Entrevista a Hispanic Culture Review

George Mason University

Revista: Hispanic Culture Review

Sitio en la red: http://hispanicculturereview.onmason.com

País: EE. UU.

Contacto: hcr@gmu.edu

Para verel último número publicado, vaya a este enlace

Teresa Dovalpage: En la página de presentación de la revista dice: “El propósito de esta publicación anual es contribuir a la multiculturalidad de la Universidad George Mason, creando vínculos culturales entre la comunidad universitaria y las personas e instituciones involucradas en la creación y difusión de la cultura hispana en los Estados Unidos, América Latina y otros países donde se habla español”. Teniendo en cuenta estos lineamientos, ¿hay algún tema en específico sobre el que los autores estén interesados en publicar en este momento?

Hispanic Culture Review : La intención de Hispanic Culture Review ha sido desde sus inicios hace más de veinticinco años promover y celebrar la riqueza de la cultura literaria y artística hispana dentro de Estados Unidos y del mundo de habla hispana en general. En el pasado hemos publicado números dedicados a temas específicos pero este año no hemos solicitado trabajos sobre un tema en particular. En cualquier caso, temas como la diáspora migratoria y todas sus implicaciones sociales, la lengua, la otredad y la identidad hispana, son recurrentes no solo por su importancia dentro de Estados Unidos sino por su actualidad fuera de dicho país.

Teresa Dovalpage: En cuanto a los materiales que publican, ¿aceptan ustedes colaboraciones espontáneas de ficción como cuentos y fragmentos de novelas…?

Hispanic Culture Review: Sí, recibimos cuentos y, aunque con menos frecuencia, fragmentos de novelas, pero los autores deben tener en cuenta que los trabajos que nos envían deben ser inéditos y mantenerse dentro de los parámetros de la convocatoria. Para el envío y revisión de trabajos utilizamos un sistema online que nos permite realizar toda la selección sin acceder a los datos de los autores, algo que nos permite ser más objetivos durante todo el proceso.

Teresa Dovalpage: ¡Qué buena idea! ¿Les interesan los artículos académicos o de crítica literaria? ¿Y la poesía?

Hispanic Culture Review: Nuestra convocatoria siempre incluye todos los géneros literarios y crítica literaria, tanto en inglés como en español, siempre y cuando los temas abordados estén relacionados al mundo hispano y su cultura.

Teresa Dovalpage: Volviendo a los materiales que se envían a la revista, ¿deben ser inéditos o pueden haber aparecido ya en algún otro formato? ¿Cuál es la extensión mínima y cuál es la máxima?

Hispanic Culture Review: Como hemos mencionado antes, ese aspecto es algo que cuidamos mucho. Los trabajos deben ser inéditos y no deben haber aparecido en medios impresos o en internet. Así mismo, tampoco aceptamos trabajos en proceso de revisión para ser publicados.  No tenemos una extensión mínima para las obras pero sí una máxima: para los ensayos son 3 000 palabras; para la narrativa, 2 500 palabras; poemas, hasta 50 líneas.
Teresa Dovalpage: Aparte de leerse unos cuantos números anteriores, ¿qué le aconsejarían a un autor que quiera publicar en Hispanic Culture Review?

 

Hispanic Culture Review: Definitivamente familiarizarse con nuestra revista es importante. Para que los futuros autores puedan hacerse una idea del carácter de Hispanic Culture Review, recomendamos leer algunos de los números anteriores de la revista en nuestro blog (http://hispanicculturereview.onmason.com). Muchas veces recibimos contribuciones estupendas que lamentablemente no conectan con el espíritu de la revista, por lo que no podemos publicarlas ya que, como en toda publicación, nuestra meta es conseguir homogeneidad en cada edición. Pensamos que el amor por la literatura y la creatividad son claves para todo. Debido a su distribución tanto en papel como en formato digital, Hispanic Culture Review es una vía muy recomendable para aquellos que deseen publicar y darse a conocer. Para nosotros es un gusto ver cómo algunos de los autores que publicamos cuando la revista era todavía muy joven han adquirido renombre en el mundo de las letras hispanas. Para la revista, es todo un logro, pues vemos que estamos cumpliendo con nuestro objetivo. Por ello, animamos a los nuevos talentos hispanos y no hispanos, a colaborar con sus trabajos.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias por acceder a esta entrevista. Abajo aparece la convocatoria al primer concurso literario de la revista. También lo pueden consultar en este enlace

 

Hispanic Culture Review

Revista literaria del mundo hispano

Hispanic Culture Review es una revista académica bilingüe que desde hace 25 años publica narrativa (ficción y no ficción), ensayos, poesía, teatro, fotografía y artes visuales relacionadas al mundo hispano en George Mason University.

Nuestra revista abarca una variedad de temas relacionados con la cultura hispana y sus literaturas, incluyendo temas de carácter social y sus manifestaciones en la literatura; diversidad cultural e inmigración; producciones culturales de los latinos en los Estados Unidos y cuestiones sobre identidad e ideología lingüística; literatura de Latinoamérica y España; testimonios personales y reseñas de libros.

Hispanic Cultural Review está aceptando contribuciones para su edición 2014-2015, a la vez que nos complace anunciar nuestro Primer Concurso Literario Hispanic Culture Review. Invitamos a escritores y artistas gráficos a enviar sus trabajos, ya sea en español o en inglés.

Primer Concurso Literario Hispanic Culture Review

El objetivo del Primer Concurso Literario Hispanic Culture Review es animar a escritores y artistas a enviar trabajos originales que reflejen interpretaciones creativas del mundo hispano y su cultura.

Se premiarán tres trabajos. Los trabajos ganadores serán publicados en una sección especial de nuestra revista y cada ganador recibirá un premio de $100 y un diploma de reconocimiento.

