Una cena en El Conejito

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Ya que hablamos de graduaciones, esta foto es del día siguiente a mi graduación de la Licenciatura en inglés, en La Habana, en el restaurante El Conejito. Con mi abuela y mi novio chileno…ay, cuántos años hace de eso…

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El Conejito

Restaurants: El Conejito

El difunto Fidel

El difunto Fidel

Sobre una tumba una rumba

Por supuesto que acepto hablar con usted, señora. Encantado de la vida. Es decir, encantado de la muerte. A mí se me quedaron un burujón de cosas por decir y le agradezco, cómo que no, le agradezco que me dé la oportunidad de desahogarme. Además, hablando quizás se aclaren algunos puntos oscuros de mi existencia terrenal que me siguen mortificando hasta en el más acá.

Tampoco tengo mucho qué hacer. Aquí uno se lo pasa más aburrido que una ostra en conserva, y para colmo rodeado de espíritus que no hablan ni español. Me tocaron de compañeros de viaje astral un montón de gringos malhumorados, acabados de salir del hospicio, y todavía no he tropezado con ningún compatriota. Hasta el momento, la cosa ha sido de English only, estilo Arizona. Le ronca el merequetén.

Sí, soy Philip Carballo, más conocido por Fidel… en otra encarnación. Es decir, en la misma técnicamente, pero como las dos mitades de mi vida fueron tan distintas creo que puedo decir que nací Fidel en La Habana y reencarné como Philip aquí en Miami. Soy (perdón, fui, es que todavía no me acostumbro a hablar de mí en pretérito) el dueño de una oficina de bienes raíces situada en el downtown, Carballo Properties. ¿Le suena? Claro, seguro que ha visto alguna vez mi anuncio en El Nuevo Herald: “Carballo Properties, donde la casa de sus sueños es el sueño de nuestros corredores.” Original, ¿no cree? Se me ocurrió a mí.

Y ya usted conoció a Dalila, mi mujer. Bueno, bueno, mi viuda. Da la impresión de ser una esposa a la antigua, sumisa y calladita. Pero no se confíe, Encarnación. Ahí donde usted la ve, con su cara de que no rompe un plato, le entran unos ataques súbitos de malhumor en los que, si la dejan, vira el mundo al revés. Tiene obsesión con las telenovelas y con su gato Fluff —ella le dice Flo porque nunca aprendió a pronunciar el inglés, la pobre. No diré que haya sido una mala mujer o una madre desmadre, pero tiene sus conchas.

A mi hija mayor, que nació en Cuba hace veintiséis años, le pusimos Katia porque todo lo ruso estaba de moda entonces. Eran los tiempos de tovarich para aquí y camarada para allá y de cantar La Internacional hasta en la ducha. Pero cuando llegamos a Miami se transformó en Kathy. Me odia, o al menos daba la impresión de odiarme, simplemente porque me tocó en suerte ser su padre. (Dios mío, qué daño nos hizo Freud.) Tiene una bebé de dos años concebida por producción independiente. Vaya, con aire y una jeringuilla, ya sabe usted cómo son esos inventos modernos. Yo, desde luego, prefiero el método tradicional…

A mi hijo menor, el único nacido en Estados Unidos, se me ocurrió llamarlo William para que saliera un tenorio como Clinton. No, no, de demócrata nada. Yo soy republicano de hueso colorado, y a mucha honra, lo que me ha costado varios disgustos con los muchachos. Elefante hasta la muerte, quiero decir, hasta en la muerte, pero honor a quien honor merece, ¿no?

Ahora, con Bill me cogí el dedo con la puerta, y digo el dedo por no decir algo peor. En fin, ya llegaremos a eso. Mi hijo habla y entiende español aunque a cada rato suelta una palabreja en inglés, sobre todo cuando se pone nervioso. Y el nerviosismo lo ataca con una frecuencia alarmante. ¡Lo que sufre un padre, señora, usted no se lo puede imaginar! Aunque las madres también sufren, desde luego. Por cierto, ¿usted tiene hijos, Encarnación? ¿Está casada, divorciada o…?

Disculpe, ya sé que esta conversación es sobre mí. No me lo tome a mal, es que no me gusta ser el único que hable todo el tiempo. Uno de los primeros consejos que me dieron en un curso de relaciones interpersonales que tomé fue become a good listener. Y me sirvió de mucho en el negocio, la verdad.

Pues hace quince días, señora, todavía un servidor estaba vivito y coleando, aunque hecho tierra por culpa de esta maldita crisis. Debía tres meses de hipoteca y había llegado al límite de mi MasterCard. (Visa ya me había cancelado el crédito, igual que American Express.) No me había aparecido ni un solo cliente en toda la semana. Para la siguiente, lo único que apuntaba en el horizonte era una cita con un costarricense que buscaba algo viejo, chiquito y barato en Hialeah. La situación estaba negra con pespuntes grises, por cualquier lado que se le mirase.

Aquella tarde entré a mi casa con la correspondencia en la mano. Mi mujer trajinaba en la cocina y sólo Flo, echado como un príncipe ruso en la mejor butaca de la sala, me recibió con un bufido. Flo no tiene pulgas, que yo sepa, pero si las tuviera serían malísimas.

Callie - Photo Credit: © Sally Knowles

Examiné los sobres, abrí uno y solté tres carajos. Era un cheque sin fondos que me devolvía el banco —que rebotaba, como dicen aquí. Guardé el papel en un bolsillo del pantalón, pero abultaba demasiado. Entonces lo escondí debajo del sofá. Cuando me incorporaba entró mi mujer, que sin tomarse la molestia de darme las buenas tardes me espetó:

—¿Qué se te perdió por el piso?

