que mi libro Cómo hacer una colcha africana se publicó en 2013 quise hacer llegar una copia a sus manos. Era una oportunidad única y no podía perderla.”

Conferencias y talleres

El evento con Alice Walker se llamaba “Gracia infinita: la inagotable maravilla de escribir.” Tuvo lugar en el salón de baile del Hotel Real de Minas, con capacidad para más de setecientas personas, que estaba totalmente lleno.

“Resultó ser una conversación entre Alice Walker y Carol Merchasin, autora de Esto es México,” dijo Black. “Trató sobre muchos aspectos de la escritura y de la vida de Alice… una gran entrevista, una charla excepcional entre dos mujeres increíbles.”

Cuando la entrevista se terminó, Black se acercó a Walker mientras la mayoría de los asistentes abandonaban el salón de baile.

“Simplemente le ofrecí el regalo de mi libro,” dijo. “Le dije, ‘No se trata de mí, se trata de las mujeres que hicieron las colchas en África. Yo sólo soy la mensajera.’ Ella me dijo: ‘Entiendo’ y lo tomó. Fue encantadora.”

Black también asistió a otras conferencias como “Convirtiéndose en estadounidense: el camino de un poeta inaugural” con Richard Blanco y “Lograr la Revolución escribiendo” con Gloria Steinem.

Durante los cinco días que duró la conferencia Black tomó varios talleres que se celebraron en tiendas de campaña fuera del hotel. Su favorito fue “¿Enganchado a la historia? La investigación en la ficción histórica,” impartido por Anne Easter Smith.

“Quería saber más sobre cómo hacer investigaciones para la ficción histórica porque estoy escribiendo una novela basada en la vida de mi bisabuela,” dijo Black. “El taller fue muy útil y exactamente lo que necesitaba.”

La historia y el arte se unen en las calles de San Miguel

La ciudad colonial de San Miguel de Allende fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su arquitectura barroca y neoclásica. La ciudad también es considerada la cuna de la revolución mexicana pues allí nació Ignacio Allende, quien luchó junto al Padre Hidalgo por la independencia de México.

San Miguel fue el primer municipio mexicano que se independizó de España. La ciudad, que se llamó originalmente San Miguel el Viejo, cambió su nombre a San Miguel de Allende en 1826.

“San Miguel es un lugar mágico, histórico y lleno de colores,” dijo Black. “Y la gente es muy amable y amistosa. Cada día yo iba a pie desde la casa donde me alojaba hasta la sede de la conferencia y saludaba a todos los que me encontraba por el camino. Les decía ‘buenos días’ y todos me respondían. Cuando llegaba a la conferencia ya sabía que iba a tener un buen día ¡porque me habían deseado ‘buenos días’ por lo menos una docena de personas!”

Black también se quedó admirada con la vibrante vida literaria que anima la ciudad.

“Al igual que Taos, San Miguel es una comunidad de escritores y muchas de las personas que asistieron a la conferencia son escritores que viven o tienen otra casa allí,” dijo. “Me sentía tan feliz… ¡sentía que estaba en medio de mi tribu! También estoy inspirada para seguir trabajando en mi novela histórica. Si te interesa la literatura y te gusta disfrutar de eventos multiculturales, te recomiendo que asistas a esta conferencia.”

Si planeas asistir a la conferencia de 2016:

Matricúlate pronto.

Lleva zapatos cómodos para caminar; las viejas calles empedradas son un reto para los pies.

Lleva una chaqueta, un suéter o camisas de manga larga. San Miguel se encuentra a una altitud elevada y en febrero todavía es invierno así que puede hacer frío.

El Hotel Real de Minas ofrece WiFi gratuito de modo que es posible usar una laptop para conectarte a Internet, pero hay computadoras gratis también.

No te pierdas el Instituto de Bellas Artes, famosa escuela de artes ubicada en un antiguo convento.

¡Prepárate para pasarla muy bien!

Para saber más sobre la conferencia visita http://sanmiguelwritersconference.org

Para conocer más sobre Bonnie Lee Back visita http://bonnieleeblack.com

Celebrando el Mes de la Poesía con Verónica Golos

Originalmente publicado en Taos News

Abril es el Mes Nacional de la Poesía. Así ¿qué puede ser más apropiado que dedicar esta página a una poeta de Taos?

Se trata de Verónica Golos, cuyo último libro, ROOTWORK: The Lost Writings of John Brown & Mary Day Brown, acaba de ser publicado por 3: A Taos Press. Ella vive en Taos con su esposo, el escritor David Pérez, autor del libro de memorias WOW.

La primera obra de Golos, A BELL BURIED DEEP, resultó co-ganadora del 16 Premio Anual Nicholas Roerich de Poesía (Story Line Press), fue nominada para un Premio Pushcart en 2004 por Edward Hirsch y adaptada para la escena en la Escuela de Teología de Claremont en Claremont, California. El libro será publicado de nuevo, en una edición de Tupelo Press.

Otro de sus libros es VOCABULARY OF SILENCE, publicado por Red Hen Press en 2011, que explora la guerra y su testimonio desde la lejanía.

Su labor educativa y editorial

Golos ha enseñado poesía y escritura multigénero para Poets & Writers, Poets House y las Bibliotecas Públicas de Nueva York. Fue Poeta Residente en la Academia del Sagrado Corazón en Greenwich, Connecticut, en 2005, en el Museo de Arte de Nassau y en la Escuela Yaxche de Taos.

Ha dictado también conferencias sobre la enseñanza de Poesía para Niños en la Facultad de Maestros de la Universidad de Columbia y en la Universidad Estatal de Colorado.