Los ganadores del concurso se anunciarán vía e-mail y en nuestro blog y los premios serán entregados en la ceremonia anual de Modern and Classical Languages de GMU en la primavera de 2015.

Para que un trabajo sea considerado, deberá regirse por las siguientes especificaciones:

  • Los escritos deberán presentarse en fuente Arial, 12 puntos y se guiarán por la edición más actualizada del manual de estilo MLA o APA.
  • La extensión máxima de los textos será la siguiente: ensayos, incluyendo las notas de pie: 3,000 palabras; narrativas: 2,500 palabras; poemas: 50 líneas.
  • Artes visuales: fotografía en formato JPEG, 300 pixeles por pulgada.
  • La recepción de trabajos se hará en la página: https://hispanicculturereview.submittable.com/submit/8578 donde tendrán acceso a las pautas para su inscripción.
  • No se aceptarán trabajos que hayan sido publicados o estén sujetos a revisión en otros medios.

Los trabajos seleccionados serán publicados tanto en la versión impresa como en la versión en línea de HCR en abril de 2015. HCR se reserva el derecho de publicar los trabajos exclusivamente en su página web.

Si desea obtener más información, por favor, póngase en contacto con nosotros: hcr@gmu.edu

Fecha límite de entrega: 15 de febrero de 2015

Atentamente,

El Equipo Editorial,

Hispanic Culture Review

 

Hispanic Culture Review

A Literary Journal of the Hispanic World

Hispanic Culture Review is a 25-year-old bilingual scholarly journal that publishes narratives (fiction and nonfiction,) essays, poetry, drama, and visual art related to the Hispanic world at George Mason University. The journal covers a variety of topics related to the world of Hispanic culture and literature, including but not limited to social issues and their reflection in literature, multiculturalism and immigration, cultural productions of Latinos in the U.S. and identity politics, literature of Latin America and Spain, personal testimonies and book reviews.

We are currently accepting submissions for our 2014-2015 issue and we are happy to announce our First Hispanic Culture Review Award Competition.  We welcome writers and graphic artists to submit their work.

First Hispanic Culture Review Award Competition

The aim of the First Hispanic Culture Review Award Competition is to encourage writers and artists to submit original and finely crafted works that reflect creative interpretations of the Hispanic world and its culture.

Up to three winning submissions will be selected. Winners will be published in a special section of our journal, and each will receive: $100 cash prize, and a diploma.

Winners will be announced in via e-mail and in our blog. Prizes will be presented at GMU’s Modern and Classical Languages Award Ceremony in May, 2015.

In order to be considered, submissions should conform to the following guidelines:

  • Follow the latest edition of the MLA Style Manual or the APA Style Manual.
  • Texts should be written in Arial, 12 point font
  • Acceptable length of text: essays (including endnotes): 3,000 words; narratives: 2,500 words; poems: up to 50 lines.
  • Visual art guidelines: pictures in JPEG format, 300 pixels per inch.
  • Submissions should be entered at: https://hispanicculturereview.submittable.com/submit for complete guidelines on how to submit your work.
  • Submitted works should not been previously published and is not under review for publication elsewhere.

The selected contributions will be published in the printed and online version of HCR in April 2015. HCR reserves the right to publish submissions exclusively on its website.

We will be glad to answer your questions at: hcr@gmu.edu

Sincerely,

The Editors,

Hispanic Culture Review

 

Deadline: February 15, 2015.

Posesas de La Habana

7:30 p.m.

Puedo entrar, profesor, y me tiemblan las piernas al abrir despacito la puerta de su oficina. Ahí está él y se me ponen frías las manos, que ya me empiezan a sudar. En el umbral me inmovilizo, detallándolo. Es alto y carmelita, con los hombros cuadrados. Un Apolo mulato vestido de mezclilla azul.

Él me observa también, pero no creo que me encuentre parecido con Venus, ni siquiera con una de las musas. Debo tener la cara roja y siento que me falta la respiración. Y Apolo que sonríe claro que sí, Elsa, adelante. Pasa y cierra.

Paso, cierro y choco con los ojos eléctricos de un Che Guevara que me observa con mala cara. Desvío la vista del póster y le miro el bigote al profesor. Recortado y espeso, se le derrama por las comisuras de los labios. Si le pudiera dar un beso ahí mismo, demorado y con lengua.

Tiene razón mi socia Yarlene, se le nota un poquito el tic nervioso. Un poquito no, se le nota bastante. Al verlo ahora, de cerca, me doy cuenta de que el párpado izquierdo le brinca igual que el péndulo de un reloj de pared. A lo mejor está también nervioso. Bueno, y qué.

Y qué querías tú, Elsa, pregunta el profesor. Le suelto mi mentira temblando como papel de China en el balcón. Es que no entendí bien lo de la plusvalía que usted explicaba esta tarde, si me lo puede aclarar otra vez, por favor, le digo limpiándome con disimulo las manos encharcadas. Me acerco a su buró. Y de pronto me atrevo. Le enseño la lengüita como aprendí de Yarlene, me la paso por los labios, a lo putesco. Imagino que le estoy dando un beso en el bigote o comiéndome un helado de chocolate en la barra del Coppelia.

Está bien, me contesta, siéntate aquí conmigo. Por la calle pasa un coche con el radio puesto a todo volumen y la música se me mete por los oídos y me envuelve como la mirada caramelo quemado del profesor. Unos que nacen, otros morirán. Me gusta Julio Iglesias, aunque no tanto como este Apolo de color café. Y le sonrío con unos que ríen, otros llorarán, y me siento a su lado en una silla que cojea. En la oficina huele a papel viejo y a cigarro acabado de encender.