—Nada —le contesté.

No tenía ganas de hablar de negocios ni de lo mal que me iba. Dalila no podía ayudarme, así que preferí ahorrarle las malas nuevas.

—¿Cómo que nada si te sorprendí ahí agachado?

—Ah, estaba recogiendo una bola de pelos. Esta casa parece una barbería por culpa de ese bicho asqueroso.

—No empieces a meterte con Flo desde que llegas —fue hasta la butaca y le dio un beso en el hocico a Flo—. No haga caso, mi amor. Usted es aquí el number one.

—El día que me encabrone voy a agarrar al gato por la cola y a botarlo para el mismísimo medio de la calle —le advertí.

—Y detrás de él vas tú. ¿Cómo te cae?

Después nos dijimos otras impertinencias. Por suerte, con la discusión mi mujer se olvidó de lo que había quedado debajo del sofá. Yo pensé en recoger el sobre más tarde, pero no me dio tiempo y acabé olvidándome de él también.

Fui al cuarto a cambiarme de ropa (siempre iba a la oficina con traje y corbata, aunque hubiera cuarenta grados Fahrenheit) y media hora después llegaron los muchachos. Kathy tiene su propio apartamento en Westchester, pero no sabe cocinar y come con nosotros cuatro veces a la semana. Luego se lleva en un cacharro la ración de su hija y hasta algo para el día siguiente. Así cualquiera es liberada y feminista, no digo yo.

En aquellos momentos, naturalmente, no podía oír lo que conversaban. Pero como esto es un flashback desde el más acá, paso a relatarle el contenido de la charla.

—Bill, pierde el miedo —le decía Kathy a Bill—. Aprende a defender el derecho a ser quien eres, a preservar tu propia identidad y tus derechos.

(O algo similar; es su estilo de publicista barata.)

—Eso se dice fácil.

—Y se hace. Mírame a mí. ¿No tuve yo a mi hija sin ayuda de nadie y la estoy criando sola? Chico, lo tuyo es agua de borrajas al lado de mis problemas.

—Pero tú eres distinta. Tú naciste en Cuba.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Mucho. Ustedes, los cubanos, tienen la sangre caliente. Son really bold… decididos. Timbalúos, como dice el viejo.

—En ese caso, considérate cubano honorario. Al fin es que tenemos los mismos genes.

—Mejor dejamos a los genes tranquilos que ya los míos me han causado bastantes líos.

Fue entonces que Dalila y yo entramos con tazas de café en las manos —café marca La Llave, oloroso y recién colado. (Carijo, cómo lo extraño aquí. Más que al ron y más que a las mismas mujeres.)

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—¿Quieren café, muchachos? —les brindó.

—Yo prefiero un tecito, mom —contestó Bill con un floreo de manos.

Cada vez que lo sorprendía haciendo esos gestos de galán de opereta me daban ganas de meterlo en el Army con tres patadas por las nalgas, aunque lo zumbaran directo a Afganistán. Me encaré con él y le pregunté:

—¿Te duele la barriga?

—A la gente no tiene que dolerle la barriga para tomar té —saltó Kathy.

—Ya se metió la defensora del pueblo.

—No se trata de defender a nadie, viejo. Sencillamente, a mi hermano no le gusta la cafeína.

—¿Y él no tiene lengua para decirlo?

—Dejen de gastar saliva por gusto que té no hay —Dalila cortó el hilo de la discusión antes de que siguiera enredándose y terminásemos hablando a gritos—.Bill, o tomas café o no tomas nada.

—No tomo nada entonces.

Y se escurrió para su cuarto. Dalila le trajo café a Kathy, agarró al gato y se lo puso en el regazo, desentendiéndose del mundo. Mi hija empezó a buscarme las cosquillas:

—¿Cómo va el negocio, viejo?

Ella sabía lo que me molestaba que me llamaran viejo —que además no lo era, a los cuarenta y nueve años. Le contesté lo más seco que pude:

—Bien.

—Bien con jota, querrás decir. Acabo de oír por radio que no se vende ni un apartamento en todo el estado de la Florida. La cosa está candente.

No le hice caso a ver si se callaba, pero siguió metiendo el aguijón.

—¿Tú sabes que Mayda, una compañera de trabajo, casi pierde su condominio? Después de pagar la hipoteca religiosamente durante cinco años, le subieron la letra mensual a más del doble… Imagínate, de mil doscientos a casi tres mil dólares. ¿Y con qué se sienta la cucaracha?

—La culpa la tienen ustedes —le dije al fin, por decir algo—. ¿Por qué se han metido a trabajadoras sociales? Aquí lo que da dinero es la libre empresa.

—Pero nosotras contamos con un cheque seguro todas las quincenas.

—Buena basura. Yo no vine de Cuba a trabajar para nadie. Llegué a Miami con una mano delante y la otra atrás…

—Menos mal que no te tuviste que quitar ninguna de su sitio.

—Y he llegado a ganar hasta cuarenta mil dólares en un mes, tan solo con las comisiones. Una cantidad que no consiguen ustedes en un año completo. ¿Es así o no es así?

—Eso sería en la época de las vacas gordas, porque lo que es ahora…

—Ahora es lo mismo, chica. ¿Qué entiendes tú de real estate?

Dalila intervino:

—¿Y qué pasó con esa amiga tuya, niña?

—Que tuvo la gran suerte de que el marido se muriera… Ay, qué feo sonó eso. Quiero decir, que el marido tuvo la desgracia de matarse en un accidente. Se estrelló contra un Hummer en la Avenida Collins.