Además, es la editora de poesía del Journal of Feminist Studies in Religion (Harvard Divinity School) y la coeditora del Taos Journal of International Poetry & Art.

Consejos a los poetas jóvenes

Cuando le pregunto a la poeta qué consejos les daría a las nuevas generaciones interesadas en la poesía, responde:

“Primero: ¡lee, lee, lee! A veces los escritores nuevos sienten que si leen otros a poetas van a sonar como ellos, pero eso no es malo, en lo absoluto. Si quieres llegar a ser poeta, lee poesía; si eres poeta y quieres dar el próximo paso, lee. Subraya, marca tus libros, copia a mano los poemas que más te gustan, escríbeles a los poemas que te conmueven.”

También recomienda asistir a lecturas de poesía, escuchar a otros poetas, comprar sus libros y conversar con ellos.

“Por último, escribe, escribe, escribe,” dice. “Aprende el oficio. El oficio es una ayuda para ayudar a expresarte; es una herramienta, de modo que úsala.”

En cuanto a enviar poemas con vistas a su publicación, aconseja averiguar dónde tus poetas favoritos envían sus obras y explorar las revistas que estás leyendo.

“Si puedes, asiste a conferencias y festivales,” dice. “Especialmente a aquellos que son para escritores jóvenes. Pero no tengas mucha prisa en enviar tus obras para que las publiquen. Trabaja en tus poemas, busca amistades que también escriban poesía, abre “salones” en tu casa para leer tus obras, lee en micrófonos abiertos. Hay mucho que pulir antes de enviar tus obras para que se publiquen.”
Por supuesto, siempre viene bien enterarse de qué no se debe hacer, qué errores evitar en el camino.

“No te rindas,” dice la poeta. “No tengas prisa. No estés solo, forma un grupo, busca mentores. No tengas miedo. No tenga miedo a leer la obra de otros cuando hagas tus propias lecturas. No tengas miedo de los grandes, copia sus poemas en tus cuadernos. No hagas caso de los consejos negativos.”

Al regreso de una gira exitosa

Golos acaba de regresar de una gira de un mes, durante la cual estuvo promoviendo ROOTWORK ante muchas y diversas audiencias en Kansas, Nueva York y Massachusetts. Cuando le pregunto sobre el efecto de los viajes en su escritura, dice:

“Bueno, me pareció difícil empezar algo nuevo mientras leía, pensaba y hablaba sobre ROOTWORK. Como el libro está basado en el período histórico de la esclavitud en América, debía compartir información para poner algunos de los poemas en contexto. A mí me gusta hacer una cosa y hacerla bien. Así que estaba enfocada en el libro, en las lecturas.”

ROOTWORK es una colección de poemas en las voces de John Brown y Mary Day Brown, abolicionistas blancos que lucharon contra la esclavitud en la América del siglo diecinueve.

John Brown es bien conocido y existen muchos libros escritos sobre él; pero su esposa, Mary Day Brown, no es tan famosa.

“Después de dos años de investigación, encontré la voz comedida del siglo diecinueve muy apropiada,” dice Golos. “La escritura de cartas era el medio de comunicación en esa época. Sentí que para preservar la lengua común debía comprender la sintaxis, el movimiento de las palabras, el tono… Fue todo un reto. Pero había otras cosas que yo quería decir y que no habrían podido ser dichas por ninguna de estas dos figuras históricas así que escribí lo que yo llamo ‘poemas fantasmas’ y poemas ‘cimarrones’ (runaway) en las voces de los esclavizados de esos tiempos. Ahora estoy en una conversación inquieta con la historia de América; especialmente las raíces de América: la esclavitud de los pueblos africanos y el efecto constante que sentimos hoy.”

Muchas felicidades a Verónica Golos y a todos los poetas en este mes. Que sigan enriqueciendo al mundo con sus voces y su sensibilidad artística.

Para saber más sobre Verónica Golos, visite su sitio en la red https://veronicagolos.wordpress.com

Entrevista a Pedro Medina León sobre Lado B

Pedro Medina Leon

Hoy converso con Pedro Medina León, editor y amigo internauta (espero conocerlo algún día en persona) y excelente escritor.  Es autor de Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami y Lado B, y editor de Viaje One Way. Comenzó como director y creador de SubUrbano Magazine, que luego amplió a SubUrbano Ediciones, y ha realizado varios eventos culturales en Miami.

Esta tarde hablamos sobre su más reciente libro publicado, la  novela Lado B, que me leí una noche de un tirón. Y muy apropiadamente. La noche, como se darán cuenta, es una protagonista más de la historia…

Teresa Dovalpage: ¿Cuál fue la inspiración, la chispa que dio origen a Lado B?