Hey, el profe se está tocando lo que en latín se llama méntula por arriba del pantalón. ¿Es idea mía o aquí se trata de Febo en erección? Mira, Elsa, la plusvalía es lo que queda después de. Con disimulo me subo más la falda para que me vea bien los muslos. Las piernas son lo máximo en tu cuerpecito, niña, me ha dicho Yarlene que sí tiene de todo: ancas de yagua fina y las tetas enormes y bellísimas. Las mías son chiquitas y lacias. Que el dueño le pague al trabajador, termina el profesor, comprendes.

Comprendo que se le está parando la vara de Dionisios. Por el mismísimo Baco que no pensé que esto fuera tan fácil. Es tan fácil que me da miedo. Y él me explica algo más sobre los medios de producción pero ya no lo oigo porque me está apretando la mano. Fuerte. Ay.

De pronto tengo ganas de estar en casa oyendo en la grabadora eso de que siempre hay por qué vivir, por qué luchar. Tengo ganas de estar quitándole el polvo a las muñecas del sofá aunque mi hermana Catalina se burla oye, hasta cuándo vas a estar con esas sandeces. Mima, Elsita se va a quedar solterona si no se empieza a espabilar.

Yo no quiero ser solterona ni consagrarme a Vesta. No quiero cuidar el fuego sagrado, sino que lo enciendan en mí. Por eso dejo que el profesor me agarre una mano y sigo sonriendo como si me gustara el toqueteo. Y en fondo me gusta, aunque se me ha despertado un nerviosismo de Dios me libre con Dios me ampare. Si estuviera aquí Yarlene para darme ánimos y decirme que el sexo es el rey del mundo y hasta que no lo pruebes no has nacido, muchacha. Pero Yarlene no está.

Engels planteó que en el socialismo los obreros son dueños de los medios de producción y por eso no existe plusvalía. Eso sí lo entiendes, mamita, eh, me pregunta mientras pone como al descuido mi mano húmeda sobre su portañuela perentoria. Y me entra el pánico, pánico del dios Pan. Espérese, espérese, le pido bajito, que me da pena. Pan, pena, pene, pon. Ponme la mano aquí, Macorina. Pon. El profesor perora como si con él no fuera la cosa. Que si la hubiera, la plusvalía socialista se revertiría en provecho de los obreros.

Como una rama seca Príapo brota súbito de la bragueta de mezclilla. Qué caliente está eso, uf, qué aceitoso. Pero no parece muy duro. Será normal así con los hombres mayores. Yarlene nunca me ha contado pero debe saberlo porque esa niña se ha acostado con media humanidad. Deja que le diga. Deja que le cuente que yo pensaba que debía ser más grande. Pero a lo mejor el tamaño no es lo importante. Lo importante es que el capital no existe en el socialismo ni tampoco la explotación del hombre por el hombre, me susurra el profesor al oído mientras su mano derecha comienza a escudriñar entre mis piernas.

Y ahí mismo me levanto, sin poderlo evitar. Ya no me gusta el juego, me asusté, me cansé. Quiero salir corriendo, abrir la puerta y lanzarme por esas escaleras para abajo y no regresar más, ni siquiera a tomar las clases. Dafne huyendo de Apolo. A fin de cuentas, qué demonios hago yo aquí, a qué vine, por qué está este fulano hurgándome en la vida. Pero él me agarra y me sienta de nuevo, a la fuerza, en la silla coja. Tranquila, mami, cómo te vas a ir ahora y a dejarme así, que te has pensado. Anda, separa las piernitas, si esto es riquísimo, tú vas a ver.

Me está bajando el calzón. Ay, Dios. Le doy una bofetada, por mi madre que se la doy. Si me toca de nuevo, le parto la cara. Yo sólo vine a hablar con él, a mirarlo de cerca, cuando más a darle un beso pero no a.

A meter el rabo y a divertirse, a eso es lo único que aspiran los machos cuando se acercan a cualquier mujer. Lo único. Y después que te les abres de patas, si te he visto no me acuerdo. Elsa, ten cuidado, que eres una tontaja y cualquiera te hace un cuento de camino, gruñe Abuelonga allá en la casa, acariciándose una cicatriz pálida que atraviesa la redecilla de arrugas de su cara. No te regales, eh.

Su doctrina de prevención me escoltó como chaperona victoriana la primera vez que salí con un muchacho. Con un compañero del preuniversitario que me dejó igual que a Penélope. No la de Ulises sino la de Serrat. Sentada en la estación. Tampoco la de trenes, sino de ómnibus de La Habana, cuando le dije que besitos sí, pero que a Las Casitas de Ayestarán, aquel albergue de mala muerte, no iba con él, qué va. Pues ahí te quedas, Santa Elsa. Y me volvió la espalda y ya no lo vi más.

Los hombres son malísimos y se aprovechan de las bobonas como tú. Aprende a no dejarte toquetear. Que no te cojan para sus indecencias. Abre bien los ojos y cierra bien las piernas, me grita mi madre desde el rincón del parque donde me sorprendió jugando con un vecinito a los seis años. Ciérralas bien. Los hombres. Pero el profesor quiere que se las abra y me vuelvo a separar de él. Son malísimos. Que vaya a manosear a la madre que lo parió. Que no te cojan para. Me acerco a la puerta y choco de nuevo con los ojos eléctricos del afiche del Che. Sus indecencias.

Que te quedes quieta, mamita, me agarra por un brazo Marcel, si no vamos a hacer nada malo. Y me muerde una oreja, despacito. Así.

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Tradiciones festivas

Originalmente publicado en El Crepúsculo, Taos News

Empieza un nuevo año, pero las fiestas no terminan. Todavía queda el Día de los Reyes Magos con su rosca (de pan dulce o de almendras) y su caravana de regalos para los pequeños.

Hoy visitaremos otras regiones para enterarnos de cómo se disfrutan los festejos por allá.