Mi mujer puso cara de consternación, aunque ella no conocía a esa gente ni le importaba un pito lo que les pasara.

—Qué horror. Nada menos que contra un Hummer. Pobre hombre, se desbarataría.

—Sí, se hizo polvo cósmico. Pero ellos tenían una póliza que les garantizaba, en caso de la muerte de uno de los cónyuges, la liquidación de la hipoteca a favor del sobreviviente. La compañía de seguros le pagó hasta el último centavo y ya Mayda es dueña de su casa. Se salvó por un pelo, porque la pobre estaba con la soga al cuello.

Dalila se volvió hacia mí con un interés que no suele mostrar por nada, excepto la televisión y Flo.

—Philip, ¿nosotros tenemos un seguro de ese tipo?

¡Tremenda pájara de mal agüero! Aunque ni me imaginaba que la de la guadaña estuviera pisándome los talones, me incomodé.

—Parece que tienes muchas ganas de quedarte viuda. Pero no te hagas ilusiones, porque el día que yo falte no sé quién va a costearte la buena vida, desde la letra del carro hasta las vacunas del gato. Si esperas por tus hijos, te come el león.

—Ay, no lo tomes por donde quema. Qué susceptible te has vuelto. Bueno… ¿tenemos el seguro o no?

—Sí, Dalila. Sí lo tenemos, desde hace cinco años.

—Gracias a Dios. Porque nadie va a quedarse para semilla, como decía mi madre, que en paz descanse. Hay que estar preparados para cualquier eventualidad. Somos hijos de la muerte y…

—¡Ah, carijo! —exploté—. Llega uno del trabajo y no oye hablar más que de muertes, accidentes, problemas y salaciones… ¡Cállense de una vez o cambien la tonada!

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Compañero Dios

El retorno de la expatriada

Fragmento de El retorno de la expatriada

Qué familia, Buda. ¡Viejo, qué karma más jodido me ha tocado en esta encarnación cubana! Así, ¿cómo va una a avanzar espiritualmente? No chives, con semejante parentela al lado no hay quien alcance la iluminación ni a chanclazos.

Aunque Abuelonga tiene razón en algo: todas nosotras estamos más crazy que un rebaño de cabras. Empezando por Elsa, que si la pinchan suelta vitriolo destilado. Nunca fuimos de esas hermanas que comparten hasta los pintalabios, pero antes no tenía tan malas pulgas ni me soltaba esas patadas de yegua en celo. Hasta me parece que desvaría cada vez que se acuerda de Beiya. La pobre.

Sigue rabiando porque a mí me cayó del cielo la salida de Cuba y a ella no. Pero, señor, ¿quién la mandó a escribir las dichosas cartas al bombo, pidiendo visas para la familia? ¿No lo hizo por su propia voluntad? Pues que no jeringue más y acepte las consecuencias de sus acciones. A mí jamás se me habría ocurrido intentarlo, es cierto. Nosotros no teníamos ni un primo tercero en Miami así que yo pensaba en irme para el norte como habría podido pensar en mudarme a Marte.

También es cierto que, de jovencita, yo era más patriotera que el Martí de la plaza. Cuando cantaba Cuba qué linda es Cuba, quien la defiende la quiere más lo hacía de corazón, hasta se me aguaban los ojos. Además notaba, porque boba no era, que los dirigentes vivían mejor que el resto de la gente, andaban en Ladas nuevos, iban de vacaciones a Varadero y viajaban al campo socialista. De modo que me volví más roja que un mamey en sazón. Y a los americanos les tenía una tirria tal que no los podía ver ni en películas. Lo único que me gustaba del “imperio del mal,” como decía mi maestra de marxismo, eran las fotos de Marilyn Monroe que yo recortaba a escondidas cuando salían en Bohemia o en Opina, de Pascuas a San Juan.

En el preuniversitario me entró un pendejismo ideológico que no había guerrillero que me pusiera un pie delante. Cómo sea, dónde sea y para lo que sea no faltaba a un trabajo voluntario ni a una marcha del pueblo combatiente ni a un mitin relámpago o de repudio. Comandante en jefe se me caía la baba cuando lo iba a ver con su barba ¡ordene! y su uniforme verde olivo a la Plaza de la Revolución.

Gracias al pendejismo, es decir, a mi tremenda integración política, la Unión de Jóvenes Comunistas me premió con una visita a Checoslovaquia. Fue a principios de los ochenta, cuando se usaban los viajes de estímulo y el romance de Cuba con el socialismo europeo, y el mío con la revolución, estaban en su plenilunio. Ésa fue mi primera salida del nido y bien que la gocé. Nos llevaban a todas partes, desde una fábrica de embutidos hasta a una estación de esquí, pasando por un monumento al soldado soviético. El día de la visita al monumento cayó tremenda nevada. A los cubanos se nos congelaron los dedos de los pies porque ninguno de nosotros llevaba botas para esa temperatura de osos polares. Y menos mal que unas almas caritativas nos habían donado guantes y gorras, que si no…

A pesar del frío me divertí como nunca en la vida. En Praga me atraqué de uvas y de manzanas y me sentí turista, diferente, especial. Recuerdo que le pedí a quien estuviera a cargo del mundo (al compañero Dios, le dije, porque yo ni rezar sabía) que me permitiera ver la nieve otra vez y probar de nuevo aquellas frutas que parecían salidas del propio paraíso. El compañero Dios me oyó, aunque le tomó más de diez años concederme la petición.