Pedro Medina León: Lado B, como idea, surgió hace muchos años. Una tarde en Key Biscayne, estaba con Diego, un amigo peruano, habíamos llegado a Miami hacía poco. Teníamos el panorama bastante incierto: yo lo único que tenía claro era que quería leer y escribir, no me interesaba absolutamente nada más. A ambos esta ciudad se nos empezaba a revelar totalmente diferente a lo que pensábamos y esperábamos de ella. Diego se fue a California después de un par de años, él es arquitecto, por ahí vio un mejor futuro para él y su esposa. Yo me quedé acá, involucrándome más con la vida miamense, con las calles, con la marginalidad nocturna de South Beach de barras y cafés; y fue ahí donde la historia terminó de tomar forma. Salía a caminar en las noches, con la libreta, el ipod a todo volumen, me sentaba en alguna barra o algún café —según el ánimo—, a observarlo todo, absolutamente todo, y anotar lo que me llamara la atención. Sin darme cuenta empecé a involucrarme mucho con la gente que vive en ese otro lado “poco glamuroso” de Miami Beach: meseros, meseras, cocineros, ex convictos, chicas que vendían su cuerpo al final de la noche pero no eran oficialmente prostitutas, “pimps”, dealers de coca, bartenders, barmans. Como en todo círculo conocí personas geniales, otras no tanto y otras repudiables. Pero descubrí que esta ciudad tiene otro lado, uno muy nocturno y muy marginal. Una vida que empieza cerca de las once de la noche, de lunes a jueves, y se extiende hasta las cinco o seis de la mañana siguiente. Esa vida, esa gente que habita esa vida, son el negativo de la foto en colores de Miami.

Teresa Dovalpage: ¡Bueno, eso debe ser interesantísimo! La hora de la fauna nocturna, de los vampiros, ah… ¡Las cosas que dirán! Y hablando de lo que dicen, y de cómo lo dicen, me gusta mucho que el uso del Spanglish, sobre todo en el personaje de Rubí. Para crear los diálogos ¿te lo inventas o andas con la oreja de guardia por las calles?  Resultan súper naturales.

Pedro Medina León: Así se habla acá. No podría construir personajes locales que hablaran de otra manera. Sobre todo si los personajes son sujetos que llevan una vida entera en Miami, como en el caso de Rubí que no era recién llegada. Te pongo un ejemplo que describe perfectamente lo que digo: esta semana le preguntaron a una compañera de trabajo —nacida acá, pero de padres cubanos— algo y su respuesta fue: no, I think que poner toda esa información sería too much. Una maravilla, ¿no? Yo, al menos, lo disfruto mucho. Entonces, respondiendo concretamente a tu pregunta: ando con la oreja de guardia por las calles.

Teresa Dovalpage: ¡Ese es el trabajo del escritor! Sin las orejas avezadas estamos fritos. ¿Alguna inspiración particular para la creación de tus personajes? Todos, hasta los secundarios como el abogado, están muy bien delineados.

Pedro Medina León: Pues yo soy mucho de detalles para estas cosas. Si te das cuenta, no hay una sola descripción física de los personajes, lo que desarrollo son sus costumbres, gustos, manías, acentos, formas de hablar. Todo ese “paquete” trato de llevarlo de principio a fin con el personaje. La cerveza favorita de algunos es la Heineken, el cigarro que fuman otros es el Lucky Strike, la música que  escuchan otros es Calamaro; entre otras cosas que ya habrás visto por ahí. Todos esos detalles van a lo largo de la lectura. Esas pequeñas cosas le dan bastante precisión al personaje.

Teresa Dovalpage: Claro, y el lector los llega a conocer y a imaginarse cómo lucen, aunque no nos lo digas. Por ejemplo, yo a Rubí me la imagino con unas posaderas enormes, aunque el detalle nunca se menciona. Es la magia de la escritura. Ahora, volviendo a la ciudad, ¿amas Miami, odias Miami? Si tuvieras que describir la ciudad en una línea ¿cómo sería?

Pedro Medina León: Ni la amo ni la odio. Es una ciudad muy contradictoria: por ratos la odias, por ratos la amas. Miami en una línea creo que sería así:

Adolescente buscando demostrar que es MUJER, pero aún le falta.

Teresa Dovalpage: Me encanta la descripción; tiene sandunga. ¿Cuál es tu horario preferido para escribir, la hora de la fauna nocturna o el día soleado?

Pedro Medina León: Definitivamente la noche. No tolero, no resisto, la luz natural, me marea, me deprime, no puedo abrir bien los ojos.

Teresa Dovalpage: ¡Choca esos cinco! Mi hora preferida para escribir es la madrugada… Bueno, pero tú eres escritor y editor, además de tener un trabajo de pan ganar.  ¿Ah, y promotor cultural, además! ¿Cómo te las arreglas para encontrar tiempo? ¿Algún secreto que gustes compartir?

Pedro Medina León: Como todos los que estamos metidos en esto, le robo tiempo al tiempo: me levanto muy temprano y otras veces me acuesto muy tarde. Tengo diez años en el trabajo de pan ganar, saben los “pasos retorcidos” en los que ando y afortunadamente me apoyan mucho, eso es algo que valoro realmente. Y ojo que es un banco, un ambiente bastante formal, pero así y todo aprecian lo que hago, hasta una nota para el boletín de los empleados me hicieron el año pasado. “Un escritor entre nosotros”, se titulaba el texto. Muy lindo.

¿Secreto?…quisiera que mis días fueran encerrado en un espacio con poca luz, mucho aire acondicionado frío, comiendo helado de vainilla francesa y leyendo a Leonardo Padura.

Teresa Dovalpage: Pues que se cumplan tus deseos y que publiques muchos libros más. Un abrazo desde Taos.

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Entrevista a Dos Bigotes

Editorial: Dos Bigotes

Sitio en la red: http://www.dosbigotes.es/

Dirección de contacto: editor@dosbigotes.es

País: España

 

Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez son dos periodistas que se han embarcado en la creación de una editorial independiente movidos por su amor por la literatura.

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Fotos tomadas del sitio en la red de Dos Bigotes

Teresa Dovalpage: ¿Qué les ha motivado a tomar esta decisión, en un momento en que las estadísticas de venta de libros no son precisamente alentadoras?