Un brindis con cava

Ana Cabrera Vivanco, autora de Las cien voces del diablo y Las horas del alma, bestseller por el que la conocen muchos lectores aquí en Taos, vive en Tarragona, España, y comenta sobre las celebraciones en su patria de adopción.

“En toda España la Navidad se celebra a lo grande, sobre todo entre amigos y familia,” dice. “Se come y se cena, se cena y se come. Se oyen villancicos por todas partes y las tiendas son hormigueros gigantescos porque nadie quiere dejar a un solo amigo sin obsequiar.”

Algo muy importante para los españoles es el llamado zumo de la vid. ¡No hay fiestas sin vino!

“En Cataluña y, por supuesto, aquí en Tarragona, no puede faltar un brindis con cava catalán, que es algo parecido al champán francés y de alta calidad,” dice la escritora.

Roscas y roscones

Rosca de Reyes estilo mexicano

El Día de los Reyes Magos, o de la Epifanía, que se celebra el 6 de enero, los españoles acostumbran desayunar chocolate con churros y el clásico roscón de Reyes.

El roscón español está hecho de almendras y se rellena con nata y frutas, o en algunos casos con chocolate.

En México, aunque hay muchas recetas según la región, se decora la rosca con frutas secas como dátiles, higos y cerezas pero no suele llevar nata. Se acompaña de atole, champurrado o café con leche.

Tanto la rosca como el roscón esconden una sorpresa: en México generalmente es un niño Jesús de plástico. A quien le toque al partir la rosca, paga una cena de tamales el Día de la Candelaria, que es el dos de febrero.

En España, la sorpresa suele ser un haba. En algunas regiones, el que la encuentre debe pagar el roscón. En otras, sin embargo, el haba se considera símbolo de buena fortuna y su poseedor se convierte en “el rey de la fiesta.”

El tió de Nadal

Literalmente, la expresión significa “el tronco de Navidad”.

Este tronco es un personaje mitológico “como un duende que sale de los bosques,” dice Ana Cabrera Vivanco. Se le pone una manta de cuadros por arriba para que no pase frío en las noches heladas.

Al tronco, o tió, se le empieza a “alimentar” el día 8 de diciembre, y se le siguen obsequiando avellanas, turrones y otras golosinas hasta el día de Navidad para animarlo a que sea generoso con sus regalos.

El 25 de diciembre, con toda familia reunida, se pronuncia la malsonante palabreja (cagatió). Los niños la repiten cantando una canción que dice: “caga tió, avellanas y turrón” mientras aporrean el tronco con un palo o bastón.

Y el complaciente tió, por debajo de la manta, va dejando caer los regalos.

“Pero ahora el tió no sólo caga avellanas y turrón sino juguetes y hasta play stations,” dice la escritora, “porque los críos cada vez quieren más cosas. En Cataluña tienen también a Papá Noel y a los Reyes el seis de enero, con unas cabalgatas que son espectaculares, sobre todo las de Barcelona y Madrid.”

¿Coquito, crema de vie…o eggnog?

Una bebida muy popular en estos días es el eggnog o ponche de huevo y nuez moscada, primo hermano del coquito puertorriqueño, del rompope mexicano y de la crema de vie cubana.

“Los ingredientes básicos del coquito son leche de coco, crema de coco, ron blanco, leche evaporada, leche condensada, canela y vainilla,” dice David Pérez, a quien los lectores conocen como actor, co-director de SOMOS, escritor y, desde hace un mes, DJ de un show de radio en el que participamos juntos, en martes alternos, a las seis de la tarde en KNCE.

“Se sirve bien frío,” continúa explicando Pérez, “y puede tomarse solo, después del postre, o durante los entremeses en las fiestas.”

Él recuerda Navidades opíparas en las que comía pasteles, arroz con gandules, pernil, acompañados con mucha cerveza y… ríos de coquito.

Melba Ivelisse Amador, también puertorriqueña, me aclara que cuando se le añade huevo al coquito éste se convierte en ponche. Amablemente, me envía la foto de una copa de coquito con el que está ahora celebrando.

En cuanto a la crema de vie, lleva azúcar, canela, huevos, leche condensada, ron blanco y  extracto de vainilla.

Agradezco a Verónica Cervera, autora del blog La cocina de Vero (delicioso y muy informativo, pero cuidado: cada vez que uno entra, sale con hambre) el recordatorio de que en Cuba la crema de vie se servía “en unos vasitos minúsculos de papel, del tamaño de los que reparten con la colada de café en las cafeterías de Miami.”

Ya sea celebrando con rosca o con roscón, con coquito, rompope o crema de vie, les deseo un muy feliz 2015.

El retorno de la expatriada

El retorno de la expatriada

Fragmento de la novela El retorno de la expatriada, publicada en 2014 por Editorial Egales.

Capítulo uno

La lluvia baila una danza de vidrios rotos y parece que un aparador repleto de cristalería fina se desplomara sobre la ciudad. Las nubes se abren y chorrean. El horizonte baja, el cielo se encapota y los árboles se empinan, tratando de alcanzarlo con la punta de sus ramas temblonas. Del norte sopla un viento recio que tiene alientos de ciclón. Los edificios se estremecen como si les hicieran cosquillas y los framboyanes de la avenida Carlos Tercero bailan un mambo retozón.

Entre el runruneo de la lluvia suena la voz cascada de Abuelonga, que está en la sala de su apartamento, sentada en un sofá decrépito junto a su nieta Catalina. La vieja tiene las cejas canosas y el escaso cabello blanquisucio, pero por los ojos, todavía vivos y brillantes, le brotan chispazos de furia. Y por la boca, sapos y culebras:

—No hay mujer que no le haya pegado los tarros a su marido, y yo soy la primera —masculla—. Claro que los hombres se lo tienen merecidísimo, porque son todos unos degenerados. Nada, que a quien lance otra bomba atómica y acabe con el mundo habrá que considerarlo el mayor benefactor de la humanidad.

