Entrevista a Serial Books

Editorial: Serial Books
País: España
Dirección de contacto: info@serialbooks.org
Sitio en la red: http://serialbooks.org

Las novelas por entregas tienen antecedentes literarios de muy limpia reputación, como El conde de Montecristo de Dumas, Madame Bovary, de Flaubert, y Los papeles póstumos del Club Pickwick de Dickens. En España, Benito Pérez Galdós usó este método con Doña Perfecta y La sombra, publicados en La Revista de España, aunque luego se burlara despiadadamente del “folletín” en varias de sus novelas. Por supuesto, en el género había de todo, como en botica, y no todo era oro en paño.
En la actualidad, la Internet facilita el proceso de distribución de la novela por entregas. Hoy entrevisto a una de las editoras de Serial Books, Lourdes Díaz, que rescata este método y lo lleva al mundo digital.


Teresa Dovalpage: ¿Cómo se les ocurrió la idea de una editorial especializada en “libros por entrega”?
Lourdes Díaz: Cuando surgió la idea de Serial Book fue sobre todo por dos motivos: primero porque después de haber estado en dos grandes editoriales como RBA y Planeta me inquietaba la poca mediación del editor entre autor y lector; y segundo porque gracias a la tecnología del siglo XXI, el escritor no tiene que encerrarse uno o dos años en casa a escribir, sin feedback, solo y sin saber si su libro será publicado después de todo el esfuerzo. Serial Books pone en contacto a los autores con los lectores y te ofrece la posibilidad de ser seleccionado para publicarte desde el episodio uno. Todo ello a través de entregas seriadas cada lunes y gratis.

Teresa Dovalpage: Lo de gratis me parece tan bueno como la idea de la serie. ¡Gracias por poner buenas lecturas a la disposición de los lectores! Me han gustado mucho las tres primeras entregas de Roberto Martínez Guzmán, Luis Acebes y Llorenc Castañer. ¿Están buscando nuevos autores? ¿Deben cumplir éstos (o sus ideas) alguna condición previa para formar parte de Serial Books?
Lourdes Díaz: Sí. Estamos buscando nuevas voces que se sumen al proyecto de Serial Books. De hecho, nos importa mucho publicar nuevos talentos en el mercado de habla hispana. El equipo editorial, después de una selección que escoge a los autores, les ofrece una manual de estilo de Serial Books, que les orientará en la forma de escritura en serie y por entregas. Es bastante sencillo.

Teresa Dovalpage: Así que animo a los autores-lectores que pasen por aquí para que escriban a Serial Books con sus propuestas. ¿Aceptan ustedes manuscritos completos, con la salvedad de que podrían ser modificados según el criterio y las sugerencias de los lectores? Esta pregunta se debe a que muchos de los que consultan mi blog son autores que tienen más de un manuscrito “en la gaveta” y están tratando de encontrar editor.
Lourdes Díaz: Aceptamos manuscritos siempre y cuando el escritor tenga en cuenta que la historia puede ser reconducida o modificada por las sugerencias de los lectores o por la adaptación a entregas seriadas.

Teresa Dovalpage: ¿Hay algún tema específico sobre el que les interese publicar en estos momentos en las diferentes categorías (policíaca, novela, comedia, relatos y no ficción) de la editorial?
Lourdes Díaz: Somos inquietos y curiosos así que estamos abiertos a todo tipo de categorías tanto de ficción como de no ficción. Nos atraen las buenas historias y la capacidad de “contar” y “transmitir”.

Teresa Dovalpage: Y cualquier otra cosa que gusten agregar…

Lourdes Díaz: Para terminar, quería decir: A los escritores: en Serial Books pueden “estar en el aire” desde el episodio piloto y conocer la opinión de los lectores a medida que van escribiendo. Serial Books se convierte en un barómetro para los escritores.
A los lectores: que se animen a registrarse gratuitamente en serialbooks.org; sus valoraciones serán muy apreciadas por el editor y el autor.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, Lourdes, y adelante con esas entregas.

Pueden consultar también su página de Facebook

La novela de Facebook: una entrevista a Armando Añel

Originalmente publicada en Sub Urbano Magazine

Armando Añel fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas Erótica y Apocalipsis: La resurrección, la compilación de relatos Cuentos de camino, el poemario Juegos de rol, el libro de ensayos Cuba, el problema y su solución (junto a Enrique Collazo y Ángel Velázquez Callejas) y las biografías Instituto Edison: Escuela de vida y Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios. Reside en Miami y con su esposa Idabell Rosales lleva adelante Neo Club Ediciones.

Armando

Teresa Dovalpage: ¿Cómo se te ocurrió la idea de La novela de Facebook?

Armando Añel: Desde hace un tiempo, en Neo Club Ediciones, desarrollamos una labor de apoyo a los escritores independientes en Cuba. Por desgracia, no siempre contamos con fondos o patrocinios estables para llevarla a cabo, y debemos estar “a la viva” para encontrarlos. Fue precisamente pensando en cómo conseguir patrocinio para poder publicar la decena de libros que tenemos a la espera, de escritores residentes en la Isla, que se me ocurrió escribir esta novela interactiva. La idea es que los fondos sirvan para poder celebrar la segunda edición del Festival VISTA en Miami, en el marco del cual, precisamente, se presentarían algunos de estos libros de escritores cubanos.