 

Dos Bigotes: Como periodistas que han sufrido los rigores de la crisis en España, cuando perdimos nuestro trabajo en verano de 2013 tuvimos bastante claro que era un buen momento para poner en marcha un proyecto que nos llenara tanto en lo personal como en lo profesional. Éramos conscientes de las dificultades que estaba atravesando el sector del libro pero pensamos que, si conseguíamos mantenernos a flote durante estos años tan complicados, en el futuro las cosas serán más fáciles. Y aunque las estadísticas de ventas no sean alentadoras, sigue habiendo un público ávido de buenos libros que hace que editoriales pequeñas estén consiguiendo capear el temporal (aunque con mucha sangre, sudor y lágrimas).

Teresa Dovalpage: Creo que el público no se ha ido a ningún lugar, siempre hay gente que ama la literatura…el problema es conectarnos con esa audiencia. En la descripción de la editorial dice: «Dos Bigotes está especializada en autores y temas LGTBI (las siglas que designan al colectivo de lesbianas, gais, personas transgénero, bisexuales e intersexuales) pero no pretendemos excluir a nadie». Tomando esto en cuenta ¿hay algún tipo de manuscrito con un tema en particular que les gustaría recibir en este momento?

 

Dos Bigotes: Como bien dices, somos una editorial que tiene un concepto incluyente y no excluyente de la literatura. Nuestro objetivo es publicar libros de calidad que interesen a todo tipo de lectores y, en esta aspiración, creemos que debemos reflejar todas las sensibilidades y matices contenidas en las siglas LGTBI. Nuestra especialización es un punto de partida que nos motiva a buscar buenas historias y, en este sentido, entre los manuscritos que nos gustaría recibir se encuentran aquellos que reflejen las realidades del colectivo abordadas con menos frecuencia por la literatura (la transexualidad o la bisexualidad, por ejemplo).

 

Teresa Dovalpage: Tienes razón, no hay mucho en español sobre estos temas. Ahora, pasando a la promoción…pienso que promover la mercancía (sean libros o manzanas) es fundamental para que se venda. ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

 

Dos Bigotes: Al proceder del ámbito de la comunicación (y, en concreto, del periodismo cultural), somos conscientes de la importancia que tienen las tareas encaminadas a la difusión de los productos culturales. Además del contacto con los medios especializados, nosotros centramos nuestra atención en las redes sociales, que pensamos que son un excelente instrumento para dar a conocer la actividad de la editorial y mantener el contacto con los lectores. Pensamos que es fundamental cuidar ese vínculo con los destinatarios finales de nuestro trabajo y ponemos mucho empeño en ello. Respecto a lo que esperamos que haga el autor, la verdad es que no le pedimos demasiado: tan solo que nos acompañe en la aventura que supone editar un libro y que apoye, en la medida de sus posibilidades, las labores de promoción. Somos unos firmes defensores del trabajo en equipo y hasta ahora no nos está yendo mal.

Teresa Dovalpage: ¡Excelente! Y sin dudas que es una aventura maravillosa. Ahora, ¿cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de «manuscritos rechazados» por Dos Bigotes?

Como editores, andamos a la «caza» de autores que tengan una voz propia, que no teman transitar por caminos poco trillados y que demuestren manejar con soltura los recursos literarios a su alcance. Al ser una editorial especializada, buscamos manuscritos encuadrados dentro de nuestras señas de identidad pero somos muy flexibles en el tratamiento de la temática. Al final buscamos lo que otras muchas editoriales: obras que no nos dejen indiferente y que traten con inteligencia al futuro lector.

Teresa Dovalpage: ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico?

 

Queremos a todos nuestros hijos por igual pero tenemos especial cariño a El armario de acero, nuestra antología de narrativa y poesía rusa contemporánea, que está a punto de cumplir su primer año de vida.

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También estamos muy orgullosos de haber podido reunir a los once autores españoles que formaron parte de Lo que no se dice, un libro que además cuenta con las estupendas ilustraciones de Raúl Lázaro —el diseñador de toda la colección de Dos Bigotes—. Y, en relación a lo que te comentábamos antes sobre los «manuscritos ideales», un buen ejemplo lo tenemos en Suburbana de Claudio Mazza, el libro que publicamos este mes. Conocimos a Claudio al final de una presentación en Madrid y al día siguiente nos envió su primera novela, un estupendo relato sobre el desgarro del exilio, la memoria y las pequeñas acciones cotidianas que nos convierten en héroes, todo ello con la historia reciente de Argentina como telón de fondo. Para nosotros, haber conseguido publicarle ha sido un auténtico golpe de suerte y deseamos que su novela llegue al mayor número de lectores posible.

Teresa Dovalpage: ¡Seguro que así será! Muchas gracias por esta entrevista y éxitos para Dos Bigotes y todas sus obras.

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Escribe Aquí: los escritores celebran en Miami

The Betsy - South Beach

Pedro Medina León tiene amplísima experiencia con la literatura y la promoción cultural. Es autor de “Streets de Miami,” “Mañana no te veré en Miami” y “Lado B,” y editor de “Viaje One Way.” Comenzó como director y creador de SubUrbano Magazine, que luego amplió a SubUrbano Ediciones, y ha realizado varios eventos culturales en Miami.

Entre sus proyectos más recientes, y de mayor alcance, está la organización del programa literario Escribe Aquí, que se celebrará durante los días 28 y 29 de marzo en el Hotel Betsy-South Beach. El hotel funciona como anfitrión y patrocinador del evento.