Catalina, que acaba de llegar de Nueva York, se estremece. Y la aturden imágenes empañadas de humo, candela, carne humana encendida y un tenue olor a muerte que todavía tiene pegado al alma y a la piel. Para alejar aquellos pensamientos se concentra en otros: en los senos de Maiviz tal como los recuerda: blancos, no muy grandes, redondos y duros como pelotas de golf…

—Abuela, tú no cambias —dice al fin—. Y no hables de bombas atómicas, hazme el condenado favor.

—Yo digo lo que pienso, Cata —masculla la vieja—. Al que le molesten mis verdades, que se aguante. Bastante me he aguantado yo.

No le respondes. Evitas mirar al balcón pero te acuerdas de tu sobrina Beiya, la de las trenzas, la que reía como una conejita asustada cuando era niña, la que hace nueve años que se estrelló contra la calle. Te la imaginas pataleando en el vacío, con un aullido apretado en la garganta y queriendo escapar en vano de la atracción irremediable de la tierra.

Tu madre se acerca, limpiándose las manos en un paño de cocina gris que huele a grasa vieja y a cebolla.

—Ya puse a cocinar el arroz con pollo, Catalina —anuncia—. En una hora está listo.

—No tengo hambre, pero estoy loca por comerme una fruta bomba madura —suspiras.

—Habrá que ver si mañana se consigue alguna en la plaza. Pero lo dudo, eh.

Abuelonga interviene:

—¡Ay, hija, para antojos estamos!

Otra vez callas, pensando que después de pasar casi treinta años avasallada en este matriarcado de mala leche, lo natural sería que terminases detestando a las mujeres. (Bueno, y lo cierto es que detestas a algunas, que son, casualidades de la vida, las que llevan tu propia sangre.) Pero no entiendes por qué demonios te gustan tanto las demás. Empezando por Maiviz.

—¿Cómo te fue en el viaje, niña? —pregunta Barbarita, sentándose también en el sofá.

Luchas contra el impulso de levantarte. La peste a grasa y a cebolla te revuelve el estómago. (¿Por qué no ha dejado tu madre el condenado trapo en la cocina? Ganas de jorobar…) Desde que llegaste a La Habana hace cuatro horas, hedores de diversos tipos te golpean la nariz. El tufo a gas en la escalera te dio la bienvenida al edificio y el humo de los tubos de escape que entra sin permiso por el balcón te están ahogando.

Se te cierran los ojos, aplomados por el cansancio. Llevas un día completo saltando de aeropuerto en aeropuerto y lo único que apeteces es ducharte y acostarte a dormir. Pero haces un esfuerzo y sonríes:

—Bien. El problema fue que nos tocó sentarnos al lado de un viejo cotorrón. Se pasó el vuelo dándonos la lata con una querindanga que tiene en El Vedado, una muchacha de veintitrés años. Sam es un santo y le oyó la descarga sin chistar, pero yo tenía ganas de decirle: “Mister, a usted lo están jineteando de mala manera, no coma tanta porquería.”

—Tu marionovio será todo lo santo que quieras, pero a mí me parece que es de los que comen ángeles y cagan diablos —tercia Abuelonga—. Debió haberse quedado aquí por lo menos un día, que en este apartamento no hay pulgas ni piojos, en lugar de ir corriendo para un hotel. Eso es hacernos un desaire sin necesidad. Y hacértelo también a ti, ¿sabes? ¿O es que no quiere estar contigo?

—Los americanos son así, vieja —dibujas en el aire un gesto ambiguo—. Sam está acostumbrado a la privacidad. Se iba a sentir incómodo compartiendo la barbacoa conmigo y con Elsa, y el baño con todo el batallón de hembras.

—¿Qué, no le gustan? —los ojillos de Abuelonga brillan con malas intenciones. Al lado del párpado izquierdo tiene una cicatriz antigua en forma de cimitarra que le temblequea cuando habla.

—¿No le gustan qué, abuela?

—Las hembras, chica, no te hagas la boba. Te advierto que me dio mala espina ese tipo, con su aspecto de yo no fui y su cara de comemierda.

—No empieces a decir groserías.

—Y es un vejestorio para ti. Debe tener más de sesenta años.

—Cincuenta  y siete.

—Pues los tiene muy mal vividos.

Te contienes para no mandarla a freír espárragos. To hell. O, en buen cubano, a casa del carajo. Ya has leído que una puede domiciliarse en un ashram, buscarse un gurú personal, meditar doce horas al día y tener un satori, pero que bastan diez minutos con la familia de origen para olvidar todas las enseñanzas místicas y volver espiritualmente al punto cero. Si no fuera por lo que tú sabes, jamás hubieses vuelto a poner un pie en este apartamento en que hasta el aire huele a estrógeno podrido. Haces acopio de paciencia y respiras tres veces por la boca repitiendo mentalmente ohm-ohm-ohm, como te ha enseñado Ananda Parvati, tu instructora de Zen.

Abuelonga pincha otra vez:

—Dicen que en el norte han inventado unas pastillas parapicha. ¿Le darás Viadra todas las noches, eh?

—Viagra se dice, abuela. Y deja a Sam en paz.

—Pero explícame una cosa, ¿por qué se alojó en el Hotel Colina? —mete su cuarto a espadas Barbarita—. Ése es un albergue de medio pelo. ¿Por qué no en el Habana Libre o Habana Meliá o como rayos se llame ahora? ¿O en el Cohiba? Ésos sí son hoteles elegantes, con caché.

—Porque el caché y la elegancia cuestan billetes, mima. Acuérdate que nosotros no somos ricos. Yo estoy tratando de levantar el negocio de la peluquería y Sam es vendedor en una tienda Sears.