Teresa Dovalpage: Qué bien, así que tiene un objetivo altruista y todo. ¿Existe una trama básica sobre la que construyes la historia añadiéndole personajes o la trama se hace sobre la marcha?

Armando Añel: Digamos que la trama básica es bastante simple: Este es un libro narrado en primera persona donde el autor describe cómo, tras resistirse durante mucho tiempo a abrir una cuenta en Facebook, finalmente se convierte en un adicto a esta red social. Por el camino, sus experiencias se nutren de las de los diversos protagonistas, también con cuentas en Facebook. Es así que se entrecruzan las diversas subtramas en el marco de la trama principal.

Teresa Dovalpage: Muy interesante, un laberinto literario, un jardín feisbucero con senderos (virtuales) que se bifurcan… Hasta el momento, ¿cuántos personajes tienes? ¿Y los escenarios, de dónde salen?

Armando Añel: Ya existen alrededor de 50 personajes, o donantes-protagonistas. Calculo que pasarán de 100 antes de que cierre la escritura de la novela –quizá la primera de una saga– en el otoño de este año. En cuanto a los escenarios, la gran mayoría son mi muro de Facebook y los de mis amigos. Por supuesto, hay situaciones y anécdotas que trascienden el marco de Facebook, pero siempre a partir de personas que están en Facebook y las traen a colación.

Teresa Dovalpage: Bueno…personas o animales, ¿verdad? ¡Y quién sabe si plantas! Yo conozco algunos cactus muy personalizables… ¿Cómo puede la gente involucrarse en La novela de Facebook?

Armando Añel: Simplemente, todo aquel que tenga una cuenta en Facebook puede localizar el evento escribiendo en el buscador –situado en la barra superior que aparece en la pantalla, esquina izquierda—LA NOVELA DE FACEBOOK:

https://www.facebook.com/events/1415312925450906/

Una vez que das clic y entras a la página del evento, puedes leer un encabezamiento donde se explican los detalles. Hay varias categorías de participación. Cualquier pregunta puede hacerse directamente escribiendo sobre ese muro, y yo la responderé el mismo día.

Teresa Dovalpage: Me comentabas que haces muchos trabajos literarios. Eso me puso muy contenta, ¡alguien que vive de su escritura! Cuéntame un poquito más sobre lo que haces.

Armando Añel: Gracias, querida Teresa. Junto a mi esposa, Idabell Rosales, llevamos Neo Club Ediciones, una empresa que no solo edita y publica libros, sino que también los escribe por encargo. Yo soy ghostwriter. Si usted tiene una historia que contar y no sabe cómo hacerlo, o no le alcanza el tiempo para hacerlo, yo me encargo. También tenemos Neo Club IT, que fusiona edición con tecnología. Hacemos blogs, portales para empresas, periódicos, etc., además de publicidad online. Para contratar estos servicios pueden escribirnos a ediciones@neoclubpress.com

Teresa Dovalpage: ¡Cuántas cosas! Pues ya te voy a pedir la receta para el tiempo. Entre tus muchos proyectos está la promoción cultural en Miami. ¿Algo interesante que quieras anunciar para el verano?

Armando Añel: Precisamente, como ya sugerí arriba, La novela de Facebook forma parte de un esfuerzo de búsqueda de fondos para poder celebrar la segunda edición del Festival VISTA, del Arte y la Literatura Independiente de Miami, este verano. Es casi seguro que celebraremos ese festival en julio próximo, a más tardar en agosto, porque cuando nos proponemos algo terminamos haciéndolo. Siempre ha ocurrido así, y esta vez no tiene por qué ser la excepción.

Teresa Dovalpage: Claro que lo harán. ¡Muchos éxitos y adelante con La novela de Facebook! Recomiendo a los lectores que sigan esta aventura por medio de la página de Facebook del proyecto, donde habrá noticias de última hora sobre cómo contribuir a una campaña de crowdfunding…y muchas sorpresas más.

Una cena en El Conejito

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Ya que hablamos de graduaciones, esta foto es del día siguiente a mi graduación de la Licenciatura en inglés, en La Habana, en el restaurante El Conejito. Con mi abuela y mi novio chileno…ay, cuántos años hace de eso…

Photo of El Conejito

El Conejito

Restaurants: El Conejito

El difunto Fidel

El difunto Fidel

Sobre una tumba una rumba

Por supuesto que acepto hablar con usted, señora. Encantado de la vida. Es decir, encantado de la muerte. A mí se me quedaron un burujón de cosas por decir y le agradezco, cómo que no, le agradezco que me dé la oportunidad de desahogarme. Además, hablando quizás se aclaren algunos puntos oscuros de mi existencia terrenal que me siguen mortificando hasta en el más acá.

Tampoco tengo mucho qué hacer. Aquí uno se lo pasa más aburrido que una ostra en conserva, y para colmo rodeado de espíritus que no hablan ni español. Me tocaron de compañeros de viaje astral un montón de gringos malhumorados, acabados de salir del hospicio, y todavía no he tropezado con ningún compatriota. Hasta el momento, la cosa ha sido de English only, estilo Arizona. Le ronca el merequetén.