—Decidí organizarlo, primero porque la literatura iberoamericana tiene mucho potencial en Estados Unidos y hay que abrirle un espacio —dice Medina León—. Y segundo porque Miami, como ciudad capital hispana de Estados Unidos, necesita un evento así.

La participación de Pablo Cartaya, manager literario del hotel Betsy, ha sido también decisiva en la organización del evento.

—Tendremos a autores de renombre mundial que vendrán de todas partes de Estados Unidos —dice Cartaya—. Muchos de ellos trabajan y enseñan en las principales universidades del país y se reunirán en Miami para este apasionante evento literario.

Los autores hablan

Entre los autores invitados se encuentran Anjanette Delgado (Puerto Rico), Brenda Lozano (México), Camilo Pino (Venezuela), Carlos Gámez Pérez (España), Edmundo Paz Soldán  (Bolivia), Giovanna Rivero  (Bolivia), Hernán Vera Álvarez  (Argentina), Marina Perezagua (España), Rodolfo Pérez Valero (Cuba), Salvador Luis  (Perú), Manuel López (Cuba) y Yosie Crespo (Cuba).

—Participar en Escribe Aquí significa tener la oportunidad de cotejar con otros escritores cuáles son las consecuencias que la diáspora tiene sobre la escritura —dice la sevillana Marina Perezagua, autora de Criaturas abisales (2011), Leche (2013) y Tríptico de la resistencia (2013)—. Es una pregunta que todos nos hemos hecho a menudo, pero confío en que escuchar otras respuestas me ayudará a manejar este “siempre estar lejos” a favor de mi escritura.

Hernán Vera Álvarez es autor del libro de comics “¡La gente no puede vivir sin problemas!” Ha colaborado en publicaciones de Estados Unidos y América Latina como El Nuevo Herald, Meansheets, Loft Magazine, El Sentinel, TintaFrescaUS y La Nación.

—Cuando me preguntan por qué luego de quince años de vivir en Estados Unidos continúo escribiendo en español, suelo contestar: primero porque se me da la gana y me gusta, y luego porque soy un escritor norteamericano —dice—. Más allá de alguna historieta que tenía un diálogo en inglés o algún artículo que me pidieron especialmente en ese idioma, escribo en español porque es la lengua del país que nací y pasé 24 años, que es la Argentina, y porque vivo en otro, Estados Unidos, donde 40 millones de personas –más o menos la cifra de habitantes que tiene la Argentina– lo utilizan. Si te fijas, la página del IRS, la de la entidad educativa que te da o te presta dinero para tus estudios universitarios, como un montón de servicios públicos y privados, como la salud, por ejemplo, te brinda la opción de elegir el español para que hagas los trámites. Por eso es bueno este tipo de eventos del Betsy: para demostrar, una vez más, que Estados Unidos es un país bilingüe. Ahora falta el  establishment de la cultura, que todavía es medio obtuso, para que se den cuenta que en los Estados Unidos también se escribe buena literatura en español.

Manny López  es autor del poemario “Los poetas nunca pecan demasiado”, publicado por Editorial Betania en Madrid y ganador de la medalla de oro en la categoría de literatura en español por los premios Florida Book Awards 2013. Durante el evento leerá poemas de su libro de poesía inédito “El hombre incompleto.”

—Me siento feliz de participar en este primer Festival Escribe Aquí— dijo López—. Pedro Medina me cae muy bien, porque siempre está ocupado creando, trabajando en algo nuevo. Puedo identificarme con eso, y simpatizar con sus esfuerzos. Deseo que ya llegue el evento y conocer a los demás escritores a quienes no conozco todavía.

El festival

El festival comenzará la tarde del 28 de marzo en bar del Hotel Betsy, el B Bar, y continuará durante todo el domingo 29 con una serie de paneles, lecturas y recitales de poesía en español.

Habrá también presentaciones especiales de baile con Peter London Dance Company así como una gran fiesta final en la terraza de la azotea del Betsy para celebrar la literatura iberoamericana y a sus autores.

—También habrá un espacio para que las editoriales y revistas muestren su trabajo al público —dice Medina León—. “Habrá un poco de todo: la idea es que el que asista a Escribe Aquí, se lleve una idea clara del panorama literario iberoamericano tanto local como en los Estados Unidos.

El evento incluye (totalmente gratis) desayuno, un almuerzo ligero y una gran cena festiva en la terraza del hotel con comida típica de países latinoamericanos.

Habrá traductores e intérpretes disponibles para los hablantes de inglés.

—Es un festival inclusivo —dice Medina León—. Queremos consolidar e institucionalizar este evento y que se repita todos los años. Ojalá contemos con el apoyo de todos.

Para mayor información, consulte el enlace http://www.thebetsyhotel.com/event-calendar/escribe-aqui-iberoamerican-literature–culture-festival

Amor a primera fusta

Imagen de la portada de Seducción, amor y mentiras, de Raquel Troyce

Publicado originalmente en SubUrbano Magazine

Cuando recibí la propuesta, mi primer impulso, debido a cierta pudibundez quizás hereditaria, fue contestar que no. Pero lo pensé dos veces y me acordé de lo que José Martí había dicho sobre el trabajo de pan ganar (tengo que preguntarle a mi amigo Félix Luis Viera cuál es la cita exacta). Viene a ser, si no recuerdo mal, que todo trabajo con el que uno se gana el pan es honrado —y éste en particular me ofrecía una cantidad lo suficientemente honrosa. A fin de cuentas, ¿cuál era la tarea? Nada del otro mundo: hacer un reportaje sobre una feria kink que se celebraría en San Diego.

