Entrevista a María José Rivera, por Noches de Obon

María José Rivera

Entrevista publicada originalmente en Conexos

María José Rivera Ortún (Herramélluri, La Rioja, España), es licenciada en Matemáticas por la Universidad de Valencia, doctora en Matemáticas y Catedrática de Matemáticas en la Universidad Politécnica de Valencia. Ha publicado algunos libros de matemáticas relacionados con la docencia y medio centenar de artículos de investigación. Los últimos diez años ha compartido las matemáticas con la escritura de relatos, una pasión aplazada. Empezó con una trilogía de novelas en la que el hilo conductor es un personaje, objeto de amor en cada historia, de nombre Ahmed. Con la primera novela de esa trilogía de título Harmattan, publicada por Alianza Editorial en 2009,fue finalista del X Premio de Novela Fernando Quiñones de 2008. La segundaNoches de Obon ha sido publicada por La Pereza en 2013 y la tercera  Eres la Luz de mis Ojos ha sido finalista del año 2013 del I Premio Hispania de Novela Histórica de la Editorial Áltera. Entre unos y otros, escribió una obra de divulgación matemática titulada Las mil y una Hipatias, en buena sintonía con su compañera Xaro Nomdedeu, que fue publicada por la Editorial Nivola en 2011. Y también ganó el Premio de Relato Corto Antonio Gutiérrez de Cerezo de 2013 con el cuento Encalmada. Tiene muy avanzado el proyecto de escribir una segunda trilogía de novelas contadas todas ellas a través de varios narradores y con tramas de algún modo relacionadas con la política y la actualidad. Y en medio van surgiendo dos nuevos libros de divulgación, donde se estudian la estrecha y a veces difícil convivencia entre música y matemáticas y entre literatura y matemáticas.

Teresa Dovalpage: Entiendo que “Noches de Obon” es parte de una trilogía, ¿qué otros volúmenes la forman? ¿Dónde se pueden encontrar?

María José Rivera: Empecé a escribir de forma tardía porque tuve que atender a otros requerimientos profesionales, y cuando lo hice pensé en un libro de cuentos que tuvieran como nexo de unión un personaje llamado Ahmed. Pero descubrí enseguida que soy sobre todo novelista y  tres de esos cuentos se convirtieron rápidamente en novelas.  Tuve la fortuna de  que la primera, “Harmattan”, que trata sobre la relación entre dos mujeres que comparten marido en un poblado del desierto del Sahara,  quedara finalista en el Premio Fernando Quiñones de 2008 y de que fuera publicada en 2009 por Alianza Editorial. Me temo que hoy está prácticamente agotada pero es posible que vuelva a publicarse en breve.  La segunda es “Noches de Obon”. Y la tercera, “Eres la luz de mis ojos”, permanece inédita a pesar de haber quedado finalista en el Premio Áltera, espero que por poco tiempo. Trata sobre las complejas relaciones entre dos amigos pertenecientes a distintos mundos y una mujer misteriosa, y está  ubicada en el epicentro de la construcción del Canal de Suez.

Teresa Dovalpage: ¡Felicidades! Espero leer pronto las otras dos novelas. “Noches de Obon” proporciona muchos detalles sumamente interesantes sobre la vida en el Japón, la religión, el culto a los ancestros… ¿Has estado en este país? ¿Qué te inspiró a escribirla?

María José Rivera: A la hora de elegir la ubicación de mis novelas soy muy arriesgada. Las  de esta trilogía se sitúan en escenarios de los que en principio sabía muy poco. Pero para eso está  la documentación. Es una fase que me apasiona porque  aprendo muchísimo. Del Sahara apenas conocía el sur de Marruecos y recrear el desierto para “Harmattan” fue una experiencia fascinante. En cuanto a “Noches de Obon”, he viajado a China e India, pero no a  Japón, un país del que me he enamorado desde la lejanía.  Y después de leer mucho y de depurar lo leído,   construí  un personaje principal en el que intenté que se viera  ese poso del oriente mágico y profundo que tan atractivo resulta en occidente. ¿Y qué voy a decir de Egipto? Alejandría fue por una temporada mi otra casa.

En cuanto a la segunda pregunta, creo que “Noches de Obon” es la única de mis novelas  que no surgió en torno a un personaje, sino alrededor de  una idea. Quería escribir sobre la venganza.  Cuando me hacen daño y pienso en la venganza doy gracias al cielo de no tener  en mi mano los instrumentos para llevarla a término, porque eso me convertiría en un monstruo. El deseo de venganza está en las raíces de la naturaleza humana, mientras que la capacidad de  perdón parece un atributo divino.  ¿Quién no ha envidiado a Montecristo alguna vez?, es uno de los mitos esenciales de la literatura. Pero no encontré al personaje principal de la novela hasta que recordé un viaje que hice de Barcelona a Marsella que tenía que continuar  días después hasta París. Porque  al estudiar el mapa de carreteras decidí no ir de Marsella a París por la autopista de Lyon,  sino atravesando el Macizo Central. Y lo hice sólo para pasar por Nevers.  Marguerite Duras, “Hiroshima mon amour”… De ahí surgió Shojiro.

 

Teresa Dovalpage: Se nota en la obra tu trabajo de investigación…¡Conduces al lector a lugares y a libros! Un personaje repite la frase “–¡Qué raros sois los japoneses!” Pero creo que la novela realmente la desmiente. Los japoneses no son más “raros” que cualquier otra nacionalidad. ¿Te proponías esta desmitificación al escribirla?

María José Rivera: Es cierto que nada se parece más a un ser humano que otro ser humano: todos tenemos los mismos sueños y las mismas pasiones. Pero los occidentales somos hijos del pensamiento griego, romano y judeocristiano, mientras que oriente se ha construido en torno a otros mitos, otras filosofías y otras explicaciones del mundo. Animismo, taoísmo, budismo… Las religiones orientales nos asombran, la supremacía de las masas por encima del individuo también, la obediencia, la sumisión, la disciplina férrea. Eso es lo que podemos percibir en el otro como rareza, su cultura.

 

Teresa Dovalpage: ¿Hay alguna relación entre tu trabajo como doctora en matemáticas y tu labor como novelista? ¿Cómo se relación? Digo, si es que se relacionan.

María José Rivera: Mucho de lo bueno que pueda tener como escritora, si es que hay algo,  se lo debo a las matemáticas. Decía Descartes “cuando quieras hablar de cosas transcendentes sé trascendentalmente claro”. Así  es el lenguaje matemático,  bello porque es preciso, porque es inteligible, porque hace fácil lo difícil, porque intenta desentrañar los misterios del universo  y porque disecciona  conceptos transcendentes. Su meta es el conocimiento en su sentido más elevado.  Las matemáticas se inventan, se imaginan, como la literatura. Y una novela, simplificándolo mucho, es un teorema en el cual se propone una hipótesis y una conclusión. El desarrollo de la escritura  permite pasar de una a la otra, pero eso sí,   siguiendo las leyes de una  lógica que se propone en la misma novela.