Buena estrella que tiene una en la vida, mientras que otros, con menos suerte, nacen estrellados. Y mi buena estrella se la debo en gran parte a Elsa, soy la primera en reconocerlo. Dejada a mis arbitrios, yo jamás habría escrito a la Oficina de Intereses. Aquello era cosa de gusanos, de escorias, de contrarrevolucionarios, de…

Pero cuando llegó el sobre amarillo con la notificación de que me había ganado el derecho a una visa americana, me quedé pensando. Pensando fuerte, en uno de esos momentos que le cambian a una el destino. Y concluí que mejor me largaba con viento fresco rumbo a Miami, porque entre el período especial y los apagones y el picadillo de oca podrida cada día íbamos más para atrás, como el cangrejo del cuento. Estábamos en los noventa y el socialismo europeo andaba de capa caída. En Checoslovaquia, que se había desintegrado y ya ni se llamaba así, habían hecho cascajo con el monumento al soldado soviético y lo habían tirado, envuelto en terciopelo, eso sí, al basurero de la historia. En Rumania le habían partido las patas a Ceausescu y los rusos nos habían dicho: “dosvidanya, cubinskis, por acá tenemos mucho que hacer y que arreglar para seguir cargando con ustedes.” Vaya, que este país se estaba yendo a pique como un barco con agujeros.

Me temblaban hasta las pestañas cuando fui a la entrevista con el cónsul americano pues si se enteraba de que yo pertenecía a la Juventud Comunista y que estaba propuesta para el Partido, me quedaba varada en tierra. Pero ahí me tiró otro cabo de misericordia el compañero Dios. Mi entrevistador resultó ser un muchacho joven, rubiecito, apellidado Rice. Me hizo tres o cuatro preguntas tontas y parece que le caí bien porque me dio la visa sin meterse en más averiguaciones. Thank God.

Yo no me había casado ni andaba en relaciones con nadie, por eso me fue fácil decidirme a cruzar el charco: no tenía a quién decirle adiós, excepto a mi familia, a la que no me ataban precisamente lazos de cariño. Había tenido dos amigas después de Maiviz, pero nada de compromisos serios. Unos cuantos encuentros furtivos y después, si te he visto no me acuerdo. En realidad, todavía estaba confundida y creía que los machos que había conocido hasta entonces no me gustaban, pero que a lo mejor un día aparecía El Hombre De Mi Vida, con mayúsculas, como decían las amistades hetero. No sé, quizás pensaba eso porque llamar a alguien tortillera era un insulto grave y yo no me atrevía a reconocer cuánto me atraían las mujeres. Pero todo cambió cuando salí de Cuba.

Cuando salí de Cuba iba con un impulso que ni los pies se me veían de lo rápido que subí al avión, no fuera a ser que a última hora se me descompusiera el viaje. No miré para atrás ni derramé una lágrima. Dejé enterrado mi corazón…Ja, esa canción no va conmigo. Lo único que dejé fueron dos viejas resabiosas, una sobrina malcriada (que en paz descanse la infeliz), la maniática de Elsa y este apartamentico despintado. Dejé la mierda y el mal olor.

Pero al llegar al norte no me tomé la Coca Cola del olvido ni el café de la indiferencia. Cada vez que podía mandaba dinero para que mi madre, Abuelonga y hasta mi hermanújula, loca sin brújula, se mataran el hambre. No habrán sido miles de dólares al mes porque una no es millonaria, pero al menos sin comer no se han acostado gracias a mi trabajo. ¡A mis sacrificios, puñeta! ¿Cuántas veces me privé de cosas que necesitaba por mandar plata para Cuba? Sobre todo al principio, que yo llegué con una mano atrás y otra delante, y nadie que me respaldara. Muchos culos sucios que limpié en un asilo de Hialeah y muchas mesas que serví en los restauranticos baratos de la Calle Ocho y muchos pisos que trapeé en los moteles de Miami Beach.

Me molesta que Elsa no vea esa parte. Si vamos a creerla, soy una ingrata porque no le besé las patas cuando me dieron la visa, pero ¿alguna vez me ha dado ella las gracias por haberles llenado el buche durante todos estos años?

Pst. No sé ni por qué dejo que esas sandeces me incomoden. Elsa está traumatizada, hecha leña por lo que le pasó. Más vale tomar con filosofía sus impertinencias, hacerme la disimulada, pues va y ni se da cuenta de lo que está diciendo. La pérdida de una hija debe ser algo horrible y más aún en las circunstancias en que pasó. Aunque ella tampoco fue una madre de vanguardia. Bastantes golpes que le daba a la chiquita, con motivos o sin ellos, y bien que la insultaba a gritos por cualquier nimiedad. ¡Encima se queja porque Beiya prefería contarme sus cositas a mí! Angelita, ¿qué iba a hacer cuando su madre le soltaba cuatro chillidos a la menor provocación y jamás se sentaba a hablar con ella ni le hacía un cariño? Y ahora viene haciéndose la sufrida. Manda carajete esto.

Punto final. ¡Se acabó! Yo no regresé aquí a desenterrar pleitos ni pendencias, y menos a calentarme los sesos. Si vine fue por Maiviz, no por esta panda de arrebatadas que me ha tocado en la tómbola familiar.

¿Será verdad que antes de nacer escogemos la parentela que nos acompañará en la próxima encarnación? ¿En qué estaba pensando yo cuando seleccioné la mía? ¿Me habré fumado un pito de marihuana astral allá en el limbo? O a lo mejor es el compañero Dios quien me manda estas pruebas, como castigo por las veces en que lo negué.

Cualquiera sabe, eh.

Una escritora de Taos en San Miguel de Allende

Bonnie Lee Black

Última noticia: Su blog, The WOW Factor, quedó en segundo lugar del Premio 2015 New Mexico Press Women Communications .