Para los no enterados, kink es lo que se conoce finamente como “sexualidad alternativa,” entiéndase dominación, disciplina, encordamiento, suspensiones, uso de collares y látigos y un largo y doloroso etcétera. Prácticas sadomaso, vaya. Una revista sicalíptica —a la que mi abuela llamaría de relajo —para la que escribo en inglés bajo seudónimo buscaba un reportero que se infiltrase en la feria y contase del pe al pa lo que pasaba allí.

El éxito de Cincuenta sombras de Grey ha tenido mucho que ver con la súbita popularidad de eventos de este tipo. En general son abiertos al público pero, por razones obvias, se procura ahuyentar a periodistas y fotógrafos —nadie quiere que lo saquen en el diario local y al día siguiente sus colegas digan: oh, pero qué bien se ve fulano colgado del techo y con sus vergüenzas al aire. De modo que mi actuación en la feria sería clandestina, lo que le confería al assignment un aura de misterio muy sandunguera. La clandestinidad implicaba, también, que de alguna manera pasara por participante.

A fin de evitarle un patatús a mi marido, le dije que asistiría a un congreso sobre trasnacionalismo, transgresión y fronteras en la literatura, que sonaba lo suficientemente académico como para que se tragara el cuento —cuento que, por supuesto, le solté a todo el que me preguntó por qué iba a California. La única que supo la verdad fue mi amiga La Azteca, coach de vida y autora de un manual de sexualidad.

Enterada de que yo no sabía de la misa la media sobre el tema kink, La Azteca me pasó enlaces a varios sitios de BDSM en Internet.

—Ahí te puedes desemburrar —me dijo—. Mazmorra.net es el mejor.

Pero no las tenía todas conmigo. Aunque mi amiga me había ofrecido amablemente un curso rapidín sobre el BDSM, todavía no le veía el chiste.

—Aquí no se trata de chiste, hija —me recalcaba ella, muy seria—, sino de un juego de poder que provoca la sublimación de la libido.

¿Sublimación?

De yapa, me había aleccionado sobre la etiqueta apropiada. No toques a nadie sin pedir permiso (muy bien; esperaba que los demás usaran la misma cortesía conmigo); no pidas prestados instrumentos o juguetes, pueden estar contaminados con fluidos (fo, gracias, tampoco se me ocurriría); no interrumpas escenas ni te acerques a quienes las montan (ni ganas de que me salpiquen con… eso mismo, con fluidos) y otras que ya se me olvidaron porque me parecían, además, obvias. De modo que, en teoría al menos, estaba más que preparada. Lo único que me faltaba era el entrenamiento hands-on.

* * *

Después de pagar la entrada (guardé el recibo para pedir reembolso a la revista sicalíptica) entré al recinto de la feria. A diferencia de la famosísima que se celebra en la calle Folsom, en San Francisco, a pleno sol y a la vista y paciencia de todo el que la quiera presenciar, ésta tenía como escenario varios salones de un hotel, reservados con exclusividad para el evento.

Siguiendo los consejos de La Azteca, me había decidido por un atuendo indefinido (ni sumisa ni dómina, ni chicha ni limoná). Llevaba pantalones apretados y una chaquetilla de cuero que dejaba al aire el abdomen. Hasta se me ocurrió hacerme un piercing ombliguero para darle más reality al show pero al fin no me decidí, por el miedo a las infecciones. ¿Y qué iba a hacer con él después? La chaquetilla tenía un escote que llamaría revelador, si no fuera porque tengo poco muy que revelar en esa zona.

Luego de vagabundear un rato por la feria empecé a sentirme más cómoda; me di cuenta de que la mitad de los asistentes iba a fisgonear y no a dejarse abofetear o dar nalgadas. Las reglas se respetaban con una puntualidad esquizoide. Recuerdo haber pasado ante una cruz de San Andrés en la que se hallaba amarrado un señor que no tenía ni con un solo vello (púbico o de otro tipo) en su pálido y desnudo corpacho. Una dómina encorsetada en rojo y encaramada en tacones de diez centímetros de altura lo adobaba a fustazos, que lo hacían prorrumpir en aullidos —me imagino que de placer. Los fuetazos eran de esperarse, pero lo que me sacaba de situación era que la mujer parase en seco la tanda de golpes cada cinco minutos y le preguntase al encuero si se encontraba bien.

Con mi mejor cara de ingenua me acerqué a uno de los monitores (unos tipos fornidos, mezcla de security y guía turístico, que merodeaban por los salones con brazaletes color naranja) para averiguar el motivo de las interrupciones.

—¿Es la primera vez que usted viene a feria alternativa? —me preguntó el monitor, y me di cuenta por su acento de que era mexicano.

Admití que era así y le dije, en buen español, que tanta preguntadera le quitaba credibilidad a la escena.

—Pues oiga, lo que pasa es que tenemos que checar que el sumiso esté bien porque si le pasa algo, nos meten un sue y ahí sí que nos lleva la chingada —me explicó, ya entrando en confianza, el monitor—. Tenemos que ser rete estrictos con esas cosas.

Cortamos la conversación porque una señora con palillos de tendedera colgados de los pezones nos interrumpió para preguntar dónde estaban los baños.

Al cabo de media hora ya había visto más chochas (peladas y peludas) que cualquier ginecólogo en un mes, así como más pichas de distintos tamaños y colores que un urólogo diplomado. Me pregunté si aquella labor se correspondería con la definición de trabajo de pan ganar de la que hablaba Martí, el pobre. También me preguntaba dónde se habría metido el fotógrafo de la revista (se suponía que trabajásemos juntos) y cómo nos comunicaríamos, dado que, por aquel asuntito de la privacidad, no se permitía el uso de celulares dentro de los salones de la feria.