 

Teresa Dovalpage: La novela como teorema…muy buena teoría. Por “Noches de Obon” se pasean personajes de diversas nacionalidades, costumbres y religiones. ¿Hay alguno que sea tu favorito?

María José Rivera: Me gusta mucho Shojiro cuando no es él, sino el protagonista de sus obras de teatro. Y debo destacar a dos personajes que están en las antípodas: uno es el padre, que representa el subconsciente modelado por la infancia, la tradición y la familia, el juez severo que no entiende la homosexualidad de su hijo. La otra es Kalyna, la conciencia, la que descubre las debilidades   morales de Shojiro  y no las acepta.

Teresa Dovalpage: ¿Cuál es tu rutina para escribir?

María José Rivera: Soy una persona disciplinada, y la escritura me tiene abducida. Robo segundos del día para entregárselos a ella. Mientras cocino, mientras conduzco, antes de dormir, a toda hora tengo en la cabeza el proyecto que llevo entre manos. Voy con mi cuaderno de ideas a todas partes. Es un tanto obsesivo. Supongo que a todo el mundo le pasa lo mismo. Pero para escribir sólo dispongo de alguna tarde,  no todas las tardes desgraciadamente, y los fines de semana. Y sobre todo el mes de agosto, en mi tranquila y hermosa casa mallorquina. Allí  paso horas y horas metida de lleno en la historia, es magnífico. Si a todo eso se le añade  el panorama editorial español, no es de extrañar que mi escritura vaya muy por delante de su  publicación. 

Teresa Dovalpage: ¡Bueno, pero ya tenemos en el panorama editorial de este lado del mar!

María José Rivera: El lado bueno de la crisis es que  está acercando a los autores españoles al mundo americano. Porque hasta este momento  el viaje  se hacía en sentido contrario. La literatura americana de habla hispana  siempre ha gozado de un gran prestigio en España, y ahora aspiramos a que los autores españoles tengamos un sitio en el otro lado del AtlánticoLos viajes casi siempre son de ida y vuelta. Como el de Odiseo. Como el de Shojiro.

Teresa Dovalpage: ¿En qué proyecto estás trabajando en estos momentos?

María José Rivera: En tres novelas contadas a través de  varios narradores que tratan sendos temas de  actualidad que me interesan: 1) desafección cívica y política de jóvenes indignados  con la consiguiente búsqueda de alternativas al margen del sistema, 2) fuentes de energía renovables versus  energías fósiles y 3) cómo la crisis ha trastocado la dignidad de quienes buscan empleo y la moral de quienes ofrecen trabajos casi de esclavitud. Espero no ser gafe y que  algún día vean la luz. La primera, ya acabada, se titula “El segundo principio de la termodinámica”, y creo que es la más compleja de las que he escrito, la más ambiciosa y la de mayor registro narrativo en sus cuatro voces. Con la segunda “El hombre dividido”, he descubierto Tasmania y el arte de la manipulación, y  está en fase de relectura.  Y para la tercera, “Abadía, 8”, que no  ha hecho más que empezar,  voy a pedir ayuda a  Dante Alighieri. También tengo el proyecto de escribir sobre literatura y matemáticas sin ser exhaustiva, a través de unos cuantos autores nada más. Y sobre música y matemáticas. Proyectos no faltan.  

 

Teresa Dovalpage: Te voy a pedir la receta para el manejo del tiempo. Hay autores que adoran hacer promoción de sus libros y otros que lo detestan. ¿En qué bando te sitúas y cuál es tu opinión sobre esta labor, que a veces toma más tiempo y energía que la escritura?

María José Rivera: Pocas cosas hay más estimulantes para un escritor  que el contacto directo con los lectores. Esa parte de la promoción me entusiasma, otras no tanto. Pero como profesional  acepto  lo bueno y lo menos bueno. Considero necesario implicarse en la promoción, muy pocos autores son capaces de funcionar sin hacer tal esfuerzo.   Y en cualquier caso me pongo a disposición de la editorial, que es quien entiende de eso.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, María José, por aceptar esta entrevista. ¡Y espero verte pronto en una Feria del Libro por estos lares!

Concurso de Poesía

Originalmente en contratiempo

Convocatoria: Poesía original

DEPAUL UNIVERSITY Y CONTRATIEMPO CONVOCAN

S E G U N D O  C O N C U R S O  N A C I O N A L  D E  P O E S ÍA
P O E S Í A  E N  A B R I L 2015: Tema “La luz”
 FECHA LÍMITE DE ENTREGA: 1 de marzo de 2015

REQUISITOS
Podrán participar todos los escritores de lengua española que residan en Estados Unidos, Puerto Rico, u otros territorios de la Unión, por lo menos por un año, previo a marzo de 2015.

  • Cada participante podrá concursar con un solo poema, con un máximo de 50 versos. El tema del concurso es “La luz”, invitándose a los poetas participantes a abordar el temade manera original y novedosa.
  • El poema deberá ser de autoría propia, inédito, y escrito en español, en tipo Times New Roman de 12 puntos. No podrá estar participando en otro certamen, ni comprometido para publicación en solitario, o como parte de un poemario impreso o electrónico.
  • No podrán participar en el certamen los poetas ganadores de la pasada edición.
  • Envío: Los concursantes enviarán su creación cargándola aquí. El poema deberá cargarse en un archivo de formato PDF, que deberá incluir el título del poema, y el seudónimo del autor. En el mismo envío deberá cargarse un segundo archivo, en formato PDF o Word, e identificado con el nombre: PLICA/NOMBRE DEL POEMA, que deberá incluir el título del poema enviado, nombre completo del autor, seudónimo usado, dirección postal, dirección de email y número de teléfono. No se considerará ningún poema que no cumpla estos requisitos, y en especial que no venga acompañado por la respectiva Plica.
  • Fecha límite: La presente convocatoria queda abierta con la fecha de su publicación y vence a las 23:59 del 1 de marzo de 2015. No se aceptarán trabajos después de esa fecha. Los originales que no resulten ganadores serán destruidos.

PREMIACIÓN
El jurado de este certamen estará integrado por reconocidos poetas y críticos latinoamericanos. Su fallo, que será inapelable, se hará público durante el VIII Festival Internacional Poesía en Abril en Chicago y a través de los espacios de contratiempo y en redes sociales.

  • El concurso puede ser declarado desierto por el jurado.
  • El autor del poema ganador deberá certificar que reside en Estados Unidos, sus territorios o Puerto Rico por lo menos en los 12 meses previos al fallo del certamen. El ganador podrá estar presente, o designar un representante para recoger el premio, en la ceremonia que tendrá lugar el 2 de mayo de 2015, en acto a celebrarse en Poetry Foundation, en la ciudad de Chicago, Illinois.
  • El poema ganador, y tres poemas finalistas del certamen se publicarán en la antología del Festival, además de en la revista contratiempo tanto en su edición impresa como digital.
  • Solamente el poema ganador se hará acreedor de un premio en metálico, por la cantidad de $500 (quinientos 00/100) dólares.