Bonnie Lee Black

El Festival Internacional de Escritores en San Miguel/ The San Miguel Writers Conference es la reunión literaria bilingüe más grande que se realiza en las Américas. Se celebra todos los años en San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato, México.

Durante el evento, llamado “la encrucijada de América,” se ofrecen talleres y conferencias en inglés y español, paneles, sesiones con agentes literarios y un concurso de escritura.

La conferencia celebró su décimo aniversario en febrero.

Entre los principales oradores de la conferencia de este año estuvieron Alice Walker, Tracy Chevalier, Gloria Steinem y Ángeles Mastretta.

La escritora y ex instructora de UNM-Taos Bonnie Lee Black siempre había querido asistir, pero fue en agosto pasado cuando tomó la decisión de ir.

“Estaba mirando la página web y vi que Alice Walker entre los oradores principales,” dijo Black. “Entonces supe que tenía que ir. A Alice Walker no sólo le encantan las colchas, sino que también las colecciona. Desde que mi libro Cómo hacer una colcha africana se publicó en 2013 quise hacer llegar una copia a sus manos. Era una oportunidad única y no podía perderla.”

Conferencias y talleres

El evento con Alice Walker se llamaba “Gracia infinita: la inagotable maravilla de escribir.” Tuvo lugar en el salón de baile del Hotel Real de Minas, con capacidad para más de setecientas personas, que estaba totalmente lleno.

“Resultó ser una conversación entre Alice Walker y Carol Merchasin, autora de Esto es México,” dijo Black. “Trató sobre muchos aspectos de la escritura y de la vida de Alice… una gran entrevista, una charla excepcional entre dos mujeres increíbles.”

Cuando la entrevista se terminó, Black se acercó a Walker mientras la mayoría de los asistentes abandonaban el salón de baile.

“Simplemente le ofrecí el regalo de mi libro,” dijo. “Le dije, ‘No se trata de mí, se trata de las mujeres que hicieron las colchas en África. Yo sólo soy la mensajera.’ Ella me dijo: ‘Entiendo’ y lo tomó. Fue encantadora.”

Black también asistió a otras conferencias como “Convirtiéndose en estadounidense: el camino de un poeta inaugural” con Richard Blanco y “Lograr la Revolución escribiendo” con Gloria Steinem.

Durante los cinco días que duró la conferencia Black tomó varios talleres que se celebraron en tiendas de campaña fuera del hotel. Su favorito fue “¿Enganchado a la historia? La investigación en la ficción histórica,” impartido por Anne Easter Smith.

“Quería saber más sobre cómo hacer investigaciones para la ficción histórica porque estoy escribiendo una novela basada en la vida de mi bisabuela,” dijo Black. “El taller fue muy útil y exactamente lo que necesitaba.”

La historia y el arte se unen en las calles de San Miguel

La ciudad colonial de San Miguel de Allende fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su arquitectura barroca y neoclásica. La ciudad también es considerada la cuna de la revolución mexicana pues allí nació Ignacio Allende, quien luchó junto al Padre Hidalgo por la independencia de México.

San Miguel fue el primer municipio mexicano que se independizó de España. La ciudad, que se llamó originalmente San Miguel el Viejo, cambió su nombre a San Miguel de Allende en 1826.

“San Miguel es un lugar mágico, histórico y lleno de colores,” dijo Black. “Y la gente es muy amable y amistosa. Cada día yo iba a pie desde la casa donde me alojaba hasta la sede de la conferencia y saludaba a todos los que me encontraba por el camino. Les decía ‘buenos días’ y todos me respondían. Cuando llegaba a la conferencia ya sabía que iba a tener un buen día ¡porque me habían deseado ‘buenos días’ por lo menos una docena de personas!”

Black también se quedó admirada con la vibrante vida literaria que anima la ciudad.

“Al igual que Taos, San Miguel es una comunidad de escritores y muchas de las personas que asistieron a la conferencia son escritores que viven o tienen otra casa allí,” dijo. “Me sentía tan feliz… ¡sentía que estaba en medio de mi tribu! También estoy inspirada para seguir trabajando en mi novela histórica. Si te interesa la literatura y te gusta disfrutar de eventos multiculturales, te recomiendo que asistas a esta conferencia.”

Si planeas asistir a la conferencia de 2016:

Matricúlate pronto.

Lleva zapatos cómodos para caminar; las viejas calles empedradas son un reto para los pies.

Lleva una chaqueta, un suéter o camisas de manga larga. San Miguel se encuentra a una altitud elevada y en febrero todavía es invierno así que puede hacer frío.

El Hotel Real de Minas ofrece WiFi gratuito de modo que es posible usar una laptop para conectarte a Internet, pero hay computadoras gratis también.

No te pierdas el Instituto de Bellas Artes, famosa escuela de artes ubicada en un antiguo convento.

¡Prepárate para pasarla muy bien!

Para saber más sobre la conferencia visita http://sanmiguelwritersconference.org

Para conocer más sobre Bonnie Lee Back visita http://bonnieleeblack.com

Celebrando el Mes de la Poesía con Verónica Golos

Originalmente publicado en Taos News

Abril es el Mes Nacional de la Poesía. Así ¿qué puede ser más apropiado que dedicar esta página a una poeta de Taos?

Se trata de Verónica Golos, cuyo último libro, ROOTWORK: The Lost Writings of John Brown & Mary Day Brown, acaba de ser publicado por 3: A Taos Press. Ella vive en Taos con su esposo, el escritor David Pérez, autor del libro de memorias WOW.

