Taos: lo sobrenatural

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Publicado originalmente en The Taos News

Taos es conocido por su belleza natural: cielos límpidos, aire puro y las montañas Sangre de Cristo que lo encierran como un anillo mágico de protección. Pero también está el elemento sobrenatural, los sucesos inexplicables que ya forman parte integral de la historia de la ciudad. En el episodio anterior mencioné el zumbido de Taos. Hoy profundizaré más en el tema, desde el pianista invisible de un museo hasta una tumba misteriosa en el Cementerio Memorial Carson.

Para 2009 ya me había mudado a Taos y trabajaba en la sede local de UNM enseñando español. En una de nuestras primeras clases, escuché a los estudiantes comentar que habían visto a La Llorona cerca del Río Lucero. No era el tipo de conversación que normalmente se escucha en recintos académicos, donde los cuentos y las leyendas populares se analizan en su contexto histórico. Tampoco se trataba de una broma. Mis estudiantes hablaban del asunto en serio.

“Iba muy rápido,” dijo uno de ellos. “Más apuradita que lo normal. No pude verle la cara esta vez.”

Me pregunté si “otras veces” el susodicho habría tenido un encuentro más cercano con La Llorona, pero no me atreví a preguntarle.

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Unos días más tarde andaba visitando los muchísimos museos taoseños con mi amiga Lucy, quien sugirió que visitáramos la casa de Nicolai Fechin. Mirábamos las bellas colecciones, las delicadas tallas en madera y los muebles de ensueño cuando el débil sonido de un piano llegó desde el segundo piso.

“Alguien está tocando por arriba,” dije. “Vamos a curiosear.”

Lucy negó con la cabeza. “No es nadie.”

Me eché a reír.

“¿Como en el poema ‘¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?’”

“¡No, mija! Aquí hay un pianista fantasma.”

Subí corriendo las escaleras, convencida de que me estaba tomando el pelo. Lucy se quedó en la sala principal. La música seguía sonando, pero perdió volumen cuando llegué al segundo piso. Una vez allí, me di cuenta de que, en efecto, nadie tocaba el piano. Es más, no se veía un piano por ningún lugar. Di media vuelta y bajé las escaleras como Juan que se mata.

Estos fueron los primeros de varios incidentes paranormales que escuché o que experimenté en persona en Taos. Una vez que comencé a prestar atención y a preguntar discretamente, la cantidad de historias aumentó a alta velocidad. Muchas personas, jóvenes y viejos, estaban encantadas de compartirlas. Recuerdo una acerca de un caballo fantasma que se paseaba por Bent Street. Al parecer ahí había estado su establo y todavía le gustaba pastar la yerba invisible de las orillas de la acera. Jerry Padilla, el querido editor de El Crepúsculo, que en paz descanse, empezó la historia diciendo: “Pues había una vez un caballo de los dragones…”

Debe haber algo especial en Bent Street porque una mujer ataviada a la moda victoriana también acostumbra a darse vueltas por allí. Dos de mis antiguos vecinos avistaron a una señora alta, vestida también con ropa antiquísima, cerca de la Old Blinking Light en El Prado.

Más tarde supe que Moby Dickens, la acogedora librería de la Plaza John Dunn (ahora op. cit. books) contaba con su propio fantasma residente, que gustaba de hacer ruidos y desparramar los libros. Se puso tan impertinente que, a pedido del propietario, los miembros de New Mexico Research and Investigation of the Paranormal (NMRIP por sus siglas en inglés) llevaron al lugar un dispositivo que detectaba fenómenos electrónicos acústicos. El equipo recogió pisadas, crujidos en el piso y voces aun cuando el local se encontraba vacío. El grupo de investigadores también dirigió sus pesquisas a La Hacienda de los Martínez, donde Severino, un chico que se ahogara en un río cercano, todavía da vueltas por los salones y portales.

Finalmente, tuve el placer de conocer a una miembro de New Mexico Research and Investigation of the Paranormal, Melody Romancito, quien también es la organizadora de los Tours de Fantasmas de Taos. La gente decía que sus tours eran divertidísimos y espeluznantes así que decidí participar de inmediato. El tour comenzó muy apropiadamente a la hora del crepúsculo en la glorieta de la Plaza. Melody nos dio a cada asistente una linterna para que desafiáramos la oscuridad en los estrechos callejones y pasadizos que exploraríamos esa noche.

La parte más impresionante, para mí, fue la visita al Cementerio Memorial Carson. Comenzamos con tres tumbas sin nombre ubicadas cerca de la entrada de Dragoon Lane. Melody explicó que las lápidas habían explotado misteriosamente y que las habían cubierto después con una mezcla de asfalto y concreto. Las tres mujeres enterradas allí, cuyas muertes habían tenido lugar casi al mismo tiempo, era consideradas brujas y temidas por sus vecinos. ¿Alguien usó dinamita para estropear las tumbas? ¿O aquéllas explotaron por alguna razón desconocida? Nadie lo sabe. Los registros del cementerio no conservan los nombres de las mujeres a quienes sólo se conoce colectivamente como “las tres brujas de Taos.”

También visitamos la antigua corte de justicia del condado de Taos, Teresina Lane, Bent Street, Ledoux Street y Doña Luz Street. Aunque no tuvimos el placer de trabar conocimiento con visitantes espectrales esa noche, el tour resultó súper entretenido. La gracia de Melody para contar historias no tiene rival.

Para los interesados ​​en lo paranormal, Melody Romancito es autora de Ghosts and Haunted Places of Taos, un libro maravilloso y algo terrorífico sobre los fantasmas y espectros que pululan por la ciudad.

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