Sí, soy Philip Carballo, más conocido por Fidel… en otra encarnación. Es decir, en la misma técnicamente, pero como las dos mitades de mi vida fueron tan distintas creo que puedo decir que nací Fidel en La Habana y reencarné como Philip aquí en Miami. Soy (perdón, fui, es que todavía no me acostumbro a hablar de mí en pretérito) el dueño de una oficina de bienes raíces situada en el downtown, Carballo Properties. ¿Le suena? Claro, seguro que ha visto alguna vez mi anuncio en El Nuevo Herald: “Carballo Properties, donde la casa de sus sueños es el sueño de nuestros corredores.” Original, ¿no cree? Se me ocurrió a mí.

Y ya usted conoció a Dalila, mi mujer. Bueno, bueno, mi viuda. Da la impresión de ser una esposa a la antigua, sumisa y calladita. Pero no se confíe, Encarnación. Ahí donde usted la ve, con su cara de que no rompe un plato, le entran unos ataques súbitos de malhumor en los que, si la dejan, vira el mundo al revés. Tiene obsesión con las telenovelas y con su gato Fluff —ella le dice Flo porque nunca aprendió a pronunciar el inglés, la pobre. No diré que haya sido una mala mujer o una madre desmadre, pero tiene sus conchas.

A mi hija mayor, que nació en Cuba hace veintiséis años, le pusimos Katia porque todo lo ruso estaba de moda entonces. Eran los tiempos de tovarich para aquí y camarada para allá y de cantar La Internacional hasta en la ducha. Pero cuando llegamos a Miami se transformó en Kathy. Me odia, o al menos daba la impresión de odiarme, simplemente porque me tocó en suerte ser su padre. (Dios mío, qué daño nos hizo Freud.) Tiene una bebé de dos años concebida por producción independiente. Vaya, con aire y una jeringuilla, ya sabe usted cómo son esos inventos modernos. Yo, desde luego, prefiero el método tradicional…

A mi hijo menor, el único nacido en Estados Unidos, se me ocurrió llamarlo William para que saliera un tenorio como Clinton. No, no, de demócrata nada. Yo soy republicano de hueso colorado, y a mucha honra, lo que me ha costado varios disgustos con los muchachos. Elefante hasta la muerte, quiero decir, hasta en la muerte, pero honor a quien honor merece, ¿no?

Ahora, con Bill me cogí el dedo con la puerta, y digo el dedo por no decir algo peor. En fin, ya llegaremos a eso. Mi hijo habla y entiende español aunque a cada rato suelta una palabreja en inglés, sobre todo cuando se pone nervioso. Y el nerviosismo lo ataca con una frecuencia alarmante. ¡Lo que sufre un padre, señora, usted no se lo puede imaginar! Aunque las madres también sufren, desde luego. Por cierto, ¿usted tiene hijos, Encarnación? ¿Está casada, divorciada o…?

Disculpe, ya sé que esta conversación es sobre mí. No me lo tome a mal, es que no me gusta ser el único que hable todo el tiempo. Uno de los primeros consejos que me dieron en un curso de relaciones interpersonales que tomé fue become a good listener. Y me sirvió de mucho en el negocio, la verdad.

Pues hace quince días, señora, todavía un servidor estaba vivito y coleando, aunque hecho tierra por culpa de esta maldita crisis. Debía tres meses de hipoteca y había llegado al límite de mi MasterCard. (Visa ya me había cancelado el crédito, igual que American Express.) No me había aparecido ni un solo cliente en toda la semana. Para la siguiente, lo único que apuntaba en el horizonte era una cita con un costarricense que buscaba algo viejo, chiquito y barato en Hialeah. La situación estaba negra con pespuntes grises, por cualquier lado que se le mirase.

Aquella tarde entré a mi casa con la correspondencia en la mano. Mi mujer trajinaba en la cocina y sólo Flo, echado como un príncipe ruso en la mejor butaca de la sala, me recibió con un bufido. Flo no tiene pulgas, que yo sepa, pero si las tuviera serían malísimas.

Callie - Photo Credit: © Sally Knowles

Examiné los sobres, abrí uno y solté tres carajos. Era un cheque sin fondos que me devolvía el banco —que rebotaba, como dicen aquí. Guardé el papel en un bolsillo del pantalón, pero abultaba demasiado. Entonces lo escondí debajo del sofá. Cuando me incorporaba entró mi mujer, que sin tomarse la molestia de darme las buenas tardes me espetó:

—¿Qué se te perdió por el piso?

—Nada —le contesté.

No tenía ganas de hablar de negocios ni de lo mal que me iba. Dalila no podía ayudarme, así que preferí ahorrarle las malas nuevas.

—¿Cómo que nada si te sorprendí ahí agachado?

—Ah, estaba recogiendo una bola de pelos. Esta casa parece una barbería por culpa de ese bicho asqueroso.

—No empieces a meterte con Flo desde que llegas —fue hasta la butaca y le dio un beso en el hocico a Flo—. No haga caso, mi amor. Usted es aquí el number one.

—El día que me encabrone voy a agarrar al gato por la cola y a botarlo para el mismísimo medio de la calle —le advertí.

—Y detrás de él vas tú. ¿Cómo te cae?

Después nos dijimos otras impertinencias. Por suerte, con la discusión mi mujer se olvidó de lo que había quedado debajo del sofá. Yo pensé en recoger el sobre más tarde, pero no me dio tiempo y acabé olvidándome de él también.