En ese momento escuché mi nombre —el real, no el que uso en la revista. Di media vuelta y me encontré frente a un tipo alto, fuerte y con músculos de cromañón. Iba descamisado; llevaba un látigo enrollado en el bíceps izquierdo, un pantalón (de cuero, por supuesto) y botas de marine. Se trataba, sin lugar a dudas, de un amo en busca de su sumisa y a sí sí que no.

—Dígame —le contesté más seria que un bidet.

—¿No te acuerdas de mí? Soy Guille Bermúdez, estudiamos juntos en el Pre de la Habana Vieja.

—¡Chico, pero cómo has cambiado! —exclamé.

El Guille que conservaba en la memoria era un mulatico larguirucho y flaco, con la cara atochada de espinillas —un infeliz al que siempre dejaban fuera del piten de pelota porque apenas podía correr con aquellas sus piernas de palillo chino. Indudablemente, los años le habían asentado.

—Sí, desde que empecé a comer bisté saqué musculatura —se rió mostrando unos dientes blancos y muy parejos—. La buena vida, mimi. ¿Y a ti qué te trajo a la feria? ¿Buscando un amo o qué volón?

Después de calcular los riegos le dije la verdad, que iba cazando historias.

—Coño, qué bien, pa que escribas sobre mí a ver si me hago famoso —me contestó, radiante hasta la punta del látigo.

—Y tú, ¿qué haces aquí?

—Tratando de montar mi número “Amor a primera fusta.” Pero para eso necesito conseguir una de esas jebas que se despepitan cuando les dan su buena pateadura.

Yo no acababa de entender.

—Guille, ¿esto es de verdad o es un circo?

—Bueno, uno es profesional. Vaya, yo hago mi numerito y si a alguien le gusta y quiere practicarlo en otra parte, pues cuadramos el pago por mis servicios.

—Ah, ya.

—Es parte de la experiencia artística, de mi currículo, de mi pedigrí. De aquí, derechito pa Jolibú.

—Claro, claro.

—Por eso estoy buscando a alguien con quien practicar la escena, para que otra gente se anime a entrar en la jodedera.

—¿Qué gente?

—Cualquiera… mientras que sean sumisas.

Me acordé de las enseñanzas de La Azteca y seguí metiendo la cuchareta.

—¿Siempre actúas como Amo?

—¡Seguro! Para un Dominante de grandes ligas como yo, es una vergüenza que lo cojan de sumi. Yo no soy switch ni caigo en esas berracás. Mira —desenrolló la fusta que llevaba en el bícep—. Esto es pa que me respeten. A mí hay que obedecerme —dio un trallazo en el aire—. Muchacha, yo tenía hasta hace poco una sumi buenísima que me besaba los dedos de los pies, me hacía el desayuno y no movía ni la lengua sin mi permiso.

—¿Y dónde está?

—Ah, se fue pal carajo. Así que…—se quedó callado por un momento y me observó con atención—. Oye, tú tampoco estás mal, flaquita. ¿Por qué no montas “Amor a primera fusta” conmigo?

Me quedé helada.

—¿Yooo?

—Sí, tú. El argumento es muy sencillo: se trata de una tipa rebelde que no quiere nada con el Amo, pero después que recibe el primer trallazo, se derrite por él.

—¿Cómo es eso del montaje? —averigüé.

—Fácil, mamita, sin complicaciones. Tú ya sabes el lema.

—Pioneros por el comunismo, seremos como el Che.

—No jodas, flaca. El lema de los sadomasos: sexo sano, seguro  y consensual.

—Sí, verdad, que lo leí en Mazmorra.net.

—Bueno, pues na. Primero te encueras porque tanto traperío desanima a la audiencia. Te pongo esposas para aguantarte las manos detrás de la espalda, le damos una vuelta a las cuerdas alrededor de las tetas, bueno, teticas, que se te van a ver más grandes y si te animas… ¿tú te depilas?

—Esto…eh…

—Y si te animas, te pongo un taponcito en el culín. No te asustes, que es como ponerse un supositorio.

La descripción me había producido cierto cosquilleo vaginal. Tendría que ver con aquella sublimación de que hablaba La Azteca. Además, si tomaba parte en la escena, podía agregar a mi currículo (a mi pedigrí, que diría el Guille) otra categoría: periodismo de inmersión. Pero no me decidía a dar el salto en la piscina sumi.

—Anda, flaca, mira que me hace falta calentar el brazo —me apremió el compatriota—. No te va a pasar nada, confía en mí. Tú escoges una palabra de seguridad y en cuanto me la digas, paro.

Confieso, sin necesidad de que me flagelen, que me sentí tentada. El Guille se había vuelto apetitoso, aunque yo no podía aún descartar la imagen del adolescente granujiento, que se superponía a la de este machote superdotado como una foto surrealista.

Me salvó de caer en la tentación una voz de mujer que pronunció mi nombre —no el real, sino el de la revista. Quien me llamaba era una gringa cincuentona con cara de mal genio.

—Soy Megan, la fotógrafa —me dijo.

Otras veces había trabajado con un muchacho joven, muy gay y deslenguado, que se burlaba de todo lo humano y lo divino y con el que había hecho buenas migas. El cambio no me pareció para mejor, pero qué iba a decir.

—Encantada.

