La Manzana por fuera

Durante las próximas semanas, estaré compartiendo una serie de postitos sobre La Manzana de Gómez, la Habana Vieja y los lugares donde ocurre la trama de The Novel Detective. Algunos de ellos todavía existen, otros han cambiado muchísimo, como la propia Manzana, y unos pocos sobreviven tan solo en mis recuerdos, pero todos son clave para entender la atmósfera de la novela.

Así que, por favor, acompáñenme a caminar por las calles de la Habana Vieja y métanse conmigo en los recovecos de…

La Manzana

Como mi personaje Teresita, estudié en la Escuela Secundaria José Antonio Echeverría, situada en La Manzana de Gómez. Pasé tres años allí y mi madre trabajaba en los bajos, así que llegué a conocer el edificio de cabo a rabo.

La Manzana es una construcción con un pedigrí considerable pues fue uno de los primeros centros comerciales bajo techo no solo de Cuba, sino de toda América Latina.  Así la describo en la novela:

Cuando yo estudié allí, de 1977 a 1980, el edificio estaba ya un poco descuajeringado, con secciones enteras clausuradas y pasillos llenos de polvo, pero conservaba el encanto de sus techos altísimos y de sus pisos de granito. Tenía, además, el aliciente espectral de un fantasma que varios condiscípulos juraban haber visto:

Esquina de La Manzana es los años cincuenta, foto de Wikipedia

Mi madre, como la de Teresita, trabajaba en la farmacia La Central. Era la directora técnica y el dispensario, donde tenía su oficina, estaba en un entresuelo desde el que se veía la calle.

Todos los detalles que doy de la farmacia son absolutamente ciertos:

Cierro es también todo lo referente al dispensario, que tenía unos mostradores larguísimos en los que los técnicos preparaban misteriosos potingues, y unos frascos de porcelana del año del ruido colocados en anaqueles. (¿A dónde habrá ido a parar todo aquello?)

Por aquí estaba la farmacia. Tomé la foto en el 2022

Hoy día la farmacia ya no existe y la construcción se ha transformado en el Gran Hotel Manzana Kempinski, adonde Teresita, ahora Teresa y con cincuenta y tantos años en las costillas, regresa descubrir un crimen que más o menos presenció cuando estudiaba en la secundaria, y cuyo recuerdo la ha perseguido desde entonces.

El edificio como personaje

La Manzana como tal es un personaje de la novela. Y no un personaje tranquilo y silente, sino vivo y coleando:

La vida y las palpitaciones de La Manzana están basadas en mis recuerdos de la época. Muchas veces, cuando recorría los pasillos de la secundaria, sentía una respiración sorda, una presencia que no era de este mundo. Como mi personaje, llegué a pensar que el lugar tenía vida propia, conciencia… y no precisamente las mejores intenciones del mundo.

Pero de esto les hablaré en el próximo post, La Manzana por dentro.