Fui al cuarto a cambiarme de ropa (siempre iba a la oficina con traje y corbata, aunque hubiera cuarenta grados Fahrenheit) y media hora después llegaron los muchachos. Kathy tiene su propio apartamento en Westchester, pero no sabe cocinar y come con nosotros cuatro veces a la semana. Luego se lleva en un cacharro la ración de su hija y hasta algo para el día siguiente. Así cualquiera es liberada y feminista, no digo yo.

En aquellos momentos, naturalmente, no podía oír lo que conversaban. Pero como esto es un flashback desde el más acá, paso a relatarle el contenido de la charla.

—Bill, pierde el miedo —le decía Kathy a Bill—. Aprende a defender el derecho a ser quien eres, a preservar tu propia identidad y tus derechos.

(O algo similar; es su estilo de publicista barata.)

—Eso se dice fácil.

—Y se hace. Mírame a mí. ¿No tuve yo a mi hija sin ayuda de nadie y la estoy criando sola? Chico, lo tuyo es agua de borrajas al lado de mis problemas.

—Pero tú eres distinta. Tú naciste en Cuba.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Mucho. Ustedes, los cubanos, tienen la sangre caliente. Son really bold… decididos. Timbalúos, como dice el viejo.

—En ese caso, considérate cubano honorario. Al fin es que tenemos los mismos genes.

—Mejor dejamos a los genes tranquilos que ya los míos me han causado bastantes líos.

Fue entonces que Dalila y yo entramos con tazas de café en las manos —café marca La Llave, oloroso y recién colado. (Carijo, cómo lo extraño aquí. Más que al ron y más que a las mismas mujeres.)

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—¿Quieren café, muchachos? —les brindó.

—Yo prefiero un tecito, mom —contestó Bill con un floreo de manos.

Cada vez que lo sorprendía haciendo esos gestos de galán de opereta me daban ganas de meterlo en el Army con tres patadas por las nalgas, aunque lo zumbaran directo a Afganistán. Me encaré con él y le pregunté:

—¿Te duele la barriga?

—A la gente no tiene que dolerle la barriga para tomar té —saltó Kathy.

—Ya se metió la defensora del pueblo.

—No se trata de defender a nadie, viejo. Sencillamente, a mi hermano no le gusta la cafeína.

—¿Y él no tiene lengua para decirlo?

—Dejen de gastar saliva por gusto que té no hay —Dalila cortó el hilo de la discusión antes de que siguiera enredándose y terminásemos hablando a gritos—.Bill, o tomas café o no tomas nada.

—No tomo nada entonces.

Y se escurrió para su cuarto. Dalila le trajo café a Kathy, agarró al gato y se lo puso en el regazo, desentendiéndose del mundo. Mi hija empezó a buscarme las cosquillas:

—¿Cómo va el negocio, viejo?

Ella sabía lo que me molestaba que me llamaran viejo —que además no lo era, a los cuarenta y nueve años. Le contesté lo más seco que pude:

—Bien.

—Bien con jota, querrás decir. Acabo de oír por radio que no se vende ni un apartamento en todo el estado de la Florida. La cosa está candente.

No le hice caso a ver si se callaba, pero siguió metiendo el aguijón.

—¿Tú sabes que Mayda, una compañera de trabajo, casi pierde su condominio? Después de pagar la hipoteca religiosamente durante cinco años, le subieron la letra mensual a más del doble… Imagínate, de mil doscientos a casi tres mil dólares. ¿Y con qué se sienta la cucaracha?

—La culpa la tienen ustedes —le dije al fin, por decir algo—. ¿Por qué se han metido a trabajadoras sociales? Aquí lo que da dinero es la libre empresa.

—Pero nosotras contamos con un cheque seguro todas las quincenas.

—Buena basura. Yo no vine de Cuba a trabajar para nadie. Llegué a Miami con una mano delante y la otra atrás…

—Menos mal que no te tuviste que quitar ninguna de su sitio.

—Y he llegado a ganar hasta cuarenta mil dólares en un mes, tan solo con las comisiones. Una cantidad que no consiguen ustedes en un año completo. ¿Es así o no es así?

—Eso sería en la época de las vacas gordas, porque lo que es ahora…

—Ahora es lo mismo, chica. ¿Qué entiendes tú de real estate?

Dalila intervino:

—¿Y qué pasó con esa amiga tuya, niña?

—Que tuvo la gran suerte de que el marido se muriera… Ay, qué feo sonó eso. Quiero decir, que el marido tuvo la desgracia de matarse en un accidente. Se estrelló contra un Hummer en la Avenida Collins.

Mi mujer puso cara de consternación, aunque ella no conocía a esa gente ni le importaba un pito lo que les pasara.

—Qué horror. Nada menos que contra un Hummer. Pobre hombre, se desbarataría.

—Sí, se hizo polvo cósmico. Pero ellos tenían una póliza que les garantizaba, en caso de la muerte de uno de los cónyuges, la liquidación de la hipoteca a favor del sobreviviente. La compañía de seguros le pagó hasta el último centavo y ya Mayda es dueña de su casa. Se salvó por un pelo, porque la pobre estaba con la soga al cuello.

Dalila se volvió hacia mí con un interés que no suele mostrar por nada, excepto la televisión y Flo.