La primera obra de Golos, A BELL BURIED DEEP, resultó co-ganadora del 16 Premio Anual Nicholas Roerich de Poesía (Story Line Press), fue nominada para un Premio Pushcart en 2004 por Edward Hirsch y adaptada para la escena en la Escuela de Teología de Claremont en Claremont, California. El libro será publicado de nuevo, en una edición de Tupelo Press.

Otro de sus libros es VOCABULARY OF SILENCE, publicado por Red Hen Press en 2011, que explora la guerra y su testimonio desde la lejanía.

Su labor educativa y editorial

Golos ha enseñado poesía y escritura multigénero para Poets & Writers, Poets House y las Bibliotecas Públicas de Nueva York. Fue Poeta Residente en la Academia del Sagrado Corazón en Greenwich, Connecticut, en 2005, en el Museo de Arte de Nassau y en la Escuela Yaxche de Taos.

Ha dictado también conferencias sobre la enseñanza de Poesía para Niños en la Facultad de Maestros de la Universidad de Columbia y en la Universidad Estatal de Colorado.

Además, es la editora de poesía del Journal of Feminist Studies in Religion (Harvard Divinity School) y la coeditora del Taos Journal of International Poetry & Art.

Consejos a los poetas jóvenes

Cuando le pregunto a la poeta qué consejos les daría a las nuevas generaciones interesadas en la poesía, responde:

“Primero: ¡lee, lee, lee! A veces los escritores nuevos sienten que si leen otros a poetas van a sonar como ellos, pero eso no es malo, en lo absoluto. Si quieres llegar a ser poeta, lee poesía; si eres poeta y quieres dar el próximo paso, lee. Subraya, marca tus libros, copia a mano los poemas que más te gustan, escríbeles a los poemas que te conmueven.”

También recomienda asistir a lecturas de poesía, escuchar a otros poetas, comprar sus libros y conversar con ellos.

“Por último, escribe, escribe, escribe,” dice. “Aprende el oficio. El oficio es una ayuda para ayudar a expresarte; es una herramienta, de modo que úsala.”

En cuanto a enviar poemas con vistas a su publicación, aconseja averiguar dónde tus poetas favoritos envían sus obras y explorar las revistas que estás leyendo.

“Si puedes, asiste a conferencias y festivales,” dice. “Especialmente a aquellos que son para escritores jóvenes. Pero no tengas mucha prisa en enviar tus obras para que las publiquen. Trabaja en tus poemas, busca amistades que también escriban poesía, abre “salones” en tu casa para leer tus obras, lee en micrófonos abiertos. Hay mucho que pulir antes de enviar tus obras para que se publiquen.”
Por supuesto, siempre viene bien enterarse de qué no se debe hacer, qué errores evitar en el camino.

“No te rindas,” dice la poeta. “No tengas prisa. No estés solo, forma un grupo, busca mentores. No tengas miedo. No tenga miedo a leer la obra de otros cuando hagas tus propias lecturas. No tengas miedo de los grandes, copia sus poemas en tus cuadernos. No hagas caso de los consejos negativos.”

Al regreso de una gira exitosa

Golos acaba de regresar de una gira de un mes, durante la cual estuvo promoviendo ROOTWORK ante muchas y diversas audiencias en Kansas, Nueva York y Massachusetts. Cuando le pregunto sobre el efecto de los viajes en su escritura, dice:

“Bueno, me pareció difícil empezar algo nuevo mientras leía, pensaba y hablaba sobre ROOTWORK. Como el libro está basado en el período histórico de la esclavitud en América, debía compartir información para poner algunos de los poemas en contexto. A mí me gusta hacer una cosa y hacerla bien. Así que estaba enfocada en el libro, en las lecturas.”

ROOTWORK es una colección de poemas en las voces de John Brown y Mary Day Brown, abolicionistas blancos que lucharon contra la esclavitud en la América del siglo diecinueve.

John Brown es bien conocido y existen muchos libros escritos sobre él; pero su esposa, Mary Day Brown, no es tan famosa.

“Después de dos años de investigación, encontré la voz comedida del siglo diecinueve muy apropiada,” dice Golos. “La escritura de cartas era el medio de comunicación en esa época. Sentí que para preservar la lengua común debía comprender la sintaxis, el movimiento de las palabras, el tono… Fue todo un reto. Pero había otras cosas que yo quería decir y que no habrían podido ser dichas por ninguna de estas dos figuras históricas así que escribí lo que yo llamo ‘poemas fantasmas’ y poemas ‘cimarrones’ (runaway) en las voces de los esclavizados de esos tiempos. Ahora estoy en una conversación inquieta con la historia de América; especialmente las raíces de América: la esclavitud de los pueblos africanos y el efecto constante que sentimos hoy.”

Muchas felicidades a Verónica Golos y a todos los poetas en este mes. Que sigan enriqueciendo al mundo con sus voces y su sensibilidad artística.

Para saber más sobre Verónica Golos, visite su sitio en la red https://veronicagolos.wordpress.com

Entrevista a Pedro Medina León sobre Lado B

Pedro Medina Leon

Hoy converso con Pedro Medina León, editor y amigo internauta (espero conocerlo algún día en persona) y excelente escritor.  Es autor de Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami y Lado B, y editor de Viaje One Way. Comenzó como director y creador de SubUrbano Magazine, que luego amplió a SubUrbano Ediciones, y ha realizado varios eventos culturales en Miami.

Esta tarde hablamos sobre su más reciente libro publicado, la  novela Lado B, que me leí una noche de un tirón. Y muy apropiadamente. La noche, como se darán cuenta, es una protagonista más de la historia…

Teresa Dovalpage: ¿Cuál fue la inspiración, la chispa que dio origen a Lado B?