Dirigir cualquier pregunta a gcardenas@contratiempo.net            CONCURSA 

Las arterias sangrantes de El Corazón del Rey

Felix Luis Viera

Reseña publicada originalmente en Otro Lunes

El Corazón del Rey, de Félix Luis Viera, se publicó Innovación Editorial Lagares en 2011con una bellísima portada diseñada por Ignacio Meza. Gracias a esta novela he conocido Santa Clara. Entendámonos: jamás estuve allí; no me paseé por el Parque Vidal ni me emborraché en el bar Crema ni disfruté de un espectáculo en el teatro La Caridad. Nunca caminé por las calles de Dobarganes ni visité El Condado. Pero Magalí, la Samaritana, Robertón y el narrador anónimo me sirvieron de guías, Virgilios literarios, por los vericuetos de la ciudad.

La novela cuenta con una extensa gama de personajes que se mueven en distintas esferas del entramado social, permitiendo al lector disfrutar de una visión panorámica de la vida cubana durante los años setenta. Y que los hay de rompe y rasga. Robertón Pérez “el autodidacto,” borrachón y filósofo de bar, es uno de los de más peso. Me atrevo a decir que hasta le roba escena al protagonista. Robertón y su enredo con la misteriosa Beatriz Elena; Robertón y sus charlas de aliento etílico; Robertón el negociante, el amigo-casi padre del narrador, el que le dice:

“si al fin fueras escritor escribe claro como un diálogo en el banco de un parque, no enredes la esfera, no hagas de la literatura un sortilegio, escribe de la vida, de su risa y su dolor, di la verdad, sé crudo hijo mío porque cruda es la vida, la vida es la vida, no lo olvides, la vida no es una novela, y una novela trata de la vida, no de una novela, fíjate bien bien: siempre la verdad, o por lo menos la verdad que creas verdad, suéltala hasta los tendones, muérete por ella.”

Mejor consejo, ni en los talleres literarios…

Y del machísimo Robertón pasamos al extremo opuesto. Ahí está La Samaritana, de comicidad indudable, pero profundamente humano, que es otro personaje de mucho garbo. Homosexual en Santa Clara, peluquero y manicurista, se emparienta de lejos con el magistralmente trazado La Elefanta, de Un Ciervo Herido (novela que anteriormente publicara Félix Luis Viera con la editorial Plaza Mayor). Su coquetísimo y afocante comportamiento provoca momentos de risa loca y otros de inevitable reflexión, así como de suma tristeza.

También están las mujeres (Magalí, Maritza, esa mulata lavada que no lleva ajustadores) que no son, ni mucho menos, personajes menores. Al contrario, con sus agudas, y en ocasiones discordantes, voces femeninas, contribuyen a la polifonía de la obra.

El Corazón del Rey conjuga varios géneros. Es novela realista que pinta, sin ambages, lo cruda que es la vida (como si el propio autor siguiera al pie de la letra los consejos literarios de Robertón). Hermana la ficción con el ensayo, sin dejar de ser una obra profundamente erótica y, no faltaba más, también política. Pero sin teques, eh. Para candangas, las que pronuncia el angélico Benito de Palermo, manual de marxismo en dos pies, ingenuamente inmerso en su obsesión. Esto es, en su “lucha ideológica,” a la que me referiré otra vez más adelante.

El lenguaje, como ya tiene acostumbrado Félix Luis Viera a sus lectores, chisporrotea en las páginas. Por ejemplo, el ingenioso verbo “cojonear,” puesto en boca de Robertón, le da ese toque sandunguero de plato de frijoles negros acompañado de cerveza fría. La obra contiene explicaciones semánticas, indispensables para quienes no sean cubanos o hayan dejado la isla antes de los setenta. ¿Cuál es la diferencia entre trabajo productivo y trabajo voluntario, a ver? ¿Y qué significan contracandela, Init, Oficoda? Terminachos comprensibles sólo para los iniciados, definiciones surrealistas que el narrador devela con una mueca irónica, a la vez que relata cómo un hogar de niños cambia de nombre, de La Creche a Pequeños Lenin, o alude a un perfume con el churrigueresco nombre de Pasión Koljosiana. ¿Será éste un complemente del Moscú Rojo, aquel siete potencias bolchevique?

Una pregunta generacional sugiere mucho y da el tono de la novela: “¿Qué daño podrían hacerle Los Beatles a las fibras patrióticas de alguien?” Pregunta que no responden ni Magalí, la amante del protagonista, ni Maritza, la novia inmaculadamente roja vestida de amarillo, que le raciona el sexo hasta que él “cambie.” Pregunta que no puede responder nadie, porque las encontradas discusiones ideológicas entre Maritza y el héroe (o antihéroe) no llegan a ninguna conclusión. No hay vencedores ni vencidos. La carta final del narrador a Maritza es un alegato en que aquél destila todo su despecho, las palabras que explican su conducta, su razón de vivir… Son palabras que Maritza realmente no llega a comprender pues el de ellos es diálogo de sordos. Una lucha ideológica como la que preconiza Benito de Palermo, en la que sólo queda vivo, latiendo lentamente mientras el cuerpo se desangra, el corazón del rey…

Los fantasmas de Taos

Cementerio

Publicado originalmente en Sub Urbano

(primera parte)

Hace varias semanas participé en una caminata muy especial: el Tour de los Fantasmas de Taos, a cargo de Melody Romancito, que es una verdadera experta en los lugares encantados de la ciudad.

Esa tarde el grupo musical Los Kongos tocaba en la Plaza de Taos, de modo que, en lugar de reunirnos en la glorieta de la Plaza, donde generalmente se da comienzo al tour, nos encontramos frente a Café Tazza, una coffee house muy popular situada a una cuadra de allí.

El cementerio de noche

Cuando salimos para el cementerio ya estaba oscureciendo y las sombras del crepúsculo le daban un tono decididamente espectral a la aventura. El primer lugar que visitamos fue una parcela donde están enterradas tres mujeres a quienes sólo se conoce como “las tres brujas.” Sus nombres se han borrado del libro de registros del camposanto.

Melody nos hizo notar que las tumbas estaban cubiertas con asfalto, una antigua práctica encaminada a impedir que las almas en pena salieran de las tumbas.

“Fíjense que las piedras están rotas por varios lados,” explicó.

Según las leyendas locales, las piedras se quebraron debido a los esfuerzos de los espíritus cautivos por librarse de su prisión.

Luego recorrimos otras tumbas más o menos célebres. La de Mabel Dodge Lujan, rica heredera neoyorkina que protegiera a D. H. Lawrence y a Georgia O’Keefe, tenía ofrendas por todas partes—velas, flores, hasta retratos. La devoción a la mecenas de Taos persiste, quizá porque tenemos suma necesidad de que aparezca otro protector de las artes interesado en subsidiar a los artistas residentes. (Por favor, Doña Mabel, mándenos a alguien con plata o mándenos plata no más, lo que le resulte más fácil desde el Otro Lado).

