Diáspora: Nuestra lengua en tierra extraña

Feliz de formar parte de Diáspora: Narrativa breve en español de Estados Unidos, recientemente publicada por Vaso Roto ediciones.

¡Gracias en especial a Gerardo Cárdenas por invitarme a formar parte de la colección!

Se trata de una antología de relatos que reúne a veinticinco autores  que escriben en lengua española.

Cárdenas, que hizo un impecable trabajo de edición y compilación, ha incluido relatos de Rey Emmanuel Andújar (República Dominicana), Rebecca Bowman (México-EU), Pablo Brescia (Argentina), Lorea Canales (México), Xánath Caraza (México), Gerardo Cárdenas (México), Nayla Chehade (Colombia), Liliana Colanzi (Bolivia), Teresa Dovalpage (Cuba), Rafael Franco Steeves (Puerto Rico), Martivón Galindo (El Salvador), Manuel Hernández Andrés (España), Stanislaw Jaroszek (Polonia), Brenda Lozano (México), Ana Merino (España), Fernando Olszanski (Argentina), Luis Alejandro Ordóñez (Venezuela), Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Liliana Pedroza (México), Cristina Rivera Garza (México), René Rodríguez Soriano (República Dominicana), Rose Mary Salum (México), Regina Swain (México, QEPD), Jennifer Thorndike (Perú) Johanny Vázquez Paz (Puerto Rico) y el propio Cárdenas..

Un verdadero disfrute de nuestra lengua en tierra extraña.

Mi cuento, Tiempos concéntricos, está inspirado en las reuniones metafísicas a las que asistí en La Habana en los años noventa. Los buenos-malos tiempos, los tiempos de apagón y picadillo de soya, de caminatas, camellos, sudor a mares y pedaleo acezante en bicis chinas.

Fui parte de varios grupos más o menos espirituales. En alguna ocasión nos reunimos en la azotea de un amigo que prestaba su casa para nuestros devaneos filosóficos. Una experiencia patafísica ocurrida allí fue el origen de este relato.

Aquí les dejo el comienzo del relato:

En aquellos buenos y malos tiempos todos éramos jóvenes e ingenuos. Corrían los días habaneros de los años noventa, cuando la comida escaseaba, cuando nos vestíamos con ropas de tercera mano y nos calzábamos con zapatos de quinto pie. Pero cuando también nos inundaba un optimismo tenaz e irrazonable y una alegría infundada, la herencia efímera que se despilfarra sólo en la juventud.

A los de inclinaciones metafísicas nos dio por reunirnos en círculos de corte esotérico —los de otras inclinaciones se reunían en círculos, o cuadraturas, de distinto pelaje, claro. Pero nosotros éramos, ah, súper místicos, porque ya he escrito antes que durante el período especial los cubanos nos volvimos más espirituales que los brahmanes de la India. Nuestro grupo se llamaba Los Concéntricos. Chalu, el gurú, dirigía un núcleo de cinco o seis habituales y un número variable de visitantes. Los satélites podían alcanzar la veintena aquellas tardes en que su abuela, compasiva, preparaba un caldero de arroz frito para toda la tropa.

Cuando se organizaban reuniones alimenticias, Eddy el Pelúo era siempre de los primeros en llegar.

—Pero yo no lo hacía sólo por la comida, aunque eso era un estímulo, sino por la meditación —afirma Eddy y bebe un trago de cerveza, una Negra Modelo helada que le desborda el vaso—. ¿Te acuerdas, Flaca?

La Habana rooftops by Ruben Moreno Montoliu, via Flickr

Azoteas habaneras. Foto tomada de Ruben Moreno Montoliu tomada de Pinterest

 

 

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