—Philip, ¿nosotros tenemos un seguro de ese tipo?

¡Tremenda pájara de mal agüero! Aunque ni me imaginaba que la de la guadaña estuviera pisándome los talones, me incomodé.

—Parece que tienes muchas ganas de quedarte viuda. Pero no te hagas ilusiones, porque el día que yo falte no sé quién va a costearte la buena vida, desde la letra del carro hasta las vacunas del gato. Si esperas por tus hijos, te come el león.

—Ay, no lo tomes por donde quema. Qué susceptible te has vuelto. Bueno… ¿tenemos el seguro o no?

—Sí, Dalila. Sí lo tenemos, desde hace cinco años.

—Gracias a Dios. Porque nadie va a quedarse para semilla, como decía mi madre, que en paz descanse. Hay que estar preparados para cualquier eventualidad. Somos hijos de la muerte y…

—¡Ah, carijo! —exploté—. Llega uno del trabajo y no oye hablar más que de muertes, accidentes, problemas y salaciones… ¡Cállense de una vez o cambien la tonada!

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Compañero Dios

El retorno de la expatriada

Fragmento de El retorno de la expatriada

Qué familia, Buda. ¡Viejo, qué karma más jodido me ha tocado en esta encarnación cubana! Así, ¿cómo va una a avanzar espiritualmente? No chives, con semejante parentela al lado no hay quien alcance la iluminación ni a chanclazos.

Aunque Abuelonga tiene razón en algo: todas nosotras estamos más crazy que un rebaño de cabras. Empezando por Elsa, que si la pinchan suelta vitriolo destilado. Nunca fuimos de esas hermanas que comparten hasta los pintalabios, pero antes no tenía tan malas pulgas ni me soltaba esas patadas de yegua en celo. Hasta me parece que desvaría cada vez que se acuerda de Beiya. La pobre.

Sigue rabiando porque a mí me cayó del cielo la salida de Cuba y a ella no. Pero, señor, ¿quién la mandó a escribir las dichosas cartas al bombo, pidiendo visas para la familia? ¿No lo hizo por su propia voluntad? Pues que no jeringue más y acepte las consecuencias de sus acciones. A mí jamás se me habría ocurrido intentarlo, es cierto. Nosotros no teníamos ni un primo tercero en Miami así que yo pensaba en irme para el norte como habría podido pensar en mudarme a Marte.

También es cierto que, de jovencita, yo era más patriotera que el Martí de la plaza. Cuando cantaba Cuba qué linda es Cuba, quien la defiende la quiere más lo hacía de corazón, hasta se me aguaban los ojos. Además notaba, porque boba no era, que los dirigentes vivían mejor que el resto de la gente, andaban en Ladas nuevos, iban de vacaciones a Varadero y viajaban al campo socialista. De modo que me volví más roja que un mamey en sazón. Y a los americanos les tenía una tirria tal que no los podía ver ni en películas. Lo único que me gustaba del “imperio del mal,” como decía mi maestra de marxismo, eran las fotos de Marilyn Monroe que yo recortaba a escondidas cuando salían en Bohemia o en Opina, de Pascuas a San Juan.

En el preuniversitario me entró un pendejismo ideológico que no había guerrillero que me pusiera un pie delante. Cómo sea, dónde sea y para lo que sea no faltaba a un trabajo voluntario ni a una marcha del pueblo combatiente ni a un mitin relámpago o de repudio. Comandante en jefe se me caía la baba cuando lo iba a ver con su barba ¡ordene! y su uniforme verde olivo a la Plaza de la Revolución.

Gracias al pendejismo, es decir, a mi tremenda integración política, la Unión de Jóvenes Comunistas me premió con una visita a Checoslovaquia. Fue a principios de los ochenta, cuando se usaban los viajes de estímulo y el romance de Cuba con el socialismo europeo, y el mío con la revolución, estaban en su plenilunio. Ésa fue mi primera salida del nido y bien que la gocé. Nos llevaban a todas partes, desde una fábrica de embutidos hasta a una estación de esquí, pasando por un monumento al soldado soviético. El día de la visita al monumento cayó tremenda nevada. A los cubanos se nos congelaron los dedos de los pies porque ninguno de nosotros llevaba botas para esa temperatura de osos polares. Y menos mal que unas almas caritativas nos habían donado guantes y gorras, que si no…

A pesar del frío me divertí como nunca en la vida. En Praga me atraqué de uvas y de manzanas y me sentí turista, diferente, especial. Recuerdo que le pedí a quien estuviera a cargo del mundo (al compañero Dios, le dije, porque yo ni rezar sabía) que me permitiera ver la nieve otra vez y probar de nuevo aquellas frutas que parecían salidas del propio paraíso. El compañero Dios me oyó, aunque le tomó más de diez años concederme la petición.

