Nieva en Hobbs, y eso es algo que no se ve todos los días. Creo que hemos tenido nevadas como esta, nevadas de verdad, solo dos o tres veces en los ocho años que llevamos en la ciudad.
Empezó el viernes por la noche. Gary y yo habíamos ido a Albertson’s para buscar comida para la semana el miércoles, pero a mí (probablemente por traumas de Cuba) me cayó el culillo de que tal vez no tendríamos suficientes “provisiones” si la nevada se prolongaba demasiado.
Gary estuvo de acuerdo y ayer al mediodía nos zumbamos para el supermercado, en un ratito que dejó de nevar.
—Necesitamos comida de emergencia —me dijo.
Esta es su idea de comida de emergencia. Bueno.
A esa hora no estaba muy feo el tiempo. Hacía frío, pero tampoco nada del otro jueves (o del otro sábado).
A partir de las tres de la tarde fue que empezó a nevar con ganas. Hobbs se volvió de pronto un paraíso invernal, y perdonen la picuencia.
Los perritos, por supuesto, estaban felices. Tal vez esta sea la primera vez que Freddie mete su hociquito en la nieve.
Nada que hacer
Con la nieve cayendo, hablé con mi cuata Raquelita, mensajeé por WhatsApp con mi comadre, traté de llamar a mi mamá, pero Centro Habana estaba en apagón y apenas se oía, revisé si tenía trabajos de mis estudiantes que calificar (no había ni uno) tomé fotos de la nieve… Al cabo me encontré con que… ¡no tenía nada que hacer!
Esto casi nunca me pasa. Pero a ver, le acabo de mandar a mi editora en Soho Crime las últimas correcciones para The Novel Detective, que sale en julio.
Pronto publicaré una serie de posts sobre el lugar en que ocurre la mayor parte de la acción, La Manzana de Gómez. Como mi personaje Teresita, estudié allí la secundaria, y el edificio siempre me pareció embrujado. Ahora es un hotel de lujo, Gran Hotel Manzana Kempinski.
Por otro lado, terminé de revisar un libro de teatro que contiene tres obras: La hija de la Llorona y Hasta que el mortgage nos separe, representadas por Teatro Aguijón, y La sartén por el mango, que se puso en escena hace años en Taos. Estoy segura de que tendré que hacerle algunos cambios, pero el momento, el manuscrito está también en manos del editor.
Tengo, claro, otro libro entre manos, sobre Galicia y mis antepasados paternos. Pero lo he puesto en remojo por unas semanas para poder mirarlo con otros ojos. Esa distancia ayuda muchísimo a ver las costuras que no se notan enseguida que se termina la primera versión. Nada se cuece al primer hervor.
Esta mañana me he levantado feliz. Ya se me pasó la intranquilidad que produce el no hacer nada y me dispongo a disfrutar del dolce far niente por un día.
¡Feliz domingo!