Pero la tumba más visitada en todo el camposanto es la de Kit Carson, una figura controversial de la historia del Oeste, odiado por muchos debido a su participación en la captura y destierro de los indios navajos, apaches y comanches durante la guerra entre México y Estados Unidos. Otros, sin embargo, lo consideran un valiente defensor de los indígenas locales, que eran enemigos de los que Carson expulsara de aquí. ¡Mucha y muy complicada historia nuevo mexicana!

La tumba de Kit Carson no está en buenas condiciones; su placa conmemorativa ha sido rasguñada más de una vez.

Aunque no encontramos ningún fantasma dispuesto a dialogar, el paseo por el cementerio resultó una excelente lección de historia.

El decapitado Arthur Manby

Cuando llegamos a la calle principal, Paseo del Pueblo, Melody repartió linternas a los integrantes del grupo. Ya estaba tan oscuro que ni las manos nos veíamos.

Caminamos entonces hacia la casa de Arthur Manby, un noble inglés que vivió en Taos entre 1890 y 1926 (o 1929, pues hay divergencias sobre la fecha). Conocido por adquirir tierras por medios no precisamente legales, su cuerpo decapitado se encontró una mañana dentro de la mansión, cerrada a cal y canto. A juzgar por su estado de descomposición, llevaba muerto varios días.
“En la casa habían dejado a dos perros y parece que se divirtieron con el cadáver, en especial con la cabeza,” dijo Melody.

Aunque resultaba imposible identificarlo, se asumió que el difunto era Manby. Sin embargo, unos días más tarde se reportó la desaparición de un vagabundo a quien habían visto poco antes de la muerte de Manby con las botas y una chaqueta de éste, y comenzaron las sospechas sobre la identidad del muerto. Sospechas que aumentaron cuando, años después, varias personas aseguraron haber visto a Manby, vivo y coleando, en su Inglaterra natal.

La antigua mansión de Manby ahora aloja a oficinas cuyos trabajadores han notado apariciones, ruidos y hasta olores inexplicables. El fantasma que la ronda, ¿pertenece al noble inglés o al mendigo decapitado?

La casa de Charles Bent

Luego de pasar por el antiguo juzgado de Taos, también escenario de sucesos paranormales, llegamos a la antigua casa del gobernador Bent, convertida en museo.

Charles Bent fue nombrado gobernador de Nuevo México en 1834, cuando la región pasó a ser territorio americano. En enero de 1847 murió a manos de una muchedumbre enfurecida, que protestaba la ocupación de Estados Unidos. Su mujer y sus hijos escaparon por un hueco abierto en la pared de adobe, que puede verse todavía, y se refugiaron en la casa vecina.

“En este mismo sitio encontraron su cuerpo, destrozado,” dijo Melody, señalando una esquina del portal penumbroso en el Museo Bent.

Con disimulo, los integrantes del tour nos alejamos del lugar.

“Más tarde, en represalia por lo sucedido, cientos de rebeldes fueron ahorcados aquí,” continuó Melody, guiándonos hacia lo que hoy se conoce como las Tiendas de John Dunn. “Fueron tantos que llegó un momento en que las sogas escasearon. Después que ahorcaban a los sentenciados, se engrasaban y se volvían a usar.”

Y con este ejemplo de reciclaje tétrico cierro mi crónica por hoy. Esperen la segunda parte de Los Fantasmas de Taos.

¡Que pasen un buen Halloween!

Para saber más del tour guiado por Melody Romancito, visiten su página web http://ghostsoftaos.wordpress.com/

La médium escribiente

Fragmento de El Difunto Fidel, obra Ganadora del V Concurso de Novela Corta de Rincón de la Victoria, 2009

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La médium escribiente

Las botánicas miamenses venden fe y esperanza. Y hasta caridad, si es lo que el cliente necesita y tiene con qué pagarla. El aire de estas tiendas huele a incienso, a agua de Florida, a rosas y a veces a tabaco y a ron. Cuando ponen música, casi siempre es un toque de tambor o un bolero meloso.

Las olas de Yemayá es una de las botánicas más reputadas de toda la ciudad.  Queda en pleno corazón de la Calle Ocho y su dueña responde al sonoro y rimbombante nombre de Encarnación Raynier de los Rosales. La susodicha es médium escribiente, oyente y vidente, según reza su tarjeta de visita, muy bien impresa en cartulina mate. Debajo del logo (una bola de cristal rodeada de estrellas) está el lema, el slogan publicitario que no puede faltarle a ningún negocio que se respete: “el cliente pone la fe; los santos ponen la solución.”

Encarnación ha decorado el establecimiento a fin de lograr un efecto de Disneylandia espiritual. Un cuadro de La Mano Poderosa cuelga de la pared junto a un grabado a todo color del Ojo de Dios. En los anaqueles negrean azabaches y platean crucifijos made in China junto a estatuas de yeso que representan bien o mal a las vírgenes de la Caridad, de Regla, de Fátima, de Guadalupe, del Carmen y hasta de Medjugorje. Hay perfumes astrales, herraduras de cobre, piedras de cuarzo y de imán, espejos de Feng Shui, Budas plásticos, gatos chinos de la suerte y calderos de Santería. En un librero coexisten Biblias, volúmenes de astrología y de Tarot, novenas y estampas de cuanto santo aparece en el Santoral, además de algunos apócrifos como un tal San Carajulián. También se ofertan gitanas y negritas a muy buen precio ––muñequitas de plástico, mal pensados.

Y todo lo preside la imagen de un querubín de dos metros de alto, con cachetes rosados, ojos cerúleos y alas grises. Si Fra Angélico lo ve, excomulga al pintor, pero Encarnación lo tiene por una obra de arte y no lo vende ni aunque le ofrezcan diez mil dólares. (Es un decir, nadie le ha ofrecido ni diez mil quilos todavía.) A la izquierda del querubín mueve sus manecillas plásticas un reloj lumínico con una ilustración de Harry Potter y la piedra filosofal en medio de la esfera. Pero nada de toques de tambor aquí, pues la dueña se desvive por la música mexicana. Hoy se ha levantado con ganas de oír a Vicente Fernández, que desde un estéreo reluciente entona a todo pecho El rey:

Yo sé bien que estoy afuera

pero el día que yo me muera

sé que tendrás que llorar.

Una joven que lleva gafas enormes, a lo Madonna, empuja la puerta y se detiene en el umbral. La acompaña una mujer mayor, un poco apolismada por los años, que con una simple frase:

—Alabao, qué calor… ––revela su cubanidad.

Las dos se quedan mirando al Ojo de Dios como si éste guardara en su pupila azul (¡perdóname, Gustavo Adolfo!) la solución a la crisis actual. Encarnación las saluda con la mejor y más seráfica de sus sonrisas.

—Luz y progreso, hermanas, pasen adelante.

Una vez frente a la médium, las recién llegadas la observan con curiosidad. Bastante hay que observar en ella, desde el cabello largo hasta la cintura y teñido de rojo, pasando por el seno ubérrimo y a medias descubierto, hasta los pies calzados con babuchas doradas. Parece un árbol de Navidad fuera de temporada. Encarnación cumplió sesenta años el mes pasado y está algo regordeta (la cercanía al Café Versailles es perjudicial para la figura) pero su vocación de diva carnavalesca puede más que los dictados de la moda y del almanaque.

