De paseo literario por Nueva York, o cómo la vida imita al arte

Bueno, el paseo como tal fue hace casi veinte días, y si sigo dejando el cuento para luego, terminará por olvidárseme todo de cabo a rabo, que no hay tanto entre rabo y cabo. Así que ahora les hago la historia completa.

Yo había hecho planes para celebrar mi cumpleaños sesenta (una cifra redonda, hermosa, memorable) en Taos, donde Gary y yo vivimos nueve años, un sitio rural y esotérico que todavía nos gusta mucho. En alguna ocasión he escrito sobre el zumbido de Taos, que hay mucha tela por dónde cortar allá con esos bretes sobrenaturales. Pero de pronto se me presentó la oportunidad de hacer una lectura y firma de libros en Nueva York, en la librería The Mysterious Bookshop, la más antigua en el mundo dedicada a libros policíacos y de misterio, de modo que cambié de palo pa rumba y me zumbé para la Gran Manzana.

Lo primero es que fue un gusto conocer en persona a mi editora, Taz, y a la publicista de Soho, Lily, ambas encantadoras. No es lo mismo verlas por Zoom que en persona, y conversar y reírnos juntas. Y ver el nuevo local de Soho Press en Chelsea, un espacio precioso lleno de claridad. Aquí estoy con Taz y Lily y la novela que fui a promover, The Novel Detective.

En las oficinas de Soho Press en Chelsea, con Taz y Lily

Luego nos fuimos a almorzar en un restaurante llamado Coppelia —sí, como la heladería de La Habana. Esta foto, que tomó Lily, da una idea clara de cuánto me divertí en la comida, donde me zampé una ropa vieja con tostones que no tenía abuela…sin olvidar el flan de postre, con su capita de caramelo por arriba, como debe ser. Ahí me olvidé de las calorías porque un día es un día, y más cuando ese día es mi cumpleaños.

En Coppelia, celebrando con Taz y Lily

Luego de un breve viaje en metro, novedad para esta ratona de campo en que me he convertido, nos encontramos con SJ Rozan, autora de la serie detectivesca de Lydia Chin y Bill Smith y de un montón de libros más, a quien admiro mucho. Tuvimos una charla muy entretenida en Le Pain Quotidien antes de irnos a The Mysterious Bookshop para el evento.

Con SJ Rozan en The Mysterious Bookshop

Me encantaron las preguntas de SJ y la conversación con la audiencia. ¡A quienes asistieron, mil gracias, que zumbarse a una lectura un jueves a las seis de la tarde no es fácil!

Lo que hizo mágica esa noche, ya de por sí especial, fue el reencuentro con mi amiga Mercedes, a quien no había visto durante más de treinta años y a la que no esperaba ver por allí. Mercy es la razón personificada por la cual estoy donde estoy hoy. Es la fundadora del grupo cuáquero silente de La Habana, al que pertenecí desde principios de los noventa y en el que conocí a mi primer esposo, Hugh, que en paz descanse.

Mercy es profundamente espiritual, un ser de luz que merece su propio post, o quizás su propio libro. ¡La estoy animando a que lo escriba ella misma!

Con Mercy en la terraza del hotel voco Fiorello

Cenamos esa noche en la terraza del hotel voco Fiorello, donde me hospedaba. En la foto de arriba estamos en el restaurante, situado en la terraza, hablando sobre todo lo humano y lo divino. En The Novel Detective, dos amigas se reúnen después de cuarenta años sin verse y cenan también en la terraza de un hotel, aunque la escena sucede en La Habana, no en Nueva York. ¡Pero a ver si no es casualidad! La vida imita al arte, o algo por el estilo.

Regresé a casa pronto porque tenía clases y una reunión el lunes siguiente, pero vaya si fue un viaje hermoso y para recordar. Cumplí sesenta años rodeada de libros, de amistades nuevas y antiguas, y con la rara sensación de haberme colado, por una noche, en una de mis propias novelas.

Una calle de Nueva York