—Para colmo, un viejo sin dinero —se ensaña Abuelonga—. Todavía si te mantuviera, se le podía disimular la flojedad de patas. Pero cuando no hay parné ni picha, ¡fu!

Repites para tus adentros estabilidad-serenidad-calma-paz. Ohm. Paz-calma-serenidad. Vieja-cochina-metida en lo que no le importa, ohm.

El libro esta disponible aquí y en Amazon

La magia de la arcilla

El Maestro Robles hace un coyo

El Maestro René Robles

Texto e imágenes aparecieron originalmente publicados en El Crepúsculo, Taos News

Para este artículo tomo prestado el título de un libro precioso, The Magic of Clay, escrito por Adalucía Quan y publicado por Cholita Prints en 2003.

El libro tiene bellas ilustraciones en colores hechas por la propia autora. Es un regalo ideal para los niños pero muy útil también para cualquier persona interesada en desentrañar los misterios de la arcilla, desde su formación geológica y composición química hasta los distintos métodos de trabajo con este material.

El estudio

Taos Clay es un estudio comunitario que ofrece no sólo clases y talleres, sino también  membresías y oportunidades de residencia.

Cuenta con una galería donde se venden cerámicas, esculturas y piezas de arte funcional elaboradas por los miembros del estudio y por otros artistas.

Tiene además un salón amplio donde trabajan los miembros del estudio y los estudiantes. Allí hay tornos eléctricos, un espacio especial para el esmalte y una extrusora, además de otros equipos y una gran variedad de materiales.

Afuera se encuentra el horno, grandísimo, donde las piezas se queman al fuego, con gas, con electricidad o usando el método raku, entre otras técnicas.

“Tenemos muchas opciones para todos los interesados en el uso de nuestras instalaciones,” dice la dueña del estudio, Brandi Jessup.

El estudio se estableció en 2002. Jessup, que se mudó a Taos en septiembre del año pasado, lo compró en abril de este año y ya se ha convertido en parte activa de la comunidad.

Hace sólo unas semanas organizó el evento La Caminata del Arte en El Prado. Participaron otros negocios del área y se ofrecieron dulces, vino, pasteles y demostraciones gratis a los visitantes —en el estudio se podía decorar una pieza de cerámica y recogerla al día siguiente, ya horneada y lista para exhibirse.

¡Esta es mi pieza!

Ledoux 002

Por supuesto…alguien la hizo, yo solo la decoré :-)

El Maestro Robles

El Maestro René Robles es uno de los miembros del estudio. Su familia es de Zacatecas, México. Nació y creció en Los Ángeles, pero desde niño viajaba con frecuencia a México en compañía de su familia, de modo que es totalmente bilingüe y bicultural. Esto se refleja en su arte, al igual que en su vida.

Como escultor, Robles tiene más de veinte años de experiencia. Ha realizado obras en bronce, cobre, madera y usando materiales reciclados.

Muchas de sus esculturas se exponen al aire libre, como las de la serie Procesiones Nómadas, en las que comenzó a trabajar mientras estudiaba en el Instituto de Arte de Chicago.

“Todas las esculturas tienen un significado simbólico, que en este caso es la unidad de la familia y las alegrías y los trabajos de la vida,” explica.

El Maestro Robles también fabrica piezas funcionales (tazas,  tazones, vasos y platos) pues cree en la finalidad del arte no sólo como elemento decorativo, sino también de utilidad práctica.

En su faceta de ceramista tiene más de dieciocho años de experiencia.

“Mi interés por la cerámica comenzó cuando tomé una clase para cumplir con un requisito de la universidad mientras estudiaba ingeniería electrónica,” dice. “Entonces descubrí no sólo que tenía talento sino también que me gustaba trabajar con la arcilla más que con los equipos electrónicos y eso le dio un giro a mi carrera profesional.”

Robles ha enseñado en Pasadena Art College, donde también fuera estudiante, y recibió una beca para el Instituto de Arte de Chicago, en el que aprendió sobre otros materiales como tejidos y fibras.

Es miembro de Taos Clay desde hace siete años, primero con Logan Wannamaker  y ahora con Brandi Jessup.

Mi experiencia: ¡esto sí es trabajar!

Después de la demostración el día de la Caminata de Arte decidí tomar una clase de cerámica. ¿No sería más divertido trabajar con las manos y crear algo tangible que pasarme el día aposentada ante la pantalla de la computadora? Valía la pena averiguarlo.

El Maestro Robles tiene mucha paciencia para enseñar. Cuando comenzamos la clase, mi idea (demasiado ambiciosa, como se demostró enseguida) era fabricar algo que llamé, pomposamente, la Esfera de la Vida.

El proceso, en principio, resulta simple. Primero se amasa la arcilla hasta darle la forma requerida. Una vez terminada la pieza, se coloca en el horno y se quema por diez horas a 1800 grados Fahrenheit. Luego se deja enfriar, se pinta y se pone en el horno otra vez, a mayor temperatura (2300 grados) durante otras diez horas.

Bajo la dirección del instructor, empecé haciendo “coyos” —cilindros alargados de arcilla, que deben amoldarse con los dedos a fin de que queden parejos. Mis coyos, sin embargo, parecían salchichas mal amasadas.

Decidimos que en lugar de una esfera sería más fácil producir un gato.

“Debes usar una costilla (un instrumento pequeño, de forma triangular) para alisar las paredes que se van formando al ponerse los coyos unos sobre otros,” me dijo el instructor.

Lo intenté, pero sin mucho éxito. Al cabo de una hora aquello no parecía una esfera, ni un gato, ni ninguna forma reconocible. En todo caso, recordaba una nave extraterrestre medio apachurrada.

“Esto sí que es trabajo,” pensé. “Además, se me van a poner las manos hechas una lástima. Ya mejor me dedico nomás a escribir.”