Buena estrella que tiene una en la vida, mientras que otros, con menos suerte, nacen estrellados. Y mi buena estrella se la debo en gran parte a Elsa, soy la primera en reconocerlo. Dejada a mis arbitrios, yo jamás habría escrito a la Oficina de Intereses. Aquello era cosa de gusanos, de escorias, de contrarrevolucionarios, de…

Pero cuando llegó el sobre amarillo con la notificación de que me había ganado el derecho a una visa americana, me quedé pensando. Pensando fuerte, en uno de esos momentos que le cambian a una el destino. Y concluí que mejor me largaba con viento fresco rumbo a Miami, porque entre el período especial y los apagones y el picadillo de oca podrida cada día íbamos más para atrás, como el cangrejo del cuento. Estábamos en los noventa y el socialismo europeo andaba de capa caída. En Checoslovaquia, que se había desintegrado y ya ni se llamaba así, habían hecho cascajo con el monumento al soldado soviético y lo habían tirado, envuelto en terciopelo, eso sí, al basurero de la historia. En Rumania le habían partido las patas a Ceausescu y los rusos nos habían dicho: “dosvidanya, cubinskis, por acá tenemos mucho que hacer y que arreglar para seguir cargando con ustedes.” Vaya, que este país se estaba yendo a pique como un barco con agujeros.

Me temblaban hasta las pestañas cuando fui a la entrevista con el cónsul americano pues si se enteraba de que yo pertenecía a la Juventud Comunista y que estaba propuesta para el Partido, me quedaba varada en tierra. Pero ahí me tiró otro cabo de misericordia el compañero Dios. Mi entrevistador resultó ser un muchacho joven, rubiecito, apellidado Rice. Me hizo tres o cuatro preguntas tontas y parece que le caí bien porque me dio la visa sin meterse en más averiguaciones. Thank God.

Yo no me había casado ni andaba en relaciones con nadie, por eso me fue fácil decidirme a cruzar el charco: no tenía a quién decirle adiós, excepto a mi familia, a la que no me ataban precisamente lazos de cariño. Había tenido dos amigas después de Maiviz, pero nada de compromisos serios. Unos cuantos encuentros furtivos y después, si te he visto no me acuerdo. En realidad, todavía estaba confundida y creía que los machos que había conocido hasta entonces no me gustaban, pero que a lo mejor un día aparecía El Hombre De Mi Vida, con mayúsculas, como decían las amistades hetero. No sé, quizás pensaba eso porque llamar a alguien tortillera era un insulto grave y yo no me atrevía a reconocer cuánto me atraían las mujeres. Pero todo cambió cuando salí de Cuba.

Cuando salí de Cuba iba con un impulso que ni los pies se me veían de lo rápido que subí al avión, no fuera a ser que a última hora se me descompusiera el viaje. No miré para atrás ni derramé una lágrima. Dejé enterrado mi corazón…Ja, esa canción no va conmigo. Lo único que dejé fueron dos viejas resabiosas, una sobrina malcriada (que en paz descanse la infeliz), la maniática de Elsa y este apartamentico despintado. Dejé la mierda y el mal olor.

Pero al llegar al norte no me tomé la Coca Cola del olvido ni el café de la indiferencia. Cada vez que podía mandaba dinero para que mi madre, Abuelonga y hasta mi hermanújula, loca sin brújula, se mataran el hambre. No habrán sido miles de dólares al mes porque una no es millonaria, pero al menos sin comer no se han acostado gracias a mi trabajo. ¡A mis sacrificios, puñeta! ¿Cuántas veces me privé de cosas que necesitaba por mandar plata para Cuba? Sobre todo al principio, que yo llegué con una mano atrás y otra delante, y nadie que me respaldara. Muchos culos sucios que limpié en un asilo de Hialeah y muchas mesas que serví en los restauranticos baratos de la Calle Ocho y muchos pisos que trapeé en los moteles de Miami Beach.

Me molesta que Elsa no vea esa parte. Si vamos a creerla, soy una ingrata porque no le besé las patas cuando me dieron la visa, pero ¿alguna vez me ha dado ella las gracias por haberles llenado el buche durante todos estos años?

Pst. No sé ni por qué dejo que esas sandeces me incomoden. Elsa está traumatizada, hecha leña por lo que le pasó. Más vale tomar con filosofía sus impertinencias, hacerme la disimulada, pues va y ni se da cuenta de lo que está diciendo. La pérdida de una hija debe ser algo horrible y más aún en las circunstancias en que pasó. Aunque ella tampoco fue una madre de vanguardia. Bastantes golpes que le daba a la chiquita, con motivos o sin ellos, y bien que la insultaba a gritos por cualquier nimiedad. ¡Encima se queja porque Beiya prefería contarme sus cositas a mí! Angelita, ¿qué iba a hacer cuando su madre le soltaba cuatro chillidos a la menor provocación y jamás se sentaba a hablar con ella ni le hacía un cariño? Y ahora viene haciéndose la sufrida. Manda carajete esto.

Punto final. ¡Se acabó! Yo no regresé aquí a desenterrar pleitos ni pendencias, y menos a calentarme los sesos. Si vine fue por Maiviz, no por esta panda de arrebatadas que me ha tocado en la tómbola familiar.

¿Será verdad que antes de nacer escogemos la parentela que nos acompañará en la próxima encarnación? ¿En qué estaba pensando yo cuando seleccioné la mía? ¿Me habré fumado un pito de marihuana astral allá en el limbo? O a lo mejor es el compañero Dios quien me manda estas pruebas, como castigo por las veces en que lo negué.

Cualquiera sabe, eh.

Una escritora de Taos en San Miguel de Allende

Bonnie Lee Black

Última noticia: Su blog, The WOW Factor, quedó en segundo lugar del Premio 2015 New Mexico Press Women Communications .