—Aché para ustedes ––continúa, a fin de infundir confianza a las clientas en perspectiva.

—Mire, yo… ––tartamudea la vieja—. Esto… nosotras…

—¿Buscan algo en particular? Aquí tengo:

hierba de mejorana para abrir el mañana;

pétalos de campana que todo sana.

Y rompezaragüey

con semillitas de mamey.

—Déjese de rimas idiotas, haga el favor ––la interrumpe la chica camuflada de actriz hollywoodense—. Mi padre ha muerto, ¿sabe?

—Mis más sinceras condolencias ––Encarnación pone cara de circunstancias—. ¿Y qué edad tenía el difunteado?

—Iba a cumplir cincuenta en agosto. Pero, ¿qué tiene eso que ver? ¿Por qué me lo pregunta?

—Ay, hija, por curiosidad, no te molestes. ¿Y qué quieres, darle una misa espiritual?

—Nada de misas. Lo que me hace falta es saber cómo se siente en el más allá. Si…

—Si nosotras tuvimos culpa de que se difunteara ––interviene la otra, que de repente empieza a soltar mocos y lágrimas a chorro.

Justo en ese momento el coro de Vicente Fernández repite aquello de llorar y llorar. Encarnación se apresura a apagar el equipo de música.

—Déjeme que le cuente, señora ––prosigue la mujer—, déjeme que le diga…

—Cállate, mami ––la corta la más joven—. No te pongas a dar información sin venir al caso.

Encarnación, indignada (o haciéndose la indignada) se encara con ella:

—Yo no necesito que nadie me dé información porque tengo unos espíritus clarísimos, que saben hasta donde el jején puso el huevo. Así que no ofendas por gusto que tú no me conoces.

La chica asimila el regaño y se ablanda enseguida, como todas las boconas cuando les hablan fuerte.

—Disculpe, señora, disculpe. Es que estoy muy nerviosa. Yo nunca me he metido en estos asuntos y…

—Lo que queremos averiguar ––dice la vieja—, es cómo ocurrió en realidad la muerte de mi marido.

Aquello le pinta feo a Encarnación y decide quitárselas de encima.

—Un momento. Si se trata de un crimen mejor acudan a la policía, que para eso está ahí. Aunque yo soy legal, y mis espíritus también, mi licencia de trabajo dice que esto es for entertainment only. Por pura diversión y sin compromisos. Y con la justicia no quiero problemas, ni de broma. Adiós y váyanse por la sombrita.

—¡Ay, no me diga eso! ––exclama la vieja—. ¡Usted tiene que ayudarnos! No nos deje embarcadas, por el amor de Dios.

—Aquí no se trata de ningún crimen ––explica la muchacha, más calmada—. El forense determinó que había sido un accidente, así que por el lado de las autoridades no tiene nada que temer. Pero mi padre estaba un poco deprimido últimamente. Y mami piensa que… que se lanzó a propósito contra un camión de vegetales para salvar a la familia de la ruina.

—Esa sospecha me tiene el alma destrozada ––murmura la vieja, recalcando la última palabra en tono de telenovela.

Encarnación se compadece. Ella es así, sentimental.

—Bueno, tal vez les pueda echar una mano. En casos como el suyo, yo uso mis dotes de médium escribiente.

—¿Qué quiere decir eso?

—Que los espíritus me dictan sus vivencias desde el más allá y yo transcribo…

La joven pone mala cara otra vez.

—Óigame, ¿cómo que sus vivencias, si están muertos?

—Es un decir, muchacha, no seas tan… literal. Quiero decir, que me cuentan cómo fueron sus experiencias antes de morir, y hasta les mandan mensajes a sus familias si se les ha quedado algo en el tintero. Yo copio todo ce por be, lo paso a mi computadora y se lo doy ya impreso a los clientes.

—¿Y cuánto cobra usted por su trabajo?

—El precio lo discutimos más tarde.

—¡Lo que sea, hija, lo que sea! —solloza la vieja—. Con tal de no seguir con este reconcomio por dentro, yo le pago lo que me pida.

—¿Cómo se llamaba el difunteado? —pregunta Encarnación.

—Fidel —contesta la joven.

—Philip —dice su madre.

Encarnación resopla.

—Se me ponen de acuerdo porque así no nos vamos a entender.

—Fidel, Fidel.

—¿El apellido?

—Carballo —responden ambas a la vez.

—¿Y cuándo se desencarnó?

—La semana pasada.

—Está bien, todavía tendrá los recuerdos frescos. Porque mientras más tiempo pasan por allá, más difícil resulta obtener detalles de importancia. Para decesos tan recientes la tarifa es sólo veinte dólares el folio. En una sesión regular, un espíritu me dicta de diez a doce folios, de modo que el precio total depende de cuán larga o enmarañada sea la historia que el difunteado tenga que contar.

—¿Y qué cosa es un folio, si me hace el favor? —pregunta la vieja.

—Una página, señora.

—Perfecto —dice la más joven, que es la que lleva la batuta. La otra, ovejunamente, asiente con la cabeza también.

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* *  *

Esa misma tarde, ya cerca de la hora del cierre, Encarnación les está quitando el polvo a unos Budas de porcelana cuando hace su entrada en la botánica, meneando mucho las caderas, una trigueña fondillona de las que paran el tráfico hasta en el expressway.

—Luz y progreso, hermana, adelante —la saluda la dueña—. ¿Qué te trae por aquí?

—Hablar con un egún.

Un egún, para los no enterados, es un difunto. O difunteado, como les dice Encarnación.

—Ah, no, mi vida. Yo no paso muertos ni dejo que ningún espíritu se me encarne. ¡Qué va! Para esas cosas búscate a un santero.

—¿Y qué servicio ofrece usted?

—Soy médium escribiente, oyente y vidente.

—Qué casualidad, mi madre era también médium oyente. Cuando los espíritus se ponían pal paso le daban unas cantaletas… Había uno que se pirraba por cantar óperas. En italiano, imagínese. Mi pobre vieja terminó por aprenderse La Traviata completa de memoria.

—Sí, hay algunos majaderísimos —asiente Encarnación—. Pero yo nada más les dejo espacio a los que me interesan. Aunque me esté mal el decirlo, soy muy selectiva en esas materias y no le doy entrada a todo el mundo. ¿Y a quién querías contactar tú?

—A un amigo… Para decirle la verdad, a un querido que tuve. Casado y con dos hijos, pero muy decentico y más bueno que el pan. Se mató hace una semana en un choque y yo tengo clavada la espina de no saber qué le pasó. Porque él estaba medio tristón desde hace tiempo, preocupado por su familia, por la crisis de las hipotecas y… bueno, tengo la corazonada de que lo suyo fue premeditado. También me gustaría que me dijera si por fin iba a dejar a su mujer y a juntarse conmigo. Usted dirá que eso no importa a estas alturas, pero…

—Todo importa, hermana. Basta con que un problema te esté atorando el alma para que yo procure resolverlo. Espérate, déjame concentrarme… ¿El difunteado se llama Philip y le decían Fidel, o viceversa?