Me despedí del Maestro Robles y terminamos la clase por ese día. Pero regresaré a concluir mi obra, aunque resulte, al fin, una escultura surrealista o un felino alienígena.

¿Quién sabe? Como bien dice el dicho “la práctica hace la perfección.”

Taos Clay Studio se encuentra en 1208 Paseo Del Pueblo Norte, El Prado.

Su sitio en la red es http://www.taosclay.com.

Ledoux 015

¡El rollo del coyo!

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 7.800 veces en 2014. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 7 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Entrevista a María José Rivera, por Noches de Obon

María José Rivera

Entrevista publicada originalmente en Conexos

María José Rivera Ortún (Herramélluri, La Rioja, España), es licenciada en Matemáticas por la Universidad de Valencia, doctora en Matemáticas y Catedrática de Matemáticas en la Universidad Politécnica de Valencia. Ha publicado algunos libros de matemáticas relacionados con la docencia y medio centenar de artículos de investigación. Los últimos diez años ha compartido las matemáticas con la escritura de relatos, una pasión aplazada. Empezó con una trilogía de novelas en la que el hilo conductor es un personaje, objeto de amor en cada historia, de nombre Ahmed. Con la primera novela de esa trilogía de título Harmattan, publicada por Alianza Editorial en 2009,fue finalista del X Premio de Novela Fernando Quiñones de 2008. La segundaNoches de Obon ha sido publicada por La Pereza en 2013 y la tercera  Eres la Luz de mis Ojos ha sido finalista del año 2013 del I Premio Hispania de Novela Histórica de la Editorial Áltera. Entre unos y otros, escribió una obra de divulgación matemática titulada Las mil y una Hipatias, en buena sintonía con su compañera Xaro Nomdedeu, que fue publicada por la Editorial Nivola en 2011. Y también ganó el Premio de Relato Corto Antonio Gutiérrez de Cerezo de 2013 con el cuento Encalmada. Tiene muy avanzado el proyecto de escribir una segunda trilogía de novelas contadas todas ellas a través de varios narradores y con tramas de algún modo relacionadas con la política y la actualidad. Y en medio van surgiendo dos nuevos libros de divulgación, donde se estudian la estrecha y a veces difícil convivencia entre música y matemáticas y entre literatura y matemáticas.

Teresa Dovalpage: Entiendo que “Noches de Obon” es parte de una trilogía, ¿qué otros volúmenes la forman? ¿Dónde se pueden encontrar?

María José Rivera: Empecé a escribir de forma tardía porque tuve que atender a otros requerimientos profesionales, y cuando lo hice pensé en un libro de cuentos que tuvieran como nexo de unión un personaje llamado Ahmed. Pero descubrí enseguida que soy sobre todo novelista y  tres de esos cuentos se convirtieron rápidamente en novelas.  Tuve la fortuna de  que la primera, “Harmattan”, que trata sobre la relación entre dos mujeres que comparten marido en un poblado del desierto del Sahara,  quedara finalista en el Premio Fernando Quiñones de 2008 y de que fuera publicada en 2009 por Alianza Editorial. Me temo que hoy está prácticamente agotada pero es posible que vuelva a publicarse en breve.  La segunda es “Noches de Obon”. Y la tercera, “Eres la luz de mis ojos”, permanece inédita a pesar de haber quedado finalista en el Premio Áltera, espero que por poco tiempo. Trata sobre las complejas relaciones entre dos amigos pertenecientes a distintos mundos y una mujer misteriosa, y está  ubicada en el epicentro de la construcción del Canal de Suez.

Teresa Dovalpage: ¡Felicidades! Espero leer pronto las otras dos novelas. “Noches de Obon” proporciona muchos detalles sumamente interesantes sobre la vida en el Japón, la religión, el culto a los ancestros… ¿Has estado en este país? ¿Qué te inspiró a escribirla?

María José Rivera: A la hora de elegir la ubicación de mis novelas soy muy arriesgada. Las  de esta trilogía se sitúan en escenarios de los que en principio sabía muy poco. Pero para eso está  la documentación. Es una fase que me apasiona porque  aprendo muchísimo. Del Sahara apenas conocía el sur de Marruecos y recrear el desierto para “Harmattan” fue una experiencia fascinante. En cuanto a “Noches de Obon”, he viajado a China e India, pero no a  Japón, un país del que me he enamorado desde la lejanía.  Y después de leer mucho y de depurar lo leído,   construí  un personaje principal en el que intenté que se viera  ese poso del oriente mágico y profundo que tan atractivo resulta en occidente. ¿Y qué voy a decir de Egipto? Alejandría fue por una temporada mi otra casa.

En cuanto a la segunda pregunta, creo que “Noches de Obon” es la única de mis novelas  que no surgió en torno a un personaje, sino alrededor de  una idea. Quería escribir sobre la venganza.  Cuando me hacen daño y pienso en la venganza doy gracias al cielo de no tener  en mi mano los instrumentos para llevarla a término, porque eso me convertiría en un monstruo. El deseo de venganza está en las raíces de la naturaleza humana, mientras que la capacidad de  perdón parece un atributo divino.  ¿Quién no ha envidiado a Montecristo alguna vez?, es uno de los mitos esenciales de la literatura. Pero no encontré al personaje principal de la novela hasta que recordé un viaje que hice de Barcelona a Marsella que tenía que continuar  días después hasta París. Porque  al estudiar el mapa de carreteras decidí no ir de Marsella a París por la autopista de Lyon,  sino atravesando el Macizo Central. Y lo hice sólo para pasar por Nevers.  Marguerite Duras, “Hiroshima mon amour”… De ahí surgió Shojiro.

 

Teresa Dovalpage: Se nota en la obra tu trabajo de investigación…¡Conduces al lector a lugares y a libros! Un personaje repite la frase “–¡Qué raros sois los japoneses!” Pero creo que la novela realmente la desmiente. Los japoneses no son más “raros” que cualquier otra nacionalidad. ¿Te proponías esta desmitificación al escribirla?