Pedro Medina León: Lado B, como idea, surgió hace muchos años. Una tarde en Key Biscayne, estaba con Diego, un amigo peruano, habíamos llegado a Miami hacía poco. Teníamos el panorama bastante incierto: yo lo único que tenía claro era que quería leer y escribir, no me interesaba absolutamente nada más. A ambos esta ciudad se nos empezaba a revelar totalmente diferente a lo que pensábamos y esperábamos de ella. Diego se fue a California después de un par de años, él es arquitecto, por ahí vio un mejor futuro para él y su esposa. Yo me quedé acá, involucrándome más con la vida miamense, con las calles, con la marginalidad nocturna de South Beach de barras y cafés; y fue ahí donde la historia terminó de tomar forma. Salía a caminar en las noches, con la libreta, el ipod a todo volumen, me sentaba en alguna barra o algún café —según el ánimo—, a observarlo todo, absolutamente todo, y anotar lo que me llamara la atención. Sin darme cuenta empecé a involucrarme mucho con la gente que vive en ese otro lado “poco glamuroso” de Miami Beach: meseros, meseras, cocineros, ex convictos, chicas que vendían su cuerpo al final de la noche pero no eran oficialmente prostitutas, “pimps”, dealers de coca, bartenders, barmans. Como en todo círculo conocí personas geniales, otras no tanto y otras repudiables. Pero descubrí que esta ciudad tiene otro lado, uno muy nocturno y muy marginal. Una vida que empieza cerca de las once de la noche, de lunes a jueves, y se extiende hasta las cinco o seis de la mañana siguiente. Esa vida, esa gente que habita esa vida, son el negativo de la foto en colores de Miami.

Teresa Dovalpage: ¡Bueno, eso debe ser interesantísimo! La hora de la fauna nocturna, de los vampiros, ah… ¡Las cosas que dirán! Y hablando de lo que dicen, y de cómo lo dicen, me gusta mucho que el uso del Spanglish, sobre todo en el personaje de Rubí. Para crear los diálogos ¿te lo inventas o andas con la oreja de guardia por las calles?  Resultan súper naturales.

Pedro Medina León: Así se habla acá. No podría construir personajes locales que hablaran de otra manera. Sobre todo si los personajes son sujetos que llevan una vida entera en Miami, como en el caso de Rubí que no era recién llegada. Te pongo un ejemplo que describe perfectamente lo que digo: esta semana le preguntaron a una compañera de trabajo —nacida acá, pero de padres cubanos— algo y su respuesta fue: no, I think que poner toda esa información sería too much. Una maravilla, ¿no? Yo, al menos, lo disfruto mucho. Entonces, respondiendo concretamente a tu pregunta: ando con la oreja de guardia por las calles.

Teresa Dovalpage: ¡Ese es el trabajo del escritor! Sin las orejas avezadas estamos fritos. ¿Alguna inspiración particular para la creación de tus personajes? Todos, hasta los secundarios como el abogado, están muy bien delineados.

Pedro Medina León: Pues yo soy mucho de detalles para estas cosas. Si te das cuenta, no hay una sola descripción física de los personajes, lo que desarrollo son sus costumbres, gustos, manías, acentos, formas de hablar. Todo ese “paquete” trato de llevarlo de principio a fin con el personaje. La cerveza favorita de algunos es la Heineken, el cigarro que fuman otros es el Lucky Strike, la música que  escuchan otros es Calamaro; entre otras cosas que ya habrás visto por ahí. Todos esos detalles van a lo largo de la lectura. Esas pequeñas cosas le dan bastante precisión al personaje.

Teresa Dovalpage: Claro, y el lector los llega a conocer y a imaginarse cómo lucen, aunque no nos lo digas. Por ejemplo, yo a Rubí me la imagino con unas posaderas enormes, aunque el detalle nunca se menciona. Es la magia de la escritura. Ahora, volviendo a la ciudad, ¿amas Miami, odias Miami? Si tuvieras que describir la ciudad en una línea ¿cómo sería?

Pedro Medina León: Ni la amo ni la odio. Es una ciudad muy contradictoria: por ratos la odias, por ratos la amas. Miami en una línea creo que sería así:

Adolescente buscando demostrar que es MUJER, pero aún le falta.

Teresa Dovalpage: Me encanta la descripción; tiene sandunga. ¿Cuál es tu horario preferido para escribir, la hora de la fauna nocturna o el día soleado?

Pedro Medina León: Definitivamente la noche. No tolero, no resisto, la luz natural, me marea, me deprime, no puedo abrir bien los ojos.

Teresa Dovalpage: ¡Choca esos cinco! Mi hora preferida para escribir es la madrugada… Bueno, pero tú eres escritor y editor, además de tener un trabajo de pan ganar.  ¿Ah, y promotor cultural, además! ¿Cómo te las arreglas para encontrar tiempo? ¿Algún secreto que gustes compartir?

Pedro Medina León: Como todos los que estamos metidos en esto, le robo tiempo al tiempo: me levanto muy temprano y otras veces me acuesto muy tarde. Tengo diez años en el trabajo de pan ganar, saben los “pasos retorcidos” en los que ando y afortunadamente me apoyan mucho, eso es algo que valoro realmente. Y ojo que es un banco, un ambiente bastante formal, pero así y todo aprecian lo que hago, hasta una nota para el boletín de los empleados me hicieron el año pasado. “Un escritor entre nosotros”, se titulaba el texto. Muy lindo.

¿Secreto?…quisiera que mis días fueran encerrado en un espacio con poca luz, mucho aire acondicionado frío, comiendo helado de vainilla francesa y leyendo a Leonardo Padura.