Bonnie Lee Black

El Festival Internacional de Escritores en San Miguel/ The San Miguel Writers Conference es la reunión literaria bilingüe más grande que se realiza en las Américas. Se celebra todos los años en San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato, México.

Durante el evento, llamado “la encrucijada de América,” se ofrecen talleres y conferencias en inglés y español, paneles, sesiones con agentes literarios y un concurso de escritura.

La conferencia celebró su décimo aniversario en febrero.

Entre los principales oradores de la conferencia de este año estuvieron Alice Walker, Tracy Chevalier, Gloria Steinem y Ángeles Mastretta.

La escritora y ex instructora de UNM-Taos Bonnie Lee Black siempre había querido asistir, pero fue en agosto pasado cuando tomó la decisión de ir.

“Estaba mirando la página web y vi que Alice Walker entre los oradores principales,” dijo Black. “Entonces supe que tenía que ir. A Alice Walker no sólo le encantan las colchas, sino que también las colecciona. Desde que mi libro Cómo hacer una colcha africana se publicó en 2013 quise hacer llegar una copia a sus manos. Era una oportunidad única y no podía perderla.”

Conferencias y talleres

El evento con Alice Walker se llamaba “Gracia infinita: la inagotable maravilla de escribir.” Tuvo lugar en el salón de baile del Hotel Real de Minas, con capacidad para más de setecientas personas, que estaba totalmente lleno.

“Resultó ser una conversación entre Alice Walker y Carol Merchasin, autora de Esto es México,” dijo Black. “Trató sobre muchos aspectos de la escritura y de la vida de Alice… una gran entrevista, una charla excepcional entre dos mujeres increíbles.”

Cuando la entrevista se terminó, Black se acercó a Walker mientras la mayoría de los asistentes abandonaban el salón de baile.

“Simplemente le ofrecí el regalo de mi libro,” dijo. “Le dije, ‘No se trata de mí, se trata de las mujeres que hicieron las colchas en África. Yo sólo soy la mensajera.’ Ella me dijo: ‘Entiendo’ y lo tomó. Fue encantadora.”

Black también asistió a otras conferencias como “Convirtiéndose en estadounidense: el camino de un poeta inaugural” con Richard Blanco y “Lograr la Revolución escribiendo” con Gloria Steinem.

Durante los cinco días que duró la conferencia Black tomó varios talleres que se celebraron en tiendas de campaña fuera del hotel. Su favorito fue “¿Enganchado a la historia? La investigación en la ficción histórica,” impartido por Anne Easter Smith.

“Quería saber más sobre cómo hacer investigaciones para la ficción histórica porque estoy escribiendo una novela basada en la vida de mi bisabuela,” dijo Black. “El taller fue muy útil y exactamente lo que necesitaba.”

La historia y el arte se unen en las calles de San Miguel

La ciudad colonial de San Miguel de Allende fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su arquitectura barroca y neoclásica. La ciudad también es considerada la cuna de la revolución mexicana pues allí nació Ignacio Allende, quien luchó junto al Padre Hidalgo por la independencia de México.

San Miguel fue el primer municipio mexicano que se independizó de España. La ciudad, que se llamó originalmente San Miguel el Viejo, cambió su nombre a San Miguel de Allende en 1826.

“San Miguel es un lugar mágico, histórico y lleno de colores,” dijo Black. “Y la gente es muy amable y amistosa. Cada día yo iba a pie desde la casa donde me alojaba hasta la sede de la conferencia y saludaba a todos los que me encontraba por el camino. Les decía ‘buenos días’ y todos me respondían. Cuando llegaba a la conferencia ya sabía que iba a tener un buen día ¡porque me habían deseado ‘buenos días’ por lo menos una docena de personas!”

Black también se quedó admirada con la vibrante vida literaria que anima la ciudad.

“Al igual que Taos, San Miguel es una comunidad de escritores y muchas de las personas que asistieron a la conferencia son escritores que viven o tienen otra casa allí,” dijo. “Me sentía tan feliz… ¡sentía que estaba en medio de mi tribu! También estoy inspirada para seguir trabajando en mi novela histórica. Si te interesa la literatura y te gusta disfrutar de eventos multiculturales, te recomiendo que asistas a esta conferencia.”

Si planeas asistir a la conferencia de 2016:

Matricúlate pronto.

Lleva zapatos cómodos para caminar; las viejas calles empedradas son un reto para los pies.

Lleva una chaqueta, un suéter o camisas de manga larga. San Miguel se encuentra a una altitud elevada y en febrero todavía es invierno así que puede hacer frío.

El Hotel Real de Minas ofrece WiFi gratuito de modo que es posible usar una laptop para conectarte a Internet, pero hay computadoras gratis también.

No te pierdas el Instituto de Bellas Artes, famosa escuela de artes ubicada en un antiguo convento.

¡Prepárate para pasarla muy bien!

Para saber más sobre la conferencia visita http://sanmiguelwritersconference.org

Para conocer más sobre Bonnie Lee Back visita http://bonnieleeblack.com

Celebrando el Mes de la Poesía con Verónica Golos

Originalmente publicado en Taos News

Abril es el Mes Nacional de la Poesía. Así ¿qué puede ser más apropiado que dedicar esta página a una poeta de Taos?

