Postalica de Santiago de Compostela

Esta es la primera vez que me llevo mi computadora de vacaciones. Bueno, de trabaciones. Estoy tomando un curso sobre nuevas tecnologías aplicadas a la educación en la Academia Iria Flavia, del cual escribiré más adelante en detalle. Pero quería mandar esta postalica gallega sobre mis primeras impresiones de esta bella ciudad.

Llegué el día del santo patrón, el 25 de julio. A las diez y media de la noche había gente en la calle celebrando y un concierto precioso en la plaza de la catedral. Todavía había claridad, una maravilla. Los alalás me llegaron al alma.. ¿herencia genética?  ¿Mis orígenes celtas? Pues a ver…

Me estoy quedando con una  familia encantadora, María José, su esposo Manuel y su muy educadito gato Leo.

Mis anfitriones, el gatito al fondo

Regresé a la catedral ayer y pude verla por dentro. Es impresionante. El famoso botafumeiro no estaba en acción… ni modo, otra vez será. Igual le tomé foto.

El botafumeiro

Hay muchos peregrinos con mochilas a la espalda y apoyados en sus bordones. Lo que más me ha sorprendido es la ausencia de comercialización. He visto tiendas de souvenirs, claro, pero de muy buen gusto. Mucha gente, no necesariamente turistas, sino personas que viven aquí y van a disfrutar del fresco y el verdor del lugar.

Oigo quejas de la temperatura. Yo, que salí de Hobbs con ciento cinco grados F de calor seco, no me atrevo a decir ni mu, pero estoy en mis glorias. Todo es relativo en el mundo.

Entre los lugares cercanos a donde me quedo hay una Casa del Libro. Desde luego, hice zafra.

Casa del Libro

Las tapas me han encantado. La tortilla española (muy diferente de la nuestra, pues es más gordita y con papas) y de la mexicana (de harina o maíz) es mi favorita.

Mis referencias, como de costumbre, tienen a ser muy literarias. Copio aquí algo que compartí en Facebook.

Locutorios… Me acaba de pasar algo muy cuco. Venía yo de la Plaza Roja buscando la dirección donde me alojo, pues claro está que me perdí. Le pregunté a una viejita y me dijo: “Pues vaya usted por donde estaban los locutorios y….” “Perdone,” la tuve que interrumpir, “pero ¿se refiere a un convento?” Porque para mí los locutorios son esos salones de los conventos donde las monjas hablaban con sus familias y amigos (como describe Galdós el de Las Micaelas en Fortunata y Jacinta). La buena mujer puso unos ojazos enormes y me dijo: “No, son los antiguos teléfonos públicos. Oiga ¿de qué siglo es usted?” Eso me gustó tanto que le dije muy pancha: “De finales del 19, soy una viajera en el tiempo…” y me largué dejándola espantada, supongo. 

Con nuestra clase hemos visitado varios lugares bellos, como las cataratas de Ézaro. Tengo que regresar con Gary, a quien estoy segura que le encantarán estos lugares tan llenos de naturaleza y verdor.

Nuestra clase junto a las cataratas

Y aquí estoy en la Villa de Muros

Villa de Muros

Los balcones de Villa de Muros, tan floridos…