María José Rivera: Es cierto que nada se parece más a un ser humano que otro ser humano: todos tenemos los mismos sueños y las mismas pasiones. Pero los occidentales somos hijos del pensamiento griego, romano y judeocristiano, mientras que oriente se ha construido en torno a otros mitos, otras filosofías y otras explicaciones del mundo. Animismo, taoísmo, budismo… Las religiones orientales nos asombran, la supremacía de las masas por encima del individuo también, la obediencia, la sumisión, la disciplina férrea. Eso es lo que podemos percibir en el otro como rareza, su cultura.

 

Teresa Dovalpage: ¿Hay alguna relación entre tu trabajo como doctora en matemáticas y tu labor como novelista? ¿Cómo se relación? Digo, si es que se relacionan.

María José Rivera: Mucho de lo bueno que pueda tener como escritora, si es que hay algo,  se lo debo a las matemáticas. Decía Descartes “cuando quieras hablar de cosas transcendentes sé trascendentalmente claro”. Así  es el lenguaje matemático,  bello porque es preciso, porque es inteligible, porque hace fácil lo difícil, porque intenta desentrañar los misterios del universo  y porque disecciona  conceptos transcendentes. Su meta es el conocimiento en su sentido más elevado.  Las matemáticas se inventan, se imaginan, como la literatura. Y una novela, simplificándolo mucho, es un teorema en el cual se propone una hipótesis y una conclusión. El desarrollo de la escritura  permite pasar de una a la otra, pero eso sí,   siguiendo las leyes de una  lógica que se propone en la misma novela.

 

Teresa Dovalpage: La novela como teorema…muy buena teoría. Por “Noches de Obon” se pasean personajes de diversas nacionalidades, costumbres y religiones. ¿Hay alguno que sea tu favorito?

María José Rivera: Me gusta mucho Shojiro cuando no es él, sino el protagonista de sus obras de teatro. Y debo destacar a dos personajes que están en las antípodas: uno es el padre, que representa el subconsciente modelado por la infancia, la tradición y la familia, el juez severo que no entiende la homosexualidad de su hijo. La otra es Kalyna, la conciencia, la que descubre las debilidades   morales de Shojiro  y no las acepta.

Teresa Dovalpage: ¿Cuál es tu rutina para escribir?

María José Rivera: Soy una persona disciplinada, y la escritura me tiene abducida. Robo segundos del día para entregárselos a ella. Mientras cocino, mientras conduzco, antes de dormir, a toda hora tengo en la cabeza el proyecto que llevo entre manos. Voy con mi cuaderno de ideas a todas partes. Es un tanto obsesivo. Supongo que a todo el mundo le pasa lo mismo. Pero para escribir sólo dispongo de alguna tarde,  no todas las tardes desgraciadamente, y los fines de semana. Y sobre todo el mes de agosto, en mi tranquila y hermosa casa mallorquina. Allí  paso horas y horas metida de lleno en la historia, es magnífico. Si a todo eso se le añade  el panorama editorial español, no es de extrañar que mi escritura vaya muy por delante de su  publicación. 

Teresa Dovalpage: ¡Bueno, pero ya tenemos en el panorama editorial de este lado del mar!

María José Rivera: El lado bueno de la crisis es que  está acercando a los autores españoles al mundo americano. Porque hasta este momento  el viaje  se hacía en sentido contrario. La literatura americana de habla hispana  siempre ha gozado de un gran prestigio en España, y ahora aspiramos a que los autores españoles tengamos un sitio en el otro lado del AtlánticoLos viajes casi siempre son de ida y vuelta. Como el de Odiseo. Como el de Shojiro.

Teresa Dovalpage: ¿En qué proyecto estás trabajando en estos momentos?

María José Rivera: En tres novelas contadas a través de  varios narradores que tratan sendos temas de  actualidad que me interesan: 1) desafección cívica y política de jóvenes indignados  con la consiguiente búsqueda de alternativas al margen del sistema, 2) fuentes de energía renovables versus  energías fósiles y 3) cómo la crisis ha trastocado la dignidad de quienes buscan empleo y la moral de quienes ofrecen trabajos casi de esclavitud. Espero no ser gafe y que  algún día vean la luz. La primera, ya acabada, se titula “El segundo principio de la termodinámica”, y creo que es la más compleja de las que he escrito, la más ambiciosa y la de mayor registro narrativo en sus cuatro voces. Con la segunda “El hombre dividido”, he descubierto Tasmania y el arte de la manipulación, y  está en fase de relectura.  Y para la tercera, “Abadía, 8”, que no  ha hecho más que empezar,  voy a pedir ayuda a  Dante Alighieri. También tengo el proyecto de escribir sobre literatura y matemáticas sin ser exhaustiva, a través de unos cuantos autores nada más. Y sobre música y matemáticas. Proyectos no faltan.  

 

Teresa Dovalpage: Te voy a pedir la receta para el manejo del tiempo. Hay autores que adoran hacer promoción de sus libros y otros que lo detestan. ¿En qué bando te sitúas y cuál es tu opinión sobre esta labor, que a veces toma más tiempo y energía que la escritura?

María José Rivera: Pocas cosas hay más estimulantes para un escritor  que el contacto directo con los lectores. Esa parte de la promoción me entusiasma, otras no tanto. Pero como profesional  acepto  lo bueno y lo menos bueno. Considero necesario implicarse en la promoción, muy pocos autores son capaces de funcionar sin hacer tal esfuerzo.   Y en cualquier caso me pongo a disposición de la editorial, que es quien entiende de eso.

Teresa Dovalpage: Muchas gracias, María José, por aceptar esta entrevista. ¡Y espero verte pronto en una Feria del Libro por estos lares!