Le presenté a mi compatriota y ella lo miró de reojo, sin dignarse a darle la mano, mascullando un hola-qué-tal.

Vieja grosera, pensé. El Guille ya debía estar acostumbrado a estas reacciones, pues se encogió filosóficamente de hombros y se alejó, meneando la fusta.

—¿De dónde salió ese árabe? —fue lo primero que me preguntó Megan, con suspicacia, en cuanto nos quedamos solas.

—No es árabe, sino cubano.

Se le suavizó la expresión.

—¿Cubano de verdad?

—Bueno, ¿acaso los hay de mentira?

—Quiero decir, de Cuba.

—Sí, por supuesto. Del mismo corazón de La Habana Vieja.

Megan se pasó la hora y media que estuvimos juntas (debíamos escoger un tema en común para el artículo y las fotos) rezongando contra la revista y la tarea que le había tocado en suerte —en mala suerte, dijo. Me explicó que su religión, que nunca llegué a averiguar cuál era, le vedaba el promiscuar y que se sentía sumamente incómoda en medio de aquella multitud que se había congregado allí con intenciones nada santas.

—¿Por qué aceptaste el trabajo? —le pregunté.

—Porque si me ponía los moños no me llamaban otra vez, y tampoco están los tiempos para andar escupiendo la plata.

Su tarea resultaba más complicada que la mía. Para evitar meterse en bretes legales, había tenido que identificarse con los organizadores de la feria y éstos le habían dicho que de tomar fotitos, nananina. La privacidad otra vez, claro. Pero la autorizaron a contactar a los asistentes, que, si gustaban, podían fotografiarse con ella en una habitación destinada a este fin, después de firmar un contrato liberando a la feria de toda responsabilidad.

—No podemos exponernos a una demanda, sabe.

A Megan no le hacía ninguna gracia la idea de pedirle a aquella panda de promiscuos que se dejara retratar. Me pregunté cómo se las arreglaría, con tamaños remilgos, para lograr un buen close-up. En circunstancias normales me habría desentendido de ella, pero como no quería que mi artículo saliera sin ayuda visual, procuré calmarla. Le expliqué que, a juzgar por la actitud de los profesionales como el Guille, el gancho de la promoción gratis la ayudaría a la hora de conseguir modelos.

—¿Cómo voy a saber quién es profesional y quién no? Ni modo que vaya preguntándoles de uno en uno. ¿Y si me insultan por metiche?

—Mi amigo te puede indicar. Seguro que conoce a otros que están en el mismo negocio.

Aquello le pareció aceptable y me pidió que, a la salida, invitara al Guille a acompañarnos. Terminamos los tres en el Hamilton’s Tavern. Una vez allí, advertí que Megan observaba a mi compatriota (que había guardado el látigo y se había puesto una camisa, pero no abandonaba su actitud de Amo fustigador) con una curiosidad que se iba transformando, a medida que avanzaba la noche y menudeaban las cervezas, en un sentimiento más cálido y retozón. Por eso no me sorprendí cuando, después de un par de horas de charla y bebedera, se marcharon del brazo.

—Vamos a tomar unas fotos en mi habitación —dijo ella.

Se van a promiscuar, me dije yo.

* * *

A la mañana siguiente Megan y yo debíamos cubrir la segunda parte de la feria, que consistía en paneles, documentales y demostraciones en vivo. Habíamos acordado encontrarnos en el lobby del hotel donde nos hospedábamos (cortesía de la revista sicalíptica) a las nueve de la mañana. Pero dieron las nueve y media, luego las diez y nada. Pedí el número de su habitación, la llamé por teléfono y no obtuve respuesta a mis timbrazos. Subí y toqué a la puerta, pero nadie me abrió.

Empecé a preocuparme. Me acordé de todas las películas de terror que había visto y me imaginé a la pobre gringa despatarrada sobre sábanas tintas en sangre, destripada por un loco cubano que, en medio de una borrachera, había trasladado sus intenciones criminales del juego de roles a la macabra realidad.

Ya pensaba avisarle a la policía cuando la vi aparecer en la puerta del elevador, tostada e hidratada y más fresca que una lechuga.

—Lo siento por la demora —me dijo—. Me levanté temprano para ir a la piscina y me quedé dormida en una tumbona. ¡Qué nochecita! —me guiñó un ojo, salerosa y confidencial—. Ah, los cubanos son… lo máximo. Qué bueno que ahora vamos a poder ir a Cuba cuando se nos antoje.

Me alegró comprobar que el Guille había dejado bien parado el honor nacional. A fin de cuentas, mi mentirilla sobre trasnacionalismo, transgresión y fronteras resultó profética, aunque el contexto no tuviera nada que ver con la literatura.

Aquel día no vi a mi compatriota por ninguna parte. No se me había ocurrido pedirle su número y Megan se mostró evasiva cuando le pregunté. Al tercer día tampoco apareció. ¿Instinto Básico? Ahora me tocaba sospechar de la gringa, a quien, por cierto, se le había mejorado muchísimo el humor y ya no renegaba de la revista ni hablaba de su religión, y se acercaba a los participantes en escenas, sin el menor empacho, para preguntarles si accedían a posar para ella.

Todo eso estaba bien. Pero ¿y el Guille?

Se terminó la feria. Volví a mi casa y no supe más de él, ni tampoco de Megan. Cuando el artículo salió publicado con las fotos correspondientes, en la sección dedicada a los sumisos encontré dos del Guille, atado a los barrotes de una cama de hotel. Tenía una mordaza en la boca y un taponcito en el culín.