Teresa Dovalpage: Pues que se cumplan tus deseos y que publiques muchos libros más. Un abrazo desde Taos.

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Entrevista a Dos Bigotes

Editorial: Dos Bigotes

Sitio en la red: http://www.dosbigotes.es/

Dirección de contacto: editor@dosbigotes.es

País: España

 

Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez son dos periodistas que se han embarcado en la creación de una editorial independiente movidos por su amor por la literatura.

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Fotos tomadas del sitio en la red de Dos Bigotes

Teresa Dovalpage: ¿Qué les ha motivado a tomar esta decisión, en un momento en que las estadísticas de venta de libros no son precisamente alentadoras?

 

Dos Bigotes: Como periodistas que han sufrido los rigores de la crisis en España, cuando perdimos nuestro trabajo en verano de 2013 tuvimos bastante claro que era un buen momento para poner en marcha un proyecto que nos llenara tanto en lo personal como en lo profesional. Éramos conscientes de las dificultades que estaba atravesando el sector del libro pero pensamos que, si conseguíamos mantenernos a flote durante estos años tan complicados, en el futuro las cosas serán más fáciles. Y aunque las estadísticas de ventas no sean alentadoras, sigue habiendo un público ávido de buenos libros que hace que editoriales pequeñas estén consiguiendo capear el temporal (aunque con mucha sangre, sudor y lágrimas).

Teresa Dovalpage: Creo que el público no se ha ido a ningún lugar, siempre hay gente que ama la literatura…el problema es conectarnos con esa audiencia. En la descripción de la editorial dice: «Dos Bigotes está especializada en autores y temas LGTBI (las siglas que designan al colectivo de lesbianas, gais, personas transgénero, bisexuales e intersexuales) pero no pretendemos excluir a nadie». Tomando esto en cuenta ¿hay algún tipo de manuscrito con un tema en particular que les gustaría recibir en este momento?

 

Dos Bigotes: Como bien dices, somos una editorial que tiene un concepto incluyente y no excluyente de la literatura. Nuestro objetivo es publicar libros de calidad que interesen a todo tipo de lectores y, en esta aspiración, creemos que debemos reflejar todas las sensibilidades y matices contenidas en las siglas LGTBI. Nuestra especialización es un punto de partida que nos motiva a buscar buenas historias y, en este sentido, entre los manuscritos que nos gustaría recibir se encuentran aquellos que reflejen las realidades del colectivo abordadas con menos frecuencia por la literatura (la transexualidad o la bisexualidad, por ejemplo).

 

Teresa Dovalpage: Tienes razón, no hay mucho en español sobre estos temas. Ahora, pasando a la promoción…pienso que promover la mercancía (sean libros o manzanas) es fundamental para que se venda. ¿Qué labores promocionales hacen ustedes con las obras publicadas y qué esperan que haga el autor?

 

Dos Bigotes: Al proceder del ámbito de la comunicación (y, en concreto, del periodismo cultural), somos conscientes de la importancia que tienen las tareas encaminadas a la difusión de los productos culturales. Además del contacto con los medios especializados, nosotros centramos nuestra atención en las redes sociales, que pensamos que son un excelente instrumento para dar a conocer la actividad de la editorial y mantener el contacto con los lectores. Pensamos que es fundamental cuidar ese vínculo con los destinatarios finales de nuestro trabajo y ponemos mucho empeño en ello. Respecto a lo que esperamos que haga el autor, la verdad es que no le pedimos demasiado: tan solo que nos acompañe en la aventura que supone editar un libro y que apoye, en la medida de sus posibilidades, las labores de promoción. Somos unos firmes defensores del trabajo en equipo y hasta ahora no nos está yendo mal.

Teresa Dovalpage: ¡Excelente! Y sin dudas que es una aventura maravillosa. Ahora, ¿cuál es la mejor manera de evitar caer en la cesta de «manuscritos rechazados» por Dos Bigotes?

Como editores, andamos a la «caza» de autores que tengan una voz propia, que no teman transitar por caminos poco trillados y que demuestren manejar con soltura los recursos literarios a su alcance. Al ser una editorial especializada, buscamos manuscritos encuadrados dentro de nuestras señas de identidad pero somos muy flexibles en el tratamiento de la temática. Al final buscamos lo que otras muchas editoriales: obras que no nos dejen indiferente y que traten con inteligencia al futuro lector.

Teresa Dovalpage: ¿Recomiendan alguna de sus novedades en específico?

 

Queremos a todos nuestros hijos por igual pero tenemos especial cariño a El armario de acero, nuestra antología de narrativa y poesía rusa contemporánea, que está a punto de cumplir su primer año de vida.

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También estamos muy orgullosos de haber podido reunir a los once autores españoles que formaron parte de Lo que no se dice, un libro que además cuenta con las estupendas ilustraciones de Raúl Lázaro —el diseñador de toda la colección de Dos Bigotes—. Y, en relación a lo que te comentábamos antes sobre los «manuscritos ideales», un buen ejemplo lo tenemos en Suburbana de Claudio Mazza, el libro que publicamos este mes. Conocimos a Claudio al final de una presentación en Madrid y al día siguiente nos envió su primera novela, un estupendo relato sobre el desgarro del exilio, la memoria y las pequeñas acciones cotidianas que nos convierten en héroes, todo ello con la historia reciente de Argentina como telón de fondo. Para nosotros, haber conseguido publicarle ha sido un auténtico golpe de suerte y deseamos que su novela llegue al mayor número de lectores posible.

Teresa Dovalpage: ¡Seguro que así será! Muchas gracias por esta entrevista y éxitos para Dos Bigotes y todas sus obras.

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