—¡Señora, lo suyo es una visión de veinte-veinte! —la trigueñota se santigua.

—Dones que tiene una. ¿Y el apellido era Carballo, por casualidad?

La recién llegada se queda muda del asombro y tarda dos minutos (medidos por el reloj de Harry Potter y la piedra filosofal) en reponerse para contestar, con un hilo de voz:

—Carballo era, sí. Encarnación, ya yo había oído hablar de usted y de su clarividencia, pero no sabía que tenía tanta luz.

—Luz me sobra, y tengo incluso para compartir con el prójimo en caso de apagón. Trataré de ayudarte, pues ésa es la razón por la que me mantiene el Señor en estado de gracia.

—¿Y el precio es…?

—Baratísimo, muchacha. A veinte dólares el folio —aquí Encarnación suelta de nuevo el rollo del dictado pero no hay para qué repetirlo.

—Adelante con los faroles —sonríe la trigueñota.

—Esta misma noche lo llamo. Todo está en que quiera cooperar, porque hay cada espíritu resabioso en el más allá… Es que los difunteados conservan las mañas y marañas que tenían antes de desencarnar, ¿comprendes?

—Ah, no, con Philip usted no va a tener problemas, despreocúpese. Hombre más educado y cariñoso había que mandarlo a hacer con instrucciones específicas.

—Menos mal.

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Portada EL Dinfunto Fidel

Editorial Verbum

Editorial Verbum

Editorial: Verbum

Sitio en la red: http://www.verbumeditorial.com/

País: España

Contacto: editorialverbum@gmail.com

 
Editorial Verbum nació en Madrid, fundada por Pío E. Serrano y Aurora Calviño, en 1990,  como homenaje y continuación de Verbum, la revista fundada en La Habana, en 1937, por José Lezama Lima y algunos de los integrantes del más tarde conocido como Grupo de Orígenes.

Entrevista con el Dr. Luis Rafael Hernández, editor de Verbum.

Teresa Dovalpage: La Editorial Verbum, además de publicar libros, es también un centro de enseñanza. Cuéntame sobre los cursos que ofrecen. ¿Son todos en persona u ofrecen algunos en línea?

Luis Rafael Hernández: De momento los cursos son presenciales y solo intensivos de verano, pero deseamos ampliar la oferta en el futuro a cursos también en línea. En el siguiente link tienes información sobre los que ahora mismo funcionan y volveríamos a convocar el año próximo:http://www.verbumeditorial.com/es/cursos

Teresa Dovalpage: Me parecen todos muy interesantes y ojalá que se animen pronto para presentarlos en línea también. En cuanto a la editorial, ¿hay algún tema específico sobre el que les interese publicar en este momento, un tipo de manuscrito que estén buscando hoy día?

Luis Rafael Hernández: Nos interesa sobre todo la buena literatura inédita, escrita en lengua española.  Buscamos textos originales y con actualidad.

Teresa Dovalpage: La promoción de la mercancía (sean peras o manzanas o buenos libros) es fundamental para que se venda. ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

Luis Rafael Hernández: Esperamos del autor que se implique en la promoción del libro, participe en presentaciones, mueva el libro con nosotros en las redes sociales, etc. Nosotros, nos comprometemos bajo contrato para que nuestros títulos nunca estén en condición de “agotado”. Asumimos el compromiso de reeditar el libro mientras exista demanda. La Editorial Verbum, además de imprimir el libro en papel, produce una versión e-book, cuyo precio es aproximadamente la mitad del precio del libro en papel. Ambas versiones están a disposición de los lectores en librerías físicas y virtuales, de forma que el libro puede ser comprado en cualquier sitio. Como parte de nuestra acción de publicidad y promoción de los libros publicados se distribuye una nota de prensa de cada novedad, que se envía a más de cuatrocientos medios de prensa, entre periódicos, revistas y agencias de noticias de España y del resto del mundo, además de a librerías y distribuidores nacionales e internacionales. Verbum dispone de una lista de correo electrónico de cinco mil contactos que reciben los boletines de novedades de la Editorial. Igualmente, se puede consultar información adicional sobre los libros y sus presentaciones en la web de Verbum y en las redes sociales de uso más generalizado de Internet (Facebook,Twitter, LinkedIn, etc.). El acceso a nuestro catálogo está disponible en las plataformas de promoción y venta de Internet, entre ellas Amazon, Todoebook, Google Play, Amabook, etc.  Las ediciones de Verbum están ya disponibles para su consulta y lectura en bibliotecas de toda España, del Instituto Cervantes, y mediante la web para su descarga como e-book en cualquier rincón del mundo. Gracias a nuestra red de distribución internacional las ediciones en papel llegan a librerías de toda Europa, EE.UU. e Hispanoamérica, y también a parte de África y Asia.

Teresa Dovalpage: Qué bien. ¡Una red de distribución de largo alcance! Con respecto a las propuestas, ¿cómo prefieren ustedes, en  su función de editores, recibir manuscritos: directamente de los autores, por medio de agentes o por otra alguna vía como los concursos? ¿Organizan ustedes alguno?

Luis Rafael Hernández: Organizamos concursos que solemos patrocinar para promover la escritura y como estrategia promocional. Preferimos los textos enviados por los autores directamente, algunas veces los agentes literarios entorpecen el diálogo porque suelen pedir anticipos altos. El autor desea que el libro se publique bien editado; al agente le importa sobre todo ganar en el corto plazo, lo que no coincide necesariamente con lo que al autor y al editor más le importa: que el libro tenga una buena presentación y un largo recorrido en el mercado.

La isla de las mujeres tristes

La isla de las mujeres tristes, ganadora del Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2014

Teresa Dovalpage: ¿Cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de “manuscritos rechazados” por Verbum Editorial?

Luis Rafael Hernández: La mejor manera es presentar un manuscrito interesante, bien presentado, con el título, la sinopsis, la ficha de autor y todos los datos de contacto en el mismo archivo y no en varios adjuntos. Muchas veces recibimos manuscritos desaliñados, sin encabezar, sin datos de autor, esos suelen ser rechazados porque a diario recibimos entre 10 y 20 propuestas, de las que pasamos a evaluación solamente un 5 %, del cual solo un 1% termina siendo aprobado por nuestros lectores externos.