Se trata de Verónica Golos, cuyo último libro, ROOTWORK: The Lost Writings of John Brown & Mary Day Brown, acaba de ser publicado por 3: A Taos Press. Ella vive en Taos con su esposo, el escritor David Pérez, autor del libro de memorias WOW.

La primera obra de Golos, A BELL BURIED DEEP, resultó co-ganadora del 16 Premio Anual Nicholas Roerich de Poesía (Story Line Press), fue nominada para un Premio Pushcart en 2004 por Edward Hirsch y adaptada para la escena en la Escuela de Teología de Claremont en Claremont, California. El libro será publicado de nuevo, en una edición de Tupelo Press.

Otro de sus libros es VOCABULARY OF SILENCE, publicado por Red Hen Press en 2011, que explora la guerra y su testimonio desde la lejanía.

Su labor educativa y editorial

Golos ha enseñado poesía y escritura multigénero para Poets & Writers, Poets House y las Bibliotecas Públicas de Nueva York. Fue Poeta Residente en la Academia del Sagrado Corazón en Greenwich, Connecticut, en 2005, en el Museo de Arte de Nassau y en la Escuela Yaxche de Taos.

Ha dictado también conferencias sobre la enseñanza de Poesía para Niños en la Facultad de Maestros de la Universidad de Columbia y en la Universidad Estatal de Colorado.

Además, es la editora de poesía del Journal of Feminist Studies in Religion (Harvard Divinity School) y la coeditora del Taos Journal of International Poetry & Art.

Consejos a los poetas jóvenes

Cuando le pregunto a la poeta qué consejos les daría a las nuevas generaciones interesadas en la poesía, responde:

“Primero: ¡lee, lee, lee! A veces los escritores nuevos sienten que si leen otros a poetas van a sonar como ellos, pero eso no es malo, en lo absoluto. Si quieres llegar a ser poeta, lee poesía; si eres poeta y quieres dar el próximo paso, lee. Subraya, marca tus libros, copia a mano los poemas que más te gustan, escríbeles a los poemas que te conmueven.”

También recomienda asistir a lecturas de poesía, escuchar a otros poetas, comprar sus libros y conversar con ellos.

“Por último, escribe, escribe, escribe,” dice. “Aprende el oficio. El oficio es una ayuda para ayudar a expresarte; es una herramienta, de modo que úsala.”

En cuanto a enviar poemas con vistas a su publicación, aconseja averiguar dónde tus poetas favoritos envían sus obras y explorar las revistas que estás leyendo.

“Si puedes, asiste a conferencias y festivales,” dice. “Especialmente a aquellos que son para escritores jóvenes. Pero no tengas mucha prisa en enviar tus obras para que las publiquen. Trabaja en tus poemas, busca amistades que también escriban poesía, abre “salones” en tu casa para leer tus obras, lee en micrófonos abiertos. Hay mucho que pulir antes de enviar tus obras para que se publiquen.”
Por supuesto, siempre viene bien enterarse de qué no se debe hacer, qué errores evitar en el camino.

“No te rindas,” dice la poeta. “No tengas prisa. No estés solo, forma un grupo, busca mentores. No tengas miedo. No tenga miedo a leer la obra de otros cuando hagas tus propias lecturas. No tengas miedo de los grandes, copia sus poemas en tus cuadernos. No hagas caso de los consejos negativos.”

Al regreso de una gira exitosa

Golos acaba de regresar de una gira de un mes, durante la cual estuvo promoviendo ROOTWORK ante muchas y diversas audiencias en Kansas, Nueva York y Massachusetts. Cuando le pregunto sobre el efecto de los viajes en su escritura, dice:

“Bueno, me pareció difícil empezar algo nuevo mientras leía, pensaba y hablaba sobre ROOTWORK. Como el libro está basado en el período histórico de la esclavitud en América, debía compartir información para poner algunos de los poemas en contexto. A mí me gusta hacer una cosa y hacerla bien. Así que estaba enfocada en el libro, en las lecturas.”

ROOTWORK es una colección de poemas en las voces de John Brown y Mary Day Brown, abolicionistas blancos que lucharon contra la esclavitud en la América del siglo diecinueve.

John Brown es bien conocido y existen muchos libros escritos sobre él; pero su esposa, Mary Day Brown, no es tan famosa.

“Después de dos años de investigación, encontré la voz comedida del siglo diecinueve muy apropiada,” dice Golos. “La escritura de cartas era el medio de comunicación en esa época. Sentí que para preservar la lengua común debía comprender la sintaxis, el movimiento de las palabras, el tono… Fue todo un reto. Pero había otras cosas que yo quería decir y que no habrían podido ser dichas por ninguna de estas dos figuras históricas así que escribí lo que yo llamo ‘poemas fantasmas’ y poemas ‘cimarrones’ (runaway) en las voces de los esclavizados de esos tiempos. Ahora estoy en una conversación inquieta con la historia de América; especialmente las raíces de América: la esclavitud de los pueblos africanos y el efecto constante que sentimos hoy.”

Muchas felicidades a Verónica Golos y a todos los poetas en este mes. Que sigan enriqueciendo al mundo con sus voces y su sensibilidad artística.

Para saber más sobre Verónica Golos, visite su sitio en la red https://veronicagolos.wordpress.com