Teresa Dovalpage: El desaliño es inaceptable en estos casos… como llegar a una cita con manchas de café en la ropa. ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico? Ya sé que como editores querrán por igual a todos los libros que publican, pero si hay alguno que acabe de salir y deseen destacar…

Luis Rafael Hernández: Todo lo que publicamos tiene interés, a veces académico, otras para el público en general. Verbum se caracteriza por publicar libros interesantes, no super ventas sino libros bien escritos y de fondo, que no pasan de moda al año de salir.  El catálogo de Editorial Verbum supera el millar de títulos. Especializada en la literatura hispánica, en los estudios literarios y humanísticos, entre sus diversas colecciones destacan Verbum Mayor y Verbum Ensayo (de referencia en los campos de la filología, la estética, la filosofía y la historia), donde han aparecido obras de autores como F. Schiller, J. P. Richter, K. Krause, G. H. von Wright, E.R. Curtius,  G. Santayana, M. Milá y Fontanals, J. Rizal, José Lezama Lima, José Olivio Jiménez, J. M. López de Abiada, Severo Sarduy y Roberto González Echevarría, entre otros. Editorial Verbum emplea los métodos tradicionales de edición y comercialización, y también los más actuales. Cuidando igualmente la calidad en el libro editado en papel y en el libro electrónico (e-book), progresivamente hemos ido conformando una biblioteca digital con títulos de nuestro catálogo que ya pueden descargarse desde cualquier parte del mundo gracias a las nuevas tecnologías informáticas. Verbum demuestra que existe un espacio de mercado para las editoriales de reducida estructura, con un catálogo coherente y la búsqueda de la excelencia.

Además de conmemorar su aniversario XXV en 2015, Ed. Verbum, a lo largo de este cuarto de siglo de labor continuada en favor de la cultura, destaca por su catálogo coherente, forjado al margen de los dictados del mercado y sin duda imprescindible en lengua española por su rica bibliografía, concebida con un criterio de fondo siempre disponible -ha sido siempre política de la editorial no descatalogar los títulos publicados. Esta política asegura mantener el catálogo a disposición de los lectores en cualquier momento y lugar del mundo, mediante distribuidores regionales, internacionales y exportadores.

Resumimos sus aportes en varios hitos:

Ed. Verbum con su colección Mayor ha conformado un corpus imprescindible para el conocimiento de la teoría literaria, la filología, la estética, la filosofía y el humanismo, en que destacan los 7 volúmenes de la Teoría del Humanismo; los 6 volúmenes de Origen, progresos y estado actual de toda la literatura; los 2 volúmenes del tratado Barroco; los 4 volúmenes de El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano; los 4 volúmenes de la Antología de la poesía cubana de José Lezama Lima; y el Tesoro Castellano del Primer Diccionario de América. Lemas y concordancias del vocabulario español-náhuatl (1555), de Alonso de Molina.

Ed. Verbum dispone de un importante fondo bibliográfico al servicio de los estudios hispanísticos, integrado por rigurosas monografías de las más importantes obras y los más reconocidos autores del ámbito hispánico.

Ed. Verbum ha publicado la bibliografía más amplia fuera de Cuba sobre José Lezama Lima, el Grupo Orígenes y la literatura cubana en general.

Ed. Verbum ha publicado en lengua española el mayor número de títulos de literatura coreana en traducciones directas del coreano al español.

Ed. Verbum ha patrocinado y convocado varios premios literarios, cuyas obras ganadoras publica con posterioridad. Anualmente convoca el Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero”, el Premio Iberoamericano VERBUM de Novela y el Premio Premio Juan Andrés de Ensayo en Investigación en Ciencias Humanas.

Ed. Verbum ha promovido el conocimiento de la lengua española en el mundo, desde sus colecciones y series dedicadas a la lengua de Cervantes, cuyos textos se emplean en academias y departamento especializados de universidades de España, EE.UU. Europa e incluso de Asia; y han sido recomendados por el Instituto Cervantes como bibliografías apropiadas para la enseñanza de la lengua española.

Ed. Verbum, con su colección de Ensayo, presenta estudios imprescindibles para el mejor conocimiento de autores y literaturas en lengua española, difundiendo teorías literarias novedosas y abordajes disímiles. Muchos de sus libros se encuentran en bibliografías de cursos doctorales, máster y grados en universidades de España, Europa y EE.UU.

Ed. Verbum, más allá del interés por el eurocentrismo habitual, también ha mantenido un interés particular por aquellas zonas marginales, en general, poco atractivas para los grandes sellos por considerarlas poco rentables. Así, se han promovido la literatura coreana, los estudios y autores hispano-africanos, los asiáticos y árabes, al igual que se ha propuesto rescatar los estudios de las obras y los autores hispanoamericanos poco atendidos por la crítica y el sector editorial.

Ed. Verbum, con su colección de literatura infantil-juvenil, se acerca también a los lectores más jóvenes, con libros atractivos y económicos, donde prima el interés por lo literario y los enfoques contemporáneos, que permiten a niños y jóvenes deleitarse con la lectura al tiempo que acceden a universos donde la palabra es vehículo idóneo para explicar, desde el arte, las disímiles aristas de la realidad.

En Verbum, dentro de su colección Infantil-Juvenil, ha lanzado dos series complementarias de la educación artística en las escuelas, para el aprendizaje de la música y el teatro (Serie Taller de Teatro Musical) y para el aprendizaje de lenguas y culturas foráneas (Serie Aprende…): Aprende Inglés en Londres, Aprende Francés en París, etc.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias por compartir toda esta valiosa información. ¡Éxitos!
Pueden visitar la página de Facebook de la editorial aquí

La Regenta en La Habana (fragmento)

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Mi marido, antiguo jefe del departamento de Letras Hispánicas de la universidad habanera, guardaba cierto parecido con Víctor Quintanar, el respetable esposo de Ana Ozores en La Regenta. Don Víctor (el personaje de Clarín, no el mío) es un vejete jubilado de la Audiencia e interesado en la caza, la arboricultura, la marquetería y el teatro de Lope de Vega y de Calderón… en todo lo que lo rodea, con excepción de su mujer. Su desinterés marital actúa como detonante en la trama de la novela que gira en torno a la elección, por parte de Ana, de un sustituto para el regente retirado.

El caso era que a mi media naranja, como al don Víctor de la historia, se le habían apagado los fuegos pasionales. No nos dábamos más que besitos de buenas noches y un achuchón raquítico de Pascuas a San Juan. Aunque, en su honor sea dicho, las cosas no habían sido siempre tan sosas entre nosotros. Cuando nos conocimos tenía un motor en el escroto. Tanto, que terminamos enroscados en el piso de su oficina la primera vez que nos vimos, cuando fui a pedirle trabajo en la facultad de Artes y Letras de La Habana.
Nuestros caminos se cruzaron después que perdí mi puesto de profesora en la universidad de Las Villas. Y el puesto lo perdí por culpa de un accidente que, al lanzarme de mi nido académico de una patada, me llevó a buscar refugio en la capital. Por eso dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos. El problema es que a veces al Altísimo se le va el santo al cielo y le da unos retorcijones de contorsionista al guión que acaban con cualquiera.

Todavía recuerdo hasta el más mínimo detalle del accidente —como se recuerda, en la oscuridad de la madrugada, entre crispaciones de miedo, el argumento entero de una película de horror. Pedaleaba de vuelta a casa una noche, después de terminar las clases, cuando un camión cargado de lechugas embistió por detrás mi bicicleta china, una Forever roja bien traqueteada. El topetazo me hizo aterrizar en el pavimento. Fue un instante de confusión espacial, en que creí que la tierra se había alzado hasta mi cabeza para soltarme el batacazo. Sentí el dolor de los huesos al hacerse trizas y olí la peste a goma quemada de una de las ruedas delanteras del camión, que se detuvo a centímetros de mi rostro. Todo esto mientras las lechugas se desparramaban por todas partes en una explosión vegetal.

bici

En el juicio dijeron que la culpa había sido mía por no llevar reflector en la bicicleta. ¿Cómo lo iba a llevar si me lo habían robado una semana antes? Pero el chofer del camión tenía un aliento etílico capaz de tirar para atrás a Baco, de modo que el juez lo condenó a tres meses de cárcel. El borrachón salió mejor que yo, que pasé seis sin poder salir ni a la esquina. Prisión domiciliaria decretada por las dos piernas fracturadas, un brazo dislocado y las costillas convertidas en un rompecabezas óseo.

Lo peor fue que, además de descuajeringarme el esqueleto, el accidente me dejó un poco desequilibrada de los nervios. Estrés postraumático, me dijo mi psiquiatra, el doctor Cantoya, que se le llama científicamente a lo que me pasó. Durante años la vista de un camión me provocaba escalofríos y temblores, al punto de volver corriendo a casa si encontraba uno por la calle. Vomitaba cuando me ponían delante una ensalada de lechuga y no subía a una bicicleta ni aunque me pagasen mi peso en oro.

Al regresar a la universidad, más o menos restablecida, comprobé que el que fue a Sevilla —o en mi caso, al hospital— perdió la silla, el sillón y hasta el orinal. Mi cátedra estaba cerrada y me encontré en la calle y sin llavín. El decano me informó, con muchísima pena, que mi plaza había sido evaluada como “no imprescindible” durante aquellos meses de ausencia forzada. Corrían entonces los duros noventa y la enseñanza de narrativa española decimonónica no ocupaba un lugar preferencial en la mente de los burócratas.
¿Cómo ganarme la vida en Las Villas? No había muchas opciones para una hispanista desempleada. O me dedicaba a limpiar pisos en el hotel Ancón, o empezaba a arreglar uñas, o buscaba trabajo en una pizzería clandestina. Qué va. Adiós, cordera, me dije y vine a recalar a La Habana, donde me las vi negras al principio. Con mi padre no podía contar. Había perdido su cargo en el ejército cuando el brete de Arnaldo Ochoa y vivía refugiado en casa de sus suegros, que no me iban a admitir también a mí por mi cara bonita.

Tuve que apencar con tía Nena, la hermana de mi madre, que era una vieja resabiosa, y colocarme como maestra de español en una secundaria llena de fieras púberes. Los alumnos mayores fumaban en los baños, decoraban las paredes con obscenidades de barrio bajo y robaban a mano sucia en el salón de profesores. Los más chicos me tiraban bolas de papel, mocos endurecidos y cáscaras de naranja cuando me volvía de espaldas para escribir en la pizarra, y armaban batallas campales con los cuadernos en medio de la clase. Estaban en la edad del pavo elevada al cubo y no había quién los aguantara.
A los dos meses de lidiar con aquellas bestezuelas se me ocurrió ir a la universidad de la Habana para enterarme de si había una plaza vacante. Lo dudaba, pero como la peor gestión es la que no se hace… Me preparé con todas las armas que tenía a mi disposición. El escudo fue un cartapacio con mi expediente laboral, copias de mis evaluaciones y una carta de recomendación llena de elogios que me diera el decano de Las Villas cuando me despidió. La armadura consistía en un vestido rojo, cortito y bastante desvergonzado, con escote de recepción.

Llegué a la facultad de filología y pregunté por el departamento de Letras Hispánicas.
—Queda al lado del baño de las mujeres —me informó la recepcionista, y añadió al notar mi expresión de desubicada—: Enseguida lo encuentras, muchacha, guíate por el olor.

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Seguí el tufillo, que era difícil de ignorar, y me presenté muy frescamente ante el jefe de cátedra —cargo tan poderoso en nuestro ambiente como el de un regente de Audiencias. Me recibió un tipo canoso, aunque todavía interesante. El que más tarde se convertiría en don Víctor, pero que in illo tempore era un cincuentón de buen ver.
—¿No necesitarán aquí una instructora de literatura española? —le pregunté a boca de jarro, sonriéndole con toda la sandunga que pude destilar.
—Las necesidades se fabrican cuando hace falta —me contestó, campechano—. ¿Trajiste tu expediente?
Saqué mi pedigrí académico y se lo entregué. Él se caló unas gafas montadas al aire, modernísimas, muy profesorales, y empezó a revisar el documento. Me despedacé cuatro uñas mientras duró aquella lectura, que se me antojó interminable.
—Tienes un currículum de primera —comentó al fin, aunque mirando para mi trasero, no para el expediente.
—Gracias.
—El problema es que en estos momentos no hay ninguna plaza abierta en la sección de literatura —empezó a ponérmela difícil—. Y aunque veo que terminaste la maestría, preferimos contratar a instructores que ya tengan un doctorado.
—Estoy dispuesta a empezarlo este mismo año si me dan la oportunidad de trabajar de nuevo en la universidad, compañero —le contesté—. Fíjese usted que tengo dos especialidades: literatura peninsular y lingüística española. Pero ahora estoy enseñando gramática en una secundaria horrible, con unos estudiantes que se le escaparon a Lucifer —y puse una carita compungida, de náufraga en apuros.
— Pues a lo puedo hacer algo por ti —carraspeó y me echó otra ojeada radiográfica—. Da la casualidad de que el único profesor de lingüística que tenemos en el departamento está a punto de retirarse. ¿Has estudiado a Noam Chomsky? Porque ahora sus libros son material obligatorio.
—¡Claro que sí! Hasta impartió un taller a nuestra clase en el ochenta y nueve. Conozco su obra al revés y al derecho, modestia aparte.
—A ver, a ver…
chomsky

Me concentré y regurgité todo lo que recordaba sobre el estructuralismo de Chomsky. El jefe me escuchaba con aspecto de estar impresionado por mi bagaje cultural. Al poco rato pasamos de la lingüística a la lengua y del material obligatorio a mi nalgatorio y terminamos revolcándonos en el piso de la oficina. Tenía mosaicos verdes y olía a polvo, a churre acumulado y al orine del baño, que como dije antes quedaba justo al lado. En fin. Salí de allí con el vestido sucio y tremendo dolor de espaldas porque todavía no se me habían acotejado los huesos desprendidos durante el accidente, pero pesqué el trabajo. Quid pro quo.
Así empezó el romance con don Víctor y yo me convertí en profesora de lingüística y en la favorita del mandamás. Vamos, en la sultana departamental. Me volví una Regenta criolla que reinaba, aunque no gobernase, en aquel micromundo universitario. A los pocos meses se abrió una plaza para enseñar literatura española y excusado es decir que pasé a ocuparla sin más trámites ni protocolo.
A veces, cuando nos poníamos románticos, mi marido y yo rememorábamos la primera vez en que el suelo nos sirvió de lecho nupcial y enredábamos las lenguas pensando en Chomsky. Pero no con mucha frecuencia, por desgracia.

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